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Edición digital - País Mapuche

 

 

 

 

 

 

 


  RECUPERACIÓN TERRITORIAL EN PULMARÍ


Arriba en la cordillera


Entre mate y mate reflotan innumerables historias de lucha y dignidad. Nos invitan a conocer las comunidades y registrar sitios que nos hablan de la fuerte resistencia de nuestro pueblo a la invasión del Ejército. Los sitios de los cuales nos hablan son los Kuramalal, verdaderas trincheras construidas de piedra, última línea de defensa y testigos apagados de la tenaz lucha frente al avance del ejército del General Roca y sus secuaces por esta zona.


Por Wladimir PAINEMAL y Manuel LONKOPAN / Azkintuwe Nº21

 

 

 


 -Kuramalal en cordillera de Neuquén. Foto de Wladimir Painemal.

 

(+) Acuerdos para defender Pulmarí I Comunidades recuperan 10 mil hectáreas


Las tierras que buscan recuperar las comunidades mapuches en la zona de Pulmarí son cerca de 10.000 hectáreas, de un lote de 120 mil.


Esto es un atisbo a la historia mapuche contemporánea, un pueblo que recuerda nítidamente las usurpaciones y atropellos.


EL VIAJE SALIÓ INTEMPESTIVAMENTE. Nos comunican desde Newken que cerca de seis comunidades mapuche de la zona de Pulmarí, habían decidido, con fecha 28 de julio, comenzar un proceso de recuperación de 10 mil hectáreas de territorio en la cordillera. Recibida la noticia y establecido los contactos, comenzamos a preparar nuestro viaje. Aun no sabíamos que viajábamos a Punmaiñ (lugar "donde pasar la noche”, en mapuzungun) y no a Pulmarí, que es la forma en que los mapuche nombran esta parte del territorio mapuche desde lejanos tiempos.

Una vez en Newken, capital de la provincia, tomamos contacto con nuestros hermanos en la zona, quienes realizaban las gestiones para que pudiéramos llegar a Punmaiñ sin novedad. La noticia de la movilización ya se había distribuido por todo el Wallmapu y eran permanentes los comunicados refiriéndose al avance del proceso, además de las múltiples muestras de adhesión de organizaciones sociales de Argentina, así como de otros pueblos indígenas del continente, conectados a través de una extensa red de solidaridad que cruza fronteras, lenguas y colores.

Salimos desde Newken a las 9 de la noche del domingo y llegamos a Pulmarí a las 7 de la tarde del día lunes. Fueron muchas horas de viaje, interrumpidas solo por las esperas de movilización y que gracias a los contactos y gestiones de nuestros hermanos de la COM (Coordinadora de Organizaciones Mapuche de Neuquén), pudimos sortear con éxito. Instalados en el pueblo de Pulmarí, nos mantuvimos a la espera de ser trasladados al lugar de la recuperación, lo cual pudimos concretar en la tarde del lunes.

Una grata sorpresa nos llevamos en esta pequeña localidad, principalmente por el gran nivel de organización demostrado por las comunidades. A pesar del aislamiento geográfico y el aparente poco acceso a tecnología de punta, un eficiente sistema de comunicación radial conectaba sin problemas los distintos campamentos y comunidades. Vehículos todo terreno, además, les permiten recorrer la zona, ventajas tecnológicas bien aprovechadas por los dirigentes locales. Son los modernos caballos de batalla de una lucha de cientos de años, que hoy regresa con radio comunicadores, telefonía por internet, celular, tractores y camionetas 4 x 4 off road.

Nuestra llegada no interrumpió las actividades de la gente, que reunida en varios kütral enfrentaba un invierno que se ha dejado sentir con especial dureza en la zona. El Casco antiguo de la Estancia recuperada, cuenta con una infraestructura parcialmente abandonada y que sirve de refugio para los miembros de las comunidades que participan de la recuperación. Un casino para el pequeño grupo de militares, con cable visión incluido, alrededor de 50 llamas y mulas, dependencias de alojamiento para los empleados civiles en su mayoría, que efectúan trabajos al interior. Muchos de los peñi de las comunidades habían trabajado como peones en este lugar, a las órdenes de los ingleses primero y luego bajo las órdenes del Ejército argentino, por eso conocen sus instalaciones y no les fue difícil ocupar el lugar sin el menor asomo de resistencia por parte de sus moradores. Tal como lo reseñó uno de nuestros anfitriones, se trataría simplemente como un "regreso a casa".

