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EL
OSCURO NEGOCIO INMOBILIARIO |
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En un marco en el que comunidades de
Puelmapu defienden su derecho a la tierra frente a intereses
mineros, turísticos o inmobiliarios que no dudan en matar por
dinero, presentamos esta historia transcurrida en la comunidad
Motoco Cardenas y que bien podría ser la base del guión de una
película nazi de terror. |
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Por
Sebastián HACHER / Azkintuwe Nº8 |
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- Habitante mapuche
de Lago Puelo. Foto de S. Hacher. |
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Don Alfredo murió cuatro
años después que su esposa. Dicen que se ahogó en el
río, pero nadie lo creyó, y en la cordillera todavía
se sigue especulando. |
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El caso de la Comunidad
Motoco Cadenas tiene una particularidad; la familia
fue la primera en afincarse donde luego se formaron
Lago Puelo y El Bolsón. |
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DICEN QUE LA HISTORIA ES LO que
tenemos frente a los ojos, pero a veces parece un ovillo de lana que ni
las manos mas habilidosas son capaces de desenredar. Otras, es como una
oveja que subió al monte y quedó atrapada entre los coihues gigantes,
los cipreses y las palmas ocultas de la cordillera. Sabiendo eso, para
conocer la historia de Lago Puelo se pueden hacer dos cosas; quedarse
toda una tarde mirando como teje Doña Tola, o acompañar a Don Fernando a
buscar los animales que se escaparon hace algunos días para el lado de
la cordillera.
Pero si se quiere conocer una versión diferente a la que cuentan los
ríos y las montañas, se puede recurrir a los libros. Y en Lago Puelo en
particular, existe uno -auspiciado por la Municipalidad y repartido en
las escuelas- que narra la historia oficial de la zona. Bajo el título
"Lago Puelo, un rincón de la Patria", escrito por un funcionario
municipal, el Dr. Traverso, y publicado por una editorial donde abundan
los textos nacionalistas, los alumnos que lo reciben en forma gratuita
aprenden allí que los nazis que se refugiaron en la zona son "individuos
de gran valor intelectual, que aportaron su cuota de capacidad e
inteligencia en aras del progreso de Puelo". Según el mismo libro, los
mapuche serían, en cambio, "pioneros de la penetración chilena", o
simplemente "piedras que se le atravesaron (a Roca) en su camino del
Desierto".
*
NADIE SOSPECHA QUE bajo el manto de la noche se esconde la muerte.
Durante el día todo es fiesta: desde temprano llegan los vecinos,
algunos para ayudar a carnear un animal tan grande como para saciar
todos los apetitos. La anfitriona es Corina Hermosilla que, a pesar de
ser una mujer anciana, montó su yegua para arriar las vacas y las ovejas
que serán marcadas durante el día. La marcación es un rito pagano; una
ceremonia popular que significa mucho más que llevar la contabilidad del
propio ganado. Doña Corina era una mujer fuerte, alegre; la madrina de
todos. Así la recuerda cada persona que la conoció.
Días antes de la marcación se había peleado con su vecino, el Dr.
Fatorini, médico de profesión y político de oficio, que avanzaba sobre
su campo con la voracidad de un virus, y retrocedía con la misma
velocidad frente a Corina y su motosierra. Poste de alambrado que se
plantaba, poste que se cortaba. El asesinato sucedió cuando los últimos
candiles ya no tenían combustible. Ella estaba sentada, y así la
encontraron al día siguiente; con treinta y tres puñaladas que le
cerraron los ojos y derramaron la sangre sobre la tierra. Dicen que la
lloraron los montes, las pampas y hasta los ríos. Corría el último mes
de 1993 en Lago Puelo, provincia de Chubut, Patagonía Argentina. Todavía
no se hace justicia.
-"Ahora me van a matar a mi". Don Alfredo Cardenas temblaba. Nunca
volvería a ser el mismo después del asesinato de su esposa. El miedo y
la tristeza abrieron un abismo delante de sus ojos; sabía que detrás de
la mano asesina estaba el interés por la tierra, y cargó con ese pesar
hasta el final de su vida, a los 91 años. Se dejó estar. Quería seguir
peleando, pero las fuerzas lo abandonaban. Allí estaban un puñado de sus
hermanos, tratando de ayudarlo, pero era poco lo que se podía hacer
contra algo tan macabro. Y para colmo sin justicia; el juez que
investigó el caso fue José Carlos Collabelli, el mismo que una década
después fue depuesto junto a su doctrina construida bajo la razón del
latifundio.
