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DÍA INTERNACIONAL DE LA
MUJER |
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Han transcurrido más
de 500 años y nuevas tegualgas y quidoras siguen alzando la voz de
la dignidad. Esta vez frente a un estado chileno que ha transformado
el territorio mapuche en fuente inagotable de extracción de recursos
forestales, mineros, pesqueros y energéticos, pilar donde se
sustenta el desigual modelo económico imperante, atropellando con su
avance arrollador derechos históricos y, de ser necesario, la propia
vida. |
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Por Pedro
CAYUQUEO
I
Lunes 10 de Marzo de 2008 |
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Millaray Painemal, dirigenta
social. |
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Foto de Pablo Díaz. |
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Párrafos |
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Millaray
es optimista en el futuro. Por ello orienta su trabajo y
reflexiones hacia las nuevas generaciones. "Existe en ellos
una mayor apertura para que las mujeres se integren a las
organizaciones mixtas y donde su voz se expresa de manera más
política", señala. |
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Hortensia
Hidalgo no es mapuche. Ella es aymara, pero comparte con sus
hermanas de lucha los mismos anhelos y un similar diagnóstico.
"Las mujeres jugamos un rol fundamental en las
reivindicaciones de nuestros pueblos. Hemos luchado durantes
siglos contra el genocidio, la colonización". |
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TEMUKO
/ "Wenumapu Chao (el Padre del Cielo) creó un espacio único, plano,
infinito como un círculo -que llamó Nag Mapu– al que dejó suspendido en
el aire. Luego buscó entre otras creaciones que flotaban a la joven
Wanglen (estrella) para que ocupara ese espacio. La dejó en el Puel Mapu
(el este) y desde allí Wanglen comenzó a caminar. Muy cansada y
transpirando llegó hasta Gulu Mapu (el oeste). Continuó avanzando y
arribó al Lafquén Mapu (el mar) donde se detuvo a reposar. Allí sus pies
sangraron, pero debió seguir su viaje. Casi sin fuerzas llegó al Willi
Mapu (Sur). A pesar de sus dolores y agotamiento, Wanglen prosiguió su
trayecto hasta retornar al punto inicial.
Entonces observó su recorrido y se maravilló: todo su sacrificio y
cansancio se habían convertido en quebradas y montañas; sus lágrimas
habían formado vertientes y su sangre había mutado en ríos y lagos; los
árboles y el pasto habían crecido para que no le dolieran los pies. Todo
lo que había creado Wanglen en su sacrificada travesía estaba vivo y
debía cuidarlo. Entonces, Wenumapu Chao decidió enviarle un compañero".
De esta forma relatan el origen del mundo los ancianos de la Comunidad
Mapuche Ayelen. El mito varía según el territorio, pero algo se mantiene
inalterable: el rol de Wanglen, la estrella que se transformó en mujer y
que llenó de vida con sus pasos el mundo mapuche. Y es que la mujer,
desde tiempos inmemoriales, ha cumplido un rol primordial en la
persistencia y lucha de este pueblo originario en Chile. En tiempos de
paz alimentando a los suyos y cobijándolos con su calor de madre; en
tiempos de guerra, luchando en el frente de batalla, codo a codo con
aquellos hombres que Wenumapu Chao, en vista de su soledad, envió en el
origen de los tiempos con la misión de acompañarla.
Quidora, Tegualda, Guacolda y Fresia son algunas de las míticas
guerreras que en tiempos de la conquista española enarbolaron las
banderas de la libertad mapuche. Todas ellas, según consignan cronistas
de la época, destacaron en el campo de batalla por su valentía y
fiereza, siendo protagonistas de memorables episodios que el
poeta-soldado Alonso de Ercilla no dudó en inmortalizar en su canto
épico La Araucana, un clásico de la literatura universal.
Han transcurrido más de 500 años y nuevas tegualgas y quidoras siguen
alzando la voz de la dignidad. Esta vez frente a un estado chileno que
ha transformado el territorio mapuche en fuente inagotable de extracción
de recursos forestales, mineros, pesqueros y energéticos, pilar donde se
sustenta el desigual modelo económico imperante, atropellando con su
avance arrollador derechos históricos y, de ser necesario, la propia
vida.
