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RESISTENCIA MAPUCHE EN PUELMAPU |
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Doña Carmen vive a metros del Hogar
mapuche. Es vecina de los estudiantes y confiesa estar cabreada de
sus habituales jornadas de protesta. Don José vive unos metros más
allá y se reconoce orgulloso de sus jóvenes vecinos. Si los techos
del hogar hablaran, contarían decenas de historias de resistencia.
Bienvenidos a Las Encinas 01020. |
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Por
Pedro CAYUQUEO - Azkintuwe Nº16 |
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- Frontis de ingreso
al Hogar Mapuche. Foto de Wladimir Painemal. |
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Doña Carmen se ve una buena persona. Dice no
tener nada personal contra los mapuche. Uno de sus
yernos es "indígena", confiesa. |
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En este tiempo, los han amenazado con
expulsarlos del recinto, en promedio, unas dos veces
por año. El 2002 estuvieron a punto. |
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DOÑA CARMEN VIVE hace años en la
Avenida Las Encinas, un tranquilo sector del barrio universitario de
Temuco. "Tranquilo hasta que llegaron estos jóvenes", me aclara subiendo
el tono de sus palabras. Desde hace más de quince años que doña Carmen
vive en el sector y dice estar cabreada. Es vecina del hogar
universitario y reconoce estar "hasta la coronilla". "Entiendo que
reclamen, pero no son las formas, tanta violencia, fíjese usted", me
dice, recordando aquellas largas jornadas de protesta y los violentos
enfrentamientos con la policía que le ha tocado presenciar en los
últimos años. Y a metros de su puerta. "Así no se puede vivir, no se
puede", me dice, enojada. "En algunas ocasiones la cuadra parece un
infierno, de piedras, lacrimógenas, bombas, fuego... ni a la calle se
puede salir, no queda otra que refugiarse aquí dentro", señala.
Doña Carmen se ve una buena persona. Dice no tener nada personal contra
los mapuche. De hecho, uno de sus yernos es "indígena", me confiesa.
Trabajador y cumplidor, como son la gente criada en el campo, agrega.
Aun así, no entiende la actitud de los estudiantes. "Ellos son
universitarios, jóvenes preparados. Imagine, yo soy dueña de casa, no
tengo estudios, pero se como debo comportarme. No son maneras el estar
quemando neumáticos, peleando todo el día con Carabineros", me dice. Y
para demostrar su imparcialidad, remata. "Aunque esos señores tampoco lo
hacen nada de mal... si pareciera que disfrutan golpeando a estos
chicos. ¿Cuál será la gracia digo yo?... les avivan la cueca, les siguen
el juego... Y es que los uniformados acá son harto brutos, que quiere
que le diga".
Le comento sobre las demandas de los estudiantes, de las malas
condiciones del recinto, de la falta de alimentación que los afecta, los
techos que se caen a pedazos. "Oiga.. pero tienen becas, si les dan de
todo hoy en día por ser indígenas". Mapuche, son mapuche, le aclaro.
"Como sea... indígenas, mapuche... mire usted, yo tengo mis nietos, ya
están en la universidad dos de ellos, aquí en la misma UFRO y los dos
deben pagar... no tienen becas, hogares, nada y lo más bien que
estudian. Son buenos jóvenes. Estudian sin desorden y calladitos. Yo
creo que estos cabros se acostumbraron a que les dieran todo... esa es
la verdad de las cosas". Intento contra argumentar. La pobreza en las
comunidades. La desigualdad existente en el acceso a la educación
superior. Inútil tarea. De la deuda histórica mejor ni hablar.
