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Urgencia legislativa y urgencia
política |
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La política indígena no consiste solo
en la agenda de Gobierno. El movimiento indígena tiene una agenda
mucho más amplia y autónoma, de ejercicio y autotutela de derechos,
y exigibilidad de obligaciones estatales, incluido el cumplimiento
de las recomendaciones de Naciones Unidas. El desafío es aprovechar
toda oportunidad para abrir espacios y garantías a los derechos.
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Por
Víctor TOLEDO / Miércoles 16 de Mayo de 2007 |
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Para la ratificación del
Convenio 169, el único trámite que falta es la
votación en el Senado con un quórum de 4/7 de votos
favorables. |
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Existen legítimas dudas
en el movimiento respecto a la efectiva voluntad del
Gobierno para implementar recta y cabalmente las
medidas anunciadas el 30 de abril. |
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La
Presidenta Bachelet en sus anuncios de política indígena del 30 de abril
de 2007, ha resuelto - por fin- asignar urgencia legislativa a la
ratificación del Convenio 169 de la OIT sobre Derechos de los Pueblos
Indígenas, tal como lo han exigido las organizaciones indígenas durante
todo un año. Hoy los escenarios posibles son dos:
a) Es factible que el Convenio sea
ratificado, - si las cosas se hacen bien, se recupera el tiempo, y se
aseguran los votos - , y en el 2007 pase a ser ley de la República. Ello
constituirá una victoria de los pueblos indígenas. Allí estarán
reconocidos un conjunto esencial de derechos colectivos y la política
indígena tendrá un nuevo piso y una nueva agenda. Tras la ratificación
se abrirá el desafío de implementación del Convenio, en un nuevo marco
de relación entre Estado y pueblos indígenas, basada en derechos.
b) Es posible que - por desprolijidad
del Ejecutivo, y por un inexcusable descuido del movimiento indígena- no
se obtengan los 22 votos necesarios en el Senado, en el día de la
votación de la ratificación. Constituiría un revés más del Gobierno, y
será un revés histórico para los pueblos indígenas. Quedará cerrado uno
de los pocos caminos viables, en Chile, de reconocimiento de derechos
colectivos. La pregunta hoy es cómo asegurar la ratificación. ¿Quiere,
realmente, el Gobierno asegurar la ratificación el Convenio 169? ¿Quiere
realmente el movimiento indígena asegurar la ratificación el Convenio
169?
Condiciones para la ratificación
Para la ratificación del Convenio
169, el único trámite que falta es la votación en el Senado con un
quórum de 4/7 de votos favorables. Alcanzar ese quórum es algo factible
desde marzo de 2006 tras la eliminación de los senadores designados. En
concreto, se requieren 22 votos. La Concertación cuenta con 20 senadores
a comprometer, por lo cual “solo” faltaría sumar otros 2 votos de
senadores de derecha. Una ventana de oportunidad para la ratificación
del Convenio 169, se abrió en marzo de 2006. Coincidió el inicio del
nuevo Gobierno con la instalación de un nuevo Senado. Sin embargo, el
Ejecutivo desperdició aquellos irrepetibles primeros meses de gracia que
tiene todo Gobierno al iniciar su período, y el momento de alta
visibilidad y solidaridad pública que tuvo la causa indígena en el
primer semestre del 2006.
Ahora el Gobierno, por fin, asigna
prioridad a la ratificación del Convenio 169. Pero encarga la tarea a
MIDEPLAN y CONADI, organismos que objetivamente no tienen la capacidad,
por sí solos, de conseguir los votos, ni de concitar el apoyo indígena.
El escenario político y parlamentario actual es más complejo. Para
asegurar los 20 votos de la Concertación y ganar al menos dos votos de
derecha se requiere voluntad Presidencial, presión social y cabildeo
indígena, capacidad de alcanzar acuerdos políticos en el Senado. Es
imprescindible el involucramiento activo del Ministerio Secretaria
General de la Presidencia (SEGPRES), y de las organizaciones indígenas,
los únicos que pueden sumar votos transversalmente, argumentar en
propiedad, y llenar el Congreso con su presencia. Se requiere un pacto
político.
Los anuncios presidenciales y la
agenda indígena
Hoy, ante los anuncios presidenciales
del 30 de abril de 2007 una parte significativa de las organizaciones
indígenas, con toda razón, han manifestado su disconformidad. Se trata
de anuncios insuficientes a) respecto a las propuestas y expectativas de
unos, b) respecto a las duras realidades e injusticias que sufren otros,
y c) respecto a las obligaciones estatales de derechos humanos y
estándares internacionales de derechos de los pueblos indígenas.
La agenda del Gobierno es mínima de acuerdo a aquellos parámetros, y
tiene omisiones notables. Mantiene la institucionalidad y programas
asistencialistas, y los extiende al ámbito urbano. Se omiten soluciones
a asuntos candentes, tales como la situación de los presos mapuche, la
política policial, los conflictos territoriales en curso
(hidroeléctricas, aeropuerto, ductos, plantas de tratamiento). Tales
omisiones son un error político del Gobierno, pues pierde la ocasión de
dar señales claras de voluntad de cambio.