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PUNMAIÑ SE ENCUENTRA ubicado en los faldeos de la cordillera de los Andes, en zona mapuche pewenche. Las tierras que buscan recuperar las comunidades son cerca de 10.000 hectáreas, de un lote de 120 mil, de las cuales han logrado recuperar 40 mil tras largas y sucesivas movilizaciones llevadas a cabo en años anteriores. En manos de la Corporación Interestadual de Pulmarí (CIP), durante años este territorio ha sido botín de negocios de la corrupta administración del MPN, partido populista de derecha en el gobierno provincial, que a través de irregulares concesiones ha ido paulatinamente entregando retazos de territorio al mejor postor. De allí la necesidad de movilizarse y defender una zona geográfica rica no solo en recursos naturales, sino también en historia, nos señalan los dirigentes.

Si las negociaciones que han iniciado con el gobierno nacional (opositor del MPN) rinden frutos, las comunidades volverán a ser dueñas de sus territorios históricos, usurpados hace poco más de 120 años atrás, por medio de la violencia y las leyes. Entre mate y mate reflotan innumerables historias de lucha y dignidad. Nos invitan a conocer las comunidades y registrar sitios que nos hablan de la fuerte resistencia de nuestro pueblo a la invasión del Ejército argentino. Los sitios de los cuales nos hablan son los Kuramalal, verdaderas trincheras construidas de piedra, última línea de defensa y testigos apagados de la tenaz lucha frente al avance del ejército del General Roca y sus secuaces por esta zona.

Los dos lugares de ocupación son el casco antiguo de la Estancia y el lugar conocido como “Las Margaritas”, que las comunidades volvieron a llamar por su nombre original, Iman kura. Allí se encuentran apostados cerca de 300 peñi y lamgen, que dejaron temporal- mente sus quehaceres habituales de invierno para recuperar parte de su territorio de las garras de empre-sarios y políticos inescrupulosos. Los demás miembros de las comunidades, nos dicen, siguen atentos desde sus casas el desarrollo de los acontecimientos. Todos están alertas y apoyando la movilización de diversas formas. Nos asombra que cerca del 70 por ciento de los que se encuentran presentes aquí, sean jóvenes mapuche de ambos sexos, chicos y chicas que por las carencias de recursos económicos y la lejanía del lugar no han podido estudiar y desarrollarse laboralmente. Todos ven en esta recuperación no solo un retorno al territorio ancestral, sino además esperanzas de una vida mejor.

Arremolinados junto al kütral, con luna llena, es el momento de charlar, de contar historias de aquí y de allá, de lo que cultivan, las recuperaciones de tierras hechas en Gulumapu, de la situación de nuestros lonkos y dirigentes encarcelados, historias de despojo y persecución que se repiten en ambos lados y nos hermanan como mapuche. Ellos nos hablan de los procesos de recuperación anteriores, de las 40 mil hectáreas que están bajo su control, de la constante invasión de sus tierras por particulares que arrasan con los antiguos eltun (cementerio mapuche), como una forma de borrar todo vestigio de ocupación mapuche. Allí nos enteramos que en el lugar ocupado por el empresario Italiano Panciotto, todo un símbolo de la arremetida winka en esta zona, fue destruido un eltun por la acción de pesadas máquinas retroexcavadoras.

Así armamos, entre mate y mate, un plan de trabajo para el día siguiente. Nos proponemos visitar los Kuramalal, antes que a algún empresario lo transforme en un lugar turístico o pase finalmente un bulldozer sobre ellos. En la mañana siguiente iniciamos la marcha para conocer estos sitios plagados de historia y leyenda. Una larga caminata, montaña arriba, nos espera. Como muchas fortificaciones defensivas, los Kuramalal se encuentran emplazados en lugares estratégicos, de difícil acceso. Por razones de tiempo, visitamos solo tres, pero las comunidades conocen alrededor de veinte más, que se encuentran desperdigados en la zona y bajo su atento control y cuidado. Se trata de fortificaciones que conmueven. Jamás pensamos que existirían, pero están allí y nosotros ocupamos por momentos el lugar donde antiguos guerreros murieron para que otros pudiéramos nacer. Dejamos que el silencio ocupe su lugar y nos dedicamos a contemplar desde allí la inmensidad del paisaje cordillerano. Solo el sonido del viento nos acompaña a nuestro regreso.