En calle Los Gladiolos vive don José. En estricto rigor no es vecino del
hogar, sino de las antiguas dependencias de la Subdirección Sur de la
Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), contiguas al
recinto estudiantil. Sin embargo, de barricadas, lacrimógenas,
enfrentamientos y desalojos sabe como pocos. Y es que las ex oficinas de
CONADI fueron durante años el blanco predilecto de los estudiantes a la
hora de presionar al gobierno. Y Los Gladiolos, la calle predilecta de
la policía a la hora de desalojarnos. "Soy un testigo privilegiado", me
dice, sin disimular una cuota de orgullo. Y es que don José, un ex
profesor exonerado en dictadura por su activa militancia socialista,
disfruta como pocos con las correrías de los jóvenes mapuche. E incluso,
desde uno de los balcones de su casa, de vez en cuando hasta los
alienta.
"Me recuerdan mis tiempos de juventud, cuando soñábamos con cambiar el
mundo y no aguantábamos que nos pasaran a llevar así como así", me
confiesa. "Soñábamos en grande", comenta con nostalgia. Le pregunto su
opinión sobre el hogar. "Yo creo que los cabros están en todo su derecho
de reclamar. Mire usted cómo está la educación en este país, todo se
compra y se vende... eso es una vergüenza, una vergüenza del porte de un
buque, joven. Y lo peor es que son los socialistas quien están
destruyendo nuestro país, este mismo señor Ricardo Lagos, que se cree el
papá de todos y nos gritonea cuando quiere, es el principal responsable.
El vendió Chile, lo vendió".
-"Sobre el hogar... ¿don José?"-, le insisto. "Si, en eso estaba, para
allá iba, déjeme continuar... Me parece bien pues oiga, bien que peleen
y que le enseñen a los otros cabros cómo se llevan puestos los
pantalones. Si no se trata de pedir favores al estado o pedir limosnas.
Son derechos básicos, mi estimado. DE-RE-CHOS!", me dice, enfatizando
aquella palabra como solo podría hacerlo un ex profesor de estado. Don
José reconoce no saber cuáles son en concreto las demandas de los
estudiantes, pero aun así los apoya decidido. "Entiendo que hace años
los quieren sacar de allí, echarlos para la calle, una injusticia sin
nombre". Y agrega. "Imagine usted que el compañero Allende creó ese
hogar para los jóvenes campesinos mapuche. Un centro modelo, en esos
años, una gran inversión y ante todo un gran gesto, fíjese usted".
-"¿Un gesto?"-, pregunto intrigado. "Claro pueh, un gesto y muy valioso.
Si esta tierra antes era un tremendo fundo, el fundo Trianon que le
llamaban, de puros ricos... Allende expropió esta tierra para que
volviera a manos mapuche, por eso creó ese recinto, para que los jóvenes
campesinos se capacitaran y tuvieran una mejor vida", me cuenta. La
memoria de don José es prodigiosa en datos. El lo sabe y continúa. "Yo
recuerdo cuando se inauguró ese centro, vino Allende, fue el año 1972,
si mal no recuerdo, un suceso, habían muchos mapuche que viajaron desde
el campo, en micros, cuando todo esto eran puros caminos de tierra...
fue algo muy bonito, mi estimado... lástima que después llegó este
delincuente habitual de Pinochet. Lo primero que se le ocurrió fue
pasarle el centro a su señora, que lo llenó de viejas pitucas que lo
usaban para juntarse a copuchar y tejer. Mire la tontera pa' grande.
Ladrón y mandoneado por la mujer, quién lo diría", remata.
*
NOVENTA Y CUATRO SON LOS jóvenes que duermen bajo los techos del hogar
mapuche. Corrección: bajo los techos que aún quedan en dicho recinto,
los cuales han debido soportar hasta la fecha más de 35 crudos inviernos
y en los últimos años, pelotones enteros de efectivos policiales
corriendo y persiguiendo estudiantes como si se tratara de la vía
pública. Si los techos del hogar estudiantil hablaran, faltarían horas
de cinta para guardar las entrevistas. Nos contarían innumerables
historias de resistencia y, también, por cierto, de derrotas. Historias
de lucha, en definitiva, porque bien saben los estudiantes que en toda
lucha a veces se gana y otras veces se pierde, pero lo principal -como
de seguro piensa don José- es nunca dejar de hacerlo.
