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LA
LARGA LUCHA EN LA CORDILLERA |
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El conflicto de una comunidad de Pedregoso
con un concejal y que desembocó en el baleo por parte de la
“autoridad” de una adolescente, puso de manifiesto los históricos
problemas de tenencia de tierra que viven los pewenche en la
cordillera de la IX región. Y es que desde los sucesos de Ranquil,
aun persiste una abismante desigualdad a la hora de contar con un
trozo del territorio. |
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Por
Renato REYES / Azkintuwe Nº8 |
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- Territorio
pewenche en Lonquimay. Foto de Trekaleyin. |
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En los hechos de
Lonquimay, el factor de conflicto es nuevamente la
propiedad de la tierra, la Ñuke Mapu, sustento de la
vida mapuche. |
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El despojo de tierras
mapuche iniciado en la segunda mitad del siglo XIX,
tiene su momento cúlmine en las tres primeras
décadas del XX. |
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"ESTÁBAMOS RECUPERANDO UNA tierra
cuando llegó Guido Barría con su cuñado. Nosotros fuimos a ver que
pasaba y yo iba adelante. Al llegar donde él le pregunté que porque
estaba desarmando el cerco. Barría venía en su jeep y pasó por el lado
mío. Luego paró y sin que yo le dijera nada más, se bajó, me disparó y
luego se dio a la fuga”. El entrecortado y nervioso relato de Alejandra
Cayul Llevilao (Ver Imagen), joven integrante de la comunidad Lof Mapu
del sector Pedregoso de Lonquimay, da clara cuenta de la situación más
difícil que le ha tocado vivir en sus cortos veinte años. Pero más allá
de la implicancias personales que le está significando el haber sido
baleada por el ex alcalde y concejal democratacristiano de la
cordillerana comuna, el grave incidente ha sacado a la luz un nuevo
conflicto de tierras entre colonos chilenos y comunidades pewenche, los
cuales sólo aparecían en los medios cada vez que la agenda noticiosa se
trasladaba a la zona de Ralko.
Tal como relata Alejandra, los hechos
se generaron el 6 de junio cuando la comunidad Lof Mapu hizo frente a la
actitud del político DC, que junto a otros familiares destruía un cerco
que habían instalado días antes los comuneros. Tras ser interpelado por
su actitud, Guido Barría Oyarzún disparó a quemarropa contra el grupo de
pewenche, hiriendo en la clavícula y comprometiendo el pulmón derecho de
Alejandra Cayul, quien rápidamente fue trasladada hasta el Servicio de
Urgencia del Hospital de Victoria por sus familiares.
A pesar de la gravedad de los hechos y la denuncia de la comunidad,
Barría sólo permaneció dos días detenido. Por el contrario, el 14 de
junio, tras su liberación y producto de una orden emanada del Tribunal
de Garantía de Curacautín, un fuerte contingente de Fuerzas Especiales
de Carabineros procedió violentamente al retiro del cerco instalado por
los comuneros para delimitar sus tierras, generando un nuevo
enfrentamiento que finalizó –como siempre en estos casos- con varios
pewenche heridos, tres de ellos (Samuel Cayul, Soila Cayul Choima y
Fidel Cayul Melio) por perdigones de la policía, debiendo ser
hospitalizados de urgencia.
Ante estas situaciones, de claro tinte discriminatorios y represivo, las
comunidades agrupadas en la organización Comunidades Mapuche-Pewenche en
Conflicto, enviaron a los medios de comunicación regional un comunicado
público de denuncia. Sin embargo, muy pronto pudieron comprobar lo
parcial de las informaciones que entregaría la prensa regional, quienes
acusaron insistentemente a los mapuche de “atacar” a la fuerza pública y
“amenazar de muerte” al concejal chileno. De la misma forma, llamó la
atención de los comuneros la actitud asumida por la justicia chilena,
que tras dos días liberó a Barría, aplicándole medidas cautelares
mínimas mientras durase la investigación del incidente. ¿Hubiera
ocurrido lo mismo de ser Barria o su hija la baleada por un comunero
mapuche?.
