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HACIA UN ESTADO MULTICULTURAL |
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A 13 años de la Ley Indígena |
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En más de un siglo y medio de historia
nacional nuestros pueblos originarios fueron sometidos a una
profunda invisibilidad y sus comunidades arraigadas, despreciadas y
discriminadas. Sufrieron la reducción territorial, la fragmentación
social y la pérdida de sus territorios, de los cuales eran dueños.
Pueblos enteros, incluso, fueron sometidos a diversas formas de
extinción y genocidio. |
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Por Domingo NAMUNCURA*
/ Viernes 13 de Octubre de 2006 |
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- Michelle Bachelet
junto a Consejeros de Conadi. Foto de Archivo. |
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A dos años del informe de
la Comisión de Verdad y Nuevo Trato, Chile no es más
rico ni más justo en esta tarea de preservar sus
culturas originarias. |
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Nuestra esperanza es que
en el Bicentenario hayamos cumplido plenamente la
condición de reconocernos como una Nación
multicultural. |
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El
5 de octubre del 2006 se cumplieron 13 años de vigencia de la Ley
19.253, de los Pueblos Indígenas en Chile. Sus antecedentes se remontan
al Pacto de Nueva Imperial de 1989, suscrito entre el entonces candidato
presidencial de la Concertación, Patricio Aylwin, en la ciudad de Nueva
Imperial, en diciembre de ese año y los representantes de los Pueblos
indígenas Atacameños, Aymara, Rapanui y Mapuches. En marzo de 1990, una
vez asumido el nuevo Gobierno democrático, el Presidente Aylwin dio paso
a la formación de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas, CEPI,
entidad que estableció los puentes necesarios entre Gobierno, Parlamento
y Comunidades indígenas hasta arribar al momento culminante en donde el
Congreso Nacional derogó el Decreto Ley 2.568 de la dictadura y aprobó
la Ley Indígena actual.
Correspondió al Gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle la
compleja tarea de implementar la Ley y poner en marcha la nueva
institucionalidad radicada en la Corporación Nacional de Desarrollo
Indígena, Conadi. Con un sentido objetivo de la historia hay que
reconocer que el Presidente Frei hizo todo lo necesario para que la Ley,
la Conadi y los Pueblos Originarios contasen con los recursos básicos
para dar inicio a un trabajo en donde los nuevos Fondos nacionales de
Tierras y Aguas y de Desarrollo Cultural pudiesen abrir camino a la
solución de antiguas e importantes demandas históricas de tierras y de
reconocimiento cultural.
La contribución del Gobierno del
Presidente Frei puede verse opacada, sin embargo, por el tremendo
impacto que significó la implementación del Proyecto de la central
hidroeléctrica de Ralco en el Alto Bío Bío que, en definitiva, significó
la des-estructuración de parte importante de la cultura Pehuenche: este
hecho marcaría poderosamente las relaciones entre los Pueblos
Originarios y su mandato.
Posteriormente, en el Gobierno del Presidente Ricardo Lagos se dio un
paso sustantivo, cuando el Gobierno convocó a la formación de una
Comisión Nacional de Verdad y Nuevo Trato. El informe final de esta
comisión fue entregado al Presidente en Abril del 2004 y contiene un
importante debate nacional acerca de la deuda histórica de Chile con sus
culturas originarias, además de formular nuevas políticas públicas
destinadas a dar mayor relevancia a los Pueblos ancestrales en el
devenir político, social y cultural del país.
Gan parte de las recomendaciones de la Comisión de Verdad y Nuevo Trato
se encuentran pendientes, en parte porque en el 2004 era necesario
avanzar en una política de transferencia de tierras que permitiese
disminuir las tensiones acumuladas en el sur, entre comunidades
indígenas y empresas forestales y en parte, porque correspondería a la
nueva candidatura presidencial, del 2005, formular sus propias
propuestas para consolidar el camino avanzado. En consecuencia, sólo
subsistieron dos medidas políticas complementarias y de gran impacto: el
surgimiento del Programa Orígenes y la instalación de una coordinación
multisectorial de Gobierno para implementar iniciativas públicas más
profundas en la relación entre Pueblos Originarios y Estado.
