PORTADA   l  CÓMOAYUDAR?   l  OPINIÓN   l  EDICIONES ANTERIORES   l  REPORTAJES

Edición digital - País Mapuche

 

 

 

 

 

 

 


 MUERTE DEL BACHELETISMO INDÍGENA


La caída del ciudadano Parra


Lo acontecido con Parra en CONADI no fue un hecho aislado. Se enmarca más bien en aquello que Carlos Peña, en una columna de antología publicada hace un mes en El Mercurio, bautizó como “La muerte del Bacheletismo”. Esto es, el regreso al primer plano de la figuración de aquellas máquinas partidarias que -a poco de iniciar su mandato- habían sido relativamente desbancadas del poder.


Por Pedro CAYUQUEO / Lunes 7 de Mayo de 2007

 

 

 


 - Alberto Parra Salinas. Foto de Agencias.

 

(+) Mapuches se declaran molestos con anuncio presidencial


Lo acontecido con Parra no fue un hecho aislado. Se enmarca más bien en aquello que Carlos Peña bautizó como "La muerte del Bacheletismo".


Las aguas en CONADI han vuelto a su cauce natural. El Bacheletismo indígena ha muerto. Hora de poner atención en el frente interno.


¿Cuántos meses piensa que va a durar en el cargo?, pregunté fuera de micrófono al hoy ex director de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) allá por diciembre de 2006, a poco de ser nombrado por la Presidenta. Alberto Parra no respondió la pregunta, solo sonrió nervioso y nos invitó -como medio de comunicación- a estar atentos a los trascendentales cambios que vendrían en un organismo público cruzado hasta entonces por disputas políticas internas, denuncias de oscuros manejos financieros y deslegitimado a más no poder ante el movimiento político social. En más de una hora de entrevista Parra exudó energía y optimismo. El silencio fuera de micrófono delató su incertidumbre.

La llegada de Parra al mando del principal organismo indigenista implicó para muchos un cambio. Significaba el arribo de un profesional joven, con capacidades probadas en otras instituciones vinculadas al tema indígena y alejado de las disputas intestinas que caracterizan a los partidos de la Concertación, más aun a sus Frentes o sucursales Indígenas. Tal vez  lo más atractivo de su nombramiento, amen de riesgoso, era su pública disposición a jugarse literalmente el pellejo por “limpiar” la imagen de CONADI. “Debe dejar de ser vista como una parcela de cargos”, remataba en aquella entrevista. Y su mensaje retumbó fuerte y claro en el oído de más de algún politicastro.

Reingeniería total, nuevo estilo de gestión, refundación institucional, fueron conceptos que plagaron una conversación donde Parra se explayó en sus desafíos como director del organismo encargado de promover y desarrollar las políticas públicas en materia indígena. Un cargo sorpresivo, hasta cierto punto inesperado, por el cual reconocía no haber realizado lobby alguno y que declaraba aceptar con la mejor disposición. Pero sabido es que no se conduce una institución pública -ni se gobierna un país- con poesía y buenas intenciones, menos cuando a poco andar desaparece el respaldo político y se extingue con ello además la inspiración para seguir dándoselas uno de poeta. Menos todavía una institución como CONADI, quintaesencia del arreglin a lo compadre, el cuoteo político y el desvió de fondos para saldar uno que otro favor.

La máxima de los equilibrios

Existen instituciones donde respetar los “equilibrios” se vuelve una máxima para seguir con vida. Ocurre en el mundo del crimen organizado, en ciudades tales como Nueva York o Taiwán, donde las mafias italianas, japonesas y rusas, junto a sórdidos magnates petroleros del Mar Caspio, se reparten los distritos como forma de preservar la vida y, más importante aun, el negocio. También ocurre en la política y más aun en aquella que se encuentra corrompida por las ansias de poder y el acomodo personal. En sistemas políticos como el chileno, donde gobierna una coalición sin más argumento para seguir unida que la mantención del poder, son las instituciones públicas donde la máxima de los equilibrios adquiere ribetes de sobrevivencia de la especie.

Es lo que acontece en CONADI. Si bien una conquista del movimiento indígena, a poco andar las peculiaridades de su composición -ni tan pública, ni tan autónoma; ni tan winka, ni tan indígena- y el justificado recelo de las organizaciones mapuche por legitimar dicho engendro de la administración Aylwin, terminaron transformando la institución en territorio de disputa de la Concertación. Y dentro de esta, de sus denominados Frentes Indígenas, que es como llaman los partidos de Santiago a aquellas sucursales regionales integradas por militantes con apellidos algo complejos de pronunciar. No extraña entonces que fueran estos últimos quienes exigieran desde el primer minuto -más allá de las puestas en escena de los consejeros- la cabeza del nuevo director y el reestablecimiento de los extraviados “equilibrios”.

