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RECUPERANDO LA MEMORIA
HISTÓRICA |
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La memoria histórica mapuche sostiene
que desde tiempos inmemoriales, las comunidades mapuches viven y se
desarrollan a ambos lados de la cordillera de los Andes. Una lectura
crítica de las fuentes utilizadas por la historiografía, la
antropología y otras ciencias “occidentales” permiten corroborar que
efectivamente, el mapuche es un pueblo originario, es decir, su
presencia aquí es anterior al Estado argentino. |
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Por
Adrián MOYANO - Azkintuwe Nº15 |
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- Vista del cerro Otto,
Bariloche. Foto de Archivo. |
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Por poco menos de dos
siglos, la frontera entre los mapuches y los
españoles se ubicó en una línea que arrancaba por el
río Salado. |
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Los ranquehue consideran
que viven en la zona de Virgen de las Nieves “desde
siempre”. Y existen registros históricos que así lo
demuestran. |
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LA COMUNIDAD MAPUCHE “Tripan Antü”
protagoniza desde hace décadas una disputa territorial con el Estado
argentino, en particular con el Ejército. Las familias que allí viven,
los Ranquehue y los Gualmes, pueden demostrar su presencia más que
centenaria en el paraje que se denomina Virgen de las Nieves, nombre
impuesto a mediados del siglo XX. La Justicia Federal ha fallado en
contra de los “mapuche” y ordenado su desalojo, que afortunadamente aún
no se ha consumado (diciembre de 2001).
Para intentar la reversión de la medida, a comienzos del mismo año y por
iniciativa del abogado del “Lof”, se realizó una presentación ante el
entonces presidente de la República Argentina, Fernando de la Rúa. Las
líneas que siguen fueron elaboradas para demostrarle sucintamente al
Estado argentino que la zona donde hoy se erige la ciudad de Bariloche,
pertenece al territorio mapuche. Las tierras en disputa están ubicadas a
8 kilómetros de esa ciudad, entre los lagos Gutiérrez y Nahuel Huapi,
sobre la ladera occidental del cerro Otto. Hasta el momento, no se
obtuvo una respuesta favorable de las autoridades argentinas y el
conflicto continúa.
*
LA ZONA QUE HOY SE denomina Virgen de las Nieves está ubicada en San
Carlos de Bariloche, en la Provincia de Río Negro (Argentina). Allí vive
“desde siempre” la familia Ranquehue. Mientras tanto los Gualmes
aparecen en escena a partir de 1895, cuando Pedro Pablo Gualmes, abuelo
de Clorinda nacido en 1852, llega al lugar procedente de Comallo a raíz
de haber sido desplazado de su tierra original por un conocido
comerciante de entonces en aquel paraje, ubicado a 120 kilómetros de
Bariloche. El área permaneció fuera de la soberanía argentina hasta
fines del siglo XIX, cuando el gobierno nacional decidió llevar adelante
las campañas militares que se conocen como Conquista del Desierto. En
derredor del lago Nahuel Huapi la presencia mapuche puede comprobarse a
partir del siglo XVI, aunque la memoria histórica mapuche prefiere
referirse a milenios. Cabe recordar que la jurisdicción española jamás
pudo efectivizarse al este de la cordillera de los Andes más allá del
río Salado, a unos pocos kilómetros de Buenos Aires (2). Al oeste del
macizo montañoso, después de 100 años de guerras que arrojaron como
resultado una derrota para la corona ibérica, la frontera entre las
comunidades mapuches independientes y España, quedó establecida en el
río Bío Bío “de océano a océano”. Así lo afirma el Pacto de Quilín,
celebrado en 1641(3).
Por poco menos de dos siglos, la frontera entre las diversas comunidades
mapuches y los españoles se ubicó en una línea que arrancaba por el río
Salado en la actual provincia de Buenos Aires, seguía por el sur de
Santa Fe; sur de Córdoba, centro de San Luis y centro de Mendoza (4).
Las provincias que hoy se denominan Neuquén y La Pampa estaban
íntegramente “controladas” por las diversas parcialidades mapuches (“rankvlce”
o Ranqueles; Pehuenches y “Cazice” o Salineros). Más al sur, en la
provincia que hoy llaman Río Negro, habitaban comunidades mapuche
“wijice” al sur del lago Nahuel Huapi. Ese “status” no se modificó hasta
bien avanzada la época republicana. En Chile, el gobierno asumió la
decisión política de incorporar la llamada Araucanía hacia 1881 y en la
Argentina, se decidió correr la frontera hasta los ríos Negro y Neuquén
recién en 1879. La propia concreción de ambas campañas militares deja
establecida la pre-existencia mapuche, es decir, el pueblo mapuche es
anterior en su existencia a los estados argentino y chileno.
