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Anacleto Angelini
representa una de las tres fortunas más grandes del país, junto a los
Matte y los Luksic. Según la revista Forbes, el patrimonio del
empresario ítalo-chileno supera los 2 mil 500 millones de dólares. Y
aunque hoy su fortuna no está cuantificada, su nombre integra la lista
de los 25 latinoamericanos más ricos, según esta misma publicación. |
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Por
Héctor KOL - Azkintuwe Nº17 |
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- Magnate Anacleto
Angelini Fabri. Foto de Agencias. |
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“Soy
el Jefe de Jefes, Señores, / y decirlo no es por
presunción, / muchos grandes me piden favores / porque
saben que soy el mejor; / han buscado la sombra del
árbol / para que no les de tan duro el sol” (“Los
Tigres del Norte”, Conjunto mexicano) |
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SEGÚN LA
REVISTA FORBES, entre los años 2003 y 2004, el magnate
italo-chileno Anacleto Angelini Fabri aumentó su fortuna personal de US$
1.400 millones a US$ 2.500 millones. Este inmigrante italiano, llegado a
Chile en la década de los ’50 “con una mano delante y otra atrás”, según
lo confesara a la “Revista del Domingo” del Diario El Mercurio,
dos o tres años atrás casi duplicó su fortuna personal, basada en
los negocios del petróleo, la pesca y el rubro forestal.
Sin embargo, Angelini no es el único empresario que ganó tamaña fortuna:
Andrónico Luksic (de origen croata) y Eliodoro Matte (chairman del Grupo
económico conocido como “La Papelera”) ganaron más que Angelini en el
mismo período: Andrónico Luksic de U$1.300 a U$3.400 millones y Eliodoro
Matte de U$ 1.300 a U$ 2.800 millones, según Forbes, información citada
por el Diario La Tercera, el 27 de febrero del
año 2004.
Entonces, tres chilenos, ciudadanos de un país con algo más de 15
millones de habitantes, de los cuales un 80% son analfabetos
funcionales, con dos tercios de su territorio improductivo o inexplotado,
con una pobreza que alcanza a más de la mitad de su población, según el
economista Marcel Claude, fueron capaces de ganar tanto como el hombre
más rico de la tierra y ciudadano de la primera potencia mundial, Bill
Gates, dueño de Microsoft. ¿Cómo es posible
aquello? La respuesta es simple: porque esas fortunas adquiridas por
Angelini, Luksic y Matte son las que generan las leyes laborales rigen
en nuestro país, son el producto de la explotación desquiciada de
nuestra naturaleza que permiten nuestras débiles normas ambientales. Son
posibles estas ganancias porque tenemos el sindicalismo que tenemos,
poderes del Estado corruptos, servicios estatales inútiles,
fiscalización inexistente. Porque somos, en definitiva, el país
neoliberal por excelencia, donde se han materializado los programas
económicos más inhumanos creados por la propia humanidad y que son
intolerables en cualquier otro país.
Angelini, Luksic y Matte son la terna de empresarios chilenos que mejor
a usufructuado de las facilidades que nuestro pueblo entrega a
cualquiera que lo quiera explotar de la manera más inescrupulosa,
especialmente bajo los gobiernos de la Concertación de Partidos por la
Democracia. Mientras un obrero chileno gana apenas $3.000 (unos US$5)
por cada día de trabajo en virtud a un Sueldo Mínimo Legal que el
Parlamento chileno demoró 5 minutos en aprobar en forma unánime cuando
le fue propuesto, Angelini, Luksic y Matte ganan un millón de veces más.
Es decir, ganaron lo que un obrero chileno obtendría si trabajara 8
millones de horas diarias durante 6 millones de días a la semana.
Esta irracionalidad probablemente pueda explicarse al investigar
un poco de la historia económica de Angelini y de ése mismo análisis
quizás surjan elementos clarificantes acerca de los resultados que
obtendremos como país si seguimos inmersos en estas “Gobernabilidad” y
“Estabilidad Política y Social”, las mismas de las que han empezado a
deshacerse otros pueblos latinoamericanos.