Don Alfredo murió cuatro años después que su esposa. Dicen que se ahogó
en el río, pero nadie lo creyó, y en los bordes de la cordillera todavía
se sigue especulando que se trató de un nuevo asesinato. Por la muerte
de Doña Corina estuvo preso durante un año un empleado del Dr. Fatorini,
de apellido Villar, del que hoy no se conoce paradero. La muerte de Don
Alfredo, supuestamente cayendo desde una pasarela con una gran baranda,
no motivó ninguna investigación. La causa fue archivada antes de
abrirse, y hoy descansa en los archivos negros del poder judicial de la
región. A un mes de muerto Don Alfredo, y en una sesión especial de
verano, la Municipalidad de Lago Puelo declaró, con la ordenanza nro.
1/96, que el predio que él y su familia ocuparan en vida, estaba libre
de ocupantes. Luego lo nombraron "paseo ecológico", y propusieron montar
allí un camping municipal.
Todavía hoy los fantasmas parecen rondarlo todo. Incluso la mirada de
Don Fernando, que vive allí desde hace 73 años ininterrumpidos. Ocho
años atrás, mientras se publicaba la declaración municipal, algunos
diarios de la zona acompañaron la noticia con una foto que reflejaba su
mirada de aquel entonces; casi la misma que me interpela ahora. Libre de
ocupantes, decía la Municipalidad, y allí estaba él, con el rostro
surcado por el viento, la nieve y el sol de setenta veranos. Libre de
ocupantes, repite ahora Don Fernando Cardenas, cuando con el machete me
abre paso para que sigamos subiendo a la cordillera con la esperanza de
encontrar alguna de las ovejas perdidas.
El anciano camina despacio y seguro, subiendo al monte que lo vio nacer
y crecer; de a ratos sus pies parecen latir sobre el suelo tapizado de
hojas amarillas, rojas y marrones. Cuando llegamos a un desfiladero,
luego de dos horas de marcha, me invita a sentarme en el tronco de un
árbol caído. Desde ese lugar, secreto y privilegiado, se puede ver casi
todo el campo adivinado entre los boquetes que deja la niebla del otoño;
el territorio de los Cardenas comienza en el Río Azul, serpenteante de
vitalidad, y termina en el glaciar de la cumbre. Así lo cuenta Don
Fernando. "Hace cinco generaciones estamos acá, y luego seguirán mis
tataranietos, porque aprendimos que somos mapuche, y tenemos derecho a
vivir en la tierra donde nacimos". La esperanza, si se mira por los
resquicios que deja la niebla, nunca se pierde.
*
-"LA TIERRA ES PARA EL QUE la trabaja. Yo siempre supe eso y le busqué
el costado positivo a las cosas. Por eso tengo una vida larga". Así
habla Don Humberto Cardenas, con sus 87 años en la sonrisa. Humberto es
también conocido como El lonko Alegre del Otro Lado del Río, apodo que
él mismo se puso como síntesis de su vida. Nombre nuevo que le sienta
bien, sobre todo cuando sube a caballo derecho para la cordillera, o
cuando un vaso de vino le arranca recuerdos del pasado, alegrías y
tristezas que cuenta con una picardía tan sana como su octogenario
cuerpo. O cuando le hace brotar al acordeón una melodía de esas que
"fueron sacando los paisanos solitos acá en el campo", y que él repite
ahora para animar un poco nuestra sobremesa. "La tierra es para el que
la trabaja -repite- y fuera de eso no tendría que haber problema, pero
la justicia está siempre del lado del rico". Por un instante, su mirada
se apaga como una luciérnaga que anuncia el fin de la noche.
El caso de la Comunidad Motoco Cadenas tiene una particularidad; la
familia fue la primera en afincarse donde luego se formaron Lago Puelo y
El Bolsón. Si bien los mapuche solían transitar por la zona desde mucho
antes, los historiadores coinciden en que los Cardenas fueron los
primeros en llegar. El pionero se llamó, como hoy la comunidad que
formaron sus nietos y bisnietos: Pedro "Motoco" Cárdenas. El fue el
abuelo de Alfredo, Fernando, Humberto y otros quince hermanos y
hermanas. El 15 de diciembre de 1884 está señalado como el día de su
llegada.
Hoy, ciento veinte años después, hay ríos, cerros y hasta comercios que
llevan su nombre. Con variaciones, hasta las historias mas amañadas del
pueblo lo reconocen como el "primer cristiano que habitó estos valles".