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UNA VEZ EN LA ESTANCIA nos dedicamos a conversar con mas hermanos/as, jóvenes y mayores, con el fin de recabar mayores antecedentes sobre sus vidas en la cordillera. El tiempo se hace corto para tamaña cantidad de testimonios. Lejos de aquí, en la ciudad de Newken, los dirigentes del movimiento se aprontan a dialogar con las autoridades nacionales. Aquí en la cordillera, los peñi, lamngen, papay, chachay, pichikeche, capean el frío al lado del fogón, tomando mate y haciendo memoria para nosotros. En este recorrido por nuestros territorios antiguos, reconocemos en las voces de los hijos de los hijos, la historia de la usurpación. Reconocemos también las huellas de los abuelos y bisabuelos, que lucharon por el territorio, dejaron su huella en los Kuramalal, emblemas de resistencia, la misma que demuestran los cientos de jóvenes que ocupan por estos agitados días la estancia en manos del Ejército, parte de los dominios de la Corporación Interestadual de Pulmarí (CIP).

En nuestro recorrido por Punmaiñ, conversamos con varios de los hermanos y hermanas que se encuentran en la estancia propiedad del Ejército. En el ambiente existía tensión por la reunión que en esos momentos se desarrollaba en la ciudad de Newken, sin embargo, también notamos un entusiasmo a flor de piel. Es que todos están conscientes de la justeza de su lucha. Saben, además, que ya no están solos, saben que tienen el apoyo de todos aquellos che que sienten como propia la lucha por la tierra ya sea en Puelmapu o en Gulumapu. “Venimos para enterarnos de su lucha, pero también para que se enteren otros de lo que significa recuperar 10 mil hectáreas de territorio”, les decimos con respeto. La respuesta no se deja esperar: “siempre nos acordamos de los peñi de Chile”. La primera ñaña con quien conversamos, ya conocía el lugar. Lidia Pirulef vivió cerca de nueve años al interior de la estancia y por ello conoce en detalle las instalaciones ocupadas por los miembros de las comunidades movilizadas.

“Antes del ejército estaban los ingleses y antes de ellos ya habían mapuche. Aquí hay un lugar que se llama Piedra Pintada, donde todavía queda un cementerio de los antiguos, de los mapuche que habitaron esta hacienda antes que nosotros. Mi marido cuenta que en ese tiempo, el jefe era Manuel Parker, el trabajaba aquí, estuvimos viviendo 20 años; fue en el año 53 que nos tuvimos que ir de aquí, nos fuimos a Ruka Choroy y otros se fueron al pueblo (Aluminé). Fue cuando llegó la Corporación, ellos nos comienzan a echar nuevamente, no dejaban que criáramos animales, no nos dejaban tranquilos, nos decían que nos fuéramos al otro lado de Pulmarí, allá estoy ahora. Perdí caso todo lo que tenia y nos fuimos a Lonko Luan.

Ahora por esa causa estamos aquí en territorios que nos corresponde. Cuando nos echaron de este lugar no teníamos apoyo, pero ahora tenemos apoyo de muchos hermanos mapuche... Antes del año 73 vivían nuestros abuelos, Flores, Ñanko, ellos trabajaron en el lugar donde esta la lucha ahora contra Panciotto, de ahí los sacaron y se fueron a vivir a Piedra Pintada”. Una característica de este territorio cordillerano son los eltun que la gente identifica y que están, casi en su totalidad, completa-mente escarbados. Preguntamos entonces a la ñaña si ella conoce cementerios en la estancia ocupada. “Casi todos los cementerios que existen acá están escarbados, sacan todas a joyas y dejan los huesos botados. Ahí donde esta Panciotto hay un cementerio, pero le pasaron máquina excavadora por encima. Acá arriba de la estancia también hay trincheras, donde antes la gente se refugiaba y luchaba, siempre estuvieron allí".

- ¿Cómo fue el traspaso de la tierra, quien era dueño antes del Ejército?-

- "Nuestros abuelos dicen que Perón le quitó la tierra a los ingleses y las entregó a la gente, pero después llegó el ejército y echó a la gente y luego vino la Corporación. Estos territorios no tenían el nombre que tienen ahora, le cambiaron el nombre al lugar. Antes se llamaba Punmaiñ y luego le cambiaron a Pulmarí. Es un lugar donde se refugiaba la gente cuando se oscurecía".

- Entendemos que la Corporación entonces ha sido una de las principales fuentes de conflicto con las Comunidades que viven alrededor o vivieron al interior de la estancia...