La memoria histórica mapuche así lo afirma pero además, hay múltiples
datos que provienen de la ciencias occidentales que certifican la
aseveración. La arqueología ha encontrado cerámica “Pitrén” o mapuche en
el oeste de la provincia de La Pampa y en el este de Neuquén, a la que
dató hacia el año 1.000. Esas piezas no son atribuidas sólo al comercio,
sino a la presencia directa de grupos “paleoaraucanos” (5). Así llaman
los arqueólogos a los antiguos mapuches. Más adelante, el poema épico
denominado “La Araucana”, del soldado español Alonso de Ercilla, asevera
que el ejército mapuche que enfrentó a las tropas de Pedro de Valdivia,
estaba integrada por diversas parcialidades pertenecientes al pueblo
originario, entre ellas, los puelches. En “mapuzugun” (habla de la
tierra, idioma mapuche) “puelche” (pulelches) significa gente del este.
La afirmación del poeta deja en claro que mucho antes de que comenzara
la supuesta y mal llamada Araucanización de Pampa y Patagonia, ya
existían comunidades mapuches a ambos lados de la cordillera. La
presencia de puelches en Gulu Mapu (territorio mapuche del oeste) en
1550 para arriesgar la vida en común frente al invasor, evidencia no
sólo la unidad cultural y lingüística del pueblo mapuche, sino también
la existencia de profundos lazos políticos. A raíz de su claridad
meridiana, cabe traer a colación las conclusiones del investigador
chileno Carlos Ruiz Rodríguez, de la Universidad de Santiago de Chile:
“El pueblo o nación mapuche ha tenido desde tiempos prehispánicos un
desarrollo simultáneo en ambas vertientes (de los Andes), del cual los
vínculos observados a partir del siglo XVII son sólo la parte visible
ante los ojos del hispanocriollo, de un fenómeno de más antigua data”.
Ruiz afirma que a la llegada de los conquistadores “sin duda numerosas
parcialidades de ambas vertientes cordilleranas estaban emparentadas y
creaban continuamente nuevos vínculos para facilitar el intercambio
entre comunidades de pisos ecológicos diferentes para tener acceso a
bienes que no producían en el nivel propio. Sin duda, la alianza militar
contra los españoles hizo aún más estrechas estas relaciones”. (6) Como
puede advertirse, ya no sólo los mapuches sostienen que su presencia
como pueblo en el actual territorio argentino, se remonta a siglos antes
de la constitución del Estado que hoy pretende disputarle su tierra a
los Ranquehue y los Gualmes. Existen muchos otros datos que se derivan
de la historiografía de los no mapuches, que coinciden con la memoria
histórica del pueblo originario.
Por ejemplo, algunas fundaciones de plazas fuertes españolas no se
explican si para los conquistadores, las hostilidades de los “puelce” o
“pewence” provenientes del este de la cordillera, no hubieran sido
significativas. La erección de San Bartolomé de Gamboa en el antiguo
sitio de Chillán (VIII Región del Bío Bío, Chile) tiene sentido no para
reforzar las comunicaciones entre Concepción y Santiago, sino para
prevenirse de la llegada de los mapuches que venía del actual territorio
argentino, en plan de guerra defensiva. No es el único caso (7). También
hay que tener en cuenta la certificación de la toponimia. A su paso por
el actual territorio argentino, los españoles encontraron denominaciones
en “mapuzugun”, inclusive antes de que comenzara la supuesta “araucanización”.
Cuyo viene de “cuyum”, que significa arenal; Trepananda deriva de “Xipan
Antv” o “Xipay Antv” (de donde viene el Sol); Guaymallén se parece a
“waj malen” (todos las jóvenes o rodeado de mujeres jóvenes)”.
Los ejemplos se multiplican por decenas o quizás centenas. Se trata de
denominaciones que han quedado plasmadas en las primeras crónicas
ibéricas, trabajos que fueron datados muy tempranamente y que dejan
reflejada la presencia ancestral mapuche en el actual territorio
argentino. Sucede que la relación entre los mapuches y la naturaleza es
sustancial y muy entrañable. Los nombres que fueron proporcionados a
aguadas, cerros, ríos, pampas, lagos y demás características de
determinado espacio territorial, no pudieron surgir espontáneamente o
como producto de un paso transitorio, sino a partir del conocimiento
profundo de sus “newen” o fuerzas. Cabe concluir entonces, que la
presencia mapuche en “Puel Mapu” (territorio mapuche del este) es muy
anterior a la llegada de los españoles.
Bariloche no es la excepción. Los investigadores se refieren a la
presencia centenaria aquí de los “puelches del Nagüelhuapi” (8) .
Algunos de ellos adhieren a corrientes antropológicas que se han
esforzado por negar la existencia del pueblo mapuche, pero los hechos
son claros. Ya se dijo que los “puelce” son los mapuches que viven al
este de la cordillera de los Andes y es notorio que se denomina Nahuel
Huapi (Isla del Tigre en “mapuzugun”), al lago sobre cuyas orillas se
levanta la ciudad. El Paso de los Vuriloches que buscaron afanosamente
los consquistadores, se refiere a “Furilofce”, que significa las
comunidades que están detrás de la espalda. Estas denominaciones son muy
antiguas y su presencia en las crónicas ibéricas también contribuye a
desmoronar las tesis de la Araucanización de Pampa y Patagonia, según la
cual los mapuches entraron al actual territorio argentino en los siglos
XVII y XVIII.
