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JUSTICIA ABSUELVE A
MAPUCHES |
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Un paso hacia la justicia |
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A veces suceden cosas inesperadas,
especialmente cuando se trata de la justicia chilena. Esto es lo que
aconteció en el juicio realizado en TemuKo contra un grupo de
mapuches, entre ellos los lonkos Pascual Pichún y Aniceto Norin.
Todo el mundo esperaba que el Tribunal los condenara por el cargo de
"asociación ilícita terrorista". Pero los magistrados nuevamente los
absolvieron. Un pequeño paso hacia la justicia. |
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Por
Mauricio BUENDIA - Azkintuwe Nº15 |
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- Tribunal Oral en lo
Penal de Temuko. Foto de Archivo. |
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Es indudable que los
mapuche procesados ya hace tiempo dejaron de creer
en la justicia chilena, tanto así que solo seis de
ellos permanecen detenidos. |
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De suma gravedad es el
uso de testigos secretos o sin rostro que desempeñan
un rol clave en la condena de los imputados mapuche. |
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EN DECISIÓN DIVIDIDA, los jueces de
la segunda sala del Tribunal Oral en lo Penal, Aner Padi-lla, Ester
Valencia y Héctor Hinojosa, fundamentaron el veredicto: la Fiscalía no
logró acreditar la existencia de una organización, que al amparo de la
Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), haya realizado actos de violencia en
distintas comunas de la Novena Región durante los años 2001y 2002, como
lo planteó la acusación encabezada por el fiscal regional subrogante
Sergio Moya. Expresamente señalaron que "pese a los diez u once meses
destinados a investigar a la autodenominada CAM no se logró comprobar
fehacientemente la existencia de un colectivo que reuniera los
requisitos que la ley exige para estimar configurado el delito de
asociación ilícita".
Otro considerando de suma importancia dice relación con el supuesto
carácter terrorista de las acciones en las cuales habrían estado
involucrados los acusados. La magistrado Ester Valencia, encargada de la
redacción del fallo, señaló que no correspondía "entrar a apreciar si
ellos tienen o no el carácter de terroristas; por lo demás, cabe tener
presente que cualquier definición de terrorismo que se quiera enunciar
debe necesariamente contener el concepto de desprecio por la vida
humana, propia o ajena, concepto que no resulta del contenido de los
hechos que se relataron en la audiencia.
El sorpresivo e inesperado fallo fue el resultado de más de tres semanas
de largas audiencias llevadas a cabo en Temuco, que incluyeron -por
parte de la Fiscalía del Ministerio Público- los testimonios de
empresarios como Osvaldo Carvajal, Juan Agustín Figueroa y Jorge
Luchsinger, además de la participación de los polémicos "testigos sin
rostro". Lo que sigue es un reporte especial desde Temuco con parte de
lo acontecido en este emblemático proceso penal contra importantes
dirigentes del movimiento mapuche en Gulumapu.
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A VECES, CUANDO UNO CAMINA por entre la escarcha invernal y la pobreza
de una comunidad mapuche, cuesta entender la razón del racismo chileno
contra un pueblo que solo desea vivir en paz. De la misma manera, cuesta
vislumbrar, entre la pulcritud y la placidez de la sala 4A del Tribunal
Oral en lo Penal de Temuko, la increíble injusticia que se está
cometiendo contra comuneros mapuche que simplemente luchan por sus
derechos básicos como pueblo originario. Claro, porque todos ellos ya
fueron absueltos en noviembre del año pasado por la misma causa cuando
el tribunal consideró que no existían pruebas para acusar a los
procesados de "asociación ilícita terrorista".
No obstante aquello, ante una apelación de la Fiscalía, la Corte Suprema
dictaminó la anulación del proceso y ordenó realizar un nuevo juicio lo
cual significa que los procesados inocentes debieron someterse, una vez
más, a las acusaciones y testimonios de fiscales del Ministerio Público
y una miríada de testigos para probar la existencia de una asociación
ilícita terrorista. Ello, a pesar que los tres magistrados del proceso
original, Oscar Viñuela, Leopoldo Vera y Luis Torres, resolvieron que
los imputados no pertenecían a una asociación ilícita terrorista. Pero
da lo mismo, el Estado chileno, a través de la Corte Suprema, no solo
anuló el juicio anterior, sino que dejó claramente establecido que el
nuevo juicio “deberá conducir a una sentencia totalmente diferente, y
respecto de algunos o todos los acusados”.