El relato oral dice que Motoco nació en Río Bueno, hoy territorio de
Chile, y que en 1872 resultó cautivo durante un malón del lonko
Ñancucheo, que decidió incorporarlo a su tribu y ponerlo a cargo de su
caballada. Y -siempre según ese recuerdo oral- fue en uno de esos
caballos donde escapó, llevando en las ancas a Juana Santander, hija de
Ñancucheo y eterno amor suyo.
Para encontrar el valle donde hoy están Lago Puelo y El Bolsón -que él
llamó Valle Nuevo- Motoco fue guiado por Purayen y Cayún, dos mapuche
que solían arrear ganado de uno a otro lado de la Cordillera. Arreo que
él mismo repitió en esos años: en la zona, los límites con Chile recién
estuvieron claros en 1902, luego de que un laudo arbitral de la corona
británica determinara que se trataba de territorio argentino. Es que
antes y después de la llegada de Motoco, y antes también de la "Campaña
al Desierto", uno y otro lado de la cordillera eran territorio mapuche,
tierra de codicia para el conquistador.
*
LOS BOSQUES VÍRGENES, CON manantiales de agua que fluyen desde la
cordillera, con una fauna y flora silvestre, casi inexplorada, cuidada
durante décadas por pobla-dores originarios, son presas codiciadas de
los intereses inmobiliarios. En la zona de Lago Puelo y El Bolsón se
escuchan ofertas de hasta U$S 22.000 la hectárea, y son cada vez más
comunes los gringos de sombrero texano y traductor que andan haciendo
ofertas en la zona. Quizás eso explique muchas cosas, incluyendo que el
caso de los Cardenas esté trabado por la burocracia estatal y los
intereses políticos-inmobiliarios de los concejales municipales. El 8 de
mayo del 2004, el Concejo Deliberante de Lago Puelo votó en contra de
derogar las ordenanzas que declaran libre de ocupantes el hogar de la
comunidad Motoco Cardenas. Lo hicieron frente a Humberto y Fernando, que
llegaron acompañados por las cuatro generaciones de la familia que
actual-mente vive y trabaja allí.
Entre los argumentos para desestimar el pedido, los ediles esgrimieron
que como la personería jurídica de la Comunidad Mapuche Motoco Cardenas
está en trámite, no podían resolver la situación hasta que estuviese
aprobada. El predio, mientras tanto, sigue legalmente libre de
ocupantes, y las familias que allí habitan se deba-ten entre la angustía
de una situación indefinida y las presiones que cons-tantemente reciben
por parte de los interesados en alzarse con la propiedad. Entre los que
votaron en contra de la derogación de las ordenanzas estuvo la concejal
de la UCR (Unión Cívica Radical), Mercedes Huenchupan, que además es
werken (vocera) de la comunidad Mapuche Huenguelen Puelo.
La concejal había sido previamente cuestionada por la comunidad de los
Cardenas, ya que "pretende ejercer en forma monopólica la representación
aborigen en Lago Puelo". Algo que -en principio- se debe a querer
mantener el manejo discrecional que tienen los punteros políticos
tradicionales sobre la ayuda social. También está señalada por varias
comunidades de la zona de hacer lobby en el INAI (Instituo Nacional de
Asuntos Indígenas), para trabar la personería pedida por los Cardenas.
De no lograr ese reconocimiento legal, evalúan los mapuche, como mucho
podrán conseguir títulos individuales, y quedar "expuestos a las
presiones y especulaciones inmobiliarias". Para muchos, el voto negativo
en realidad respondía a la línea del Doctor Julio Traverso y Gamboa, el
hombre clave de los negocios inmobiliarios en la zona y abogado de la
comunidad que preside la cuestionada concejal Huenchupan.
*
EL DR. JULIO TRAVERSO Y GAMBOA milita en las filas del PACH (Movimiento
de Acción Chubutense) y desde hace 30 años es el asesor legal municipal.
En su libro reconoce ser quien "dictaminó en la gran mayoría, sino en
todos, los expedientes referidos a la ocupación de las tierras
fiscales..." (Pág. 14). También fue el yerno de Guillermo Russell, un
agente de la Gestapo en Francia, condenado a muerte en aquel país por
colaborar con la ocupación nazi y refugiado, según sus propias palabras,
"en el fondo de la Argentina", donde terminó sus días y su obra. Del
agente nazi Guillermo Russell, Traverso heredó -además de todas sus
propiedades- parte de su ideología. Y no se trata simplemente de
festejar -como confirmaron algunas fuentes y se comenta popularmente en
Lago Puelo- el cumpleaños de Hitler cada 20 de abril, tertulia idéntica
a la que practican grupos neonazis de todo el mundo. El problema es más
bien práctico y hasta económico.