“Exigimos que la justicia chilena, de
una vez por todas actúe. No queremos que este personaje quede impune por
el delito cometido y que no se refugie en su calidad de concejal
concertacionista”, señaló a Azkintuwe el werken Nibaldo Romero
Cañumir. Para denunciar esta situación fue que decidieron convocar a una
marcha de repudio por las calles de Lonquimay el pasado 11 de junio, en
la que dieron a conocer públicamente su rechazo a la situación vivida.
“Nosotros convocamos a una marcha de protesta contra el agresor de
nuestra lamngen, el señor Barría, por cuanto es una de las formas de
mostrar la disconformidad de nuestro Pueblo. Este señor creo una tensión
artificial luego de haber baleado a nuestra lamngen”, recuerda el
dirigente. Sin embargo, el poder político de la Concertación se hizo
sentir con fuerza y las comunidades debieron sortear más de un problema
para llevar a buen término la movilización. “Fue una marcha muy buena y
masiva y eso que nos pusieron todos los obstáculos, como no dejarnos
usar los buses de recorrido normal para poder bajar la gente y eso fue
toda una manipulación por parte de Guido Barría”, nos señala Romero.
El werken pewenche también reclama por la actitud asumida otra vez por
la prensa regional, en especial por El Diario Austral de Temuko, que
tras la protesta tituló en su portada “Mapuches amenazan de muerte a
concejal”. “Es claro que aquí existió un manejo de la información por
parte de Barría. Como él dispone de los medios económicos y el poder
político lo hizo fácilmente”, recalca el vocero pewenche. “En realidad
él no tiene tanta tierra como otros, pero lo que pasa es que es un tipo
prepotente, que cree que todo lo puede y se avala en que es dirigente de
la Democracia Cristiana y a través de ello tiene todo el manejo de las
situaciones. Siempre trabaja así, manipulando a la gente; jodiendo a los
peñi con denuncias falsas, como cuando se hizo la víctima en el diario,
señalando que había salido en defensa de su esposa”, agrega.
*
ES CLARO QUE EN LOS HECHOS de Lonquimay, el factor de conflicto es
nuevamente la propiedad de la tierra, la Ñuke Mapu, sustento de la vida
comunitaria mapuche. De acuerdo a cifras entregadas por los propios
comuneros de la zona, existen en el lugar, varios winka que poseen hasta
14 mil hectáreas de tierra, mientras muchos de los propios pewenche con
suerte tienen una o dos hectáreas que en el futuro deberán repartir
entre sus hijos... todo un problema de “hacinamiento geográfico”, claro
esta.
“Esto se genera más que nada por un problema de tierras. La comuna de
Lonquimay es muy grande en extensión de tierras, más que en número de
habitantes, pero el problema más grave en este minuto es que nuestra
gente tiene muy poca tierra. El caso más preocupante es que las nuevas
generaciones, los jóvenes viven dentro de los predios de sus padres y
hay padres que tienen una hectárea y tienen cinco o seis hijos,
entonces, ¿cómo se reparten esas familias tan escasa cantidad de
tierra?”, se pregunta el werken Nibaldo Romero.
Por todo ello, las casi 30 comunidades pewenche, decidieron asumir de
manera firme la lucha por obtener y recuperar los territorios que alguna
vez les pertenecieron a sus antepasados. “Nosotros estamos trabajando
por el territorio de todas las comunidades. Ciertamente lo que agrava
todo es lo sucedido con la lamngen Alejandra, por eso queremos llegar
hasta las últimas consecuencias y conseguir una solución definitiva de
una vez por todas... no queremos más parches, como sucede cuando el
gobierno le compra tierra a unos pocos y los demás quedan igual. Lo
ideal para nosotros es llegar a realizar una descolonización, sobre todo
porque en la zona existen muchos colonos que nos han perjudicado”,
explica el werken.
De la misma opinión es el dirigente de la “Comunidad Esteban Romero” del
sector Tracura, Francisco Manquelipe que señala que, “todos los pewenche
estamos unidos en torno a lo que le está pasando a Alejandra Cayul.