Si los maltratados techos de "Las Encinas", como se conoce generalmente
a este hogar estudiantil, hablaran, contarían por ejemplo, la historia
de Cristóbal Cayupán, quien tras el último allanamiento policial
realizado el pasado 8 de septiembre, resultaría brutalmente golpeado por
efectivos del Grupo de Operaciones Especiales de Carabineros (GOPE),
justo sobre los dormitorios del Pabellón Nº1. Jorge, alumno de primer
año de Ingenieria Forestal de la Universidad de La Frontera, había
participado ratos antes de la ocupación de las oficinas del Instituto de
Desarrollo Agropecuario (INDAP), aledañas al recinto. Al producirse el
desalojo, Cristóbal huyó hacia el hogar, refugiándose en el techo. Sin
embargo, no tuvo la menor chance. Menos cuando decenas de policías
armados hasta los dientes treparon los muros del viejo recinto tras sus
pasos, propinándole de paso una brutal golpiza.
"Yo estaba en el techo cuando me agarraron. Eran tres pacos, dos me
agarraron de los brazos y el otro comenzó a golpearme en el rostro,
golpes de puño. Me golpearon hasta que me dejaron casi inconsciente. Así
me bajaron del techo y me llevaron hasta la micro, donde nos seguían
insultando, de manera racista para bajarnos la moral a todos. A algunos
de mis compañeros les seguían pegando en la micro. Yo me quede sentado
allí, no podía moverme del dolor y veía todo nublado". Cristóbal
recuerda los hechos con rabia e impotencia. No es para menos. En aquella
jornada, más de 100 efectivos policiales irrumpieron en el hogar con la
orden de detener a la mayor cantidad posible de estudiantes, en
respuesta a la ocupación del INDAP. Los jóvenes buscaban llamar la
atención de las autoridades respecto de las malas condiciones de su
albergue. Como respuesta, 58 de ellos resultaron golpeados y detenidos
(entre ellos, 23 mujeres), la mayoría dentro de los pabellones del
propio hogar.
Este fue el caso de Jorge Painemilla Nahuelcoy, alumno de cuarto año de
Ingeniería en Ejecución Agrícola de la UFRO, quien fue sacado a patadas
desde su pieza por efectivos del GOPE. "Eran tres pacos, quienes volaron
a patadas la puerta de mi pieza y entraron para detenerme. Entre todos
me golpearon. Después llegaron otros que también se sumaron a patearme y
pegarme con palos en el cuerpo. A mi me dejaron más mal que a los otros
peñi, con lesiones en las manos, las costillas, incluso una patada en
los testículos que me hizo perder el conocimiento... Desperté en la
micro, gritando de dolor y con los pacos burlándose. Más tarde, ya
detenidos en la Comisaría, nos llevaron a constatar lesiones al Hospital
Regional", relata Jorge. La orden de allanamiento había sido ordenada
por el Gobernador de la Provincia de Cautín, Isaac Vergara.
"Nosotros solo buscábamos llamar la atención del gobierno, queríamos que
la ministra de Mideplan, Yasna Provoste, aceptara dialogar y atender
nuestras demandas. Nos acusaron de ser violentos, de causar destrozos,
dijeron incluso que teníamos bombas en el hogar ese día. Mentiras, puras
mentiras para confundir a la gente y restarnos su apoyo", me dice Jorge.
Al final del día, el único diálogo logrado por los estudiantes fue el
que sostuvieron con Cristian Crisosto, fiscal del Ministerio Público de
La Araucanía. "Creemos que como mapuche requerimos una residencia digna,
acogedora, que brinde los servicios básicos, que esté reconocido
institucionalmente con el objetivo de que nuestros hijos, hermanos y
descendencia nos aboquemos solamente a estudiar y reconstruir nuestra
identidad cultural", le señalaron los estudiantes. Crisosto se limitó a
leerle a cada uno sus derechos. Estaban todos detenidos.
