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Historia, política y demandas mapuches |
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El propósito recurrente en el discurso
político-estatal respecto de los indígenas reza "integración con
identidad". Mientras se niegue el reconocimiento jurídico de los
derechos colectivos indígenas equivalentes, las políticas vigentes
tenderán a integrar museificando y folclorizando aspectos de las
costumbres indígenas en desmedro de la identidad. |
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Por Augusto
SAMANIEGO*
I
Lunes 10 de Marzo de 2008 |
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Manifestación mapuche. |
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Foto de Archivo. |
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Párrafos |
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Durante
el resto del siglo XlX, en cambio, las clases económicas y
políticas dirigentes impusieron el dogma de que construir
Chile obligaba a someter por las armas a ese pueblo mapuche y
arreduccionarlo en estrechas tierras de menor valor. |
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El
propósito recurrente en el discurso político-estatal respecto
de los indígenas reza "integración con identidad". Mientras se
niegue el reconocimiento jurídico de los derechos colectivos
indígenas equivalentes, las políticas vigentes tenderán a
integrar museificando y folclorizando. |
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La
responsabilidad histórica -y actual- del mal llamado conflicto mapuche
ha sido y es del Estado de Chile. En la Independencia y al inicio de la
República, durante un tiempo breve se ensalzó al pueblo araucano y sus
virtudes para frenar el coloniaje español. Durante el resto del siglo
XlX, en cambio, las clases económicas y políticas dirigentes impusieron
el dogma de que construir Chile obligaba a someter por las armas a ese
pueblo mapuche y arreduccionarlo en estrechas tierras de menor valor.
Esto generó el minifundio y la miseria para ellos y la acumulación de
capital para algunos no mapuches privilegiados entre quienes recibieron
tierras del Estado.
Indígenas y otros campesinos pobres fueron víctimas, además, de compras
de predios, muchas veces bajo fraude o presión. En total, al comienzo de
ese proceso unas 4,5 millones de hectáreas quedaron en manos de
propietarios privados no mapuches. En contraste, el Estado asignó sólo
cerca de medio millón de hectáreas entre miles de comunidades indígenas.
Hoy, distintos estudios indican que desde la sociedad civil crece la
preocupación por un trato justo de parte del Estado ante las demandas
mapuches. Es innegable que ellas se derivan esencialmente de los
derechos colectivos de los pueblos indígenas reconocidos por la ONU y la
OEA, entre otras instancias gestoras del derecho internacional moderno.
El Estado chileno ha sido incapaz de ratificar el Convenio 169 (OIT), a
pesar de los compromisos adquiridos por la Presidenta. La Declaración de
Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada por la ONU (13/09/07) y
firmada por Chile se hace entonces prácticamente inaplicable. Poderosos
grupos de interés agitan el fantasma de una inexistente intención
mapuche de romper con el Estado. Y aunque no se conocen planteamientos
mapuches separatistas, se habla y se escribe sobre la preocupación -de
quienes se autoproclaman auténticos patriotas- por preservar el
territorio y la unidad nacional chilena.
La verdad es que son esos mismos sectores político-empresariales los que
dividen el país entre los indígenas y los no-indígenas, entre chilenos
mansos y ciudadanos que defienden sus derechos sindicales, sociales,
económicos y políticos, en general. Para ello, machacan en la prensa
escrita que es propiedad de un par de consorcios, en la TV privada y en
muchas radios, que los indígenas son insaciables, que frenan "el
progreso" (sus ganancias), que actúan como títeres de "agitadores
marxistas". Intentan, así, inocular en la opinión pública un sentimiento
de temor ante "el alzamiento mapuche", tal como lo hicieran "los
patrones de Chile" desde la Colonia y durante los dos siglos de
República.
En estos días llegan a acusar al Gobierno y a la Iglesia de "atentar
contra la Constitución", simplemente por haber facilitado el fin de la
huelga de hambre de una mujer mapuche encarcelada como "terrorista".
Parecen empecinados en usar el Estado -como bajo la dictadura de la cual
disfrutaron- para aterrorizar a los ciudadanos que se movilizan tras
reivindicaciones sociales. En contradicción con lo declarado en el seno
de la ONU, el Estado sigue denegando derechos colectivos a los indígenas
para ejercer gestión o cogestión económica, social, ambiental y cultural
sobre sus territorios ancestrales, o formas de autonomía política
vinculadas a su vida en esos territorios.