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A DIFERENCIA DE SUS compañeros de “terna”, Anacleto Angelini es quien
dirige personalmente su imperio económico, administrado como un holding
encabezado por COPEC. Todas las decisiones estratégicas del holding se
toman tras consultas y evaluaciones que se discuten con Angelini, como
lo ha reconocido el Gerente General de CELCO, Alejandro Pérez, quien llegó a
convertirse en la mano derecha de Angelini desplazando al histórico
hombre de confianza del empresario, Felipe Lamarca, quien hasta hace
poco se desempeñaba como presidente de Copec. Lamarca fue, además,
presidente de la Sofofa durante varios años.
“No hay aspecto estratégico de nuestro desarrollo que no esté muy
extensivamente conversado con don Anacleto Angelini”, declaró el gerente
al Diario La Tercera el 15 de Agosto de 2004. En otras palabras, en el
Imperio de Angelini no se mueve ni una sola hoja sin que él magnate lo
sepa.
El origen de su fortuna, sin embargo, es el mismo de las fortunas de
Luksic y Matte: la adquisición de empresas del estado a precios de
saqueo, cuyas ventas inició la Dictadura Militar (1973-1989). En efecto,
fue con el proceso de privatizaciones de empresas del Estado que
Anacleto Angelini inició la construcción de su imperio. En noviembre de 1985
adquirió el 14% de las acciones que el Estado (bajo Dictadura)
conservaba de COPEC, tras una primera etapa de privatización que dejó en
manos del ya extinto Grupo Cruzat-Larraín el control de COPEC. En 1986,
Cruzat-Larraín decidió retirarse de COPEC y vendió todas sus acciones a
Angelini. De esa manera, bajo el control de Angelini quedó no sólo la
distribuidora de combustibles, sino también Celulosa Arauco y
Constitución (CELCO) y Forestal Arauco, que también habían sido
propiedad del Estado hasta 1979.
En el rubro pesquero, Angelini había creado, entre 1953 y 1956, las
Pesqueras INDO y EPERVA, consolidando su presencia en esta rama de la
producción en 1977, cuando adquirió el 70% de Pesquera Iquique a la
estatal CORFO. Este naciente imperio pesquero fue la plataforma usada
por Angelini para acceder a los nuevos negocios creados por la dictadura
de Pinochet para consolidar el Modelo Capitalista Neo-liberal en el área
financiera: la AFP SUMMA y la Compañía de Seguros de Vida “El Roble”,
fundadas en los años ’80, tienen su matriz en las compañías pesqueras
propiedad de Angelini. En suma, bajo la dictadura de Pinochet y su
proceso de saqueo al Estado (que eufemísticamente se llamó “capitalismo
popular”) Angelini obtuvo la infraestructura necesaria para convertirse
en el hombre más poderoso de Chile, en el "Jefe de Jefes".
Pero fue bajo el paraguas del régimen de post-dictadura que Angelini
logró acceder a las materias primas que hicieron operativa la
infraestructura que adquirió bajo Pinochet. Así, parlamentarios
representantes del oficialismo (“Concertación”) y de la oposición de
Derecha (“Alianza por Chile”) tuvieron, desde 1990 en adelante, un
vínculo laboral o financiero con el empresario italo-chileno.
Presidentes de Partidos Políticos, del Senado y hasta un ex Candidato
presidencial, además de los mencionados parlamentarios, todos
relacionados con Angelini, han influido poderosamente en la generación
de leyes acordes con los más grandes intereses de Angelini,
particularmente para sus negocios en las áreas forestal y pesquero.
Nunca Angelini ganó más dinero que bajo los Gobiernos de la
Concertación, puesto que en estos Gobiernos su poderosa red de
influencias en el Ejecutivo y en el Parlamento, Angelini hizo funcional
a sus intereses todo el aparato estatal. Las
nuevas normas relativas a la explotación de recursos pesqueros, por
ejemplo, fueron modeladas según las necesidades y aspiraciones de
Angelini, el principal empresario pesquero chileno. De igual manera, las
negociaciones del Acuerdo Comercial entre Chile y la Unión Europea en el
ámbito pesquero.
Los organismos reguladores o fiscalizadores de la gestión ambiental de
las empresas (todos ellos bajo dirección de funcionarios “de exclusiva
confianza del Presidente de la República”) han sido obsecuentes y
particularmente tolerantes con graves eventos de contaminación ambiental
protagonizados por las empresas de Angelini. Las condiciones laborales
que también enfrentan los trabajadores de Angelini sólo son una
demostración de la habilidad del "Jefe de Jefes" para manejar a favor
propio el régimen de subempleo que ha consagrado el régimen neoliberal
de post-dictadura encabezado por el presidente Ricardo Lagos.