Es decir, los mapuche deben ser condenados pero, como señala José
Martínez, abogado de la Defensoría Pública, “no existe facultad legal
para ello, de hecho, al juez le está vedado manifestar una expresión de
voluntad particular, solo la voluntad de la ley”. Por lo demás, “mucho
más contacto directo con la prueba tienen los jueces del tribunal de
Temuko que la que tienen los jueces del tribunal superior. En el juicio
anterior hubo un mes completo de pruebas con audiencias muy largas, sin
embargo, el tribunal superior no analizó más de dos horas del registro
de audio de ese proceso, por eso es que tenemos confianza en que los
jueces no se dejen influir por este tipo de consideraciones”.
Empero, es indudable que los mapuche procesados ya hace tiempo dejaron
de creer en la justicia chilena, tanto así que solo seis de ellos
permanecen detenidos o a disposición del tribunal, los remanentes diez
optaron por la clandestinidad, toda vez que de modo recurrente han visto
vulnerados sus derechos. Claro, es que todo el aparataje institucional
chileno ha sido utilizado para reprimirlos y por eso, refrenda José
Martínez, “los presos mapuche desconfían de la justicia, porque en el
caso de los lonko Pascual Pichun de Temulemu y Aniceto Norin de Didaico,
es su cuarto juicio por básicamente los mismos hechos. En el caso de
Patricia Troncoso es su quinto juicio. En Chile no existe ninguna
persona que haya pasado por esto y es difícil que se de la misma
situación en muchos años y por eso comprendo la visión de los detenidos,
porque a pesar de haber sido siempre absueltos siguen presos y ahora
enfrentan penas muy altas. Además, solo 1% de los juicios orales es
anulado”.
Entonces cabe la pregunta: ¿Qué posibilidad tenían los comuneros mapuche
de obtener un juicio justo? Ninguna, de acuerdo a Juan Pichún, hijo del
lonko de Temulemu, de hecho, irrespectivamente de la debilidad de las
pruebas, “lo más probable es que haya condena, a lo mejor no los años
que están pidiendo los fiscales, porque en un año eleccionario el
gobierno va a tratar de dejar contentos a todas las partes cuidando el
voto mapuche; pero lo que está claro es que los lonko van a seguir
presos, porque ya están cumpliendo una condena de 5 años. Lo que
enfurece es que “si un senador como Jorge Lavandero no va a la cárcel,
porque según la jueza las cárceles no sirven para la rehabilitación de
los presos, claramente demuestra que aquí hay discriminación y
categorizacion de personas. La gente de la clase media o alta no va a la
cárcel, pero los mapuche y la gente más marginada de la sociedad si”.
*
Y ESTÁ CLARO QUE EL ESTADO está decidido a hacer con los mapuche lo que
no ha sido capaz de hacer con los militares responsables de violaciones
a los derechos humanos: encarcelarlos. Para ello, no ha trepidado en
recurrir a la Ley Antiterrorista dictada durante la dictadura
verificándose, en los hechos, una desproporción absoluta entre supuestos
delitos, la legislación utilizada y las penas solicitadas. De hecho,
Roberto Garretón, representante para América Latina del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha manifestado que se
cataloga como terroristas “actos de protesta o demanda social
relacionados con la defensa de sus legítimos derechos sobre sus tierras
ancestrales, derechos que han sido además reconocidos por las normas
internacionales y los organismos internacionales de derechos humanos”.
Es más, en un encuentro con organizaciones mapuche realizada en Temuko,
Garretón señaló que “si es que hay delitos en el juicio que se está
desarrollando actualmente estos no son terroristas, pero es claro que
existe una gran carga de agresividad hacia los mapuche”. Agresividad
nutrida de un racismo enfermizo de parte del Estado chileno que ha
servido de instrumento ideológico y político para, como sostiene José
Nain, dirigente del Consejo de Todas las Tierras, agenciar “la
politización y criminalizacion de la legitima demanda de los mapuche.
Hemos sido objeto de la violación de nuestros derechos humanos”. Por lo
demás, parecería una obviedad – si no estuviéramos en Chile – que las
recuperaciones de tierras y el contenido social que ello conlleva, nada
tiene de terrorista.