Hay muchos otros ejemplos, pero la breve enumeración ya alcanza para
advertir que la toponimia se constituyen en otro elemento de fuste, a la
hora de dejar demostrada la pre-existencia mapuche. Es decir, la
presencia del pueblo mapuche en estas latitudes es anterior a la llegada
de los conquistadores españoles y por ende, al surgimiento de la
República Argentina como entidad política independiente.
*
MÚLTIPLES TESTIMONIOS LEGADOS por viajeros dejan demostrado que el área
del lago Nahuel Huapi formaba parte del territorio mapuche hacia fines
del siglo XIX. Uno de los aportes más valiosos fue formulado por George
Musters en su libro “Vida entre los patagones”. El inglés inició su
célebre periplo 10 años antes de que comenzara la Conquista del Desierto
y viajó desde la Isla Pavón (Santa Cruz) hasta Carmen de Patagones
(Buenos Aires). Previamente, hizo escala en las tolderías de Savweke (Sayhueque),
en la actual provincia de Neuquén. Junto con una nutrida partida de
tehuelches que venían a parlamentar y comerciar con los “araucanos”,
Musters recorrió durante buena parte de su trayecto una vieja vereda
Tehuelche. A la altura de Chubut y Río Negro, esa senda coincidió en
muchos tramos con el posterior trazado de la actual Ruta Nacional 40.
Algunos de los estudiosos que analizaron su libro de viajes mencionan
que la comitiva pasó 33 Km al este del lago Nahuel Huapi. Otros afirman
que lo hizo a 50 Km.
Pero lo cierto es que apenas superado el punto donde actualmente se
emplaza la ciudad de Esquel (oeste de Chubut), los tehuelches en marcha
se toparon con los primeros “araucanos”, quienes integraban las
tolderías del “logko” Quintuhual. Unos días más tarde, los tehuelches se
encontraron con el “logko” Foyel en cercanías del sitio donde hoy se
emplaza Ñorquinco (Río Negro). Juntas, unas y otras comunidades
marcharon hacia el norte para participar del “xawvn” (parlamento) que se
desarrollaría en el así llamado por los blancos, País de las Manzanas.
Los párrafos que Musters consagra a ambos encuentros permiten arribar a
varias conclusiones. En primer término dan por la borda con la teoría
que afirma que los mapuches entraron a la Patagonia para conquistarla a
sangre y fuego, en desmedro de los tehuelches. Si bien los viejos
“aonik-enk” y “gününa küna” que viajaron con el inglés recordaban
antiguos entreveros, se trataba de combates entre contendientes de
poderío más o menos similar y no de prácticas genocidas, como sostiene
buena parte de la “academia” histórica patagónica. Es más, el “logko”
mapuche Inacayal rememora su participación en un entrevero en el cual
los mapuches llevaron la peor parte.
Además, queda claro que entre tehuelches y mapuches existían relaciones
políticas y comerciales muy fluidas. No sólo con las parcialidades
“pewence” o manzaneras (así las llamaba el “wigka”) sino también con las
“cazice” o salineras. Apenas se encontraron los del sur con la gente de
Quintuhual y Foyel, arribó un mensajero que traía un recado del
mismísimo Kalfvkura (Calfucura), el cual invitaba a sumarse a un “fuxa
malon” contra Buenos Aires. Manzaneros y tehuelches desecharon la
alianza con el “toki” de Salinas Grandes, pero la propia existencia de
la comunicación indica que en el mundo indígena anterior a la llegada
del Ejército argentino, las comunicaciones eran muy fluidas y los
vínculos muy estrechos.
Pero el legado más importante de Musters a los efectos de este trabajo,
está dado por la existencia de una “frontera” (por así llamarla) entre
mapuches y tehuelches, que se ubicaba aproximadamente al norte de Esquel,
pero con más nitidez en El Bolsón y Ñorquinco, sobre el oeste de la
futura provincia de Río Negro. El último enclave argentino que había
encontrado Musters durante su inmenso trayecto, había sido su punto de
partida: la Isla Pavón. En su libro menciona también a las colonias
galesas de la costa chubutense y claro está, el inglés finalizará su
trayecto en la zona de la actual comarca Viedma-Patagones. El resto del
inmenso territorio patagónico pertenecía a las comunidades indígenas
independientes.
Diversas fuentes incluyen al área del Nahuel Huapi dentro del denominado
País de las Manzanas (Neuquén). Las comunidades que allí vivían hacia
1870 reconocían el liderazgo político del “logko” mapuche Savweke, quien
mantuvo buenas relaciones con el gobierno nacional hasta que éste
decidió incorporar el territorio indígena a su jurisdicción, por la
fuerza de las armas. Suele afirmarse también, que el emplazamiento
actual de la ciudad de Bariloche, ocupa el sitio donde estaban
establecidas las tolderías del “logko” Inacayal.
