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Imperativo político y ético |
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Ratificar con
declaraciones interpretativas, tras 18 años, será un acto ruin, que
coronará una saga de postergaciones y racismo. Un fracaso de la
promesa democrática. En 2008 se cumplen treinta años del largo ciclo
etnocida iniciado por Pinochet en 1978. Allí comenzó también la
larga marcha mapuche por sus derechos colectivos, a los que hoy se
les quiere poner un cerco desde el estado. |
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Por Víctor
TOLEDO*
I
Domingo 23 de Marzo de 2008 |
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Michelle Bachelet en Ginebra. |
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Foto de
Archivo |
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Párrafos |
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Tras
18 años de postergación los parlamentarios chilenos han
aprobado el Convenio 169 de la OIT, el 4 de marzo de 2008. El
paso siguiente es de exclusiva potestad de la Presidenta de la
República: ratificar rectamente el Convenio. El Senado aprobó
el proyecto en los mismos términos que lo hizo la Cámara en
abril del 2000. |
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Lo
que está en juego. Los derechos, la legitimidad estatal y la
gobernabilidad democrática. El fin del ciclo 1978-2008.
El Gobierno, al parecer, no advierte que lo que está en juego
no es la soberanía y la seguridad nacional, sino la
posibilidad de profundización de la democracia de cara al
Bicentenario. |
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La
Presidenta de la República de Chile tiene la potestad para ratificar
rectamente el Convenio 169 de la OIT. El proyecto de acuerdo fue
aprobado por el Congreso sin ninguna sugerencia, constitucionalmente
formulada, respecto a inconducentes “declaraciones interpretativas”. Una
ratificación con “interpretaciones” después de 18 años de
postergaciones, sería un grave error político, que menoscaba a los
próximos “nuevos anuncios presidenciales” y a la gobernabilidad
democrática.
Tras 18 años de
postergación los parlamentarios chilenos han aprobado el Convenio 169 de
la OIT, el 4 de marzo de 2008. El paso siguiente es de exclusiva
potestad de la Presidenta de la República: ratificar rectamente el
Convenio. El Senado aprobó el proyecto en los mismos términos que lo
hizo la Cámara en abril del 2000. Formalmente, el Congreso no hizo
ninguna sugerencia de “declaración interpretativa” siguiendo lo
establecido en la propia constitución (Art. 54 N°1). Lo único que
existió en su minuto fue una propuesta de una comisión del senado, que
no prosperó.
La decidida intervención del movimiento indígena puso en cuestión la
validez y legitimidad de una “declaración interpretativa” y obligó a una
consulta previa a la OIT. El 4 de marzo de 2008, el Senado tuvo a la
vista el informe enviado por la OIT al Gobierno, con antecedentes que
despejaron sus dudas. Votaron sin declaración interpretativa.
El resquicio de la Ratificación y el Proyecto 233
Pese a que la fase parlamentaria terminó El Mercurio ha señalado que
existe un “acuerdo político” privado del Gobierno para ratificar el
Convenio 169 con una “declaración interpretativa” que limite sus
alcances; una reserva encubierta. Su finalidad es excluir del marco
interpretativo del Convenio a la Declaración de Naciones Unidas Sobre
Derechos de los Pueblos Indígenas. Dirigentes indígenas han confirmado
con funcionarios de Gobierno la existencia de ese “acuerdo político” y
lo rechazan. Tal “acuerdo político” privado está al margen de los
procedimientos democráticos, carece de legitimidad.
Como resquicio para validar un acuerdo privado, algunos funcionarios de
Gobierno mencionan las referencias a eventuales “declaraciones
interpretativas” que planteaba el viejo Proyecto de Acuerdo de 1990. Sin
embargo, todos los asuntos que se plantearon en esa época remota -
tierras, salud, derecho penal- están superados por la evolución del
derecho internacional y local en 18 años. El mundo es otro.
Declaración
interpretativa, innecesaria e inconveniente
El proyecto de 1990 planteaba dos criterios claves que hoy deben guiar
al Ejecutivo al momento de considerar ratificar con o sin
“declaraciones”: su necesidad y conveniencia. Una “declaración
interpretativa” es innecesaria jurídicamente. Y tras la reciente crisis
de los asuntos indígenas es altamente inconveniente. Sería un
despropósito político.
Junto con una
limitación al Convenio se prepara un “reconocimiento constitucional”
inconsulto, que desconoce derechos y es adverso a los estándares
internacionales. Lo que se postergó por años, ahora en marzo de 2008, se
pacta urgente, sin los pueblos indígenas. Los efectos de esta fulminante
contrareforma durarán décadas. ¿Qué validez tendrán los “nuevos
anuncios” en medio de una oscura operación contra los pueblos? Será vano
intento de la Presidenta recuperar confianzas indígenas, si sus
funcionarios están afanados en poner cortapisas a los pueblos indígenas
y sus derechos.
Lo que está en juego. Los derechos, la legitimidad estatal y la
gobernabilidad democrática. El fin del ciclo 1978-2008.
El Gobierno, al parecer, no advierte que lo que está en juego no es la
soberanía y la seguridad nacional, sino la posibilidad de profundización
de la democracia de cara al Bicentenario y al siglo XXI en un país
plural. No se “salvaguarda” la soberanía estatal ni se fortalece la
democracia con reservas a instrumentos de derechos humanos y blindajes
constitucionales. Por esa vía se erosiona la legitimidad del propio
Estado ante los pueblos indígenas.
En una democracia ¿por qué ha de ser un peligro que los pueblos
indígenas funden sus reivindicaciones y actuar político en términos de
exigibilidad de derechos humanos reconocidos internacionalmente? ¿O
acaso se prefiere que lo hagan en términos de fuerza y confrontación?
Son dos modos distintos de fundar la política: Arendt o Schmitt.
Devaluar el Convenio 169, será un autoatentado que se hará el Gobierno.
Es no entender el potencial del Convenio para sentar bases de diálogo
constructivo, y establecer una relación entre estado y pueblos indígenas
basada en derechos, principios de buena fe y gobernanza democrática.
Ratificar con declaraciones interpretativas, tras 18 años, será un acto
ruin, que coronará una saga de postergaciones y racismo. Un fracaso de
la promesa democrática. En 2008 se cumplen treinta años del largo ciclo
etnocida iniciado por Pinochet en 1978. Allí comenzó también la larga
marcha mapuche por sus derechos colectivos, a los que hoy se les quiere
poner un cerco desde el estado. Los pueblos indígenas en Chile enfrentan
una nueva y fulminante encrucijada para sus derechos, su estatus y su
porvenir / AZ
* Director del
Centro de Políticas Públicas y Derechos Indígenas.
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