Patricia Troncoso Robles, la prisionera política que con su dramática
huelga de hambre de 112 días puso en la mira internacional al gobierno
chileno, forma parte de este nuevo contingente de guerreras
contemporáneas. Niñas como Daniela Ñancupil, secuestrada y amedrentada
por agentes del estado el año 2001; jóvenes como Andrea Reuca, dirigente
estudiantil golpeada por la policía el año 2003; ancianas como Berta y
Nicolasa Quintreman, férreas defensoras por décadas de su tierra en la
soledad del Alto Bio Bio. A ellas se suman cientos de mujeres, miles de
mujeres, que día tras día, ya sea en el campo o en la ciudad, en la
lucha territorial o en la búsqueda de nuevos espacios de participación
política, en el ámbito organizacional o en la vida cotidiana, depositan
con su transitar nuevas semillas de vida sobre el territorio.
Millaray, flor de oro
Millaray Painemal es una destacada líder. Miembro de la comunidad Coiwe
de Chol Chol e hija de un importante lider mapuche de
la segunda mitad del siglo XX, don Eusebio Painemal, Millaray despuntó a
temprana edad como una dirigenta social y activista incansable.
Profesional universitaria, con estudios en la ex URSS, ha participado de
numerosas organizaciones donde confluyen mujeres indígenas y campesinas.
Por largos años en la dirigencia de la Asociación Nacional de Mujeres
Rurales e Indígenas, ANAMURI, cursa por estos días una maestría en
Género en FLACSO-Ecuador, donde busca adquirir nuevas capacidades para
volcarlas al trabajo social. A su juicio, "la mujer mapuche siempre ha
tenido un rol importante en la sociedad mapuche, aunque muchas veces ha
sido invisibilizado y donde se ha acentuado sólo su rol como más ligado
a la cultura y a las tradiciones. Sin embargo, las mujeres mapuche han
jugado y jugamos un rol importante en los procesos de recuperación de
territorios y en el aporte de la lucha por la autonomía y
autodeterminación de nuestro pueblo".
"Sin embargo, nuestro posicionamiento al interior de las comunidades
como en el mundo urbano no ha estado exento de tensiones y conflictos,
especialmente con los hombres dirigentes", aclara de entrada Millaray.
"Esta situación –nos dice– se puede ver en las actuales organizaciones
mixtas, donde no se observa un mayor posicionamiento político de las
mujeres y donde son los hombres quienes tienen el poder en la toma de
decisiones y donde las mujeres van quedando marginadas de estos
espacios. Lo anterior deriva en que las mujeres comiencen a organizarse
instancias propias de mujeres y que lleva luego a decir que las mujeres
mapuche estamos siendo influenciadas por corrientes feministas y que
estamos dividiendo al movimiento. "Otra de las cosas que he visto es que
existe un doble discurso en muchos de los hombres dirigentes que hablan
de la importancia de las mujeres en nuestra cultura, pero que en la
práctica no ocurre y es cosa de echar una mirada a su vida personal para
ver que el discurso se diluye rápidamente y como una mujer mapuche me
dijo hace poco: "hay machistas enmascarados". Creo que esta situación es
necesario que cambie y donde se debe analizar como son las relaciones de
género en nuestra sociedad y que obviamente no son igualitarias".
Un contrasentido no solo mapuche, agrega Millaray, toda vez que estas
muestras de machismo "cruzan por igual a todo el movimiento indígena del
continente". Ello, pese al importante rol jugado por numerosas líderes a
nivel regional. "Puedo destacar a las mujeres del movimiento zapatista
en México. En Ecuador el aporte de mujeres como Lourdes Tiban y Teresa
Zimbaña. En la sociedad mapuche admiro a Zoila Quintremil, primera mujer
en presentar su candidatura a diputada el año 1953. Asimismo el aporte
de Elvira Paine, fundadora de la Asociación Rayen Voygue de Cañete y a
mi hermana Hilda Huenteo de la Asociación de Mujeres Williche de la
comunidad de Wequetrumao en Chiloé, todas luchadoras incansables",
señala.