Jorge recuerda entre risas lo sucedido, pero en aquella jornada los
asesinos balines disparados por la policía causaron estragos en varios
de sus compañeros. Y como señalamos, 58 de ellos debieron pasar la noche
apiñados en una fría celda de la Segunda Comisaría de Temuco. Días más
tarde, 26 de ellos -incluidos Cristobal y Jorge- serían formalizados por
el Tribunal de Garantía de Temuco, bajo el cargo de "ocupación ilegal de
oficina pública”. Y si bien todos quedaron finalmente en libertad, se
decretaron contra ellos medidas cautelares consistentes en arraigo
nacional, firma mensual y prohibición de acercarse a las oficinas del
INDAP. No serían los últimos procesados. Cinco días más tarde, otros
seis universitarios serían detenidos y puestos a disposición de los
tribunales. Lucía Huenuqueo, Mónica Reuca, Cristián Hormazábal, Roberto
Antivil, Tamara Reinao y Cecilia Cona, todos miembros del hogar, se
habían encadenado en la reja de acceso a la subdirección sur de la
CONADI, en pleno centro de la ciudad. Exigian una vez más ser escuchados
por el gobierno y teminaron -al igual que sus compañeros- confinados en
un calabozo y posteriormente procesados por la justicia.
*
REBOBINEMOS. LA HISTORIA de Las Encinas es conocida. Un antiguo recinto
de capacitación campesina, ocupado "ilegalmente" y transformado luego en
residencia estudiantil por jóvenes mapuche de Temuco. Todo ello, en el
lluvioso mes de abril de 1997. Una fecha para ellos fundacional e
histórica. A partir de entonces, continuas amenazas de desalojo,
enfrentamientos con Carabineros y conflictos varios con las autoridades
de la CONADI. A la par, fortalecimiento de la organización estudiantil,
más de trescientos universitarios beneficiados con albergue y varias
generaciones de profesionales egresados en ocho años de historia. Una
historia de dulce y agraz, que este segundo semestre volvió al primer
plano debido a las malas condiciones de habitabilidad de un recinto que
se desploma cada día a pedazos.
Construidas a comienzos de los años 70 por el gobierno de la Unidad
Popular como un Centro de Capacitación Indígena y Campesino, las
instalaciones del hogar ya no resisten al casi centenar de estudiantes
que lo habitan. Hombres y mujeres, en similar proporción, que allí
duermen, comen, estudian y sueñan con un futuro mejor, tanto para ellos,
como para sus comunidades de origen, la mayoría sumidas en la pobreza y
la marginación social. Comunidades top en las cifras rojas de la
encuesta CASEN. En Las Encinas, los estudiantes luchan no tan solo por
ellos, como presupone doña Carmen, sino también por un mañana mejor para
todos. Diez meses al año. Día y noche. Una carga demasiado alta para un
viejo edificio fiscal que, en casi 35 años, solo ha sido remodelado en
tres míseras ocasiones.
Según consta en registros de los propios estu-diantes, su primera
remodelación se habría realizado tras el golpe de Estado, al ser
traspasado por la Junta Militar a manos de Cema Chile, organismo creado
por el dictador para la entretención de su señora, según la particular
opinión de don José. La segunda se produciría a comienzos de los 90',
esta vez por parte del INDAP, que adquirió el recinto una vez retornada
la democracia y que reacondicionó las instalaciones para dictar allí
-especialmente en época de verano- cursos de capacitación para pequeños
agricultores y ganaderos de la región. Así funcionó por varios años,
permaneciendo la mayor parte del tiempo deshabitado y en total abandono.
Abandonado. Así encontraron precisamente el recinto los estudiantes el
año 1997, cuando el por entonces diputado Francisco Huenchumilla, actual
alcalde de Temuco, les comentó al pasar en una reunión de su existencia
y de su historia. Hasta ese año, los estudiantes universitarios no
sobrepasaban el centenar y al alero de la Iglesia Católica o de
esfuerzos personales, mantenían a duras penas uno o dos albergues en la
capital regional. No más. En su mayoría, se trataba de casas que
arrendaban y que de a poco se iban llenando de jóvenes que llegaban
dateados solicitando albergue y comida. Uno de estos recintos era el
ubicado en calle Claro Solar, esquina Aldunate. Pleno centro.
