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LOS DERECHOS DEL PUEBLO
TIBETANO |
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El error de China en el Tibet |
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La relativa moderación en
la represión no ha dado pie aún a un llamado a boicot de los Juegos,
como quisieran algunos en Occidente. Un nervioso Beijing, que ha
prohibido los accesos al monte Everest, paseará la antorcha olímpica
por Tíbet y la subirá a la cumbre más alta. Pero más allá de los
símbolos, las autoridades chinas deben satisfacer las demandas
culturales y étnicas de su región más remota |
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Por Raul
SOHR*
I
Martes 25 de Marzo de 2008 |
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Manifestaciones en China. |
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Foto de AFP |
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Párrafos |
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En
el Tíbet existe un sentimiento nacional. Se trata de
movimientos independentistas y autonomistas. El rol del clero
budista encabezado por el Dalai Lama parece transitar entre
las dos corrientes, con el líder religioso inclinándose por la
última. El asunto toma mayor dramatismo porque las protestas
tienen lugar a pocos meses de los Juegos Olímpicos. |
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Los
cuadros comunistas en Beijing fueron tomados por sorpresa. Las protestas
tibetanas en la capital, Lhasa, y en otras localidades estallaron sin
aviso durante la semana pasada. Turbas de tibetanos atacaron, según lo
muestran las imágenes facilitadas por las propias autoridades, edificios
y comercios pertenecientes a chinos. El choque étnico era patente y
ponía de relieve que, después de 58 años de Gobierno chino, sectores de
la población nativa están insatisfechos.
El error de los burócratas en Beijing, educados en el marxismo ortodoxo
y el liberalismo económico, fue confiar en que el desarrollo es la
varita mágica que todo lo resuelve. ¿Por qué habrían de movilizarse los
tibetanos ahora, cuando la región registra índices de crecimiento sin
precedentes? En los últimos siete años el Tíbet ha visto aumentar su
producto doméstico bruto a razón de 12%. El año pasado estuvo por encima
del resto del país, con un espectacular 14%. Los beneficios también
llegan a las zonas rurales que, por sexto año consecutivo, obtienen
incrementos en sus ingresos con tasas de dos dígitos.
Además, China realizó
un gran esfuerzo nacional destinado a llegar al "techo del mundo".
Construyó un formidable ferrocarril -lo más avanzado en su género, que
circula a la mayor altitud- para unir Lhasa con el resto del país. Antes
se requería de un tortuoso viaje terrestre o tomar onerosos vuelos. La
construcción del tren, que cuenta con cabinas presurizadas como los
aviones, fue considerada por ingenieros de diversas empresas como una
tarea demasiado costosa. Beijing, pese a todo, perseveró y ahora la
provincia está abierta al turismo que fluía en cantidades crecientes.
Marea China
La causa del malestar de muchos tibetanos es la política migratoria
practicada por Beijing. No existen estadísticas conocidas sobre el
número de chinos que se han establecido en la provincia pero se estima
que constituyen casi la mitad de los pobladores de Lhasa, que tiene 260
mil habitantes (toda la provincia cuenta con cerca de siete millones de
personas).
Como ocurre en buena parte de los sitios de Asia donde llegan los
chinos, ellos rápidamente copan el comercio y los servicios financieros.
Lo hacen por su iniciativa, dinamismo y habilidad. Es decir, sin el
respaldo de autoridades gubernamentales. En muchos lugares ha habido
verdaderos pogromos antichinos. Las sociedades nativas resienten el
éxito de los recién llegados que, en poco tiempo, logran situaciones
económicas de privilegio. Las comunidades chinas en Indonesia y Malasia,
por mencionar las más críticas, han sido sujeto de violentas agresiones.
A primera vista, no parece muy distinto del cuadro que configuró en
Tíbet.
La diferencia, claro, está en que en el Tíbet existe un sentimiento
nacional. Se trata de movimientos independentistas y autonomistas. El
rol del clero budista encabezado por el Dalai Lama parece transitar
entre las dos corrientes, con el líder religioso inclinándose por la
última. El asunto toma mayor dramatismo porque las protestas tienen
lugar a pocos meses de los Juegos Olímpicos, a los cuales los chinos,
con razón, dan la mayor importancia en cuanto a su imagen frente al
mundo. Ello puede explicar la lentitud y la moderación con la que
reprimieron las movilizaciones, que en ningún caso fueron muy numerosas.
El trato que recibieron los tibetanos es muy similar al que reciben los
campesinos chinos removidos de sus tierras por la fuerza para dar paso a
los proyectos industriales o habitacionales. La relativa moderación en
la represión no ha dado pie aún a un llamado a boicot de los Juegos,
como quisieran algunos en Occidente. Un nervioso Beijing, que ha
prohibido los accesos al monte Everest, paseará la antorcha olímpica por
Tíbet y la subirá a la cumbre más alta. Pero más allá de los símbolos,
las autoridades chinas deben satisfacer las demandas culturales y
étnicas de su región más remota / AZ
* Periodista y
analista internacional.
* Gentileza
www.radio.uchile.cl
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