Pese a este panorama, Millaray es optimista en el futuro. Por ello
orienta su trabajo y reflexiones hacia las nuevas generaciones. "Existe
en ellos una mayor apertura para que las mujeres se integren a las
organizaciones mixtas y donde su voz se expresa de manera más política.
De igual manera, las mujeres se apoyan y rescatan elementos de la
cosmovisión mapuche como es la dualidad y la complementariedad y donde
señalan que este es un elemento que está ayudando a posicionar a las
mujeres en igualdad con sus pares masculinos. Es indudable que las
mujeres mapuche cada día ganan mayores espacios en las organizaciones
mixtas y hoy muchas de ellas se encuentran al frente de las
organizaciones. Poco a poco se está valorando su aporte y sus diversos
roles que les toca desempeñar". Nuevos brotes
Celeste Carilao es parte de esta nueva generación que entusiasma a
Millaray. Joven pewenche, miembro de una comunidad de Lonkimay,
complementa a sus 26 años su rol de madre (Likan, de 3 años; en camino
una niña), su trabajo como profesora de historia y su rol como
responsable del área lingüística del Partido Mapuche Wallmapuwen.
Destacada hablante de mapuzugun, Celestina ha representado a su
organización en diversas instancias y países. El 2007, si ir más lejos,
visitó el Pais Vasco, Galicia y Bretaña invitada por instituciones y
colectividades políticas locales a conocer experiencia de revitalización
lingüística, un periplo que la llena de orgullo:
"Históricamente las
mujeres hemos sido transmisoras de conocimiento en nuestro pueblo. La
transmisión de la lengua, de la cultura, de los conocimientos
tradicionales ha sido fundamentalmente obra de mujeres, abuelas, madres
que han transmitido el mapuzugun con palabras de cariño, con retos, con
juegos, etc. Allí ha estado el sustento de nuestra cultura, de lo que
aún nos queda y debemos rescatar, en la lucha de mujeres que participan
de la política, pero también en aquellas otras que se sacrifican por
mantener sus hogares unidos y en esas madres solteras que contra toda
adversidad sacan adelante a sus hijos".
Si bien comparte con Millaray que no ha sido para ellas un camino fácil
–"Tenemos que luchar el doble, pues tenemos que hacernos cargo de los
hijos, de educarlos, de la familia y los quehaceres propios de una
madre"–, reconoce que los tiempos han ido cambiando. "Yo veo a las
jóvenes hoy mejor preparadas. Creo que hay un despertar más temprano a
la conciencia y la identidad. Creo que también hay una mayor capacidad
de cuestionamiento a los moldes que nos han prefabricado de lo que se
supone somos los mapuche; me refiero a las típicas imágenes
folcklorizadas, ese supuesto rechazo que deberíamos tenerle a lo
'moderno'. En lo personal, me gusta ver y saber que existe lamngenes
(hermanas) que hacen hip hop en mapuzugun, rock en nuestra lengua, gente
que está chateando en mapuzugun sin ningún complejo, eso es potente",
señala.
"No se puede negar –agrega– que la llegada de Michelle Bachelet ha
provocado un cierto cambio cultural en el tema de género, ello
independiente de que no comparto en absoluto ni su gobierno ni sus ideas
políticas". A su juicio es en el ámbito profesional y estudiantil
mapuche donde este cambio se observa con mayor claridad. "Esto se nota
harto en las organizaciones estudiantiles, federaciones, etc. y un poco
menos en las organizaciones rurales. Pero el cambio está ahí, está en
marcha", asegura confiada.
Andrea Reuca es parte de ese cambio. Originaria de una comunidad
lafkenche de Huapi, comuna de Puerto Saavedra, por estos días finaliza
su tesis de grado para titularse como profesora de Historia. Egresada de
la Universidad de La Frontera de Temuco, a su corta edad ha destacado
como dirigenta estudiantil, registrando en su curriculum varios mandatos
como dirigenta del Hogar Pelontuwe, emblemático centro de organización
juvenil mapuche.