En nuestro país, en todos los años del denominado conflicto mapuche, no
ha habido un solo empresario forestal o agricultor muerto, siendo la
única víctima de los últimos años el joven mapuche Alex Lemun asesinado
por el mayor de Carabineros Marcos Treuer quien, por supuesto, se
encuentra en libertad. Sin embargo, en los tribunales de Temuko se
encuentran acusados de terroristas seis comuneros mapuche, pero
terroristas son los militares chilenos que asesinaron, violaron e
hicieron desaparecer a millares de personas; terroristas son los
soldados estadounidenses en Irak y Afghanistan que diariamente matan a
civiles inocentes denominando a aquellos cuerpos mutilados como daños
colaterales.
¿Cómo puede el Estado chileno comparar, aunque sea solo de manera
implícita, sin vergüenza alguna, a los luchadores sociales mapuche con
Pinochet u Osama Bin Laden ? Es que, expresa, Roberto Garretón, hasta el
momento, “el Estado chileno ha hecho oídos sordos a las recomendaciones
de organismos internacionales en relación a este proceso", por lo tanto,
el gobierno de la Concertación continúa presentando querellas contra la
justicia basado en la ley anti terrorista, ley “repudiada por todos los
demócratas durante la dictadura de Pinochet”.
Aún así, el Ministerio Publico, encabezado por el fiscal regional
subrogante, Sergio Moya, sostuvo la hipótesis de la existencia de un
grupo terrorista que actúa al amparo de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM),
pero que no fue parte de la CAM, no obstante, el defensor de los
comuneros mapuche, José Martínez, mantiene que “no existe ninguna
agrupación distinta a la CAM, además la Coordinadora nació y opera en la
octava Región, por lo tanto no es competencia de este tribunal, sino que
del juzgado de Cañete donde, por lo demás, esta organización ya está
siendo investigada. Para la Defensa está claro que ninguno de los
imputados presentes pertenece a la CAM o a algún otro grupo que, en todo
caso, no existe. Además, los actos atribuidos no tienen carácter
terrorista”.
*
CLARAMENTE LA LEGÍTIMA LUCHA del Pueblo Mapuche por sus derechos
históricos no tiene ni ha tenido nunca carácter terrorista, sin embargo,
la Fiscalía intentó a través de un centenar de testigos de crear
precisamente esa impresión. No obstante aquello, los acusados ya fueron
absueltos en una primera oportunidad por la debilidad de las pruebas
presentadas y ahora no hubo ningún testimonio creíble que fundamentara
la posibilidad de un fallo diferente. Es más, entre los testigos – donde
se contaban empresarios forestales, agricultores, dueños o
administradores de fundos, guardias forestales, carabineros y peritos
caligráficos, entre otros – fueron claras las contradicciones e
imprecisiones, la vaguedad y generalidad de sus dichos.
De hecho, la percepción general fue, acorde al abogado José Martínez,
que “las declaraciones de testigos eran vagas e imprecisas y no se
refieren sino de modo muy general a que existiría una organización, algo
que está en el ambiente; que se dice o se comenta la existencia de una
organización determinada”. De hecho, Ricardo Rathgeb, técnico agrícola y
administrador de los fundos La Bendición y el Porvenir en la zona de
Chol Chol, declaró expresamente: “traté de leer un poco acerca de esta
Coordinadora”. Ello no es muy distinto al testimonio de Domingo Luis
Llaupe encargado del Programa de Alerta Temprana de la Corporación
Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) al señalar que la “CAM es una
organización que nació repentinamente para recuperar el territorio por
medio de la violencia. No sé más, solo por la prensa”.
En la misma línea son las aseveraciones de Miguel Sagredo, agricultor
del fundo San Gregorio, de la comuna de Lumako quien manifestó que “la
Coordinadora tenía asesoría de personas externas muy bien organizadas”,
sin embargo, al ser contra interrogado por la Defensoría admitió que
solo “se de la CAM por lo que dice la prensa, la televisión”. Pero,
quizás, lo más grave es la falta de veracidad del testigo pues, como
sostiene la Defensa, “el testigo declaró aquí que Pascual Pichún - uno
de los acusados - lo había amenazado pero no lo declaró antes en juicio
a Pichún en septiembre del 2003 en Angol en el juicio por amenaza
terrorista e incendio”.