La primera parte del libro de Traverso está casi enteramente dedicada a
glorificar la conquista del desierto, y a presentar al Pueblo Mapuche
como invasor de la patagonia, haciéndose eco de las mismas teorías
historiográficas que justificaron el genocidio. El autor comienza por
señalar que los mapuche son "pioneros de la penetración chilena" o,
literalmente, "piedras que se le atravesaron (a Roca) en su camino del
Desierto". En su particular visión de la historia, señala que los
pacíficos y bellos aborígenes argentinos ( que "podrían pasar por
españoles" - Pág. 55) fueron exterminados por los "mapuche chilenos",
entre los que incluye a algunos de los conocidos lonko del "País de las
Manzanas", que estaba dentro del actual territorio de Neuquén. Lo
extraño, sin embargo, es que estas supuestas guerras entre pueblos
originarios chilenos y argentinos, se habrían realizado mucho antes de
que Chile y Argentina existieran en esos territorios, por lo que
dificilmente alguno de los actores haya adoptado esas identidades.
Luego, siempre según Traverso, llegó Julio Argentino Roca -principal
promotor del genocidio del Pueblo Mapuche- que salvó a la Patagonía de
seguir en la "edad de piedra", y a quien debemos agradecer que Argentina
haya cumplido la ley histórica que reza que "las guerras de conquista y
las invasiones de unos pueblos sobre otros ha sido el fundamento de las
Civilizaciones.." (pag 26). El autor concluye diciendo que en Lago Puelo
nunca existieron los pueblos originarios; estos habrían -por el
contrario- llegado a la zona en 1920, mucho después de la denominada
"Conquista del Desierto", junto a varios inmigrantes chilenos. Entre
ellos estaba, según el autor, Don Francisco Cardenas, hijo del pionero "Motoco",
cuyo primer permiso de pastaje en la zona -contradiciendo a Traverso- es
de 1914.
Claro que toda historia se construye con un objetivo, y en Traverso está
bien claro: no aplicar la legislación que -desde la constitución
nacional para abajo- reconoce los derechos de los pueblos indígenas como
prexistentes al Estado argentino. El abogado historiador concluye
señalando que como los mapuche no son originarios de Lago Puelo sino
chilenos, y como -según él- nunca vivieron en comunidad, se los tiene
que tratar como a “cualquier inmigrante“. ¿Qué implica esto? No otorgar
títulos de propiedad comunitarios, que son los únicos que evitan que la
tierra pueda ser fragmentada y vendida en forma individual, quedando
presa de las especulaciones inmobiliarias. Hacerlo sería caer en lo que
Traverso llama “indigenismo“, una práctica que no duda en calificar de “antiargentina“.
*
NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE UN problema comercial; la ideología y los
objetivos políticos ocupan un gran lugar en la obra del Dr. Traverso. En
el libro, además de deslizar algún héroe familiar entre los
conquistadores españoles, Traverso nos regala una visión de los nazis
refugiados en La Patagonia un tanto particular. Se trata según él de
inmigrantes que llegaron luego de la guerra mundial para “comenzar entre
nosotros una nueva vida“, entre los que estaban "individuos de un gran
valor intelectual, que aportaron su cuota de capacidad e inteligencia en
aras del progreso de Puelo".
Entre ellos se destaca su suegro, el criminal de guerra Guillermo
Gueydan de Roussel. Llamativamente, en ningún momento del libro se
menciona su calidad de prófugo de la justificia francesa, ni su
colaboración con el geno-cidio nazi. Como para Traverso Lago Puelo "se
halla en etapa de evangelización" (pag. 21), el rol asignado al oficial
de Hitler es aún mayor. Roussel fue el creador de la primera iglesia,
dentro de su propiedad llamada Chacra San Jorge, además de ser un
filósofo ultracatólico muy respetado dentro de los círculos
fundamentalistas.
Incluso el mismo Traverso cuenta como uno de sus amigos, Rafael Breide
Obied, realizó su tesis doctoral sobre el pensamiento de Roussel,
llamándolo "maestro tradicionalista". Rafael Breide Obieb no es ajeno a
esta historia: es el director de la Editorial Gladius, que junto con la
Municipalidad de Lago Puelo editó el libro de Traverso. Como dato de
color, Gladius viene de "gladius hispaniensis“, la espada que simbolizó
el esplendor del imperio español, considerada por sus amantes como "el
arma que hasta la introducción de la pólvora ha matado a más personas en
la Historia". En esta ocasión, como logo de la editorial, la espada
acompaña al escudo municipal en la primera página del libro.