- "Nosotros estamos sufriendo aquí por los malos directores de la Corporación. Ellos agarraron la tierra y empezaron a lotear, cuando históricamente es de la gente mapuche. Empezaron a dársela a cualquiera, ahora hay una lucha ahí, cuando no tenia que haber lucha. Si ellos no hubieron hecho eso, no estaríamos en esta condición, pasando frío, algunos se han enfermado incluso. Nosotros no estamos haciendo violencia contra nadie, no estamos cortando la ruta, ni atajando a nadie que va pasando por el camino, estamos en el lugar que nos corresponde, no le estamos haciendo daño a nadie".

Enrique Flores es werken de la Comunidad Catalán, esta ahí desde el mismo momento de la recuperación. Sus palabras reafirman el testimonio de la lamngen Lidia Pirulef y dan cuenta de la determinación de él y su gente en luchar por recuperar lo anteriormente despojado. “Hemos decidido en conjunto con todas las comunidades la recuperación de tierra. Mi comunidad es la que ha impulsado esto, por medio de talleres donde se hizo mucho énfasis en recuperar el territorio que nos pertenece, llevamos muchos años de lucha para que se nos reconozca este territorio como mapuche. Para ellos es del ejército, para nosotros fueron de nuestros antepasados y por tanto es nuestro”.

“En nuestra comunidad somos 300 personas, alrededor de 80 familias, actualmente estamos todos en esta recuperación, ya llevamos dos semanas aquí, los días han sido duros, nos ha castigado el frío, pero no por eso nos vamos a sentir mal, sino que en esta recuperación tenemos que pasar de todo, esto lo genera el estado, no nos vamos salir de aquí hasta que nos den una respuesta positiva para nuestros Lof”, nos relata Flores.

Constatamos también que la carencia de tierra en Puelmapu es mucho mas compleja que en Gulumapu, pues aun cuando sean muchas hectáreas las que se mantienen en disputa, en términos productivos constitu-yen un tipo de suelo que no permite la agricultura, solo el desarrollo de la pequeña ganadería. Gran parte de los peñi de Punmaiñ se dedican por tanto a esta actividad comercial y de subsistencia. Y para persistir en ello, requieren recuperar los antiguos territorios. Es lo que nos señala Mauricio Salazar, un chachay de la comunidad Wegeywal y quien rápidamente nos identifica por la entonación, acercándose para saber quiénes son los witran.

“Mari mari peñi ¿ustedes son de Chile no?”. La conversación se enciende, ante la novedad el chachay quiere saber como están los mapuche del otro lado de la gran montaña. “Aquí yo vengo a apoyar a apoyar. A nosotros nos conviene tener mas tierra, nos hace falta para tener nuestras vacas y en verano una veranada, por eso estamos apoyando a los peñi que están luchando por su tierra”. -¿Antes no tenían vera-nadas?- preguntamos. “No teníamos, pagábamos arriendo, mi papá pagaba arriendo al Ejército, por temporada se tenia que pagar mensualmente. Por eso queremos tener veranada, es muy chico el lugar que tenemos", nos dice.

- ¿Qué familia vivían anteriormente en este lugar?

- "Antes habían familias como los Caitruz, que ocupaban estos espacios, todavía quedan las plantas que dejaron aquí y los cementerios, ahí en Valcheta hay un cementerio grande y ahora Panciotto le paso la máquina encima, borrándolo. Cuando yo trabajé en la estancia conocí muchas sepulturas mapuche antiguas. Yo trabaje cuando estuvo el Ejercito acá, después me fui, por eso conozco el lugar, por ejemplo hay otro lugar que llaman Porkawe donde hay otro cementerio y en todos lados se pueden encontrar". La familia Caitruz, que nos señala el chachay Salazar, no es solo parte de la memoria histórica de este lugar. Daniel Kaitruz, miembro de la comunidad de Aigo, en Ruka Choroy, es descendiente de todos ellos. Charlamos con el peñi y nos sorprende con su conocimiento de las ceremonias tradicionales de nuestro pueblo, las cuales reconoce haber compartido incluso con comunidades mapuche de Gulumapu, pese a las dificultades de estar como pueblo divididos en dos estados, con sus policías, aduanas y fronteras.

“Cuando nosotros hacemos ceremonia mapuche, llellipun, nos preparamos un mes antes para ir a hacer la invitación a Chile. Entonces para tener permiso tenemos que enviar una nota al comandante en Aluminé, nos da permiso para cruzar. Aquí hay un destacamento de Gendarmería que se llama Pilwe, hay un lago ahí, ellos avisan al sargento que está a cargo de que va gente para cruzar a Chile. Ahí nos presentamos y como tienen órdenes nos dejan pasar, nos mandan derecho al reten de Carabineros de Reigolil. De ahí llegamos a la casa del Lonko, hacemos la invitación y tenemos que esperar un día para que el lonko reúna a su gente y nos den respuesta, de si vienen o no vienen", relata.

