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BEATIFICACIÓN DE
NAMUNCURÁ EN CHIMPAY |
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¿Por qué Ceferino Namuncurá? |
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Si la piedad popular ya lo entronizó
como santo, la Iglesia –que tiene larga experiencia en esto– se
encarama sobre esa religiosidad para cooptarla y no perder la
iniciativa en ese campo. Siempre es mejor que un santo sea de la
Iglesia, y que sea la institución la encargada de resaltar aquellas
virtudes por las que lo considera tal y no que esto quede en manos
de la piedad popular. |
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Por Washington
URANGA*
I
Domingo 11 de Noviembre de 2007 |
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- Foto
Gentileza de Rio Negro. |
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Conviene tener en cuenta
que es la Iglesia la única que puede oficial e
institucionalmente declarar que alguien es digno de
imitación, generando un proceso que culminará con su
declaración como santo. |
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“Ceferino, hijo de Dios y
hermano de todos”, dice uno de los lemas usados para
la campaña. Allí radica otra de las razones –entre
tantas y no las únicas– que llevan a promover la
beatificación. |
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A
la pregunta del título la Iglesia dirá, de formas distintas, que la
razón esencial de la beatificación de Ceferino Namuncurá, es decir, su
reconocimiento como un católico ejemplar digno de ser imitado, tiene que
ver con sus virtudes. Pero está claro también que, sin discutir las
virtudes, toda ponderación de las mismas tiene el sentido de un valor de
época: son destacadas y resaltadas en un momento dado y en determinadas
circunstancias, en las que se cruzan cuestiones relativas a la vida de
la Iglesia y de las sociedades donde ella está inserta. Y ello, es
importante dejarlo en claro, no pone en tela de juicio ni el sentido del
reconocimiento ni los méritos que, en este caso Ceferino Namuncurá,
acumula, siempre a juicio de la Iglesia, para llegar a los altares.
Conviene tener en cuenta que es la Iglesia la única que puede oficial e
institucionalmente declarar que alguien es digno de imitación, generando
un proceso que culminará con su declaración como santo. Está claro que
el poder simbólico de dicha declaración está en la institución. Se
pondrá entender también por qué avanzó con tanta rapidez la canonización
de José María Escrivá de Balaguer, el casi contemporáneo fundador del
Opus Dei, mientras se demora la causa del obispo mártir de El Salvador,
Oscar Romero. Ningún proceso de canonización está al margen de intereses
institucionales, de influencias de poder y de estrategias que buscan
posicionar a la Iglesia en un determinado escenario.
Parte de la celebración de hoy en Chimpay será en mapuche y habrá
también tramos en otras lenguas originarias como quechua y guaraní. El
hecho tampoco es casual. Si algo se quiere destacar en la vida de
Ceferino es su condición indígena, miembro de un pueblo originario. La
Iglesia ha sido severamente criticada por su participación en la
conquista y por la forma en que acompañó a la colonización desde la
perspectiva de la “evangelización”. En 1979 en la Conferencia de Puebla
(México) aparecieron los primeros síntomas de una posición que revisaba
aquellas prácticas.
El reconocimiento al indio Juan Diego
en México también sumó en el mismo sentido. La línea se profundizó en
1992 con ocasión del quinto centenario del comienzo de la conquista,
oportunidad en la que se celebró la Conferencia General de los Obispos
Latinoamericanos en Santo Domingo. En todo caso la institucionalidad
católica no quiere perder hoy el paso frente al avance de corrientes
como la “teología indígena” que algunos señalan como más “peligrosa” que
la amenaza que en su momento representó la “teología de la liberación”.
La beatificación de Ceferino se inscribe también en esta línea de
rescate institucional a una figura de gran arraigo popular y de
condición mapuche.
“Ceferino, hijo de Dios y hermano de todos”, dice uno de los lemas
usados para la campaña. Allí radica otra de las razones –entre tantas y
no las únicas– que llevan a promover la beatificación. Si la piedad
popular ya lo entronizó como santo, la Iglesia –que tiene larga
experiencia en esto– se encarama sobre esa religiosidad para cooptarla y
no perder la iniciativa en ese campo. Siempre es mejor que un santo sea
de la Iglesia, y que sea la institución la encargada de resaltar
aquellas virtudes por las que lo considera tal y no que esto quede en
manos de la piedad popular, que suele reparar bastante menos en
cuestiones institucionales y formales. Más allá del intento está claro
que la institución nunca estará en condiciones de encauzar todo lo que
la religiosidad popular produce. Pero por lo menos le pondrá límites y
cooptará la mayoría de las expresiones a su favor.
“La beatificación de Ceferino es una invitación a creer en los jóvenes,
también en los que apenas han sido evangelizados”, escribió Pascual
Chávez Villanueva, rector mayor (máxima autoridad mundial) de los
salesianos. La juventud de Ceferino es otro de los motivos de su
promoción, en un momento en que la Iglesia ve cómo los jóvenes toman
distancia de la institución eclesiástica, aunque eso no signifique de
manera directa su lejanía de la experiencia religiosa.
Por último vale decir que la beatificación de Ceferino es el resultado
de una decisión de la jerarquía católica argentina para “producir”
santos argentinos. Hace aproximadamente diez años que la jerarquía se
lanzó en esta tarea. En los hechos Héctor Valdivielso es el primer santo
argentino y fue canonizado en 1999. Pero este proceso fue promovido por
España y no por la Argentina, donde no existe ni devoción ni mayor
conocimiento acerca de san Héctor. Nacido en Buenos Aires, Valdivielso
emigró a España con sus padres siendo muy pequeño y allá, en plena
juventud, fue asesinado en la Guerra Civil Española. Pocos lo reconocen
realmente como argentino más allá de su innegable cuna porteña.
Hasta el momento, la Argentina cuenta
con cinco beatos: Laura Vicuña, Nazaria Ignacia March Mesa, Artémides
Zatti, Tránsito Cabanillas y María Ludovica de Angelis. Hay otros
procesos iniciados. Pero por razones que ni siquiera es necesario
explicar, la jerarquía católica argentina no ha puesto ningún empeño en
el proceso de canonización para llevar a los altares al obispo mártir de
La Rioja, Enrique Angelleli, asesinado por la dictadura militar en 1976.
Seguramente porque Angelelli sería un santo que les quedaría menos
cómodo a muchos y un modelo exigente hasta para los propios obispos /
Azkintuwe
* Gentileza de
www.pagina12.com.ar
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