*
NO FUE JUSTAMENTE UN militante mapuche el que pronunció el siguiente
párrafo: “La mayoría de la historiografía se ha detenido en estudiar las
relaciones bélicas entre estas comunidades (indígenas e hispanos): las
guerras que sostuvieron, unas veces por iniciativa de unos, otras veces
por iniciativa de otros. Es tanta esta historiografía que pareciera que
todo se redujo a eso, que no hubo otra clase de relaciones que la de la
violencia y que estuvieron ausentes las relaciones pacíficas, fueran de
tipo comercial, social o de naturaleza diplomática, cuando la realidad
es bivalente: tiene dos caras. Una, sí, la del conflicto. Pero al mismo
tiempo, la otra: la del acuerdo, la paz, la convivencia, el tratado, la
comunidad de intereses y la búsqueda de medios para articular esos
intereses comunes”.
Las definiciones precedentes fueron formuladas por el doctor Abelardo
Levaggi, especialista en Historia del Derecho (Facultad de Derecho de la
UBA; CONICET), en el marco del seminario Derecho Indígena Comparado
(Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Buenos Aires,
1998). Su charla se denominó “Los tratados con los indios en la
Argentina” y puso sobre el tapete otro elemento que ratifica la
preexistencia mapuche.
Levaggi se refiere a la “Frontera que hasta el siglo pasado (por el XIX)
existió, y que separaba el territorio efectivamente poseído por los
gobiernos blancos o de origen europeo –españoles y criollos, después de
la independencia- y el territorio indígena, en el cual señoreaban las
comunidades libres no sometidas a estas autoridades de origen europeo, y
que vivían en la tierra que siempre habían ocupado. Esas frontera
interior fue una frontera móvil porque, desde luego, no se mantuvo
siempre igual; hay un avance progresivo del Estado blanco –digamos-
sobre el territorio indígena, pero hasta fines del siglo pasado fue
reconocida su existencia, y es en torno a esta frontera de uno y otro
lado donde desarrollan estas relaciones” (de acuerdo y paz).
Agrega el especialista que: “Lo característico de estas relaciones a las
cuales me estoy refiriendo es que no estuvieron regidas por el derecho
interno sino por el derecho de gentes –como se decía entonces-,
actualmente derecho internacional. No fueron relaciones de
subordinación, como son las características del derecho interno, sino
relaciones de coordinación, como son las relaciones internacionales,
entre partes jurídicamente iguales o parecidas si no exactamente
iguales”. Según Levaggi, “El tratado fue el medio idóneo, eficaz, para
articular las relaciones hispano indígenas, y posteriormente –porque
subsistió la práctica de los tratados –entre los gobiernos republicanos
y las sociedades indígenas”. Sostiene el historiador del Derecho, al
citar a un ensayista norteamericano, que “Desde los primeros tiempos de
su independencia, las tribus han sido reconocidas como naciones, como
comunidades políticas separadas que retenían sus derechos naturales, y
que las relaciones de derecho interno sostenidas con ellas, se sujetaban
a los principios del derecho internacional”.
“Los pactos con los indios son llevados al papel desde el siglo XVII
–informa el estudioso-. Anteriormente eran puramente verbales, lo cual
no disminuía su valor porque en aquel entonces, tanto valía el tratado
oral como el escrito. Se ha dicho que sólo fueron actos aparentes,
tendientes a legitimar la conducta de los españoles o a satisfacer sus
veleidades formalistas, pero que para los naturales esto no significaba
absolutamente nada y que ni siquiera habrían tenido conciencia de los
compromisos que asumían mediante estos documentos. Sin embargo, a partir
de la investigación y de los resultados a los cuales he podido llegar,
esto no es así. Sin descartar que haya habido casos puntuales
semejantes, las fuentes de las cuales se dispone desde el siglo XVII
acreditan que, en general, hubo una participación consciente de las
comunidades indígenas en la celebración de estos acuerdos”.
En otro párrafo de su alocución, queda sentado que: “Algo no siempre
sabido es que cuando la Constitución argentina originaria de 1853
incluyó esa cláusula suprimida con motivo de la última reforma de 1994,
que decía ‘conservar el trato pacífico con los indios’ (...), los
constituyentes se estaban refiriendo a los tratados que en esa época se
celebraban frecuentemente con los indios. De manera que la Constitución
respaldaba la política de tratados con los indios. Este trato pacífico
con los indios, que la Constitución mandaba conservar, no era sino
continuar con los acuerdos, con los tratados de paz y sobre esta base,
mantener sus buenas relaciones con ellas. Cuando hablo de tratados
–insisto- me refiero a las relaciones con las comunidades indígenas
libres; las que estaban del otro lado de la frontera interior, no con
los indios sometidos al gobierno nacional, porque para ellos las
relaciones eran de derecho interno, y de subordinación; mientras que con
las comunidades libres se pretendía mantener la política de tratados”.