Específicamente, en las ex oficinas de la desaparecida Comi-sión
Especial de Pueblos Indígenas (CEPI), antecesora de la actual CONADI.
El hogar "Claro Solar", como aun se lo recuerda y que cobijaba a una
treintena de jóvenes, fue la base de operaciones de los estudiantes. La
central desde donde se planificó la “recuperación” de Las Encinas. Allí,
hacinados, sin alimentación adecuada y compartiendo el reducido espacio
con un bullicioso pelotón de ratas con inquietudes interculturales,
estos jóvenes comenzaron de a poco a fraguar la histórica movilización.
Unos 100 estudiantes podrían vivir en Las Encinas sin problemas,
calculaban los dirigentes. Y decidieron organizarse en pos de ese
objetivo. La madrugada del 3 de abril fue la fecha elegida. Era una fría
noche de invierno, sin embargo, eso no detuvo la determinación de los
cuarenta y tantos que se atrevieron con el paso inicial. Se trasladaron
con camas y todo, decididos a no dar marcha atrás. No se trataría de una
toma simbólica, se repetían. Tampoco de una ocupación. Se trataría de
una "recuperación".
Con la convicción de hacer lo correcto, los jóvenes treparon aquella
fría madrugada sus muros e ingresaron al recinto. Nadie los recibió. En
cambio, muchos los acompañaron, principalmente jóvenes de otras
agrupaciones mapuche, como Weche Kimun de la Universidad Católica y We
Kintun de la Universidad de La Frontera (UFRO), más una tropa de
entusiastas, bulliciosos y bohemios colaboradores chilenos. Alrededor de
80 estudiantes mantuvieron durante varias semanas la ocupación,
durmiendo en el suelo, sin alimentación, sin luz, ni agua, ni baños,
pero con muchas ideas y energías para transformar las viejas
instalaciones en su nueva y flamante residencia académica. Varias veces
estuvieron a punto de desalojarlos. Oscar Eltit, a la fecha Intendente
Regional, se querelló y amenazó incluso con penas de cárcel a los
dirigentes. No hubo caso. Habían llegado para quedarse. Y se quedaron.
*
MENCIONABA QUE EN 35 años, el viejo edificio de Las Encinas solo ha sido
remodelado en tres ocasiones. La tercera y última, ocurrió precisamente
el año 1997, tras la "recuperación" protagonizada por el batallón del
“Claro Solar”. Fue uno de los puntos de la negociación del conflicto. 90
millones le costó al gobierno en aquel entonces transformar el
abandonado edificio en un albergue estudiantil, con pabellones, literas,
baños, comedor y lavanderías para 80 jóvenes becados. También, un par de
salas de clases, habilitadas a petición de los estudiantes para
implementar allí un preuniversitario. Los estudiantes soñaban con poder
apoyar a otros jóvenes en su difícil camino a la educación superior.
Chicos de enseñanza media provenientes del campo, principalmente. Sin
embargo, a poco andar debieron olvidarse de todo ello. Las autoridades
no veían con buenos ojos un hogar manejado por los propios estudiantes.
Intentaron imponer normas. Los jóvenes las rechazaron y estallaron los
primeros conflictos.
Han transcurrido de aquel entonces 8 años. En este tiempo, los han
amenazado con expulsarlos del recinto, en promedio, unas dos veces por
año. El 2002 estuvieron a punto. Tras la inauguración de un moderno
hogar estudiantil en la comuna de Padre Las Casas, el gobierno regional
se obsesionó con el cierre de Las Encinas, recinto que el propio
Intendente Ricardo Celis gustaba identificar como una "cuna" de
delincuentes. O terroristas. O subversivos. O todo ello a la vez,
dependiendo de su estado de ánimo. Lo cierto es que tras semanas de
movilización callejera y una emblemática huelga de hambre en la Catedral
de Temuco, los estudiantes lograron doblegar la mano del ejecutivo
regional y quedarse en el recinto. Solo unos 30 emigraron a Padre Las
Casas, los más nuevos. De los antiguos, casi ninguno quiso trasladarse.
