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UNA
CONVERSACIÓN CON PICHUN Y NORIN |
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La mirada y la palabra de ambos
reflejan ira y frustración, pero, al mismo tiempo, la absoluta
convicción de la justeza de su bregar. La situación de los lonkos
mapuches parecería increíble si no sucediera en Chile, parecería
insólita si no se conociera la abyecta historia del pueblo mapuche
en relación al Estado. |
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Por
Mauricio BUENDIA / Azkintuwe Nº14 |
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- Lonkos Pascual
Puchún y Aniceto Norin. Foto de Miguel Tropa. |
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La mirada y la palabra
de ambos reflejan ira y frustración, pero, al mismo
tiempo, la absoluta convicción de la justeza de su
bregar. |
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Las más elementales
definiciones de terrorismo no calzan con la
naturaleza de las acciones realizadas por el pueblo
mapuche. |
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EL TENUE SOL DEL MEDIODÍA fue
rápidamente eclipsado por las miles de sombras que convocan las
cárceles. Y la de Traiguén no es diferente, aunque el fumante mate de la
generosidad mapuche entibia de a poco la infinita tarde. Es que, a pesar
de la injusta situación en la cual se encuentran, los lonkos Pascual
Pichun de Temulemu y Aniceto Norin de Didaico, mantienen viva la llama
de la esperanza y, por sobre todo, la fuerza para continuar la lucha por
su libertad y la de su pueblo.
La mirada y la palabra de ambos reflejan ira y frustración, pero, al
mismo tiempo, la absoluta convicción de la justeza de su bregar. La
situación de los lonkos mapuches parecería increíble si no sucediera en
Chile, parecería insólita si no se conociera la abyecta historia del
pueblo mapuche en relación al Estado chileno. Claro, porque a pesar de
haber sido perseguidos por la justicia chilena, haber sido absueltos y
vueltos a detener y juzgar, la Corte Suprema en una increíble decisión,
resuelve anular el último juicio que los afecta y, nuevamente, realizar
todo el procedimiento penal, aunque los lonkos en la actualidad están ya
cumpliendo una pena de 5 años y 1 día por supuesta “amenazas
terrorista”.
El máximo tribunal anuló el fallo que, en noviembre del año pasado,
absolvió a 8 integrantes de la Coordinadora Arauco–Malleco (CAM) del
delito de “asociación ilícita terrorista”, por lo mismo, varias
organizaciones de derechos humanos han expresado su desazón y crítica a
las actuaciones del poder judicial chileno. Sebastián Brett, sociólogo e
investigador para el Cono Sur de la organización internacional “Human
Rights Watch” manifiesta su preocupación por la anulación del juicio
anterior de Pichun y Norin, básicamente, porque la Corte Suprema falló
que el tribunal oral de Temuco, que absolvió unánimemente a los acusados
mapuche, no había fundamentado suficientemente sus razones para
desestimar pruebas presentadas por la Fiscalía.
"Sobre este punto es importante señalar la opinión disidente del
Ministro Milton Juica quien dijo que, según el Código Procesal Penal, la
sentencia debe contener “una exposición clara, lógica y completa de cada
uno de los hechos y circunstancias que se dieren por probados. Esto es
lo esencial, se trata de convencer de la manera más certera cómo se
establecieron los hechos o circunstancias, pero dicho rigor no puede ser
igual respecto de aquellos que no pudieron ser probados". Creo que la
opinión de Juica es un fiel reflejo del espíritu garantista del nuevo
código. Es más, pienso que la doctrina aplicada ya dos veces por la
Corte Suprema puede vulnerar la presunción de inocencia que es un
fundamento básico del nuevo sistema de justicia. En segundo lugar, la
Corte entró a calificar las pruebas presentadas en el juicio, asunto que
compete únicamente al tribunal oral. Más grave aún, la Corte señaló
textualmente que era “evidente que un análisis pormenorizado de la
prueba rendida deberá conducir a una sentencia totalmente diferente”. Es
poco menos que sugerir cómo el tribunal que debe escuchar las pruebas
por segunda vez debe fallar”.