Levaggi sostiene que: “Con motivo de estas campañas militares, fueron
disueltas o exterminadas comunidades indígenas, y a partir de ese
momento el discurso respecto de los tratados cambió radicalmente
respecto de la idea anterior. Ya no se intentó más, desde luego, su
celebración; habían desaparecido esas comunidades libres, que eran la
contraparte de los tratados. No sólo no se insistió con su práctica sino
que además, se difundió la opinión de que esos tratados nunca habían
existido. Y tanto éxito tuvo esa prédica que hasta el día de hoy muchos
de nosotros pensamos que nunca se celebraron tratados con los indios en
la Argentina”. Sin embargo, allí están.
“Pacta sunt servanda”
El doctor Levaggi identificó 74 tratados que oportunamente, fueron
firmados por las autoridades argentinas con las comunidades indígenas no
sometidas. Buena parte de esos acuerdos, fueron celebrados con las
diversas parcialidades mapuches. Ya se trajo a colación aquí la jornada
histórica del 6 de enero de 1641, en tiempos “hispánicos” cuando se
celebró el Parlamento General de Quilín. Ese día numerosos “logko”
mapuche de varias identidades regionales se reunieron con los
representantes de la corona española, quienes no tuvieron más remedio
que reconocer su independencia, libertad y soberanía. El límite entre
las posesiones de los ibéricos y el territorio mapuche libre quedó
fijado en el río Bío Bío “de océano a océano”. Como consecuencia, los
“puelche” consideran que ese tratado internacional, firmado de igual a
igual y de potencia a potencia, tuvo vigencia para la República
Argentina, que al consagrar su independencia, se consideró heredera de
los derechos y obligaciones asumidos por la corona española.
En “Puel Mapu” (territorio mapuche del este), los españoles no hicieron
irrupciones masivas en territorio mapuche hasta bien entrado el siglo
XVII. De inmediato comenzaron las acciones defensivas de los indígenas,
llamados “pampas”, “puelches”, “aucas” y de otras maneras por los
españoles. Se supone que las primeras “paces” se celebraron entre 1734 y
1742, pero el texto del tratado no se ha recuperado aún. No obstante,
otra capitulación que se llevó a cabo en 1742 a instancias de un
sacerdote que hizo las veces de mediador, establecía como “lindero”
entre las comunidades libres y las posesiones españolas, “el Saladillo,
que ciñe dichas estancias de Buenos Aires”. Queda claro entonces, que
las autoridades ibéricas reconocían la independencia y soberanía mapuche
más allá de ese curso de agua, ubicado en la actual provincia de Buenos
Aires.
Ese reconocimiento no fue aislado. En otro tratado firmado por oficiales
españoles y trece “pu logko” mapuches y tehuelches, se establece en su
artículo 5to: “Que siempre que pasen a potrear los indios sobre las
costas del Salado, no deberán pasarlo de las partes norte cuyo campo
corren nuestras partidas, para evitar todo disturbio entre indios y
cristianos...”. (9) Se establece entonces que del río Salado al norte,
la jurisdicción era española. Desde el curso de agua al sur, España
admitía una vez más la independencia, soberanía y libertad de los
antiguos mapuches.
Un tratado complementario al anterior, califica de “Nueva República” a
las comunidades que por entonces vivían en las actuales sierras del
Volcán y Tandil, y admite que el “ñizol logko” (principal) Kalfükir era
su “cabeza”. Si bien la organización originaria mapuche no tiene nada
que ver con los estados, las monarquías o las repúblicas, la
terminología utilizada por los españoles demuestra una vez más que los
acuerdos eran celebrados entre jerarquías de igual importancia, más allá
de los vaivenes de la lucha armada que en ocasiones, encontraban a los
indígenas en ventaja y otras, en derrota. Como consecuencia de estas
“paces”, se alcanzó un período de relativa tranquilidad que se extendió
hasta prácticamente, la independencia argentina.
En otros puntos del “Waj Mapu” (territorio ancestral) los mapuches
también celebraron tratados con los españoles. El 17 de noviembre de
1796 los “logko” de los “Rankvlce” Cheglén y Karipilün firmaron un
acuerdo con el gobernador intendente de Córdoba. Si bien el contenido
del pacto fue en general desfavorable para los indígenas, cabe destacar
que los españoles se refieren en todo momento a “la nación Ranquelche” y
además, la existencia de las negociaciones previas y del propio tratado,
demuestra implícitamente que el sur de la actual provincia argentina,
una de las más ricas de este país, formaba parte del territorio mapuche.
Así fue hasta fines del siglo pasado.
También los “Pewence”, que ocupaban las zonas que hoy corresponden al
norte de Neuquén y sur de Mendoza, celebraron acuerdos con las
autoridades españoles de esas regiones. Se trata de tratados que les
fueron impuestos en situaciones de derrota, no obstante, también se
habla en ellos de “naciones” para referirse a los pewenches o también
huilliches. Asimismo, queda claro que la última posesión de los ibéricos
era el fuerte de San Carlos, sitio que está ubicado bajo actual
jurisdicción mendocina. Desde allí al sur, las comunidades vivían en
libertad. La frontera quedó fijada por el Tratado del 2 de abril de 1805
en la confluencia de los ríos Diamante y Atuel.