Los Gobiernos de la Concertación han dado un especial impulso a las
políticas indígenas. Como nunca antes en la Historia de Chile, nuestras
culturas ancestrales cuentan hoy con mejores medidas legislativas, con
más recursos para la recuperación patrimonial perdida y más apoyo para
proyectos sociales y culturales. De hecho, la Ley 19.253 que celebra el
5 de octubre 13 años de vigencia es la mejor Ley indígena existente en
los últimos 40 años de historia. Es más avanzada que la legislación que
el Presidente Frei Montalva previó en el marco de la Reforma Agraria de
los años 60 y más avanzada que la Ley dictada por el Presidente Salvador
Allende en los años iniciales de la década de los 70. La Ley vigente
reconoce a los Pueblos Indígenas de Chile como constitutivos y parte
integral del patrimonio cultural de la Nación chilena y luego, en sus
diversos artículos se desarrollan principios relativos a sus derechos
esenciales en materia de tierras y aguas, derechos culturales y de
participación, derecho a un etnodesarrollo y al reconocimiento de su
cosmovisión.
El Fondo de Tierras y Aguas de la Conadi es el instrumento de mayor
relevancia en el proceso de recuperación patrimonial de nuestras
comunidades. Entre 1994 y el presente año 2006 unas 400.000 hectáreas
han sido parte de procesos de adquisición, transferencia y saneamiento
legal de tierras, brindando así una segura protección a las tierras
ancestrales. En relación con las aguas, unas 36.000 familias indígenas
gozan hoy del privilegio de propiedad de sus aguas y no menos de 60.000
estudiantes de enseñanza básica, media y universitaria cuentan con una
beca de estudios. Estos resultados son mejores que los existentes hace
15 años o hace 50 años. Sin embargo, no son suficientes para dar cuenta
de una demanda histórica acumulada.
El Informe de Verdad y Nuevo Trato, en el Gobierno del Presidente
Ricardo Lagos, es nítido para rendir cuenta de las insuficiencias. El
mismo mandatario lo dejó claro en su discurso del 16 de abril de ese
año: Esto significa respeto por nuestra historia. Porque quien la
conozca de verdad, sabe que la identidad y la cultura de los pueblos
indígenas no fueron debidamente resguardados tras la conquista y la
conformación de la República.
En efecto, en más de un siglo y medio de historia nacional nuestros
pueblos originarios fueron sometidos a una profunda invisibilidad y sus
comunidades arraigadas, despreciadas y discriminadas. Sufrieron la
reducción territorial, la fragmentación social y la pérdida de sus
territorios, de los cuales eran dueños. Pueblos enteros, incluso, fueron
sometidos a diversas formas de extinción y genocidio. Se preguntaba el
Presidente Lagos: “¿Qué comunidad, entonces, podemos construir como país
si no somos capaces de enderezar la injusticia y no nos reconocemos a
nosotros mismos ? Chile será más rico si preservamos la cultura que
heredamos y si somos capaces de preservar lo que las culturas indígenas
nos han legado. El respeto, la justicia y el reconocimiento de los
pueblos originarios son buenos para todos. Fue a partir del Acuerdo de
Nueva Imperial que comenzamos a caminar. Si caminamos mejor, Chile será
más rico al preservar el legado de nuestros Pueblos originarios y
preservarlos al futuro”.
Pero el Chile de hoy, a dos años del informe de la Comisión de Verdad y
Nuevo Trato y de estas palabras del Presidente Lagos en Abril del 2004,
no es más rico ni más justo en esta tarea de preservar sus culturas
originarias. Persiste aún la negativa conservadora que impide a nuestros
pueblos ser reconocidos constitucionalmente en el Parlamento. La derecha
mantiene su duda majadera respecto de la sociedad multicultural y ha
negado sistemáticamente su aprobación al proyecto de reconocimiento
constitucional de nuestros Pueblos. Algo semejante ocurre con la
aprobación de la norma 169 de la OIT. Ambas iniciativas permanecen
pendientes en el Congreso, a pesar de la voluntad de los Presidentes
Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet de lograr su aprobación. La discusión con
los conservadores no es menor, por cuanto ellos sólo reconocen la
condición de “poblaciones indígenas” y no de Pueblos.