No le ha tocado fácil, reconoce. Muchos de los vicios de la sociedad
occidental, "uno de ellos el machismo", subraya, también se manifiestan
a nivel juvenil. Pese a ello, los tiempos que corren no son para
callarse, asegura. "Lamento lo del machismo, pero lo entiendo como un
proceso habitual en sociedades occidentales con largas tradiciones
patriarcales emanadas de los sistemas religiosos, económicos y que han
mantenido a las mujeres en condiciones de subordinación". Lo entiende,
pero no lo justifica, menos aun al interior de su gente:
"Entre los mapuche
parece una incongruencia que sean los mismos hombres quienes en nombre
de un culturalismo mal entendido promuevan ideas tan retrogradas como la
inferioridad o incapacidad de la mujer en aspectos de la vida que nos
son comunes. Tengo la esperanza de que esto cambie. Y no que las mujeres
mapuche, además de tener que pelear por derechos de nuestro pueblo
frente al estado, tengamos que pelear frente a nuestros hombres. Espero
que no tenga que suceder algo así". Andrea reivindica con fuerza el rol
de la mujer en la lucha mapuche. Y en igualdad de condiciones con los
peñi, sus hermanos. "El rol de las mujeres en esta lucha es tan igual a
la de los hombres, con la excepción de que quizás las mujeres sean
quienes conllevan cargas de responsabilidad y roles, como la maternidad.
Si a esos le sumas las desigualdades propias de la diferencias de genero
y económicas, encontrarás que el rol de la mujer en la lucha es bastante
sacrificado, pero imprescindible por cuanto históricamente la mujeres
han sido el pilar básico de la familia y son quienes a través de la
transmisión cultural y la fortaleza propia de la identidad mapuche han
dado continuidad a nuestro pueblo.
"Y no he mencionado a las muchas mujeres dirigentes de base que también
son parte de las trincheras de resistencia, A todas ellas que hoy
cumplen un rol en la lucha mapuche falta visibilizarlas y valorar su
trabajo, esto por parte de los hombres y sobre todo de parte de las
mismas mujeres". A su juicio, el titánico esfuerzo por liberar a un
pueblo no merece mezquindades de ningún tipo, menos aun basadas en el
género. "La lucha del pueblo mapuche por revindicar, reconstruir y
proyectar a su sociedad al futuro, frente a una estructura de poder tan
grande como el estado chileno, requiere de todos los esfuerzos
colectivos e individuales que sean posibles".
Destaca Andrea la trayectoria y notoriedad mediática lograda por
liderazgos femeninos como Patricia Troncoso y la dirigenta Juana
Calfunao, ambas encarceladas por su compromiso con la defensa del
territorio, pero lamenta que más allá de esos nombres no existan
"figuras públicas que podamos establecer como representantes políticas
de nuestro pueblo. Creo que es una de las deficiencias del movimiento
mapuche en la actualidad.
"Existe muy poco trabajo en el establecimiento de liderazgos políticos
femeninos para la causa mapuche. Entiendo que el machismo puede ser una
tranca para ello, pero también pasa por el desafío que las mujeres
mapuche nos fijemos en cuanto a enfrentar ese ambiente adverso y
ponernos a opinar, a proponer, a actuar en política a la par con los
hombres. No podemos aceptar que a la mujer mapuche se le continúe viendo
como una especie de sujeto folclórico, relegada a su rol de madre, pero
sin aspiraciones cuanto participar e incidir políticamente en la
contingencia", señala.
Al igual que Millaray y Celeste, Andrea también apuesta por un recambio
generacional. "Existe un desencanto con las antiguas dirigencias y
pociones políticas que dejaron de representarnos de manera integral como
pueblo. Veo a las nuevas generaciones de mujeres mapuches buscando
alternativas, aportando en la construcción de nuevos espacios de
participación política. Hay un sentimiento global de auto-reconocimiento
mapuche que también tiene sus efectos a nivel del empoderamiento de
nosotras las mujeres. Creo que los discursos tradicionales sobre
participación están dando un giro y se impregnan hoy del valor que
conlleva la autonomía por la cual estamos luchando", finaliza.