Apenas 10 años después de la Revolución de Mayo, el por entonces
gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodríguez, parlamentó
con los “logko” Ankafilu, Takuman y Xixinin, que a su vez traían la
representación de otras doce “lofche” (noción mapuche de comunidad). El
artículo 4to. del tratado resultante, dice que: “Se declara por línea
divisoria de ambas jurisdicciones el terreno que en esta frontera los
hacendados (han alcanzado) sin que en adelante pueda ningún habitante de
la Provincia de Buenos Aires internarse más en el territorio de los
indios”. (10)
Sin embargo, un año después Rodríguez cayó con sus tropas sobre las
“ruka” (casa) de los “logko” que habían firmado el tratado, con la
excusa de responder un malón de los “rankvlce”, que en realidad no
habían participado de las negociaciones. En 1873, a escasos 6 años de la
denominada Conquista del Desierto, los “logko” Vicente Pincén y Nahuel
Payún firmaron un “Tratado de paz” con el Coronel Francisco Borges, por
entonces “Comandante en Jefe de las Fronteras Oeste y Norte de Buenos
Aires y Sud de Santa Fe, en representación del Excelentísimo Gobierno de
la Nación...”. El propio cargo del militar argentino y la existencia
misma del tratado, indican una vez más los alcances reales de la
soberanía argentina y la persistencia de la libertad e independencia de
las comunidades mapuche.
El artículo Primero de ese tratado, firmado en una circunstancia militar
desfavorable para los mapuches, establece que “El Gobierno Argentino se
compromete a proteger y amparar la residencia tranquila y permanente de
dichos caciques, capitanejos y sus Tribus en los campos que actualmente
ocupan”. En el artículo Cuarto, se dice que: “El Gobierno Nacional se
compromete a hacer respetar la ocupación de los campos que hoy ocupan
(sic) las tribus, a no invadirlos nunca y a que puedan vivir
tranquilamente bajo el amparo del Gobierno”. Ese amparo significó “Remingtons”,
sangre y muerte a menos de 6 años de firmado el acuerdo.
Existe otro testimonio de la preexistencia mapuche: El mismo año pero,
en Agosto, se firmó otro tratado entre los pewenches y el comandante en
jefe de la frontera sud de Mendoza, en representación del gobierno de la
República Argentina. Los mapuches representados en el parlamento fueron
el “ñizol logko” Puran o Purrán, y los “logko” Yankakeo y Ayjal. En este
acuerdo, la Argentina se comprometía “A proteger y amparar la residencia
tranquila y permanente de dichos Caciques, Capitanejos y sus tribus en
el territorio que actualmente poseen hasta la margen derecha del Río
Neuquén”.
El tratado tenía una duración de 5 años y preveía su renovación si la
parte indígena hubiera respetado todos sus términos. Antes de su
caducidad, en 1879, las tropas del ejército argentino persiguieron a
Purrán y los suyos hasta Lonquimay (hoy bajo jurisdicción chilena) sin
detenerse en ninguna consideración legal. Los tratados enumerados y
muchos otros, hasta fines del siglo pasado estuvieron para el Estado
argentino, bajo el principio “pacta sun servanda”, es decir, habían sido
celebrados y debían ser respetados. La zona de Virgen de las Nieves
perteneció “desde siempre” a esas comunidades indígenas libres que se
reconocen mapuches. También desde esa perspectiva exigen que el gobierno
reconozca los acuerdos que la Argentina firmó.
*
LOS RANQUEHUE CONSIDERAN que viven en la zona de Virgen de las Nieves
“desde siempre”. Así se lo escuchaban decir Marta y Enrique a su abuelo,
Alejandro Ranquehue, quien falleció en 1991. Nunca pudieron establecer
con certeza su edad porque en su documento figuraba como nacido en 1919.
Sin embargo, él mismo contaba que se fue a anotar por sus propios medios
a Pucón (Chile), porque pensaba que así tenía que hacerlo. O sea que no
nació en 1919, sino al menos una década antes. Marta y Enrique
consiguieron llegar en su proceso de reconstrucción de la historia
familiar hasta Rómulo Ranquehue, su tatarabuelo. Alejandro decía que
Rómulo había sido cacique o “logko”, hecho que implica la presencia de
una comunidad, ya que dentro de la organización originaria mapuche, es
inconcebible la existencia de un “logko” sin su respectivo “lofche”
(noción mapuche de comunidad).