Sin embargo, la política indígena no
consiste solo en la agenda de Gobierno. El movimiento indígena tiene una
agenda mucho más amplia y autónoma, de ejercicio y autotutela de
derechos, y exigibilidad de obligaciones estatales, incluido el
cumplimiento de las recomendaciones de Naciones Unidas. Una parte
mínima de esa agenda indígena, pese a todo, está incluida en los
anuncios presidenciales. Y el desafío es aprovechar toda oportunidad
para abrir espacios y garantías a los derechos.
Agenda mínima de derechos
indígenas
Es fundamental distinguir en los
anuncios presidenciales aquello que es de interés para los derechos de
los pueblos indígenas. Al respecto los anuncios incluyen puntos claves
que no deben subestimarse, que no estaban en los planes de la política
gubernamental a inicios del 2006, y su inclusión es resultado de la
movilización y propuesta indígena. Tales puntos claves y estratégicos, a
nuestro juicio, son los siguientes:
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a) asignar prioridad a la
ratificación del Convenio 169 de la OIT donde se reconoce un
conjunto esencial de derechos colectivos de los pueblos indígenas.
b) abandonar explícitamente el proyecto Boletín 4069, de falaz
reconocimiento constitucional, y presentar un nuevo proyecto de
reforma constitucional, centrado en derechos de los pueblos
indígenas;
c) empezar a reformar la legislación sectorial. Partiendo por el
derecho colectivo al borde costero, la reforma del sistema de
evaluación de impacto ambiental, la legislación minera y de aguas,
la ley de salud.
e) instalar en la agenda estatal el asunto, antes invisible, del
derecho a la participación política autónoma de los pueblos
indígenas.
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d) abrir el proyecto de ley
general de enseñanza, al reconocimiento de la diversidad étnica,
como corresponde con un país parte de la Convención de la Diversidad
Cultural. Tal como ha planteado la investigadora mapuche Elisa
Loncon, en aquella ley en debate se juega una oportunidad para los
derechos lingüísticos de los pueblos indígenas.
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Esta agenda es mínima, es cierto,
pero si se materializa bien, implicará avanzar un paso importante en
la protección y garantías de los derechos indígenas.
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Los anuncios del 21 de Mayo
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Existen legítimas dudas en el
movimiento indígena respecto a la efectiva voluntad del Gobierno
para implementar recta y cabalmente las medidas anunciadas el 30 de
abril. Pero esperar pasivamente a que ello ocurra es una profecía
autocumplida: nada cambiará.
La crisis de confianza en el Gobierno no es exclusiva de los pueblos
indígenas. Es responsabilidad de la Presidencia darle solidez de
Política de Estado a unos anuncios dichos ante indígenas un 30 de
abril, incluyéndolos en el Mensaje Presidencial del 21 de Mayo.
Todos sabemos que en Chile ese discurso leído ante los poderes del
Estado y el país, es el que vale en tanto directriz presidencial.
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El movimiento indígena tiene en sus manos la responsabilidad de dar
un salto en las políticas públicas y direccionar la agenda con un
protagonismo ciudadano proactivo. Sin actor político, sin
propuestas, y sin movilización indígena, no habrá cambios; incluso
los resultados de aquella mínima agenda gubernamental pueden ser los
peores. Si no hay urgencia política indígena es posible que se
pierda el Convenio 169, que se instale un candado constitucional que
bloquee los derechos indígenas, que las reformas a la legislación
sectorial sean vacías e inútiles, que la nueva ley general de
educación, y los mecanismos de participación política solo impliquen
retrocesos para los pueblos indígenas.
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Es prioritario y urgente
establecer un piso mínimo de derechos y un marco de relación entre
Estado y Pueblos Indígenas basado en derechos. Y eso es posible, y
es lo que se juega en la ratificación el Convenio 169 de la OIT y en
esa agenda mínima. Para la ratificación del Convenio, como un
objetivo superior, se requiere de un pacto político que involucre a
la Presidencia, a las organizaciones indígenas, a los partidos, a la
sociedad civil chilena. Es necesario convertir al Convenio en una
tarea de Estado, un tema de país, y ello solo se logrará con la
movilización y cabildeo de los principales interesados, los pueblos
indígenas, y el rol de SEGPRES. El segundo paso será implementar el
Convenio en las políticas públicas y en la legislación. Eso es
avanzar hacia una política indígena basada en derechos. Es tiempo de
que el Gobierno y el Congreso, la sociedad civil chilena y todos los
actores, incluido el propio movimiento indígena, tomemos el Convenio
169 y los derechos de los pueblos indígenas en serio / Azkintuwe
* Director del Centro de Políticas Públicas.
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