Voz aymara
Hortensia Hidalgo no es mapuche. Ella es aymara, pero comparte con sus
hermanas de lucha los mismos anhelos y un similar diagnóstico. "Las
mujeres jugamos un rol fundamental en las reivindicaciones de nuestros
pueblos. Hemos luchado durantes siglos contra el genocidio, el
desplazamiento, la colonización, la asimilación forzada, la
militarización. Y somos quienes asumimos el rol de la lucha para
proteger, respetar y ejercer, tanto los derechos colectivos de nuestros
pueblos, así como nuestros derechos de mujeres dentro de nuestras
comunidades". Hortensia es una joven mujer de armas tomar. Vocera del
Consejo Autónomo Aymara, es además presidenta de la Coordinadora de la
Mujer Indígena Rural y Urbana de la región de Arica. Forma parte también
del Foro Internacional Indígena sobre Biodiversidad, instancia de la
cual es encargada de comunicación para Latinoamérica. Por si no bastara,
participa activamente del Centro de Comunicación e Investigación
Indígena Chaskinayrampi de Arica.
"A lo largo de los años he conocido muchas mujeres a nivel local,
nacional e internacional que merecen toda mi admiración. Considero que
todas las mujeres son un ejemplo, desde la abuela que te enseña a
escoger las semillas o las papas en la comunidad, hasta las compañeras
que encuentras en las reuniones de Naciones Unidas defendiendo los
derechos de nuestros pueblos", afirma orgullosa. "Pero esto no quiere
decir –aclara de inmediato– que el hombre no tenga importancia, al
contrario, dentro de nuestra cosmovisión aymara existe la dualidad y
complementariedad como principio fundamental de la cosmovisión
tradicional. Y mientras no exista esa dualidad no eres jaqi (persona).
Jaqi es una persona social, que prevalece ante el individuo y se
establece una unidad social y colectiva". Sin embargo, Hortensia sabe
que una cosa es la tradición y otra la realidad. Y es que al igual que
sus hermanas mapuches, las mujeres aymara no han recorrido un camino
fácil.
"Dentro de esta sociedad tradicionalmente machista y donde el aporte de
las mujeres en lo social, cultural y político se invisibiliza, ha sido
complejo y paulatino nuestro avance", reconoce. "Hoy podemos decir que
hemos avanzado en el empoderamiento de medios y herramientas para
aumentar el posicionamiento en distintos niveles. Pero aun falta por
hacer, principalmente seguir potenciando las capacidades en nuestras
hermanas de las nuevas generaciones, algo que es fundamental".
"Hoy podemos distinguir organizaciones de jóvenes indígenas organizadas
que como objetivo primero comienzan en el aspecto cultural. Aquí en el
norte existen muchas organizaciones de jóvenes que comienzan, por
ejemplo, atraídos primero por los bailes característicos aymaras, lo que
es bueno. El problema es cuando solo se quedan entre el baile y canto. Y
el gobierno de Chile fomenta y contribuye en esto último".
Para Hortensia, una cuota importante de responsabilidad en el machismo
que a ratos pareciera caracterizar a la sociedad indígena seria del
gobierno y sus políticas de colonialismo interno. "La situación que
vivimos las mujeres indígenas se debe también a la aplicación de
políticas colonizadoras y neoliberales contra los pueblos indígenas.
Cabe destacar que el Estado chileno no valoriza a la mujer indígena, la
cual es invisible en su aporte a los distintos ámbitos de la vida
social. Basta decir que no hay políticas públicas específicas que de
manera eficaz promuevan la participación plena y efectiva de las mujeres
en la toma de decisiones", subraya. "No se nos reconoce, al contrario,
cada día pareciera ser mayor la discriminación. Las mujeres indígenas
resistimos hoy una triple condición de exclusión: por ser mujeres,
indígenas y además pobres" /
AZ
* Publicado
originalmente en Punto Final Nº 657 (5 de marzo de 2008).
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