Nosotros queremos que esto se supere de la mejor forma. Hasta aquí,
parecía que los pewenche no teníamos problemas más allá de lo que pasa
con Ralko, pero este hecho sacó a la luz pública un problema que no sólo
afecta a la comunidad de Pedregoso, sino también a muchas otras
comunidades pewenche”.
*
LA UNIDAD MAPUCHE-PEHUENCHE de la que habla Francisco Manquelipe y que
se vio expresada en la masiva marcha por las calles de Lonquimay, el 23
de junio dio un nuevo salto. Con el decidido apoyo de la Asociación de
Estudiantes Pewenche, todos ellos integrantes del Hogar Universitario,
llegaron con el conflicto hasta las mismas oficinas del jefe de gabinete
del Intendente de La Araucanía, Ricardo Celis. Según cuenta María Romero
Cheuquepil, dirigenta universitaria, “cuando nos enteramos de lo que
había sucedido en Pedregoso quedamos todos sorprendidos, aunque igual
nosotros sabemos como son las reacciones de este individuo (Barría). Por
ello, decidimos apoyar a los lamngen sacando esta información a la luz
pública, yendo a las radios, a El Diario Austral y otros medios para
entregar nuestra visión de lo que estaba pasando. De inmediato nos dimos
cuenta que la prensa sólo daba la opinión de Barría: que la situación
había ocurrido por defensa propia; que los lamngen lo habían atacado con
hachas, situación absolutamente falsa. Incluso ese día no habían más de
diez lamngen en el lugar”.
La dirigenta estudiantil dice estar convencida que lo sucedido es una
clara muestra de injusticia, sobre todo considerando el accionar de los
tribunales encargados en teoría de “administrarla”. “Por lo mismo, como
estudiantes y jóvenes pewenche nosotros nos sentimos muy identificados
con ella (Alejandra Cayul). Al igual que ella nosotros también tenemos
problemas de tierra. Allá en Lonquimay y la zona las grandes extensiones
de tierra pertenecen a los colonos y a los winka y a nosotros los
pewenche nos van tirando cada vez más hacia arriba en la cordillera”. La
pasividad y desidia de la prensa regional y la cuasi indiferencia de las
autoridades locales, llevó a que los estudiantes, que en Temuko viven en
el Hogar Pewenche de calle Rodríguez, tomaran decididas acciones de
apoyo a sus hermanos, sobre todo buscando dar a conocer la parte oculta
de toda esta historia... esa que la prensa regional no quería ni quiere
aun dar a conocer.
“Sacamos un comunicado público. Llamamos a la prensa aquí al hogar y
dimos a conocer nuestro repudio a la acción que cometió este individuo,
Guido Barría, añadiendo que no aceptábamos por ningún motivo lo que hizo
este señor, así como tampoco se lo aceptaremos a ningún winka del
sector, por más poder económico o político que tenga”, señala María
Romero. El werken Romero Cañumir reafirma sus palabras. “Ante esta
situación decidimos bajar hasta Temuko el 23 de junio solicitando hablar
con el subsecretario de Mideplan Marcelo Carvallo, que en ese momento se
encontraba de visita en la región”. Sin embargo, la tozudez de las
Fuerzas Especiales de Carabineros y la poca voluntad política de algunos
funcionarios del gobierno regional no sólo abortaron la fijación de una
agenda de trabajo, sino que terminó con el desalojo del edificio de la
Intendencia y once jóvenes pewenche detenidos, procesados y más tarde
liberados con casi las mismas medidas cautelares que Guido Barría.
Curiosidades de la justicia chilena que iguala en peligrosidad a un
winka que agrede con arma de fuego a una persona, con la protesta
pacífica de once estudiantes pewenche comprometidos con su gente.
