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LA LUCHA CONTRA LA
MINERA MERIDIAN GOLD |
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A cinco años del grito "NO a la Mina"
en Esquel |
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El 23 de marzo de
2003, el “No a la mina” recibió en Esquel el 80 por ciento del apoyo
de la comunidad en un plebiscito histórico. El caso marcó un antes y
un después frente a la actividad minera. La asamblea de Esquel
impulsó un plebiscito que rechazó la apertura de una mina a cielo
abierto. Como resultado, una ley que caerá en un año prohibió la
actividad en la zona de montañas. |
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Por
Dario ARANDA*
I
Miércoles 26 de Marzo de 2008 |
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Manifestación en Esquel. |
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Foto de Archivo. |
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Párrafos |
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El
caso Esquel” marcó una bisagra en la defensa de los bienes
naturales, con referencia en 90 pueblos de trece provincias
que hoy rechazan la minería. A cinco años de la consulta
popular, el yacimiento, ahora en manos de la compañía Yamana
Gold, continúa concesionado y con posibilidades de ser
explotado. |
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Todas
esas luchas muestran que hay una conciencia colectiva sobre la
capacidad de la participación activa, que tenemos poder contra
esos tipos que están sentados detrás de un escritorio de
Canadá, Estados Unidos o Europa y quieren decidir nuestro
futuro. Hay conciencia de que podemos dar y ganar las peleas". |
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ESQUEL /
En comercios, autos, viviendas, escuelas, paredes y en todo espacio
disponible se lee la misma consigna: “No a la mina”. A mediados de 2002,
la empresa canadiense Meridian Gold había anunciado el inicio de obras
para explotar un yacimiento de oro y plata a diez kilómetros del casco
urbano, con detonaciones en la montaña, drenajes ácidos, utilización de
enormes cantidades de agua y uso de cianuro.
La comunidad conformó
una asamblea autónoma y brotó el rechazo, plasmado el 23 de marzo de
2003 con un plebiscito inédito en Argentina, en el que ocho de cada diez
habitantes votaron contra la actividad minera a gran escala. “El caso
Esquel” marcó una bisagra en la defensa de los bienes naturales, con
referencia en 90 pueblos de trece provincias que hoy rechazan la
minería. A cinco años de la consulta popular, el yacimiento, ahora en
manos de la compañía Yamana Gold, continúa concesionado y con
posibilidades de ser explotado. También permanece la asamblea, en su
pequeña sede de paredes blancas recién pintadas y donde sobresale una
sola consigna: “No a la mina”. Chuni Botto, Pablo Quintana y Alejandro
Corbeletto, tres integrantes de la asamblea, recibieron a Página/12.
–¿Cuál es el balance a cinco años de la consulta popular?
Chuni Botto: –El balance es altamente positivo. Hace cinco años, cuando
empezamos, éramos poquitos y solos en Esquel. Parecíamos locos que
decíamos no a algo que prometía riqueza y se publicitaba como una gran
oportunidad para el pueblo. En cinco años no paramos de luchar, con
distintas etapas, buenas y malas, pero hoy ya son 90 comunidades en
lucha de trece provincias.
Pablo Quintana: –Hubo un antes y un después del 23 de marzo. Nos marcó a
todos, los que participaron activamente y los que no. Uno sabe que vive
en una ciudad que fue protagonista de un hecho con pocos precedentes,
una comunidad pequeña peleando contra un monstruo con mucho dinero y con
todo un plafón político a su favor, a nivel local, provincial y
nacional.
–¿Por qué otros pueblos no pudieron frenar a las mineras?
Alejandro Corbeletto: –Teníamos muy presente lo que había pasado en el
país con el 2001, la crisis de los partidos, las asambleas, el “que se
vayan todos”, el descreimiento absoluto hacia la dirigencia política.
Creo que eso colaboró para que esta bomba estallara así. Sabíamos que no
podíamos confiar en la clase dirigente. La gente dejó de lado la
democracia representativa y tomó la democracia participativa. Otro gran
ingrediente fue la información. El día que pusimos en un buscador de
Internet “consecuencias de la minería” nos aparecieron 50 mil notas. Ahí
empezamos a entender en qué nos estaban metiendo.
C.B.: –Tuvimos nuestra cuota de suerte y también aprovechamos los
desaciertos de la misma empresa, que quizá tuvo demasiada franqueza y
dejó claro el proyecto nefasto que impulsaba. Desde el primer día
nosotros insistimos con la información. Cuando comenzamos no sabíamos
qué era el cianuro, ni el drenaje ácido ni lixiviación. Y con la
información tuvimos una base para nuestra opinión, nos quedó claro el
peligro de la escasez de agua y la contaminación. El pueblo se dio
cuenta de que venían a vendernos espejitos de colores.
–¿Por qué en Esquel está prohibida la minería (hasta 2009) y en el
centro de la provincia no?
