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AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS


Libertad para el Tibet


Nuevamente, el mundo mira con estupor la ofensiva represiva del Gobierno chino. El Tíbet no sólo posee yacimientos de uranio. Es uno de los puntos más elevados del globo, estratégicamente muy apetecido. Aquí no se cruzan intereses de destruir una civilización porque sí. No se trata de una nación poderosa, que muchas veces haya invadido China. Hoy es una zona acorralada, con un líder perseguido.


 Por Manuel MARTINEZ* I Lunes 31 de Marzo de 2008

 

 

 


Manifestaciones en China.

Foto de AFP



 Párrafos

Si Chile dijo no a la dictadura, si se opone a que Colombia entre a Ecuador a aniquilar a integrantes de las FARC, si hemos sido tan autónomos para no apoyar a EEUU en Irak, me pregunto ¿será nuestro Gobierno capaz de hacer una declaración de repudio a los horrores que se están dando en ese lugar del planeta?




En 1992, el XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso, visitó por primera vez nuestro país. El Presidente Patricio Aylwin lo recibió en su casa particular. Luego, en 1999, realizó una segunda visita y esta vez Eduardo Frei Ruiz-Tagle repitió el gesto de su antecesor, pero además el presidente del Senador, Andrés Zaldívar, lo invitó a la casa Manso de Velasco, la sede de esa rama legislativa en Santiago. Los candidatos presidenciales de la época, Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, se entrevistaron en exclusiva con él en el hotel donde alojaba. Eran días especiales en Chile: el cardenal Raúl Silva Henríquez acababa de fallecer y el Dalai fue a la Catedral Metropolitana, en un gesto de amistad para rendir su homenaje. Hacía unos años, ambos habían recibido el Premio Asturias de la Libertad.

En mayo de 2006, el Dalai visitó de nuevo Chile. Esta vez la Presidenta no lo recibió, algo que sólo se puede explicar porque nuestro país estaba cerca de firmar documentos de un acuerdo de libre comercio con la República Popular China. Este último país se define como enemigo del Dalai, quien ha recibido todos los premios imaginables, hasta el Novel de la Paz, en 1989. Si hacemos un poco de historia, podemos remontarnos a 1949, cuando China invadió el Tíbet. Sus habitanes soportaron estoicos los primeros años, pero el 10 de marzo de 1959 en Lhasa se inició el levantamiento nacional con la mayor manifestación en la historia local para exigir la salida de los chinos.

El Ejército Popular reprimió con brutalidad el alzamiento. El Dalai debió abandonar el Tíbet y pedir asilo. Durante años, ha buscado el apoyo de la ONU, que ha emitido resoluciones en 1959, 61 y 65 solicitando a China respetar los derechos humanos del pueblo tibetano y su deseo de autodeterminación. En 1988, el Dalai modificó sus demandas de modo de poder llegar a un acuerdo y propuso la creación de un Tíbet democrático, con Gobierno autónomo asociado con China.

La República Popular insistió en que su intervención fue para ayudar a los tibetanos, respetando su cultura y derechos básicos. Pero eso no es verdad: por ejemplo, de los 6 mil 259 monasterios que había en 1959, quedaban 600 en 1976. Además, entre 1959 y 1979 la población se redujo a 1,2 millones (la sexta parte de la que había antes). Entre las medidas que afectan al pueblo tibetano están una libertad religiosa superficial, intervenida con el adoctrinamiento político; la transferencia de población china al Tíbet (que viola la Cuarta Convención de Ginebra); la presencia militar permanente; daños a la ecología por la destrucción de bosques para crear zonas de prueba nuclear; la producción de armas; la extracción de uranio y la presencia de desechos tóxicos.

Nuevamente, el mundo mira con estupor la ofensiva represiva del Gobierno chino. El Tíbet no sólo posee yacimientos de uranio. Es uno de los puntos más elevados del globo, estratégicamente muy apetecido. Aquí no se cruzan intereses de destruir una civilización porque sí. No se trata de una nación poderosa, que muchas veces haya invadido China. Hoy es una zona acorralada, con un líder perseguido. Recuerdo que las dos veces que he tenido la posibilidad de ser productor de las visitas de Tenzin Gyatso vi cómo las autoridades que representan al Gobierno chino enviaban cartas a diversos medios haciendo soslayadamente presiones para evitar su presencia.

Al Dalai se le ha colgado de todo. Desde ser agente de la CIA hasta agitador pagano. Sin duda es él y lo que queda de su pueblo quienes piden que se reconozca su autonomía; se les devuelva el territorio usurpado con violencia; se les respeten los derechos elementales. Pero es difícil que China lo comprenda. Si no respeta ni a los suyos, recordemos los hechos de Tiananmen. Hoy, debemos pedir con fuerza por un Free Tibet, no amilanarnos y denunciar que las tiranías no son buenas y no se puede consensuar con ellas. Si Chile dijo no a la dictadura, si se opone a que Colombia entre a Ecuador a aniquilar a integrantes de las FARC, si hemos sido tan autónomos para no apoyar a EEUU en Irak, me pregunto ¿será nuestro Gobierno capaz de hacer una declaración de repudio a los horrores que se están dando en ese lugar del planeta?

Ojalá que digamos al menos basta. Es necesario hacer algo para devolver al pueblo tibetano su tranquilidad. Es prudente que después de más de 50 años, el Dalai Lama y su pueblo vuelvan a vivir y morir en su territorio. Bien entenderán los chilenos que hoy ocupan cargos de Estado el horror que significa el exilio / AZ

* Gentileza www.lanacion.cl

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