María Romero Cheuquepil, también detenida en la víspera del We Tripantu,
rememora lo sucedido esa tarde: “A última hora, cuando ya habíamos
iniciado la marcha, nos enteramos que el Intendente junto al
Subsecretario Carvallo habían viajado hasta el lugar (Lonquimay) el
mismo día. Llegamos hasta la Intendencia e igual decidimos subir, para
poder conversar con alguna de las autoridades, ya que en la marcha por
nosotros organizada andaban representantes de varias comunidades. Lo que
pasa es que ellos (Carvallo y Celis) ese día fueron a Pedregoso y
trataron exclusivamente el problema de esa comunidad que son 70
hectáreas que están reclamando los lamngen de ahí y que corresponde a 18
familias. De esta forma sólo se parchan los problemas y no se da una
solución de fondo”.
Se trató, recalca la dirigenta, de una manifestación pacífica, pero ello
nunca fue entendido así por las autoridades regionales y la propia
policía: “El acto represivo estaba ya preparado. Carabineros en todo
momento estuvo vigilándonos y el jefe de gabinete del intendente
(Eduardo Abdalah) ni siquiera se dignó a recibirnos en una sala y sólo
conversó brevemente con nosotros en el pasillo. Nosotros, entendiendo
que el intendente y el subsecretario no estaban en la intendencia, le
solicitamos al jefe de gabinete que se contactara con el subsecretario y
fijara una reunión” y agrega que según Abdalah, él lo intentó en
reiteradas ocasiones, pero nos dimos cuenta de que nos tramitó por más
de dos horas y según él, nada se pudo hacer. Al final, no obtuvimos
ninguna solución siendo desalojados por Carabineros, donde con 60
policías se nos detuvo a once estudiantes, siendo luego trasladados a la
2ª Comisaría donde tuvimos que permanecer toda la noche del We Tripantu”.
Lo sucedido en la montaña y posteriormente en Temuko con los
estudiantes, es considerado por el werken Romero, como una grave afrenta
contra el Pueblo Mapuche, sus tradiciones y cultura. “Si ellos nos
tuvieran un poquito en cuenta, lo podrían haber pensado como una forma
de respetar nuestro We Tripantu y liberar a los peñi que fueron
golpeados y detenidos. Yo me pregunto si a ellos les gustaría que en
víspera de su año nuevo, donde hay que darle el abrazo a la familia, a
los amigos, les gustaría que los mandaran presos”, reclama con evidente
indignación el vocero. Al final, en plena celebración del año
nuevo mapuche, los once jóvenes detenidos en la Intendencia fueron
pasados al Tribunal de Garantía de Temuko, donde se les acusó entre
otros cargos de “tumulto”, “desorden en la vía pública”, “ocupación
ilegal de oficina pública” e “insulto a las autoridades”, siendo luego
liberados con medidas cautelares que por tres meses les impiden salir de
la región.
Por ahora, tal como dice el werken Romero, sólo queda esperar la
respuesta del gobierno a sus legítimas demandas de tierra, aunque esta
espera no será sentados, sino con activas movilizaciones. Lo cierto, es
que ya no piensan echar pie atrás. Razones tienen de sobra. “Nosotros
quisiéramos que de aquí a unos años más las cosas cambien, porque si no,
esto que hoy es un problema de nosotros, luego va a ser de nuestros
hijos y más tarde de nuestros nietos y la intención nuestra es que de
una vez por todas podamos terminar con todo esto, porque tierras hay
hartas y los que menos tierra tienen son los mapuche y a los winka les
sobra”, señala. Y agrega con clara decisión de lucha: “En la zona de
Lonquimay la situación ya es insostenible. Nos tienen acorralados como
liebres, nos tienen a todos en el cerro, cada vez más arriba. Por eso
vamos a luchar y no vamos a bajar nuestros brazos, porque sabemos en que
tierra estamos: tierra de nuestro pueblo, tierra mapuche”.
*
"Y yo he venido a buscar la
espantosa verdad de 1934, entre otras cosas, para que los chilenos
sepamos de una vez por todas quienes somos los chilenos, que hicimos y
que es lo que se nos oculta de nuestra propia historia. Porque los
acontecimientos de 1934 jamás entraron en la historia oficial".