Nostalgia, dirán algunos. Comodidad, dirán otros. Compromiso, le
llamaron ellos.
Jaime Andrade (PS), subsecretario de Mideplan, fue uno de los
protagonistas de aquel proceso de lucha. Las masivas movilizaciones
pillaron de sorpresa al gobierno central. También a la CONADI, cuyas
autoridades eran cotidianamente ninguneadas por los estudiantes. Ellos
exigían sentarse a conversar con el ejecutivo, con Mideplan. Cansados de
las burocráticas respuestas de CONADI y de una Intendencia Regional
dispuesta solo a reprimir y encarcelar, los estudiantes optaron por
acortar camino. Hablar con los patrones, no con los empleados. Así lo
señalaban, sin tapujos, a diario ante la prensa local, irritando a un
Ricardo Celis que exigía "su" lugar en la mesa de conversaciones. Pocas
veces estuvo. Y cuando asi fue, los estudiantes poco y nada lo tomaban
en cuenta. Cuentan que el Intendente nunca les perdonó el desaire.
El "Chico" Andrade, como fue bautizado a poco andar el diminuto
subsecretario, logró calmar los ánimos, garantizando la estabilidad
futura del hogar. También visitó las instalaciones y comprometió el
apoyo de su ministerio a un millonario proyecto de remodelación, quizás
una de las demandas más urgentes de los estudiantes. Meses después,
Andrade abandonó el gobierno, el servicio público y regresó a las
desérticas planicies de Calama. Específicamente a la poderosa minera
Codelco, la cuna privada que lo había visto nacer como hábil operador de
conflictos. En su reemplazo, un joven y desconocido arquitecto de nombre
Marcelo Carvallo (DC) arribó a La Araucanía el 2003. Estallado el
conflicto, prometió a los estudiantes las mismas cosas que Andrade y lo
hizo con el respaldo de su amigo Andrés Palma (DC), por entonces
ministro de Mideplan. Al poco tiempo, ambos dejarían también el
gobierno.
El año 2003, las autoridades no lograron cerrar el hogar. Era el
objetivo de Ricardo Celis. Lo había anunciado incluso públicamente. Sin
embargo, la intervención del Mideplan desde Santiago echo por tierra sus
planes. El 2004 vendría su esperada revancha, cuando unilateralmente
canceló el proyecto FNDR de remodelación del recinto conquistado el año
anterior por los estudiantes. El mismo que contaba con el apoyo de
Mideplan y que el Consejo Regional de La Araucanía (CORE), crítico de la
gestión de Celis, había aprobado satisfactoriamente. 180 millones de
pesos era la cifra original del proyecto, trabajado en conjunto por los
dirigentes con el Departamento de Arquitectura del MOP y discutido hasta
en sus más ínfimos detalles por espacio de dos años con el Mideplan.
Tras una rápida licitación, el inicio de las obras estaba estipulado
para el primer trimestre del año 2004. En ese momento los estudiantes no
lo sabían, pero el proyecto jamás se llegaría a ejecutar. Según Celis,
la negativa de los estudiantes a abandonar las dependencias mientras se
ejecutaban las obras, habrían obstaculizado todo el proceso. Una actitud
-según el intendente- infantil, intransigente e incomprensible.
Por cierto, toda historia tiene su lado B. Según señalan los
estudiantes, es falso que no hayan querido abandonar las dependencias
donde se ejecutarían las obras. De hecho, lo hicieron, reacomodando a
los residentes en otro sector del recinto. El caso es que Celis quería
sacarlos a todos, vaciar Las Encinas de estudiantes y eso no fue
aceptado, debido principalmente a la desconfianza que les generaba a
todos ellos el polémico intendente, que gustaba acusarlos por la prensa
de tener familias enteras viviendo en el hogar, de no respetar los
reglamentos de CONADI e incluso de amparar el microtráfico de drogas.