Además de las contradicciones e inconsistencias señaladas, el
Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas ha presentado
querellas por falso testimonio contra varios testigos. Uno de ellos es
el guardia forestal y Jefe de la Brigada Patrimonial de la empresa
Forestal Mininco, Gustavo Aranela Salazar quien en el juicio anterior
donde todos los comuneros fueron absueltos declaró reconocer a Jorge
Huaquin Antinao – uno de los acusados - en un video presentado como
prueba por la Fiscalía. Aranela identificó a Huaquin y precisó lugar y
fecha donde ocurrieron incidentes y donde, supuestamente, se encontraba
Huaquin, sin embargo en esos momentos Jorge Huaquin se hallaba preso en
la cárcel de Imperial.
En esta oportunidad, sin duda alertado por la presentación de una
querella en su contra por el delito de falso testimonio, Aranela declaró
que “no vi en hechos concretos ni a José Llanca ni a Jorge Huaquin",
pero mantuvo su actitud hostil y arrogante ante el tribunal, negándose a
contestar preguntas de la Defensoría Pública. Cabe señalar que los
guardias forestales y las empresas de seguridad contratadas por las
empresas del rubro, han sido reiteradamente acusados por los mapuche de
constituir organizaciones paramilitares destinadas a reprimir al pueblo
mapuche y han realizado golpizas y secuestros de comuneros, incluidos
niños y ancianas.
De suma gravedad es, también, el uso de testigos secretos o sin rostro
que desempeñan un rol clave en la condena de los imputados; dichos
testigos protegidos, indica Martínez, “son contrarios a un estado de
derecho, por lo demás su justificación en doctrina es también bastante
cuestionada. Es solo excepcionalmente legitimada en caso de riesgo
serio, manifiesto y comprobado de un ataque en contra de la vida o
integridad personal del testigo. Esto no existe aquí. Ni siquiera en
redacción original de ley antiterrorista se contemplaba, de hecho, se
facultaba a personal de la CNI para detener a sospechosos de conductas
terroristas sin autorización judicial, pero nunca se privó a la defensa
de conocer nombre de testigo”.
Además, a los testigos se les paga, pero, aún así, en esta oportunidad
el testigo protegido Nª 26, un guardabosques en el área de Chol-Chol
desde 1998 – cubierto por un biombo para preservar su identidad- fue
incapaz de declarar nada que no fueran generalidades en relación a la
Coordinadora Arauco- Malleco o algunos de los acusados, afirmando que
“gente del sector me contaba que llegaba gente extraña, gente de afuera
que pertenecía a la Coordinadora, pero yo nunca vi una persona de
afuera”.
A pesar que nadie parece haber visto nada y que los acusados: los lonko
Pascual Pichun y Aniceto Norin, Jorge Huaquin, Marcelo Quintrileo, José
Llanca y Patricia Troncoso no tienen participación alguna en los delitos
que se les atribuye, la percepción generalizada siempre fue que
igualmente se les condenaría por asociación ilícita terrorista, pues,
como expresa Audiel Millapi, dirigente de la Coordinación de Identidades
Territoriales, “este es un juicio político y no jurídico, el gobierno no
ha querido entender la demanda del pueblo mapuche, los problemas con las
forestales que invaden nuestro territorio y cambian el ecosistema, matan
los árboles, montañas, humedales. Es que históricamente seguimos siendo
invadidos, es una invasión ideológica, cultural y económica que se
relaciona con un racismo extremo por parte del Estado chileno y de los
latifundistas y empresarios forestales también”.
Racismo que llevó al empresario de origen suizo, Jorge Luchsinger,
propietario del Fundo Santa Margarita y testigo de la Fiscalía, a
aseverar que “el mapuche es depredador, torcido, desleal y abusador”.
Parece mentira, pero es verdad, como también parece mentira, pero es
verdad, que en democracia se recurra a la Ley Antiterrorista para
reprimir la justa demanda territorial y política del pueblo mapuche.
Entonces, a pesar de que, finalmente el tribunal temukense resolvió
absolver a los comuneros mapuche de la acusación por asociación ilícita,
aún persisten la voluntad política del gobierno de reprimir al pueblo
mapuche, quedando en entredicho, además, la decisión de la Corte Suprema
que intentó obligar a los jueces locales a condenar a los mapuche. Pero,
lo más importante y que no debe olvidarse, es que los comuneros
continúan presos, y lo están producto de juicios espurios y manipulados
como el que acaba de finalizar en Temuko /
Azkintuwe
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