Patricio Manns, "El Memorial de la Noche".
EL INVIERNO EN LA CORDILLERA de Lonquimay es siempre terrible, pero en
aquel invierno de 1934 lo fue mucho más y la gelidez de la montaña
parece que también terminó congelando la memoria histórica de un
episodio que unió, tal vez por única vez, a mapuche-pewenche y
campesinos chilenos pobres. Se trata de la más olvidada y no por ello la
menos terrible de las matanzas gestadas desde el Estado chileno contra
aquellos que se oponen a los designios del poder. Desde mediados de
junio de aquel año, hasta bien entrado el mes siguiente, el Alto Bío Bío
se tiñó de sangre mapuche y chilena, luego de que casi un millar de
habitantes de esa zona se alzaran en armas contra el gobierno de Arturo
Alessandri y pusieran en jaque la "seguridad" de los colonos extranjeros
que se habían apropiado, con la venia del Estado chileno, de los
ancestrales territorios pewenche de la alta cordillera. La represión no
se hizo esperar y Carabineros de Chile hizo su entrada triunfal en los
avatares represivos, sofocando el alzamiento, para luego asesinar
cobardemente a casi 500 prisioneros que se habían rendido al verse
derrotados.
El despojo de tierras mapuche iniciado en la segunda mitad del siglo XIX
con la "Pacificación de La Araucanía", tiene su momento cúlmine en las
tres primeras décadas del siglo siguiente, cuando el Ministerio de
Tierras y Colonización, creado por el Estado chileno, terminó su labor
de "redistribución" de las tierras usurpadas en el Gulumapu, generando
toda una masa de mapuche empobrecidos que, en territorio pewenche, eran
arrinconados cada vez más arriba en la cordillera. A ellos se unía un
cada vez más creciente número de colonos chilenos pobres que terminaron
habitando el mismo espacio de los pewenche y sobre todo compartiendo las
mismas miserias de éstos. Ello llevó a que los colonos chilenos,
agrupados en el Sindicato Agrícola de Lonquimay, solicitaran al gobierno
la entrega legal de un predio en la localidad de Nitrito, que habitaban
varios chilenos y pewenche desde hacía más de una generación.
La Sociedad Puelma Tupper reclamó para sí la propiedad de las tierras y
exigió una orden judicial de desalojo, basada en la prerrogativa
jurídica de que quienes habitaban el lugar no tenían títulos de
propiedad. Ante ello, los habitantes del lugar propusieron al Estado que
comprase las tierras al reclamante y ellos a su vez pagarían al primero,
en un plazo prudente, el valor de éstas. Sin embargo, mientras se
realizaban las negociaciones, Carabineros comenzó a hostigar a los
campesinos, utilizando contra los hijueleros todos los abusos y formas
de atemorizamiento posibles. Cuando las tierras estaban recién
cultivadas y comenzaba el duro invierno cordillerano, llegó la fuerza
represiva a desalojarlos, destruyendo cercos e incendiando los ranchos,
expulsándolos sin misericordia y conduciéndolos hasta terrenos
estériles, más arriba de la misma cordillera, sin alimentos ni
habitación.
En Nitrito, Ranquil, Quilleime, Lolco y Trubul, los campesinos se
unieron en defensa de los expulsados, recibiendo el apoyo de los mapuche
de la reducción Maripe, cuyo lonko Ignacio Maripe, quince años antes
había perdido sus tierras en el mismo Fundo Ralko. Según se consigna en
documentos de la época, este lonko pewenche fue salvajemente torturado
en vida, sacándosele los ojos, cortándosele la lengua y las orejas hasta
dejarlo exánime. Tal como se consiga en documentos, relatos y sobre todo
en la prensa chilena de la época, el principal líder del alzamiento fue
el profesor de castellano José Segundo Leiva Tapia, que habiendo
estudiado en Santiago regresó a la zona para dedicarse a la "agitación
social" e imbuirse de la cultura mapuche.