P.Q.: –Este fraccionamiento de la provincia crea “zonas de sacrificio” a
favor de las mineras, zonas “limpias” y otras “sucias”, como si fuéramos
habitantes de primera y de segunda clase. Pareciera que en la cordillera
son de primera y por eso se prohíbe la minería. En cambio en la meseta,
en el desierto de la provincia, la zona más pobre, pareciera que hay
personas de segunda y ahí sí se permite la actividad minera. El gobierno
argumenta que en la meseta no se puede desarrollar otra actividad y eso
es una gran mentira.
A.C.: –Si sólo tomamos el tema del agua, los dos yacimientos (uno de
plata y plomo, otro de uranio) utilizarán enormes volúmenes. En la
meseta ya es escasa el agua, imaginemos qué puede suceder con estos dos
yacimientos y con otros que están haciendo cola para venir. La minería
en zonas áridas es el camino a la ruina. Las comunidades estarán en
peores condiciones de las que ya están. En 20 años las empresas se irán,
dejarán un gran inodoro en la meseta y contaminación. El gobierno lo
sabe, pero le interesan los negocios y menosprecia a las comunidades.
–¿Cuál es su evaluación de la actividad minera a nivel nacional?
C.B.: –La minería avanzó porque es política de Estado que la actividad
crezca. Pasando por todos los colores partidarios, en los últimos diez
años se ha promovido la minería. Del lado del pueblo, ya somos 90 las
comunidades organizadas contra la actividad y por la defensa de los
bienes naturales. Es un logro y satisfacción ver escenarios de lucha
como los que se dan en San Juan, Catamarca, Córdoba, Río Negro o Santa
Cruz. Hoy la minería está en un estado de debate. Les guste o no al
sector privado y político, se ha despertado una conciencia en las
comunidades y eso ya no se frena.
P.Q.: –La industria minera se basa en cuatro promesas: desarrollo local,
trabajo, no contaminación y riqueza para el país. En Andalgalá,
Catamarca, hace más de diez años que funciona un yacimiento “modelo”
(Alumbrera). Conocerlo de cerca nos sirvió mucho y nos sacó las dudas:
la región es más pobre que antes, hay más desocupación, no hubo
desarrollo local, escasea el agua y perdieron puestos de trabajo porque
disminuyó la agricultura. Ni hablar de lo ambiental, que es su punto más
débil. Otros puntos oscuros: todo lo que se llevan y no declaran al
fisco, y la enorme cantidad de impuestos que no pagan.
A.C.: –Está comprobado que casi no emplean mano de obra local. La compra
de insumos nunca se realiza en la zona, todo proviene del exterior.
Derrochan enormes cantidades de agua; el gasoil nunca les falta, nos
puede faltar a nosotros o a las cosechadoras, pero a la minería nunca se
lo niegan, y ni hablar de las cantidades de energía que consumen. Es un
chiste que nos pidan cambiar las lamparitas para ahorrar consumo y
permiten el derroche minero. La realidad de Catamarca es el peor de los
espejos, ni hablar de Bolivia o Perú, donde la propia industria minera
mostró y muestra que sus promesas son todas mentiras.
–A nivel político se habla de retenciones a la actividad minera.
P.Q.: –En la medida que no se discuta toda la ingeniería legal que montó
el menemismo, todas las leyes prominería, lo demás es desviarnos de lo
central. Desde las comunidades no nos podemos poner siquiera a analizar
si esto es positivo o no. Si quieren abrir una discusión en serio y de
fondo, hay que poner sobre la mesa la estructura legal existente. Hay
una total continuidad de esa política minera. Nosotros proponemos
discusiones de fondo, por ejemplo lo que significa un emprendimiento
minero en una comunidad. El desastre que ocasiona no se arregla ni con
50 por ciento de regalías. Si quieren discutir en serio discutamos las
leyes de los ‘90 que hoy siguen vigente, una ingeniería atroz que
permite el saqueo.
C.B.: –Nosotros queremos discutir el para qué de esta industria. Estamos
convencidos de que el mundo no necesita ni una sola onza de oro más.
Sobra oro para que los países de primer mundo especulen. Lo que
necesitamos es agua, y eso queremos poner en discusión.
–¿Qué similitudes encuentran con otras luchas, contra las pasteras,
el monocultivo de soja y las represas?
C.B.: –Todas esas luchas muestran que hay una conciencia colectiva sobre
la capacidad de la participación activa, que tenemos poder contra esos
tipos que están sentados detrás de un escritorio de Canadá, Estados
Unidos o Europa y quieren decidir nuestro futuro. Hay conciencia de que
podemos dar y ganar las peleas, y lo confirmamos en cada movimiento que
nace, en cada asamblea y en cada corte de ruta. Mineras, pasteras y soja
son parte del mismo saqueo. Entre Ríos, San Juan, Chubut, Santiago del
Estero y todas las provincias con comunidades de base son partes de una
misma lucha.
P.Q.: –Las represas que inundarán territorios indígenas y campesinos se
quieren construir para proveer de energía a las mineras. El potasio que
se quiere extraer de yacimientos contaminantes será utilizado para los
fertilizantes del monocultivo de soja y los agrocombustibles. Todas son
formas de saqueo y contaminación que están relacionadas
/ AZ
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* Colaborador
de Azkintuwe
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