Considerando a funcionarios públicos de los años de post-dictadura
(1990 en adelante), la red de influencias políticas de Angelini, tanto
al interior de los Poderes Legislativo y Ejecutivo del Estado como en
servicios públicos, se puede graficar con los siguientes nombres:
Andrés Zaldívar Larraín, Senador (Democracia Cristiana, DC),
Ex-Presidente del Senado, Ex Candidato Presidencial Democracia Cristiana
(1999), accionista de Pesquera EPERVA (COPEC, Angelini) y principal
promotor de Ley de Pesca (“Ley Corta”) del año 2001; Adolfo Zaldívar
Larraín, Senador (DC), Presidente de la DC (2.002 en adelante),
Accionista de Pesquera EPERVA y ex empleado de Angelini; Eduardo Frei
Ruiz-Tagle, Senador por Valdivia (DC), Ex Presidente de la República,
accionista de Sigdo Koppers (SK), empresa contratista de CELCO y
Promotor de proyecto Planta de Celulosa “Valdivia”, construida por SK;
Alberto Etchegaray, militante Demócrata Cristiano (DC), Ex Ministro de
la Vivienda (Aylwin, 1990-1994), Director de CELCO (1994-2004) y
Presidente Directorio de CELCO (2004); Jorge Vives, militante Demócrata
Cristiano (DC), Ex Gobernador Provincia de Valdivia (X Región),
Intendente X Región y principal promotor Proyecto de Planta Celulosa
“Valdivia” de CELCO; Rabindranath Quinteros, militante socialista, Ex
Intendente X Región, Alcalde de Puerto Montt (X Región), en su rol de
Intendente y Presidente COREMA-X Región, aprobó Estudio de Impacto
Ambieltal (EIA) de Planta de Celulosa “Valdivia” de CELCO; Pablo Daud,
Jefe Unidad de Evaluación de Impacto Ambiental de la Comisión Nacional
del Medio Ambiente (CONAMA, 2003 – 2004), Gerente Corporativo de
Medioambiente de CELCO (2005); Jaime Tohá, militante socialista.
Intendente VIII Región, principal promotor de Proyecto Celulosa “Itata”
(CELCO), presidió COREMA – VIII Región que aprobó el proyecto “Itata”.
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EN LOS PRIMEROS AÑOS del nuevo milenio, Empresas COPEC ha liderado el
ranking de ganancias de las empresas que operan en Chile, superando,
incluso, a la transnacional minera BHP Billiton que explota el
yacimiento cuprífero “La Escondida” (Antofagasta, II Región). En este
conglomerado de empresas que constituye a COPEC, Celulosa Arauco (CELCO)
aporta con el 79% de activos consolidados y con el 73% de las ganancias
obtenidas por el holding, según cifras del año 2003 de la
Superintendencia de Valores y Seguros (En Diario “La Tercera”, 31 de
marzo de 2004). De acuerdo a estas, Empresas COPEC obtuvo utilidades por
$ 332.000 millones (unos US$ 520 millones) de los cuales $ 242.650
millones corresponden a utilidades de CELCO (en Diario “La Tercera”, 18
de mayo de 2004).
Tal es el peso del área forestal dentro del patrimonio de Angelini y
ello es el resultado no sólo del incremento del precio de la celulosa
(principal producto exportado por CELCO) en los mercados mundiales, sino
de las facilidades ambientales, laborales y tributarias que Angelini ha
generado a través de su red de influencias, particularmente en los 15
años de régimen de pos-Dictadura, para la eficiente operación de sus
numerosas empresas del sector forestal. Las empresas que Angelini posee
en el área forestal son las siguientes: Celulosa Arauco y Constitución (CELCO),
Industrias Forestales (INFOR), Aserraderos CHOLGUAN, Paneles Arauco,
Maderas TRUPAN, Bosques Arauco, Maderas Cholguán, Arauco Woods (EEUU),
Forestal CELCO, Forestal Arauco, Forestal Chile, Forestal Valdivia,
Forestal Cholguán, Forestal Los Lagos, esta última adquirida a Xstrata
(Suiza) en enero del 2005.