Esto último no hace sino refrendar la convicción de los lonkos de que,
como indica Pascual Pichun, “da lo mismo lo que digamos o hagamos, ellos
ya decidieron condenarnos, esto no es jurídico, sino político. Ya fuimos
absueltos y después tuvimos otro juicio, fuimos a mostrar la cara,
porque somos inocentes. Creímos en la justicia y nos equivocamos. De
hecho, el segundo juicio fue peor que el primero, porque buscaron una
manera de condenarnos, tenía que haber culpables y nos culparon a
nosotros; era lo más fácil para ellos. Por eso digo que esto no es
jurídico sino que político”. Efectivamente, si uno analiza, aunque sea
someramente, los pormenores y algunos procedimientos del ultimo juicio
no puede sino colegir que la legalidad huinka dista mucho de ser justa,
especialmente si se recurre a la utilización de testigos protegidos o
sin rostro.
*
PORQUE AL NO PODER SER condenados por actos terroristas, en particular
el incendio del fundo Nancahue en el año 2001, el Ministerio Público
recurre a la figura de “amenaza terrorista” para mantener a Pascual
Pichun y Aniceto Norin en la cárcel. Y, también en el juicio realizado
en Temuko contra la Coordinadora Arauco-Malleco a fines del año pasado,
el Estado utiliza a testigos protegidos para que, desde la impunidad de
su privilegiada posición, declaren contra los 8 imputados en el juicio
por “asociación terrorista”.
Dicha práctica ha sido criticada y rechazada por diversos organismos y,
en particular, por el Observatorio de los Derechos de los Pueblos
Indígenas y Human Rights Watch que, en un informe conjunto emitido en
octubre de 2004, señalan categóricamente que “el uso de testigos cuya
identidad se oculta al acusado y sus abogados defensores limita
seriamente el alcance de la defensa, y aumenta el riesgo de condenas
impugnables. Estos testigos comparecen en el tribunal detrás de biombos
que impiden que los vean los acusados, sus abogados o el público. En el
juicio contra Pascual Pichún, Aniceto Norín y Patricia Troncoso, los
testigos ocultos hablaron a través de micrófonos que distorsionaban la
voz. En principio, el uso de testigos no identificables es una
limitación inaceptable del derecho a la defensa. Es particularmente
grave si las pruebas que presentan son cruciales para la acusación y una
condena pudiera depender de ellas”.
Es más, “los organismos internacionales de derechos humanos han
expresado la opinión de que el uso de testigos anónimos viola las normas
internacionales con respecto al debido proceso”. El recurso a dichos
testigos se ha convertido en práctica habitual en la persecución del
pueblo mapuche y es parte integral de la Ley Antiterrorista; estas
personas son pagadas y protegidas por la policía transformándose en la
principal evidencia aportada por los fiscales en los juicios contra
dirigentes y comuneros mapuche. Es, sin duda, lo acaecido en los juicios
de Poluco Pidenco en la comuna de Ercilla donde se involucró a miembros
de la CAM, y de Nancahue y San Gregorio en Traiguen donde se acusó a los
lonkos Pichun y Norin.
La verdad, sostiene Pichún con la mirada fija en el ardiente mate, es
que “no hay justicia en Chile, por un momento pensamos que los jueces
iban a ser transparentes, pero quedó muy claro que esto es más política
que otra cosa. Los llamados testigos sin rostro son todos testigos
comprados, todos mienten, se ponen nerviosos, se contradicen, pero nada
importa, porque los tribunales nos tienen condenados de antemano. Como
lo harán ahora con el nuevo juicio que ordenó la Suprema. El Ministerio
publico tiene una persona presa sin cargos, porque yo nunca he
participado en nada”.
Pero, está meridianamente diáfano que, como afirma categórico Aniceto
Norin, “el que tiene el poder hace lo que quiere, había más de 140
testigos protegidos o descubiertos, da lo mismo, porque todos mienten.
