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LA ABISAL PLACIDEZ DEL ENTORNO y la abrumadora fuerza del pasto tierno de Bollilco oprimen el corazón, porque allí, en medio del barro, a pasos de la entrada y de su familia, mataron alevosamente al abuelo. Juan Domingo Collihuin Catriñ era lonko de su comunidad, respetado y querido, pero igual lo mataron de un balazo en el pecho, en medio de la noche y sin derecho a despedirse de su tierra, sus árboles, sus animales. Y por animales llegaron los carabineros en la madrugada del lunes 28 de agosto, pues dicen que alguien le dijo a un vecino que, quizás, ahí en el potrero se encontraban seis vacunos que a éste se le habían perdido. Es por eso que, tanto el gobierno como Carabineros, han sostenido que este es un asunto policial y que no tiene relación con el denominado conflicto mapuche. Jaime Andrade, director nacional de la estatal Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) expresó que este era “un hecho estrictamente policial, de carácter delictual, que no tiene que ver con el conflicto mapuche”. Asimismo, el subsecretario del Interior, Felipe Harboe, manifestó que en el procedimiento policial se produjo “un enfrentamiento entre Carabineros y estas personas, las que agredieron con disparos de escopetas y palos y palas, tanto al personal policial como a los afectados”. Sin embargo, los testimonios de la familia de los comuneros mapuche afectados, así como de uno de los heridos, José Domingo Collihuin, contradicen la versión oficial y apuntan hacia una persecución de índole político y a una planificada acción para matarlos, puesto que jamás hubo robo de animales y tampoco enfrentamiento. Es lo que sostiene Carmen Collihuin, hija del asesinado anciano, al sostener que “aquí hay algo de fondo que está muy bien trabajado, porque no es la primera vez que pasa algo parecido. Hace dos años más o menos balearon la casa, mi papá dio aviso a carabineros y nunca se hizo nada. El fiscal no investigó nada, nunca nos llamaron a declarar”. Efectivamente, señala Rodrigo Higueras, nieto del lonko, “balearon la casa y, al parecer, fueron carabineros y civiles, pero nunca quisieron investigar el hecho. Por eso decimos que esto viene desde hace mucho tiempo”, quizás, porque “siempre quisieron humillarnos y nunca nos dejamos. Otros se venden, nosotros no, por eso decimos que esto del robo es solo un pretexto, que el tema es político y la persecución viene de los años de la dictadura”.
No obstante, en los medios de
comunicación “han hecho creer a todos que aquí hay una mafia, que somos
delincuentes, pero todo lo que tenemos es por nuestro trabajo”, dice
Carmen Collihuin, hermana de los dos comuneros heridos. Ella se indigna
con las declaraciones de gente como el diputado PPD por la zona, Eugenio
Tuma el cual, “sin conocernos, sin hablar con nosotros, sin escucharnos,
apoya la acción de carabineros sin siquiera pensar en el dolor de la
familia”.
Y es grande el dolor por lo sucedido, porque - como señala Carmen entre
lágrimas - “aunque hubiese habido animales acá, aunque fuera verdad lo
que dicen del robo, vienen aquí sin orden judicial y nos matan. No
tenían derecho a venir a matar a una persona, a un anciano. Ellos
vinieron a hacer una masacre en la noche, dispararon a matar, pero como
somos mapuche, nadie nos escucha. Chau Dios existe y el sabe la razón
por la cual quedamos vivos. La balacera era para matarnos. Tenemos harto
dolor, pero vamos a sacar fuerzas para seguir luchando y denunciar todo
esto”. “Como a las doce de la noche llegan golpeando, me desperté y pregunté quién era y responden que eran carabineros y que querían hablar, que eran unas palabritas no más. Ahí me levanté y salí, pero nunca me imaginé que anduviera tanta gente. Me dijeron que andaban buscando animales perdidos que supuestamente estaban en mi potrero. Les pregunté si tenían orden judicial y me responden que no y que solo tenían una orden verbal. Fue en ese momento cuando veo a Antonio Curiqueo, mi vecino, lo alumbro con mi linterna y le digo: Antonio, nosotros nos conocemos ¿por qué traes a los carabineros? Ahí otro vecino, un joven llamado Claudio Sandoval, me disparó a los pies. Estaba armado. Ahí llegó mi mamy pidiendo por favor que me dejaran tranquilo, entonces el suboficial a cargo, Juan Mariman saca el revolver y me pega un balazo, después le dispara un tiro a quemarropa a mi papá y, luego inmediatamente, a mi hermano Juan Lorenzo. Ahí todos ellos, carabineros y civiles, empiezan a disparar. Fue una locura”.
Esto es refrendado por Juana
Collihuin quien señala que “allá a la entrada cayó mi papá, le
dispararon como a dos metros de distancia. Mi papá se desplomó al tiro y
ahí arrancaron hacia el portón disparando a matar. Parecían ráfagas.
Dicen que ellos venían solo a conversar y un carabinero dice que mi papá
disparó con una escopeta, otro dice que a mi papá le pasaron una
escopeta, pero ¿dónde está la escopeta?. Nunca tuvimos armas, lo único
que pude hacer después que habían matado a mi papá fue perseguirlos con
un palo. Esto fue un asalto a un domicilio. Nunca se nos pasó por la
mente que algo así podía pasar en democracia. Es más, a mi padre lo mató
un torturador de la dictadura que sigue en servicio activo en Nueva
Imperial”.
*
Navarro declaró que “parece
pertinente que frente a la gravedad de hechos como el ocurrido, donde un
comunero mapuche termina muerto y, paradojalmente, sus dos hijos, con
impactos de bala en la cadera, detenidos en el hospital, la institución
policial adopte medidas, no sólo la de no ingresar con armas a las
comunidades, sino que también conforme un grupo especial, pero no de
fuerzas especiales para reprimir, sino que un grupo de elite con
formación para dialogar, cuyas principales armas sean la negociación y
la persuasión”.
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