Las utilidades -en millones de pesos- obtenidas por Celulosa Arauco (CELCO)
entre los años 1990 y 2003, son 1990 (30.809), 1994 (70.311), 2002
(183.083) y 2003 (242.650), según publicó el Diario “La Tercera” el 15
Agosto de 2004. Como se aprecia en las cifras, la principal empresa de
Angelini ha aumentado sus ganancias 8 veces en 14 años. La magnitud del
imperio forestal de Angelini y las extraordinarias ganancias que
produce, ciertamente son concordantes con las facilidades que obtiene de
un Estado Capitalista Neo-liberal como el chileno. Cuando Pinochet
declaró, en los años ’80, que “hay que proteger a los ricos”, describió
el sentido del Modelo Económico que instalaba su sangrienta dictadura. Y
Angelini ha sido protegido como correspondía por quienes, desde 1990 en
adelante, se han consagrado a la administración de un modelo económico
que se sustenta en las violaciones a los Derechos Humanos de los Pueblos
Indígenas, la explotación de la mano de obra y de la naturaleza y en la
corrupción.
Las operaciones del Imperio Forestal de Angelini y sus consecuencias
sociales, laborales y ambientales son una demostración de las
aseveraciones anteriores. Angelini posee un total de 638.000 hectáreas
plantadas en Chile y otras 120.000 en Argentina y Uruguay. Estas
inmensas propiedades han sido obtenidas gracias a la directa
intervención del estado y su política de “protección a los ricos”. En
efecto, el Decreto Ley 701 de 1974, promulgado por la dictadura militar
y que tenía una vigencia de 20 años, otorgó fuertes subsidios a las
plantaciones industriales de pino y eucaliptus que realizaba el sector
privado. El decreto en cuestión establecía, entre sus principales
disposiciones:
a) Una bonificación, por una sola vez, del 75% de los costos de
forestación, administración, poda y manejo (cosecha) en cada superficie
forestada incluida en un Plan de Manejo, certificado por la Corporación
Nacional Forestal (CONAF) y realizada en suelos calificados como “de
aptitud forestal”, calificación también a cargo de CONAF;
b) Eximir, a los propietarios de plantaciones acogidas al D.L. 701, de
la obligación de la Declaración de Renta para ningún efecto tributario
en los años previos a la cosecha; eximir, a los terrenos acogidos al
D.L. 701, del impuesto Territorial, Impuesto a las Herencias y a otros
impuestos sobre las ganancias producidas por la cosecha en las
plantaciones subsidiadas. En síntesis, el inversionista, aún vendiendo
su cosecha a costo de producción, ganaba siempre 4 veces más de lo
invertido . La ganancia se la proveía el Estado vía subsidios. No es de
extrañar, entonces, que la tasa de las plantaciones de bosques
artificiales (fundamentalmente de Pinus radiata y Eucaliptus sp) fuera a
ritmo acelerado durante todo el período de vigencia del D.L. 701.
Las cifras de plantaciones de Pinus radiata realizada en el quinquenio
1960-1964 demuestran una escasa participación de privados (43.197
hectáreas del sector estatal y 0 hectareas del sector privado). Estas
cifras cambiarían radicalmente en el quinquenio 1975-1979 (84.187
hectáreas del sector estatal y 243.952 hectáreas del sector privado),
incrementándose en el quinquenio 1990-1994 (0 hectáreas sector estatal y
353.066 hectáreas sector privado), según datos del estudio “Evaluación
de resultados de la aplicación del D.L. 701 de 1974”, de la Corporación
Nacional Forestal (CONAF) el año 1998.
Los reconstituidos latifundios forestales no dudaron, además, en
proceder a la tala irracional de los bosques nativos entre las VI y X
Regiones, principalmente, para ocupar los suelos con monocultivos
forestales. De esa manera, tras el fin de la dictadura, las evaluaciones
y catastros acerca del estado y la cantidad de Bosque Nativo fueron
lapidarias: sustituciones irracionales, tala rasa (y consecuente
erosión), pérdidas de hábitats de especies silvestres, peligro de
extinción en flora nativa, etc. El “impacto ambiental” de la dictadura
en el recurso forestal nativo, según un catastro hecho por la Comisión
Nacional para el Medioambiente (CONAMA) en 1991, que no incluye la
contaminación hídrica, no deja lugar a dudas: Empobrecimiento, erosión y
degradación de los suelos, destrucción del Bosque Nativo, destrucción
del hábitat de fauna silvestre con problemas de conservación, deterioro
del Bosque Nativo por uso irracional, escasez de especies forestales
nativas por falta de poblamiento, pérdida de paisajes por reforestación
con monocultivos (CONAMA, 1991: Problemas Ambientales de la Región del
Bío Bío (VIII Región).
