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Edición digital - País Mapuche

 

 

 

 

 

 

 


 FAMILIARES DE PRESOS POLÍTICOS


Las víctimas olvidadas


"Mi hijo José no debería estar preso por un delito que no cometió", me señala don Antonio Naín con su calma de siglos. Como tampoco debiera estar lejos de su casa, de su familia y de su comunidad, el joven dirigente Marcelo Catrillanca, condenado por el delito de incendio, “aunque nunca hizo nada y solo luchó por los derechos del pueblo mapuche”, sostiene su esposa.


Por Mauricio BUENDÍA / Azkintuwe Nº12

 

 

 


 - Antonio Nain, comunidad Temucuicui. Foto de Mauricio Buendia.

 



La dictadura reprimió violentamente a los mapuche, asesinando, desapareciendo, deteniendo y torturando a hombres y mujeres. Los gobiernos civiles también.


Impresiona la decisión de esta joven mujer que, al igual que su esposo, es castigada con todo el odio del sistema, por el mero hecho de ser mapuche.


LOS VISOS PLATEADOS DEL CIELO sureño se recortaban orgullosos sobre los asombrados cerezos cuando Antonio Nain aparece con su calma de siglos. Es el padre de José Nain, dirigente de la comunidad de Temucuicui actualmente encarcelado en Angol y uno de los cerca de 300 mapuche presos o procesados en el marco de la lucha de este pueblo originario por la recuperación de su territorio ancestral.

La dictadura reprimió violentamente a los mapuche, asesinando, desapareciendo, deteniendo y torturando a hombres y mujeres. Los gobiernos civiles también han hecho lo suyo, no trepidando en aplicar la Ley de Seguridad Interior del Estado y, en el caso de la presidencia de Ricardo Lagos, la Ley anti terrorista, para intentar desarticular al movimiento mapuche. Antonio señala con tristeza que el gobierno los tilda de terroristas, cuando lo que ellos exigen es solo un legítimo acto de reparación ante la expoliación de sus tierras.

"Ningún mapuche es terrorista, estamos solo pidiendo cosas nuestras. A la autoridad le cuesta comprender, ponen todo al revés, mienten. Mi hijo José no ha caído por asesino, sino que por el derecho a defender lo nuestro. Estábamos muy mal en esta comunidad y no se aguantó la necesidad, el hambre, no se podía criar un solo animalito, no teníamos nada. Había gente que no tenía ni un metro de tierra y tenían que vivir de allegados con sus familias, porque un particular primero y después las forestales habían privatizado todo. No daban nada, ni una colilla de pino, ni agua, nada. Abusaron harto, hasta calabozo tenían los particulares”.

Efectivamente, la sucesión Paterson, que había usurpado tierras mapuche a comienzos del siglo XIX, explotaba el predio para su beneficio sin importarles la suerte de los mapuche. A pesar de lo injusto de la situación - señala Antonio Nain – “los mapuche poco entendimiento tenían, los envolvían, engañaban, porque pensaban que como asalariados podían sobrevivir. Así les quitaron casi toda la tierra”. Con el gobierno de la Unidad Popular y su política de reforma agraria hubo transformaciones significativas, expropiándose el fundo de los Paterson.

Sin embargo, el golpe militar nuevamente puso a los mapuche al borde del exterminio, pues – recuerda con dolor don Antonio – “para el 73 sacaron gente a la fuerza, detuvieron y torturaron a toda la gente de acá. No les importaba nada y pateaban hasta los vehículos de la Unidad Popular. Los militares me quemaron mi ranchito y me llevaron preso a Collipulli. Nos trataron mal y abusaron. Nos dieron duro, no tuvieron compasión con uno. Pinochet quería eliminar a todos los pobres ¡ Si no es Dios! Quería dejarle el país a los ricos, pero Dios ama a los pobres y a los mapuche. Fue muy dura esa época, no me dieron trabajo, nada, y lo necesitaba mucho. Nos decían terroristas y hoy también nos dicen terroristas”.

Y los llaman terroristas simplemente por el hecho de luchar por su subsistencia como pueblo, por intentar recuperar sus tierras. Así lo hizo José Nain Curamil quien se erigió en uno de los lideres de la comunidad de Temucuicui en su bregar contra la Forestal Mininco y en la defensa de la comunidad contra la represión policial. “Hoy se encuentra injustamente condenado por un delito que no cometió. Lo acusan de un incendio que hubo en el fundo Alaska en 1999. Pero todos saben que la Forestal tenía guardias de seguridad, que pagaban gente para hacerlo y luego nos cargaban a nosotros”.

Por ejemplo, en 1999, Jose Naín también fue procesado junto a otros 14 comuneros por presuntamente haber quemado dos maquinas retroexcavadoras en el Fundo Alaska. “Fueron absueltos, porque nada tenían que ver en eso y estaba claro que la gente de la Forestal lo había hecho. Es que ellos hacen su maldad y no les pasa nada”, mientras los mapuche son perseguidos. De hecho, José Nain Curamil y Marcelo Catrillanca Queipul fueron condenados a 5 años y un día de presidio mayor por el juzgado de Collipulli por ser – de acuerdo a la justicia chilena- autores del delito de incendio. Posteriormente, en el año 2002 la Corte Suprema rechazó un recurso de casación interpuesto por sus abogados y ratificó la condena del tribunal de Collipulli.