Los fiscales incorporaron nuevas pruebas en el segundo juicio, aunque
eso no es legal, pero no aceptaron nuevas pruebas nuestras”. En el marco
de un sistema jurídico sin garantías para la adecuada defensa, no deja
de ser inaudito que uno de los testigos presentado por el Ministerio
Público para condenar a los lonko de Temulemu y Didaico, fuera
virtualmente ciego y sordo. Es que el nuevo testigo presentado dio
origen a una situación tragicómica que, lamentablemente, devino en la
condena de gente inocente que en la actualidad pasa luengos días y
noches en prisión sin que a nadie realmente le importe el uso de
testigos falsos.
Esta es, entonces, la dimensión trágica de la situación, pero también
existe aquella dimensión hilarante que, incluso hoy recuerda con cierto
desdén Pascual Pichun; claro – dice – “da risa y rabia que nos condenen
por un testigo que ni siquiera nos conoce, de hecho, le preguntaron al
testigo si conocía a los acusados y no nos encontró en la sala
¡Estábamos ahí mismo! Lo único que dijo fue que nos parecíamos a
Caupolican”. La confirmación de lo señalado por Pichun proviene del
lonko de Didaico, Aniceto Norin, quien manifiesta que “al testigo falso
lo trataron de preparar bien, pero igual se contradijo, declaró que solo
ve a 2 metros de distancia, pero de acuerdo a su propio testimonio las
supuestas personas que quemaron la casa del fundo Nancahue pasaron a mas
de 4 metros, que llevaban un bidón, iban encapuchados y con escopetas.
Nombró mucha gente, pero ¿ Cómo los reconoció si iban encapuchados? Él
dice que los reconoció por la forma de hablar, pero casi no escucha, es
más, el propio fiscal le tuvo que colocar un audífono para que pudiera
escuchar lo que se le preguntaba en el tribunal”.
Pero existe otro cúmulo de contradicciones que los fiscales, los jueces,
y ahora la Corte Suprema, ignoraron a fin de condenar a los lonkos de
Traiguén, de otra manera no se entiende que aquel testigo declarara –
como indica Pichun – que “la casa del fundo Nancahue se quemara a las 12
del día y después señale que en realidad se quemó en la madrugada,
alrededor de las 4 de la mañana. Que primero diga que estaba en el fundo
buscando chanchos que se le habían perdido y después diga que estaba en
su casa, ubicada a 3 kilómetros de distancia del fundo, y que desde ahí
vio a gente que quemaba la casa patronal. ¿Pero como puede ver desde
allá si ni siquiera nos puede reconocer a dos metros de distancia?
¡¿Cómo pudo ver a tres kilómetros de distancia?! Lo concreto es que los
fiscales no tenían pruebas y toda la acusación es injusta, por lo mismo,
ahora con la anulación del juicio por parte de la Suprema, no existe
ninguna posibilidad de un juicio justo. La anulación del juicio es
ridícula, fuimos absueltos, salimos libres ¿Y saben por qué? Por la
sencilla razón de que somos inocentes".
*
SIN EMBARGO LA INOCENCIA o incluso la presunción de inocencia, pareciera
no existir en el marco del denominado conflicto mapuche, porque el
Estado chileno hace ya tiempo ha adoptado una clara política de
criminalización del movimiento que en poco o nada difiere de las
tácticas utilizadas por la dictadura militar contra sus oponentes.
Entonces, las posibilidades de un nuevo juicio justo son nulas o, como
sostiene Sebastián Brett, es posible argumentar que “ya recibieron un
juicio justo y fueron absueltos".
"Creo que se respetó el debido proceso salvo en algunos aspectos como el
uso de testigos sin rostro cuya identidad es desconocida por los
acusados, un procedimiento que objetamos porque vulnera los derechos de
la defensa. En todo caso, para el tribunal las pruebas presentadas por
estos testigos tenían poca credibilidad. Ahora el nuevo tribunal tendrá
que escuchar estos testigos de nuevo, y la Corte Suprema ya ha dado una
opinión que su reconsideración, entre otras pruebas, debería conducir a
una sentencia distinta a la primera. En estas condiciones, y conociendo
lo que pasó con el segundo juicio a los lonkos, uno debe ser bastante
pesimista en cuanto a que el tribunal pueda fallar con total
independencia y confianza en sus conclusiones, sean lo que sean”,
señala.