Por lo mismo, parte de los alzados correspondían a campesinos
mapuche-pewenche, hecho que queda consignado en una información
aparecida el domingo 1º de julio en el diario La Nación y que daba
cuenta de la activa presencia mapuche, con el sugestivo titular de:
"Alrededor de cien indios combaten en las filas sediciosas". De igual
forma, el listado final de detenidos, publicado el 20 de julio en la
prensa nacional consigna la presencia de al menos una decena de mapuche
que fueron pasados posteriormente a los racistas tribunales de justicia
chilenos.
Avanzado ya el invierno, en junio de 1934, la desesperación, el hambre,
el frío y el odio, dieron paso a la revuelta. Varios miles de campesinos
y mapuche, armados de viejos fusiles y escopetas, asaltaron las
pulperías y bodegas de los latifundios cercanos, y asumieron posiciones
de enfrentamiento. El 29 de junio, el diario La Nación titulaba "Armados
Avanzan sobre Lonquimay" y el decano patronal de la prensa nacional, El
Mercurio, titulaba cuatro días más tarde: "Se acentúa la gravedad de los
sucesos del sur", en clara alusión al avance de los campesinos alzados
en armas por su dignidad. El historiador Ricardo Donoso, desde su
particular visión política, dice de ello en su libro ‘Alessandri,
Agitador y Demoledor’: "Un grupo de inquilinos del Fundo Ranquil,
levantados en armas, abandonaron sus tierras y en una semana se
desparramaron en una extensión de 150 kilómetros, pasando a cuchillo a
pulperos, mayordomos y propietarios que intentaron oponérseles". El
gobierno movilizó para sofocar la rebelión a tropas policiales desde
Temuko, Victoria, Mulchén y Santa Bárbara, con el apoyo de aviones de la
Fuerza Aérea.
En piquetes de 20 carabineros, las fuerzas represivas se internaron en
la zona, en una primera etapa de poca eficacia, pero que más tarde con
el apoyo de 100 policías venidos desde Santiago al mando del propio
Director General de Carabineros, Humberto Arriagada Valdivieso,
endurecieron su accionar represivo, cometiendo toda clase de abusos. En
una maniobra de arrinconamiento de los rebeldes, que desde el lado sur
eran atacados por las tropas al mando del Comandante Délano Soruco y por
el norte, desde Mulchén, bajo el mando del propio Arriagada, enfrentaron
acciones sumarias y muchos fueron pasados por las armas a pesar de
haberse rendido ante las fuerzas militares.
A principios de julio, un grupo rebelde seguía manteniéndose fuerte en
los cerros de Llanquen. Los que sobrevivieron a los fusilamientos
indiscriminados fueron apresados o huyeron hacia la cordillera,
abandonando a sus familias. Las mujeres que se quedaron en los
improvisados campamentos fueron violadas y erradicadas para siempre con
sus hijos de la zona. El gobierno los acusó de "bandoleros y
subversivos", justificando de ese modo la brutal represión desatada
contra ellos. Según el Senador Pradenas, -parlamentario por Temuko en
aquella época- resultaron detenidos 500 personas, de las cuales sólo 23
llegaron a la capital de la provincia de Cautín, ciudad en la que se
inició el proceso judicial. Sobre el destino de las personas detenidas
que no llegaron al juicio, no existe una versión oficial y se les da por
muertos, que se vienen a sumar a los que cayeron durante los
enfrentamientos registrados en la montaña.
Muchos de los que sobrevivieron, chilenos y mapuche, tras duras jornadas
escapando por la cordillera, terminaron dispersos en estancias o en los
huertos de Neuken y Río Negro donde rehicieron sus vidas, luego de
cruzar hacia el Puelmapu tras padecer indescriptibles fatigas y
penalidades. Al final, tal como ocurrió muchas veces en la agitada vida
política del Chile de los años ’20 y ’30, el olvido y las infaltables
leyes de amnistía terminaron por echarle tierra a la masacre,
olvidándose de ello una sociedad entera. Tal como antes, tal como
después / Azkintuwe
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