Las posiciones se fueron a los extremos. Al final, los estudiantes
propusieron dejar 15 jóvenes en Las Encinas y el resto, temporalmente,
podría irse a otros hogares. Celis no aceptó. Quería que se fueran todos
e implementar becas individuales de residencia, su persistente y
manifiesto objetivo. Los trató de radicalizados, intransigentes y
canceló unilateralmente el proyecto. Flor de Nuevo Trato.
*
TAL COMO OCURRIÓ EL 2003, finalmente solo una dramática huelga de hambre
permitió este año a los estudiantes doblar la mano del gobierno. Se
trató por cierto de una medida extrema e impopular. La iniciaron el
lunes 30 de septiembre en la sede el Pacto Juntos Podemos Más. Una
semana más tarde, se trasladaron con todo hasta la Catedral de Temuco.
Buscaban interpelar tanto al obispo regional, Manuel Camilo Vial, como
al conjunto de la comunidad local, en su mayoría católica, apostólica y
romana, según lo señalan las estadísticas y el mito popular.
"Lamentablemente hoy nos vemos en la obligación de trasladarnos de
espacio, y establecernos en la catedral de Temuco, la cual ofrece
mayores garantías de seguridad para nuestros hermanos que están en
huelga, porque su actual estado de salud es crítico y nosotros velaremos
por preservar el mayor tiempo posible tanto su integridad física como
psicológica... Hoy nuestros hermanos cumplen siete días en huelga de
hambre, siete días en donde su energía y vida ha disminuido, siete días
de dignidad en una medida extrema la cual se efectúa para lograr lo
mínimo que como seres humanos nos merecemos, ante una xenofóbica
negativa de las autoridades de gobierno con los mapuche,
discriminándonos y negándonos el derecho de vivir en condiciones seguras
y humanas", señalarían los estudiantes a través de un comunicado.
No exageraban. En los hechos, dos de sus compañeros terminarían
internados en el Servicio de Urgencia del Hospital Regional, debido a un
peligroso agravamiento de su estado de salud. Transcurría la madrugada
del 5 de octubre y la conmoción pública provocada por el deterioro
físico de los huelguistas, transmitido por los noticieros de televisión,
llevaron al obispo Vial a desalojarlos de la "casa de Dios". Los
encargados de la tarea fueron las fuerzas especiales de Carabineros, que
procedieron con su brutalidad característica. Sin embargo, no había
vuelta atrás. En la catedral o en la calle o en un calabozo policial, la
huelga de hambre continuaría hasta las últimas consecuencias. El mensaje
era claro y así lo entendieron finalmente en el gobierno central. Horas
más tarde y por la televisión, los estudiantes escucharon a un humilde
Ricardo Celis anunciar el inicio del diálogo. Después de un mes de
protestas, marchas y ocupaciones, detenciones, encarcelamientos y
golpizas, el gobierno por fin había decidido escucharlos.
"Nosotros nos enteramos por los medios de comunicación que el Intendente
nos convocaba a dialogar. En 24 horas nos preparamos e invitamos a otros
hermanos dirigentes, como el peñi alcalde Adolfo Millabur, gente de
otras organizaciones, para que nos asesoraran en aspectos técnicos.
Nosotros queríamos equilibrar la mesa, tener más gente a nuestro favor.
Sabíamos que estarían además los consejeros de la CONADI, pero era una
incógnita si estarían a nuestro favor o a favor del gobierno.