Este pesimismo es compartido por ambos lonkos que, desde la lobreguez de
la cárcel, expresan su convicción de “que nos van a condenar igual, y
aunque sea mínima la condena no es justo, de hecho, nos pueden condenar
hasta 15 años por algo que no hicimos. Por eso, muchas cosas tenemos en
nuestro pensamiento, tienen que unirse afuera, tienen que hacer algo,
porque el juicio se aproxima; si no hay movimiento de apoyo nos van a
condenar nuevamente. Los hermanos tienen que comprometerse, ahora somos
nosotros, pero después van a venir otros hermanos condenados. La
solidaridad y el apoyo tienen que ser concretos y reales, no solo
promesas, muchos dicen que están con los presos, pero no nos vienen a
ver. Los peñi y lamngen en Angol hicieron huelga de hambre y no sacaron
nada, porque no hubo gran apoyo afuera y porque el Estado chileno se ríe
de los mapuche, no le importa lo que hacemos y solo buscan destruirnos,
nos acusan de terroristas, porque queremos recuperar nuestra tierra,
pero los terroristas son ellos que nos han querido destruir. Juan
Agustín Figueroa, dueño del fundo Nancahue y uno de los principales
acusadores e instigadores de la utilización de la Ley Antiterrorista en
contra del pueblo mapuche, nos trató de delincuentes y nadie dijo nada.
Es cosa de mirar nuestra historia para ver quienes son los delincuentes
y terroristas”.
*
Y CLARO, UNA LIGERA MIRADA a la relación entre el Estado chileno y el
pueblo mapuche, y otros pueblos originarios, define dicha relación en
términos de dominación y violencia, racismo y discriminación,
expoliación y usurpación. Es decir, una translúcida relación de terror
sistemático destinado a la destrucción cultural y física de los pueblos
indígenas o, en el mejor de los casos, la asimilación de éstos a la
sociedad chilena. Uno de los instrumentos utilizados por el Estado y
gobiernos de distinto tipo ha sido la legislación indígena y, también,
leyes dirigidas a dividir, neutralizar y destruir al movimiento mapuche
organizado.
A ello apunta la Ley Antiterrorista la cual, según Brett de Human Rights
Watch, “facilita la persecución del delito y restringe los derechos
procesales de los acusados. Esa es su racionalización y es por eso que
deben utilizarse solamente en casos de extrema gravedad. Un experto en
la materia, A.P. Schmid, ha calificado el terrorismo como el equivalente
de un crimen de guerra cometido en tiempo de paz. Los delitos
terroristas son gravísimos, comparables a violaciones graves a los
derechos humanos (recordemos que la Constitución los califica
explícitamente de esta manera). La mayoría de los hechos por los cuales
los mapuche han sido acusados son delitos contra la propiedad. Después
de diez años de este conflicto la única víctima fatal es un mapuche
muerto por un policía. El gobierno mismo ha reconocido que no hay
terrorismo en Chile. El uso de la legislación antiterrorista no es
solamente una respuesta exagerada y un abuso del poder del Estado contra
los más débiles, también vulnera su derecho a un juicio con todas las
garantías procesales".
"El gobierno ha dicho recientemente, en respuesta al informe del Relator
Especial sobre los derechos humanos de los indígenas, que propone
revisar la Ley Antiterrorista. El gobierno y la Fiscalía no deben
iniciar este tipo de juicio en el futuro, y deben cambiar la ley para
que tampoco lo pueda hacer otra persona. Esperamos que el gobierno
demuestre buena fe en este sentido al desistirse de la acusación por
terrorismo en el segundo juicio que ha de celebrarse ahora en el caso de
los absueltos por asociación ilícita terrorista”, añade.
Es que, incluso las más elementales definiciones de terrorismo no calzan
con la naturaleza de las acciones realizadas por el pueblo mapuche en el
contexto de sus reivindicaciones de tierra o territoriales. El uso de la
violencia extrema, la amenaza, el miedo y las repercusiones sociales y
psicológicas de una acción de carácter terrorista no se condicen en modo
alguno con las acciones reivindicativas del pueblo mapuche en los
últimos ocho años. Las recuperaciones de tierras, la autodefensa ante la
agresión policial y diversos grados de control territorial ejercidos por
el pueblo mapuche en algunas comunidades nada tienen que ver con el
terror y, menos aún, con el terrorismo.