"A ellos les pasa lo mismo, incluso es mas complicado, pues les piden antecedentes sociales, antecedentes del padre, de la madre, de los hijos, así que ellos tienen que hacer lo mismo, enviar nota con un mes de anticipación. Cuando el permiso se demora, no pueden pasar. Cuando llegan a Pilwe con la orden vienen a pie, pues los caballos los tienen que dejar en el reten de Reigolil. Los peñi se vienen a caballo hasta el limite y después se vienen en camión. La distancia entre Pilwe y Reigolil son de 3 a 4 horas. Esto se ha hecho siempre, antes no era tan complicado, era mas fácil, iban los werken a hacer la invitación y ya tenían respuesta y no tenían problemas para pasar a caballo y eso le daba mucha fuerza al pueblo, porque cuando se hace el awun se pone muy bueno al ver tanto jinete, se pone emocionante la rogativa. El paso de los caballos se complicó por la fiebre aftosa, porque los caballos se pueden contagiar, pero yo creo que no es tan así, porque el caballo mapuche es muy duro", nos dice confiado.

- Ahora ustedes como comunidad están apoyando la movilización, preguntamos.

- "Nosotros con mi comunidad estamos apoyando, pero nos avisaron tarde, cuando ya se había tomado la estancia. Ojalá se hubiese hecho mas compartido e informado, nos hubiésemos preparado para traer mas gente, porque a la gente se le debe informar, se hace un Trawun, una asamblea. Salimos a las apuradas, alcanzamos a avisar a algunos peñi, algunos se enteraron por la radio y hay problemas de transporte para llegar al lugar. Vinimos en un auto particular como comisión directiva, estuvo el Lonko y ahora esta en Newken. De todas maneras estamos preparados, como había orden de desalojo, nos preparamos y nos vinimos para acá", relata.

En nuestras ultimas conversaciones nos encontramos con mujeres que están permanentemente en la recuperación, de igual a igual con los demás hombres, tejiendo las típicas boinas que se usan por estas latitudes o preparando alimento, esperanzadas en obtener un triunfo tras tanto sacrificio. No se han quedado en sus casas esperando de mano de los hombres la ansiada tierra. No, están aquí y verlas tan activas y presentes nos llena de orgullo. Los jóvenes también han querido hacer su aporte, “unos con otros vamos aprendiendo y estamos aquí para apoyar la lucha y para que nuestra gente no baje los brazos”, nos dicen.

En el horizonte se acerca una tormenta de nieve, la misma que nos ataja el camino de vuelta. Nuestros peñi y lamngen están acostumbrados, no se detendrán ante la tormenta, solo es el anuncio de que los gen del territorio están con ellos, cerrando los caminos a la intolerancia y al despojo de siglos. Después de ella, solo vienen esperanzas de una vida mejor. Decidimos bajar al valle y abandonamos la zona con la sensación de que falta mucho por escribir, por relatar. Nos propusimos visitar la zona en conflicto, para dejar registrado un momento importante para estas comunidades y sus miembros, que muchas veces en forma anónima, sacrificada, avanzan en la recuperación de sus derechos, lejos de los flashes de la prensa y las negociaciones políticas.

Esto es un atisbo a la historia mapuche contemporánea, un pueblo que recuerda nítidamente las usurpaciones y atropellos, también la histórica lucha de resistencia de sus antiguos. Un pueblo que, en definitiva, no ha olvidado y que es consciente de lo que le corresponde hacer. A nosotros solo nos resta despedirnos. “Lemorria para todos los hermanos guluche”, nos dicen. “La historia que están escribiendo con su esfuerzo se sabrá en todo el Wallmapu”, replicamos nosotros. Nuevamente un vehículo nos acerca a Aluminé y desde allí en adelante nuestra tarea consistirá en describir y transmitir todos los sentimientos, las historias personales y colectivas que en este momento surgen a borbotones desde las faldas del ina mapu piren, Puelmapu.

En la grabadora llevamos decenas de testimonios, conversaciones con dirigentes, hermanos y hermanas, que nos recibieron con cariño y alegría. Historias que nos hemos comprometido a difundir en el periódico. Somos hijos de un mismo pueblo, nos repitieron en cada conversación, en cada compartir, en cada caminar Y mientras nos alejamos de la cordillera, en silencio, no dejamos de pensar en ello / Azkintuwe


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