Todo es mentira, reitera el padre de José Nain, “por eso el nunca se escondió, tampoco en ningún momento el hombre se echó para atrás. En ningún momento tuvo miedo. Y para nosotros fue muy triste, su mamá lo echaba de menos, lloraba todos los días. Además que la visita a la cárcel era humillante, nos revisaban todo. A José, sobretodo al principio, lo trataban mal, aunque ahora está mejor, porque fue trasladado a otra parte, a un centro abierto en la misma ciudad de Angol. Pero la situación es dura para todos, José tiene dos niñitas que sufren mucho. La esposa de José tuvo que irse al norte a trabajar de temporera, porque no tenía nada y tuvo que dejar a las niñas con los abuelos", nos relata.

"Nosotros vamos a verlo cuando podemos, pero siempre falta la plata, ahora lo va a visitar gente, mapuche, universitarios, no se que pasará más adelante, porque cuando cayó preso ni la comunidad se acordaba. Como cuando se tira una piedra al raudal ésta se pierde, así pasaba con mi hijo y la gente no lo iba a ver, era raro, porque él había luchado para recuperar las tierras de la comunidad. Recuperamos cerca de 2000 hectáreas de Mininco, aunque la Forestal sacó casi todo antes de irse, sacó toda la maquinaria y taló casi todos los árboles. Esta tierra no tiene ningún beneficio, no tenemos ganado. Tenemos una chacrita, se siembra poco, porque la tierra está cansada y ya casi no da. A veces no se come nada, se siembra tarde o se lo come la helada, porque de repente se descontrola la tierra, pero estamos tratando de arreglar las cosas”.

*

Y QUIEREN ARREGLAR LAS COSAS junto a José quien no debería estar en Angol, no debería estar preso por un delito que no cometió. Como tampoco debiera estar lejos de su casa, de su familia y de su comunidad Marcelo Catrillanca, condenado por el mismo delito, “aunque nunca hizo nada y solo luchó por los derechos del pueblo mapuche”, como sostiene su esposa Teresa Marin Melenao allá en su casita ubicada en una de las breves colinas de la comunidad de Temucuicui. La vida no es la misma desde que Marcelo decidió no entregarse a la justicia chilena, porque está convencido de que a el lo condenaron por ser mapuche y nada más. Teresa, al igual que el resto de la comunidad, sufrió la violenta represión policial y el hostigamiento permanente de los agentes del Estado que defendían los intereses de las forestales.

“A los mapuche los condenan por luchar por sus tierras, dice categórica, y nos reprimen. Acá allanaban siempre, venían los carabineros y buses llenos, golpeaban a todo el mundo, no respetaban a nadie. Los niños veían eso y por eso le tienen miedo a los carabineros y también a los de Investigaciones, porque ellos también han venido, allanaron la casa y los niños andaban tiritando, no sabíamos que hacer de miedo. Los niños lloraban y al abuelo de Marcelo, que es sordo y ciego y tiene casi 100 años, tampoco lo respetaron. Por eso ahora no puedo dormir tranquila, dormimos todos juntos. Sufren los niños y sufro yo al verlos sufrir, pero no me voy a ir de aquí, no voy a dejar mi casa, aunque todo sea difícil. A Marcelo lo condenaron hace más de un año y desde ahí que no lo veo y no sé cuando lo voy a ver nuevamente. Estoy mal, no soy feliz en mi casa. Desde que condenaron a Marcelo vivo con miedo, con pena, pero no quiero irme de aquí, aunque pase hambre. Voy a seguir adelante”.

Impresiona la decisión de esta joven mujer que, al igual que su esposo, es castigada con todo el odio del sistema, por el mero hecho de ser mapuche. Sin embargo, son sus hijos, Camilo de 10 años, Paulina de 7, y Newen (Ver Imagen) de apenas un año de edad, los que muchas veces sufren en silencio el racismo chileno. Y no es solo la violencia y el abuso policiales, sino que la estupidez, la maldad y la indolencia de muchos. Camilo, el mayor quedó repitiendo el cuarto básico, pues le es imposible concentrarse al estar preocupado de todos los vehículos que pasan cerca de la escuela, de los carabineros. No puede olvidar la represión de la cual ha sido testigo todos estos años. Nadie en su escuela, sita a algunas cuadras de su hogar, le ha ayudado.

Tampoco a su hermana Paulina, de hecho, narra la indignada madre, “por mucho tiempo mi hija lloraba, no comía, y creía que al papá lo habían matado. Pero además, porque la profesora todos los días le preguntaba por el papá, que dónde alojaba, que dónde comía. Después me enteré que es esposa de un carabinero y estaba tratando de sacar información de la niña. Yo hablé con ella y le dije que estaba sapeando, que como podía hacerle eso a una niñita, que si no le daba vergüenza. Trató de disculparse nada más. Pero estas tardías disculpas de poco sirven para calmar las pesadillas y los temores de estos niños, victimas, al igual que sus padres y sus abuelos, y los abuelos de éstos, del racismo, la discriminación y la represión huinka.

Aún así, con la dignidad milenaria del mapuche “el hijo mayor me abraza y me dice: trabajemos no más y algún día vamos a ser felices con mi papá”. Pero no alcanza, faltan la comida, los zapatos, la ropa y los útiles escolares por eso, entre varios familiares formaron la “Agrupación de Familiares y Amigos de Prisioneros de Conciencia Mapuche "Mvñal Leaiñ Taiñ Mapumu” (Libre en nuestro Territorio) “para ayudarnos entre todos, para que los mapuche y los no mapuche sepan que son muchos los peñi y las lamngen presos y perseguidos por luchar por sus derechos y porque la cárcel es la pena mas grande que uno siente”. Y, por cierto, para luchar por la libertad de todos los presos políticos mapuche. Ese día, por fin, Teresa, Camilo, Paulina y Newen podrán dormir tranquilos junto a su padre / Azkintuwe

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