Como veremos en la Segunda Parte de “Angelini: El Jefe de Jefes”, la
degradación ambiental por efecto del desarrollo de la industria forestal
no se ha detenido ni ha aminorado su ritmo, sino que se ha profundizado
y acelerado. Y en todo este proceso iniciado por la Dictadura, no sólo
el Bosque Nativo ha sido agredido por la codicia de los empresarios
forestales. El territorio ocupado por las empresas forestales es,
además, el territorio histórico del Pueblo Mapuche. La dictadura redujo
el territorio mapuche a su mínima expresión e introdujo el valor de la
“propiedad privada” en un sistema ancestral comunitario. La subdivisión
de las pocas tierras que lograron mantener los mapuches aceleró la
pauperización de dicho pueblo
hasta llegar al estado actual: los peores
indicadores sociales se encuentran allí donde hay más mapuches, en la IX
Región de La Araucanía.
El fin de la dictadura y su reemplazo por un régimen electo no cumplió
las expectativas del Pueblo Mapuche: se mantuvo el latifundio forestal,
se mantuvo el Modelo Económico que era el autor intelectual del despojo
final iniciado por la Dictadura, se mantuvo la pobreza y el Estado como
“protector de los ricos”. La primera reivindicación activa de los
mapuches se produce en 1992 y el naciente “Estado democrático” reaccionó
tal como lo hacía la dictadura: con represión, con sanciones penales y
con una negación de la existencia del Pueblo Mapuche. La represión
policial y judicial y la negación de la existencia de Pueblos
Originarios en Chile han sido una constante en la actitud de todos los
Gobiernos de post-dictadura.
Los beneficiados con esta política racista y violenta han sido las
forestales, principalmente, cuyos patrimonios se han más que duplicado
en algo más de una década, a contrapelo de la cada vez mayor
pauperización de las comunidades mapuches. El Estado chileno de
post-dictadura, aplicando leyes que generó el régimen militar, no ha
trepidado en cometer torturas, asesinatos, implementar juicios
fraudulentos y poner a disposición de las forestales a Carabineros y a
la Policía de Investigaciones, así como a sus órganos de inteligencia,
como “La Oficina” o la ANI.
Los Intendentes Regionales de las zonas con mayor actividad
reivindicativa mapuche (VIII y IX Regiones) no han dudado en acusar por
infracciones a las leyes represivas de Pinochet a los dirigentes de
organizaciones mapuches; los lonkos (autoridades tradicionales
de las comunidades) han sido permanentemente perseguidos, detenidos
arbitrariamente, torturados o secuestrados sus familiares; Carabineros
han ingresado (asociados a patrullas de guardias privados de las
forestales) a las comunidades para destruir ganado, plantaciones,
envenenar el agua de los pozos destinados al consumo humano, han vertido
pesticidas sobre las tierras cultivables de las comunidades, han
destruido o robado los símbolos religiosos de los mapuches y han usado
camiones, helicópteros, camionetas y hasta avionetas proporcionadas por
las empresas forestales para reprimir a las comunidades que reivindican
territorios ancestrales, hoy en manos de empresas forestales como
Bosques Arauco S.A, propiedad de Angelini.
Si alguien tiene derecho a dudar en este país acerca del carácter
democrático de los gobiernos de post-dictadura,
esos son los mapuches. Tortura y exclusión, represión e indiferencia,
pobreza y usurpación, todo aquello que era propio de la dictadura, lo
viven hoy los mapuches y lo han experimentado en los últimos 15 años.
Todo ello, para hacer más rico a los Angelini y a los Matte, a los
Schmidheiny (Suizo, MASISA S.A.) y a los japoneses de AnChile, para que
Chile conozca y sienta orgullo de tener a sus empresarios en las listas
de Forbes, para que los noticieros y los periódicos se solacen hablando
de cómo crece el país, mientras siguen ocultando la pobreza y la
violencia sobre las que se construyen tamañas fortunas. La destrucción
ambiental tolerada por los Gobiernos de la Concertación y sus patéticas
oficinas de fiscalización, así como la corrupción, también son
herramientas con las que Angelini mueve al Aparato del Estado en su
favor, un Estado donde él es "Jefe de Jefes" / Azkintuwe
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