Finalmente, todos ellos nos apoyaron de manera decidida, solo la lamngen
Isolde Reuque apoyó la postura de las autoridades. El propio
subsecretario Jaime Andrade venía a Temuco con la misión de resolver el
conflicto. El único que estaba en contra de nosotros era el Intendente
Ricardo Celis, quien incluso intentó en un momento quebrar la mesa de
diálogo, al ver que las cosas no estaban saliendo como él esperaba. Sin
embargo, Andrade lo llamó a terreno y finalmente no le quedó más que
firmar el acuerdo. Lo hizo de mala gana, pero no le quedaba otra",
relata Luís Penchuleo, dirigente y vocero del hogar. Penchuleo, quien
cursa primer año de Periodismo en la UFRO y es originario de la zona de
Lautaro, destacó como uno de los líderes de este proceso. Parte de una
nueva generación.
*
RECORREMOS JUNTO A LUÍS el viejo recinto y una cosa si es clara. El
hogar necesita ser remodelado de urgencia. El Servicio de Salud, hace
unos meses y tras una inspección en terreno, lo declaró insalubre e
inhabitable. Es decir, imposibilitado para albergar personas. Es
probable que la techumbre no aguante un nuevo y crudo invierno. Si no
vuela por completo, se desploma. Las apuestas van uno a uno y subiendo.
Entre los estudiantes, en tanto, se respiran aires de cambio y de
unidad. También de feroz autocrítica por los errores cometidos en el
pasado, causa de divisiones y conflictos internos que comienzan a quedar
atrás. Los estudiantes entienden que el objetivo es "salvar" el espacio
en que viven. Y es que no se trata solo de mejoras de "emergencia" como
las realizadas en otros años, advierten. Ellos persiguen que el hogar
sea remodelado por completo, lo que garantizaría su permanencia en el
tiempo por varios años e incluso décadas. Tal como estaba planificado
que ocurriera el año 2003. En definitiva, tal como lo habían soñado
aquel puñado de valientes del año 97.
“Las autoridades de gobierno en la región, se comprometen a iniciar el
ciclo del Proyecto de remodelación del Hogar Las Encinas”, antes del
término del mandato de Gobierno del Presidente Ricardo Lagos, con miras
a ser financiado con recursos del año presupuestario 2007 alcanzando la
recomendación técnico económica del mismo, durante el año 2005. Por otra
parte se compromete la búsqueda de fondos extraordinarios y/o de
emergencia, para llevar adelante el proyecto", consigna el acuerdo
firmado el pasado 6 de octubre. Incluso, se les reconoce a los jóvenes
la necesidad de contar con una Política de Hogares Estudiantiles, a fin
de garantizarles "el normal desarrollo de sus actividades académicas y
preservar sus prácticas culturales", dejando a un lado -al menos en el
texto del acuerdo- el persistente objetivo gubernamental de implementar
un sistema de "becas de residencia individuales". Habrá que ver cuánto
de ello se cumple finalmente.
Los estudiantes señalan que se mantendrán en alerta. Vigilantes. Unidos.
"Muchos me han dicho que está ha sido la movilización más larga desde
que se creo el hogar el año 97'. Puede ser. Lo que yo destacaría es la
mística, el espíritu de unidad que se logró. La capacidad de
reencontrarnos como grupo, de dejar atrás las divisiones, los bandos que
se habían creado y trabajar en pos del objetivo final que era defender
este espacio. El compromiso de la gente nueva del hogar fue vital. Cerca
del 40% llegaron este año, chicos de 18 y 19 años, que en su mayoría
estuvieron siempre presentes, dispuestos a luchar y sufrir costos
personales como ser detenidos y procesados. Incluso, hubo un grupo al
que bautizamos como los "kamikazes", porque siempre estuvieron
dispuestos a todo... si había que encadenarse, allí estaban. Si había
que ocupar una oficina, saltaban antes que todos. Eso nos tiene
esperanzados con el futuro de este hogar", reflexiona Luis. Tarea
pendiente es fortalecer la unidad con los otros hogares de Temuco. Hasta
el año 2003 mantuvieron con ellos una efectiva coordinación política.
Más tarde y por diversas razones, ésta simplemente naufragó. Son parte
de los desafíos que vislumbran, de cara al año académico 2006. Aquí, en
Las Encinas 01020 / Azkintuwe.
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