Un reciente documento, firmado por los dirigentes Domingo Colicoy (Partido Socialista), Víctor H. Painemal (Democracia Cristiana) y Rodrigo Paillalef (Partido por la Democracia) y dirigido a la primer mandataria previo a los anuncios sobre Políticas Indígenas del pasado 30 de abril, clarifica el panorama. Y transparenta enormemente las cosas. Advertían ellos a Bachelet que ninguna política indígena sería viable si no se eliminaba en CONADI el denominado "Efecto Parra”. En español, si no se superaba la crisis de gobernabilidad que afectaba al organismo tras el arribo del susodicho director. Y la solución les parecía bastante lógica: “sustituir a las actuales autoridades por otras que cuenten con el reconocimiento de los actores y representantes indígenas”, sin olvidar, su Excelencia, el debido respeto a las “cuotas partidarias”. Raya para la suma, todo a fojas cero.

El fin de un relato

Lo acontecido con Parra en CONADI no fue un hecho aislado. Se enmarca más bien en aquello que Carlos Peña, en una columna de antología publicada hace un mes en El Mercurio, bautizó como “La muerte del Bacheletismo”. Esto es, el regreso al primer plano de la figuración de aquellas máquinas partidarias que -a poco de iniciar su mandato- habían sido relativamente desbancadas del poder a través de un discurso que llamaba a renovar las elites, a participar a la ciudadanía y a otorgar a cada quien según su capacidad y ya no más por cuna, condición social o redes de contactos. Un gobierno, entre comillas, alejado lo más posible de los partidos nacionales y su creciente deslegitimación social, abierto al escrutinio público, transparente, probo, meritocrático... en definitiva, un gobierno ciudadano.

Sospecho que la caída del ciudadano Parra -no estrepitosa, sino maquillada con el barniz poético de “un nuevo ciclo que comienza”- tiene mucho que ver con aquella muerte del Bacheletismo que alude Peña. Y es que la “crisis” generada por el nuevo estilo de la primer mandataria en múltiples ámbitos, también tuvo su correlato en el denominado “mundo indígena” y su peculiar institucionalidad ad-hoc. Hay quienes creen -con razón, podría otorgarles- que jamás existió un bacheletismo y que mal podría morir algo que jamás existió. Siguiendo ese razonamiento, tanto sus discursos de campaña como sus primeros nombramientos ministeriales -y sectoriales, entre ellos Parra- no habrían sido más que una hábil maniobra de gatopardismo político, tendiente a confundir al enemigo y generar somníferas expectativas en sectores potencialmente conflictivos o revoltosos.

Dudo de tamaña maniobra conspirativa. No porque no los crea capaces, más bien porque los mapuche no constituían -ni constituimos, me temo- preocupación especial en la agenda presidencial. Con suerte, el punto 15 en una tabla de 20 y donde el 14 es la aun pendiente desratización del Zanjón de la Aguada. Ello me hace pensar que si existió el bacheletismo y que el nombramiento de Parra se enmarcó en un golpe de timón hábilmente ejecutado, pero desastrosamente defendido. Un golpe de timón que buscaba en parte reafirmar su mentado nuevo estilo de administración (quién sino Parra como ejemplo de meritocracia), en parte prevenir nuevos focos de tensión en una coyuntura particularmente adversa hacia el Ejecutivo en materia de gestión pública. CONADI no era Chiledeportes, pero sabido es que en determinado minuto ambos organismos olieron bastante similar. Como una pestilente cloaca urgente de clausurar.

El cauce natural

Alberto Parra se va de CONADI y sospecho que con un gran signo de interrogación. Mal por él si no logró comprender que, al fin y al cabo, CONADI no es más que un simple organismo público, cautivo de los caprichos de los partidos y sus luchas intestinas. Así lo ha denunciado incluso su propia planta de funcionarios, profesionales de primer nivel que deben lidiar a diario con el desprestigio público que arrastra la institución y la molestia de los usuarios. Molestia que, a fin de cuentas, cae sobre ellos -y no sobre sus benditos jefes- a la hora de atender el mesón. En este cuadro los consejeros solo agravan la situación. Ciegos en la defensa de sus limitadas cuotas de poder (y uno que otro proyectito o subsidio de tierras para tal o cual clientela), las consejerías constituyen el lado más grotesco del anacrónico indigenismo de estado chileno. No todos operan tan mezquinamente, pero se sabe que la excepción muchas veces solo confirma la regla.

Mal por Parra si no logró entender que su cruzada transformadora -no tengo motivos para dudar de sus intenciones- se estrellaría al caer la noche contra un muro. “Uno no tiene que olvidar que CONADI no es una organización indígena, es una institución pública que debe responder por sus actuaciones”, me señaló a fines de 2006. Lamentable para él, porque tenía razón. CONADI es una institución pública y por tanto carga con los vicios de cualquier otra, especialmente en Chile, donde sabido es que los recursos públicos se usan también para satisfacer clientela o membresía política. De INDAP, sin ir más lejos, la distingue solamente la existencia de los famosos consejeros. Y una Ley que mandata que aquellos que para INDAP son campesinos, para CONADI deben ser “descendientes de algunas de las etnias”. Las aguas en CONADI han vuelto a su cauce natural. El Bacheletismo indígena ha muerto. Hora de poner atención en el frente interno. El resto, / Azkintuwe


* Periodista, director de Azkintuwe.

< VOLVER