Ello ha llevado a que Chile integre la minoría de países de América
Latina que no cuenta con un reconocimiento de los pueblos indígenas o
del carácter pluriétnico y multicultural en su carta fundamental.
La negación jurídica de derechos indígenas se manifestó cuando el
Legislativo rechazó el débil concepto de territorialidad indígena que se
incluía en el proyecto de Ley de 1993 y junto con ello eliminó todo
derecho sobre los recursos naturales presentes en dichos territorios
ancestrales: aguas, bosques, minerales, pesca en riberas y en el litoral
oceánico.
Todos ellos conforman el hábitat de la existencia histórica, y la fuente
de la sobrevivencia presente y futura de las culturas e identidades
indígenas. Es en esos territorios que se han instalado megacapitales o
megalatifundios que obtienen megaganancias de las industrias forestal,
de celulosa, hidroeléctrica, salmonicultura o pesca industrial. La
derecha quiere que Chile dé la espalda al mundo y la democracia moderna.
Niega sistemáticamente la posibilidad y necesidad de convivencia, en la
justicia y el respeto de la identidad y los derechos autonómicos
apropiados de los pueblos originarios en el seno de un Estado
pluricultural
Alfonso Reiman, presidente de la Asociación Ñankucheu, de Lumaco, dijo:
"¿Será legal y justo que las empresas forestales exterminen grandes
extensiones de árboles nativos? ¿Será justo que una persona como
Angelini tenga 500 mil hectáreas y nosotros los mapuches que somos 1,5
millones tengamos sólo 300 mil hectáreas?". La criminalización de los
movimientos de demandantes de tierra y otros derechos mapuches opera,
desde 1991, mediante la aplicación de la Ley Antiterrorista impuesta en
1984. La tendencia ha sido aplicar altas penalidades para desacreditar y
amedrentar a actores mapuches. Las sentencias judiciales dependen, en
buena medida, de lo declarado por testigos sin rostro, que permanecen
anónimos.
Las atribuciones otorgadas a la Corte Marcial han torcido juicios justos
de "agentes del Estado", por ejemplo, en el caso de la muerte por
disparo de alto calibre del joven mapuche Alex Lemún. Hoy, lamentamos la
muerte por bala policial del joven Catrileo, estudiante mapuche, y las
circunstancias de la investigación llevan a la presunción de uso
indebido de la fuerza. Ante tal tipo de contextos, el relator especial
de la ONU, Rodolfo Stavenhagen, recomendó oficialmente: "Bajo ninguna
circunstancia deberán ser criminalizadas o penalizadas las legítimas
actividades de protesta o demanda social de las organizaciones o
comunidades indígenas. No deberán aplicarse acusaciones de delitos
tomados de otros contextos (‘amenaza terrorista’, ‘asociación
delictuosa’) a hechos relacionados con la lucha social por la
tierra...".
Pese a ello, cerca de 300 mapuches han sido acusados judicialmente en la
Araucanía desde 2000 por demandar en favor de sus comunidades, y
aproximadamente 10% de ellos fueron imputados de "terrorismo". Es
evidente: por sus intereses económicos y políticos, la derecha quiere
que Chile dé la espalda al mundo y la democracia moderna. Niega
sistemáticamente la posibilidad y necesidad de convivencia, en la
justicia y el respeto de la identidad y los derechos autonómicos
apropiados de los pueblos originarios en el seno de un Estado
pluricultural.
El propósito recurrente en el discurso político-estatal respecto de los
indígenas reza "integración con identidad". Mientras se niegue el
reconocimiento jurídico de los derechos colectivos indígenas
equivalentes, igualándolo, al menos, a los consensos y normas
internacionales actuales, y éstas realmente sean implementadas, las
políticas vigentes tenderán a integrar museificando y folclorizando
aspectos de las costumbres indígenas en desmedro de la identidad.
La declaración emitida por un número significativo de historiadores
-académicos de relevantes universidades- llama a la ciudadanía a pensar,
entender y actuar con el propósito de que las demandas indígenas sean
respondidas y se avance en la perspectiva democrática y la cabal
responsabilidad respecto del respeto a los derechos humanos que hoy
relevan los derechos colectivos indígenas / AZ
* Historiador,
Universidad de Santiago de Chile.
** Gentileza
www.lanacion.cl
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