Al tratar de hilvanar su “kvpalme” (origen) los Ranquehue del presente,
suponen que Rómulo no pudo haber nacido después de 1870 y sostienen que
lo hizo en lo que hoy es Bariloche, zona que por entonces era territorio
mapuche. Cabe apuntar que los investigadores dan por sentado que las
tolderías del “logko” Inacayal, estaban ubicadas entre las
desembocaduras de los ríos Ñireco y Ñirihuau, a unos pocos kilómetros de
Virgen de las Nieves. Allí las encontró la expedición al Nahuel Huapi de
Conrado Villegas. El hijo de Rómulo Ranquehue se llamó Carlos, bisabuelo
de Marta y Enrique. Alejandro, nieto de Rómulo y Rosa Ulloa e hijo de
Carlos y Clarisa Llevenes, recordaba que Rómulo y Carlos “se la pasaron
5 años disparando”. Nadie sabe de qué o de quién se escapaban los
mayores de los Ranquehue, pero no hace falta esforzar demasiado la
imaginación. Todo el mundo sabe que sucedía por estas latitudes hacia
fines del siglo XIX.
Alejandro y todos los Ranquehue recuerdan un hecho luctuoso que tuvo
lugar en 1934, cuando Carlos mató a su yerno. El hecho tuvo lugar en
Virgen de las Nieves y como consecuencia, Carlos Ranquehue marchó a
prisión. Afectado por el suceso, Rómulo, su padre se dirigió hacia Chile
y allí murió. Hace dos años, los Ranquehue pudieron establecer que
existe gente con su mismo apellido en la zona de Lumaco, IX Región de la
Araucanía (Chile). Cuando Rómulo emigró, los Gualmes quedaron encargados
del puesto. Rankewe en “mapuzugun” significa lugar del totoral o del
cañaveral. Su similitud con “Rankvlce” salta a primera vista. La “gente
del totoral” habitaba antes de la Conquista del Desierto, el norte de La
Pampa, el sur de San Luis y el noroeste de Buenos Aires. Cuando se
desencadenaron las expediciones militares migraron hacia el oeste y el
sur. Por ejemplo, el célebre “logko” Baigorrita dejó de existir en la
actual provincia de Neuquén, como se ha encargado de documentar la
historia militar argentina.
Según recuerdan sus nietos, Alejandro siempre decía: “Los Ranqueles son
mis parientes”. Es probable entonces que Rómulo o sus mayores hayan
llegado donde los pewenches en busca de mayor seguridad, cuando las
enfermedades que trajo el blanco o la propia ofensiva militar obligaron
las migraciones. Que no haya otros Ranquehue en la zona de Bariloche
refuerza esta hipótesis. Sus nietos recuerdan que Alejandro conocía el
nombre en “mapuzugun” de Virgen de las Nieves, pero no pueden
reproducirlo. De todas formas, saben que el lugar se denominaba Pedrero
Alto y que recién a partir de 1945, cuando se instaló la gruta que
alberga la imagen religiosa, el paraje comenzó a llamarse como hoy.
Silvia Ranquehue, hija de Alejandro y madre de Marta y Enrique, nació
allí en 1940. Ella testimonia que su padre participó en la construcción
de la actual Avenida de los Pioneros, que se trazó sobre la huella que
su padre y demás vecinos del lugar, utilizaban para unir el poblado con
la ladera oeste del cerro Otto.
También asevera que su padre le tenía mucho miedo a la “milicada”. Es
tristemente célebre entre los mapuches de Río Negro la actuación de la
vieja Policía Territorial. Probablemente se refiera Silvia a ese cuerpo
de vigilancia. Por otro lado, afirma que Alejandro también trabajó en la
construcción del Camino Viejo a Cerro Catedral. Su padre solía comentar
que en donde se levanta el Centro Cívico, “estaba lleno de michayales” y
que la primer comisaría de Bariloche se construyó con “palo pique”.
Marta y Enrique recuerdan que durante su infancia, Alejandro les enseñó
“a no lastimar los árboles, a no tirar piedras al agua y a no maltratar
a los animales”. Puede reconocerse allí el respeto ancestral mapuche a
los diversos “newen” o poderes que según la cosmovisión mapuche,
integran la naturaleza. En una ocasión, se ganaron la reprimenda del
abuelo cuando con las mejores intenciones, intentaron “limpiar” la
vertiente. Alejandro les dijo que “el dueño del agua se limpiaba solo” y
les auguró que habría problemas. Así sucedió. Desde entonces, el curso
–por donde en toda estación corría el “ko”- sólo alberga agua durante el
invierno. También recuerdan que en las madrugadas del 24 de junio,
inclusive cuando eran muy pequeños, los levantaban de la cama para irse
a lavar a las vertientes. La costumbre tiene que ver con el Wiñoy
Xipantu o Año Nuevo Mapuche, que se celebra justamente, el 24 de junio
de cada año, en coincidencia con el solsticio de invierno. El rito se
entiende según la cultura mapuche, como un acto de renovación, en
coincidencia con el inicio de un nuevo ciclo en la naturaleza.