No existe ni ha existido la aplicación de la violencia destructiva, el
recurso al terror o la histeria colectiva; es más, los principales
afectados por la violencia han sido los comuneros mapuche cuyos hogares
y comunidades han sido allanados una y otra vez por ingentes fuerzas
policiales. Norin lo tiene muy claro, porque aquí – dice – “nos han
colocado muchos nombres: terroristas, delincuentes, extremistas, pero
aquí ni siquiera hay conflicto, solo reivindicación del territorio que
nos corresponde, lo que nos robaron. Los huinka lo nombran conflicto,
pero es solo reivindicación. Los terroristas son ellos, allanan las
comunidades, llegan golpeando, pegándoles a niños y mujeres, echan las
casas abajo. Las armas nuestras siempre son las boleadoras, las piedras
para defendernos y ellos llegan armados con tanquetas, helicópteros,
escopetas”.
A pesar de la evidente asimetría de esta lucha, el Estado continúa
usando los mismos métodos y medios de la dictadura para intentar
doblegar la resistencia del movimiento mapuche. Pero, irrespectivamente
de lo que digan, señala Aniceto Norin, “nunca hemos sido terroristas, es
más, en el juicio que nos hicieron fue la primera vez que veo como se
hace una bomba molotov y otros artefactos explosivos más poderosos,
porque lo mostraron en un video”. Aún así, “nos acusaron de estar
vinculados a la ETA y a las FARC, incluso fueron a ver un campo en
Nahuelbuta donde, supuestamente, nos entrenábamos. Todo es tan absurdo
que hasta los guardias aquí en la cárcel saben que las acusaciones son
falsas”. Lo que pasa, y de eso poca duda cabe, es que, como plantea
Pascual Pichun, “detrás de todo esto está Figueroa, esto no es jurídico,
sino político y, por lo mismo, este no es problema solo nuestro sino que
de todo el pueblo mapuche”.
*
ES UN PROBLEMA QUE ATAÑE a todo el pueblo mapuche y, por cierto, a toda
la sociedad chilena, porque no es posible que un país que se
autodenomina democrático sea regido por un gobierno que recurre a la Ley
Antiterrorista que, en los hechos, como señala Roberto Garretón, Alto
Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, coloca “al
mismo nivel al lonko Pascual Pichun y a Bin Laden”. Lo anterior no
constituye solo un despropósito, sino que es lisa y llanamente una
barbaridad. No obstante, nuevamente los lonkos están siendo investigados
por “supuestas amenazas terroristas” con motivo de una carta
presuntamente firmada por ellos y publicada en un medio electrónico de
la región de la Araucanía.
En dicha epístola se manifiesta que "desde hoy el señor Figueroa se
transforma en nuestro primer enemigo y peor vecino de la historia y
llamamos a todos los luchadores a enfrentar y vencer esta epidemia de la
zona como es Figueroa y a luchar contra él desde el último rincón de
nuestra Wallmapu hasta derrotarlo". El Ministerio Público designó al
fiscal regional subrogante, Sergio Moya, para investigar el caso, pero,
para muchos – incluso al interior de la Concertación – es evidente que
aquí no solo no hay amenazas - sino que, lo más importante, se aprecia
la mano de Figueroa. El diputado socialista Alejandro Navarro declaró
que el ex ministro de Agricultura y miembro del Tribunal Constitucional
“es el verdadero victimario y no una víctima, pues abusando de su
derecho a la acción, utilizó la Ley Antiterrorista, luego anuló el
fallo, utilizando las brechas y resquicios de la reforma que él bien
conoce como profesor de derecho procesal de la Universidad de Chile. Si
la carta es realmente de ellos, los lonkos Pascual Pichún y Aniceto
Norín no han cometido un nuevo delito de amenazas, sino sólo hecho uso
de su derecho de libertad de expresión”.