¿Podemos enderezar las injusticias cometidas con los indígenas de Chile
a lo largo de toda una historia?. Chile es un país racista y
discriminador. Una soterrada xenofobia se escapa a veces a torrentes
cuando se trata de juzgar la supuesta inferioridad de otras minorías
indígenas que se avecinan en nuestras tierras. El Chile liberal y
exitoso no quiere ser comparado con las naciones aymara o de
descendencia quechua o azteca. Nuestra arrogante europeización y
norteamericanización de costumbres no nos permiten apreciar la riqueza
de nuestras comunidades y quisiéramos verlas reducidas en su estándar
más folklórico o anecdotario. Las injusticias con el mundo indígena son
muy profundas: tierras expropiadas sin ley ni piedad; pueblos
masacrados; indígenas radicados en las periferias pobres de las
ciudades; sujetos de mano de obra barata; sin derechos políticos durante
décadas….Sólo con legislaciones avanzadas como las dictadas en los
Gobiernos de Frei Montalva, Salvador Allende y Patricio Aylwin se ha
brindado más respiro a nuestros indígenas.
Las tierras reclamadas en el sur implican reclamos justos y legítimos.
La mayor parte de su patrimonio territorial fue usurpado durante el
régimen dictatorial de Pinochet quien dictó para tales efectos los
Decretos Leyes 2.568 y 2.570. Esas tierras fueron devueltas a antiguos
propietarios hacendados o transferidas al Fisco. Luego, fueron
enajenadas o vendidas a precio módico a las nacientes empresas
forestales. Todo se hizo dentro del marco legal permitido por estos
Decretos, pero los indígenas saben que se trató de una forma vergonzosa
de expropiación. En los Gobiernos democráticos el Estado ha transferido
más de 180.000 hectáreas a comunidades indígenas y otras miles fueron
adquiridas y traspasadas con recursos públicos. A decenas de familias
reducidas se les ha brindado un subsidio especial para aumentar en unos
cuantos metros sus terrenos. La pobreza indígena está asociada a estas
injusticias y los esfuerzos de los Gobiernos democráticos no han sido
suficientes porque la profundidad de estas injusticias requieren medidas
mayores y reparaciones mayores.
Quien conozca la Historia de Chile, como dijo el Presidente Lagos, sabe
que los derechos indígenas no fueron resguardados. La Ley Indígena, cuyo
aniversario celebramos el 5 de Octubre, intenta reparar esta falta. En
ese sentido, las conclusiones del “Diálogo Nacional Indígena” que se ha
llevado a cabo en el presente año, y que serán entregadas a la
Presidenta Michelle Bachelet en una ceremonia prevista en el Palacio de
La Moneda, abren caminos de esperanza para seguir avanzando en la
ampliación de los derechos culturales y ancestrales. Esto acontece,
precisamente, cuando la Asamblea General de Naciones Unidas ha puesto en
su tabla, después de 20 años de debates, el proyecto internacional de
reconocimiento a los Derechos de los Pueblos Indígenas del mundo.
Si caminamos mejor, dijo Lagos en el 2004, Chile será más rico al
preservar sus culturas ancestrales. Nuestra esperanza es que en el
Bicentenario del 2010 hayamos cumplido plenamente esta condición de
reconocernos como una Nación multicultural, rica en su diversidad y con
sus pueblos originarios plenamente reconocidos e integrados como sujetos
de derechos. La tarea de la Presidenta Michelle Bachelet es consolidar
este camino / Azkintuwe
* Ex Director de Conadi
1997-1998. Consejero Presidencial en Conadi 2006.
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