*
LA MEMORIA HISTÓRICA MAPUCHE sostiene que desde tiempos inmemoriales,
las comunidades mapuches viven y se desarrollan a ambos lados de la
cordillera de los Andes. Una lectura crítica de las fuentes utilizadas
por la historiografía, la antropología y otras ciencias “occidentales”
permiten corroborar que efectivamente, el mapuche es un pueblo
originario, es decir, su presencia aquí es anterior a la llegada de la
corona española y por ende, al surgimiento del Estado argentino. Con la
firma de decenas de tratados, los ibéricos primero y los criollos
después reconocieron la independencia, soberanía y libertad de las
comunidades mapuches que vivieron fuera de su sucesiva jurisdicción. Al
momento del surgimiento de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la
frontera con las diversas identidades regionales mapuches pasaba por el
río Salado, en la actual provincia de Buenos Aires; seguía por el sur de
Santa Fe; sur de Córdoba; centro de San Luís y centro de Mendoza. Del
actual lado chileno estaba instalada sobre el río Bío Bío.
La pertenencia mapuche del área que rodea al Nahuel Huapi es sostenida
por la memoria histórica mapuche y reafirmada, una vez más, por una
lectura crítica del testimonio que dejaron los conquistadores españoles,
los sacerdotes católicos, los partes militares y las crónicas de
viajeros. Las columnas militares que hasta aquí llegaron a partir de
1879 se encontraron con comunidades mapuches, denominaciones en
“mapuzugun” (lengua mapuche) para la toponimia y con vestigios
culturales mapuches (cementerios). Los Ranquehue reivindican su
pertenencia al pueblo originario mapuche, preexistente al Estado
argentino. Pero además, pueden demostrar que al menos cinco de sus
generaciones, vivieron, crecieron, amaron, trabajaron y hasta murieron
en Virgen de las Nieves. Los Gualmes, además de su pertenencia al Pueblo
Mapuche, acreditan una posesión en el lugar de al menos 105 años. En
cambio,
“la Agrupación Militar Bariloche, que comenzó a organizarse en Puerto
Moreno, se fue formando en base a un batallón del ex Regimiento Nro. 1
de Ferrocarrileros que llegó a la localidad el 28 de diciembre de 1937,
con los cuadros del Batallón Nro. 6 de Zapadores Pontoneros. Luego se
agregaron los del Destacamento de Exploración Motorizado de la 6ta.
División del Ejército y el Batallón Nro. 6 de Comunicaciones. Sumando la
incorporación de los soldados clase 1917 se completó la dotación de la
Agrupación Militar Bariloche el 18 de enero de 1938 siendo su primer
jefe el mayor Don Raúl Famin”. (11)
Los pueblos indígenas que habitan la Argentina del 2000, aspiran a
construir con el Estado nacional una nueva relación que se base en la
justicia, el respeto y la comprensión. En la Argentina del 2000
coexisten al menos siete pueblos que son culturalmente distintos a la
sociedad dominante occidental y cristiana. Los mapuches, al igual que el
resto de sus hermanos originarios, trabajan para erigir una convivencia
armónica con la sociedad no indígena, que no sepa de desigualdades y
respete la diversidad. Que el Estado nacional reconozca la posesión de
Virgen de las Nieves por parte de los Ranquehue y los Gualmes, tiene que
ver con esa nueva relación. La consumación de un nuevo despojo, además
de injusta e inmoral, hará retroceder la historia unas cuantas décadas y
se encaminará peligrosamente hacia la perpetuación del odio /
Azkintuwe
NOTAS
* Actas del Primer Congreso Internacional de Historia Mapuche. Del 1 al
4 de febrero de 2002. Siegen, Alemania. Centro de Documentación Indígena
Rucadugun.
1. Licenciado en Ciencias Políticas, Periodista, investigador.
2. Martínez Sarasola, Carlos “Nuestros Paisanos los Indios”. Editorial
EMECE Buenos Aires Argentina. 1992.
3. Campos Menchaca, Mariano.“Nahuelbuta”. Editorial Francisco de
Aguirre.1972.
4. Martínez Sarasola, Carlos. Ibid.
5. Hajduk, Adan “La Etapa Alfarera Patagónica”, en “Culturas Indígenas
de la Patagonia”.
6. Ruiz Rodríguez, Carlos “Migraciones y Contactos entre los Pueblos
Originarios de Chile y Argentina en el Período Prehispánico y entre los
Siglos XVI y XVII”, para la investigación “Población indígena de Chile
central: asentamientos, poblaciones, cacicazgos y aculturación”.
7. Ibid.
8. Albornoz Ana ; Hayduk. Adam “Antecedentes Arqueológico para la
Península de Llao Llao”.
9. Los historiadores llaman Tratado de Paz de la Laguna de la Cabeza de
Buey a ese acuerdo, que fue firmado el 3 de mayo de 1790.
10. Tratado de Miraflores, efectuado el 7 de marzo de 1820.
11. Vallmitjana, Ricardo.
“Puerto Moreno en el Recuerdo”, Archivo Histórico Regional. Bariloche.
Argentina.
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