Es en este contexto que Navarro califica a Figueroa de “terrorista
jurídico”, porque “ha logrado pervertir el uso de la ley a favor de su
espíritu de venganza”. Es el mismo argumento de los lonko que indican
categóricamente que “aquí se acepta todo lo que dice Figueroa, nosotros
tenemos la fuerza, tenemos el newen, pero Figueroa es parte del poder”.
Por eso, dice Norin, “el habla de que los mapuche debemos reciclarnos,
no le importamos ni a él ni a nadie”. “Aquí hay persecución política,
señala Pichun, por reclamar el derecho a la tierra se nos contaminó el
agua, murieron los animales, porque las empresas forestales destruyen
todo. Pero el territorio es nuestro, no de los empresarios o del
gobierno. Lo quitaron por la fuerza, incluso tengo mapas, documentos que
confirman que es nuestro, hasta esta cárcel es mía, es nuestro
territorio. Ningún mapuche antiguo ha dejado de luchar por su
territorio. Nos robaron ellos y ahora nos dicen terroristas”.
Por ello es que el senador Alberto Espina de la derechista Renovación
Nacional, manifiesta su regocijo por la decisión de la Corte Suprema de
anular el juicio de los lonko expresando que “detrás de cada acto
terrorista se alejan las posibilidades de inversión privada en la
región”. En otras palabras, su preocupación no está, obviamente, con los
mapuche y su aniquilamiento como pueblo, no está en la destrucción del
bosque nativo ni en sus derechos ancestrales como pueblo originario. Su
única preocupación radica en la estabilidad social para la adecuada
inversión privada y la operación de capitales nacionales o foráneos en
territorio mapuche.
Es lo que plantea Juan Pichun Collonao, el joven hijo del lonko de la
comunidad de Temulemu, al sostener que “detrás de las querellas y
enjuiciamientos están Figueroa, la Forestal Mininco, el Ministerio de
Justicia, está toda la maquinaria del poder. Al gobierno no le preocupa
resolver el tema mapuche, sino que frenar la lucha y las
reivindicaciones de tierra, que se garanticen las inversiones forestales
y el funcionamiento de las empresas multinacionales en territorio
mapuche. En el Puelmapu (Argentina) se repite la misma historia: allá
está Benetton, acá Figueroa, allá las empresas petroleras, acá las
forestales. Por eso decimos que este es un tema político y no judicial,
porque si fuera solo jurídico no habría ningún peñi preso, habrían sido
todos absueltos por falta de pruebas", señala.
Y prosigue. "Es el sistema capitalista antihumano que nos están
imponiendo lo que tenemos que denunciar y contra lo que tenemos que
luchar, hoy los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Y Juan
Agustín Figueroa es parte de este sistema, dueño de fundo y parte del
poder, el se ha transformado en perseguidor del pueblo mapuche y se ha
embarcado en una lucha personal contra la familia Pichun Collonao y
quiere por todos los medios acabar con nosotros. Hoy tenemos a nuestro
padre en la cárcel, dos hermanos clandestinos y a mí me han procesado
varias veces. Acá nos han allanado muchas veces y los niños han estado
presentes, también las mujeres y los ancianos", denuncia.
"Siempre, en todo, ha estado presente la familia Figueroa, en el sentido
de que han declarado en contra nuestra: Rafael Insunza, administrador
del fundo y sobrino de Figueroa testificó en contra nuestra acusándonos
de levantar una guerrilla rural; también lo hizo su madre Aida Figueroa
y, por supuesto, el ex ministro. Por todo lo anterior, difícilmente se
puede creer en la justicia chilena y por eso vamos a presentar nuestro
caso en todos los espacios que se nos den a nivel internacional, en
todos los organismos que trabajan por la defensa de los derechos humanos
y de los pueblos indígenas, porque aquí en Chile se han agotado todos
los espacios, el gobierno no nos toma en cuenta”. Es que al gobierno no
le importan los mapuche, es nuestro pensamiento, dicen los lonkos que, a
pesar de todo y contra todo, continúan desde la cárcel su lucha, porque
es su territorio, su pueblo, su vida / Azkintuwe
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