La editorial, donde también solía publicar Roussel, es un emprendimiento
de la Fundación Gladius, de la que también forman parte Antonio
Caponnetto, el director de la nazi-fascista revista Cabildo, y otros de
similar ideología, como el Padre Alfredo Saenz, habitué de una hermandad
llamada "Prioratus Argentum, de la Orden Soberana y Militar del Temple
de Jerusalén". Juntos -Breide Obied, el Padre Saenz, Caponnetto y otros-
intentaron hace un tiempo un emprendimiento editorial a través de la
revista Maritornes. El experimiento era en realidad un derivado de la
sucursal argentina de la "Hermandad Monárquica Nacional del Maestrazgo
de España", aquí llamada "Hermandad Tradicionalista Carlos VII", cuya
misión fundamental es la de defender la Tradición en contra de "las
logias masónicas que inspira el judaísmo revolucionario" y ...restaurar
la monarquía en Argentina, "la América española" en sus palabras.
Pero también hay personajes más paganos, como por ejemplo Gustavo Breide
Obied -el hermano del presidente de Gladius-, un ex militar carapintada
y actualmente dirigente el Partido Popular de la Reconstrucción, el
partido de Seineldín. El carapintada es también un gran admirador de
Roussel, a quién suele citar en sus dircursos y presentaciones. Y
quizás, a instancias de él hayan conseguido trabajo en la Municipalidad
de Lago Puelo tanto Emilio Morello, ex capitán del Ejército y ex
diputado del MODIN de Rico, como Santiago Cúneo, empresario menemista y
ex asesor del bloque del mismo partido. Ambos fueron en su momento
investigados por un escándalo de contrabando y adulteración de naftas.
Morello también estuvo involucrado en la causa por el atentado a la
AMIA, sospechado por el tráfico de armas. Pero ahora ninguno de los dos
tiene de que preocuparse: llegaron a Lago Puelo, cuyo principal
historiador, el Dr. Julio Traverso, señala que es "un verdadero refugio
de Paz, para todos los seres humanos que vinieron a afincarse aquí,
cualquiera sea su raza, su origen la causa de su venida".
*
EL BOSQUE SE LLENA CON LOS GRITOS. El sol se insinúa contra los cerros,
pintando con tonos rojizos las nubes que anuncian una nueva lluvia. La
historia, atrapada en la copa del arbol más alto, sacude su modorra con
cada palabra que llega hasta sus oídos de viento. Se habla la lengua de
la tierra; las familias de la Comunidad Motoco Cardenas están haciendo
un nguillatun, una rogativa tradicional del Pueblo Mapuche que desde
hace mucho no se escuchaba por estos lados. Camino hasta el río para
encontrarme en forma completa con el amanecer; es un espectáculo
imponente, indescriptible, emocionante. Y sin embargo me siento
extrañamente inquieto; acabo de enterarme de la historia de la abuela
Lucinda Quintupuray.
La abuela vivió desde principios de siglo en Cuesta del Ternero, a 25 km
de El Bolson, y era conocida en la zona -además de por sus ricos quesos-
como una anciana que hacía todos los trabajos del campo sola. En enero
de 1993, a los 80 años y poco tiempo después de desmentir que quería
vender su tierra, apareció muerta de tres balazos. Dos meses después, su
único hijo Victorino Quintupuray, recibía una notificación intimándolo a
“abstenerse de continuar con la ocupación“ del campo donde había vivido
y muerto su madre. El 14 de Octubre de 1994 Victorino también murió en
circunstancias extrañas; su cuerpo fue encontrado sin vida flotando en
el arroyo, luego de ser arrastrado por el agua unos tres kilómetros.
Nunca se supo de culpables.
La comunidad que fundaron sus familiares fue reconocida recién 10 años
después, pero la tierra no está en sus manos. Desde que Lucinda y su
hijo murieron, la tierra es ocupada por Ricardo Flandes, señalado por
los mapuche como “uno de los sospechosos del crimen y uno de los mayores
interesados en quedarse con el campo“. La historia es por demás parecida
a la de los Cardenas. Con esos recuerdos dando vueltas en mi cabeza,
sigo caminando hasta atravesar una pampa de un verde providencial. El
sol todavía no termina de salir y ya se esconde entre las nubes que
retoman el color que tendrán todo el día. Comienza a llover. El mundo se
refleja a sí mismo en un charco de agua clara, y los pájaros hacen un
silencio sepulcral. Recuerdo entonces lo que me explicaron tantas veces
en la cordillera. Los cerros también saben llorar / Azkintuwe
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