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REVELADOR ESTUDIO DE LA
UNIVERSIDAD DE CHILE |
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Pueblos indígenas siguen viendo el
SIDA como un “mal externo” |
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El primer estudio de
VIH/Sida en pueblos indígenas dice que un mayor intercambio cultural
ha convertido a los jóvenes en agentes preventivos al interior de
sus comunidades, donde aún ven de lejos la epidemia. El caso es que
mientras hay indígenas viviendo con VIH, existen caciques que recién
hace un año reconocieron que la enfermedad existe en sus
territorios. |
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Por
Ricardo AHUMADA*
I
Lunes 17 de Marzo de 2008 |
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Pacientes con VIH SIDA |
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Foto de Agencias. |
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Párrafos |
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El
estudio fue realizado por el CIEG de la Universidad de Chile
para Conasida entre el año 2004 y 2005 en las regiones I, V,
IX, y RM. La investigación se enfocó en los tres pueblos
originarios más representativos: Aymará, Rapa Nui y Mapuche. |
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Hace
un año y medio, después de ver que ya no eran pocos los casos
de enfermos de sida en la comunidad, nuestro cacique mayor
aceptó que el VIH/SIDA existía", cuenta al teléfono Willy
Morales, williche portador del virus
en la
isla de Chiloé. |
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SANTIAGO
I
La clave está en los jóvenes. Ésa es la más clara conclusión de la
investigación "En los dominios de la salud y la cultura", el primer
estudio que se elabora en Chile sobre la caracterización de factores de
riesgo y vulnerabilidad frente al VIH/SIDA de los pueblos indígenas.
La investigación, realizada por un equipo del Centro Interdisciplinario
de Estudios de Géneros (CIEG) de la Universidad de Chile, reveló que los
segmentos más jóvenes de la población actúan como replicadores de nuevos
conocimientos preventivos hacia el núcleo más tradicional de sus
comunidades. "Cuando un joven que se ha formado dentro una realidad
urbana regresa a su localidad rural, lleva estos nuevos conocimientos y
actúa como una especie de ‘agente preventivo’", dice Alexandra Obach,
una de las coordinadoras del estudio.
Rapa nui y aymaras
Mientras en algunos pueblos indígenas el sexo -y el SIDA aún más- es un
tema tabú, en los rapa nui es una actividad natural. La comunidad se
permite todas las libertades, pero son reacios a protegerse "de un virus
que es de otros" y que se presentarse "debería tratarse con la medicina
occidental por ser una enfermedad occidental, importada y extranjera".
Los rapanuis entrevistados en el estudio no consideran el sida como un
tema relevante ni cercano a ellos, sino que más bien como "un mal de los
otros y en caso de afectar a algún miembro de su colectivo, éste debería
tratarse con la medicina occidental por ser una enfermedad occidental,
importada y extranjera".
Otros, sin embargo, creen que el problema radica en que la promiscuidad
no es una tema sancionado dentro de la comunidad. "Tú tienes todas las
libertades para tener sexo. Después del carrete, tienes miles de lugares
para tener sexo y la verdad es que nadie se preocupa de usar condones a
esa altura", dice Karla Salinas Atán, una veinteañera rapa nui.
Karla dice que, aún con políticas de prevención, es muy difícil
concientizar, porque los extranjeros son muy apetecidos y se suman a las
libertades que ofrece la isla sin tomar precauciones. "La promiscuidad
con los turistas es muy grande en la isla y nadie se acuerda de
condones".
En el caso aymara, la sexualidad se vive en pareja, con un machismo que
no ha desaparecido y que implica aguantar infelidelidades y violencia
intrafamiliar. Por lo tanto, el virus es visto aún más lejano y se le
atribuye, principalmente, a la gente que pasa por las fronteras o que
tiene contacto con gente ajena a la comunidad. "(El VIH/SIDA) le da a la
gente que tiene muchas parejas, o no sé, que lleva una vida diferente a
la de uno", dice Alicia, una de las entrevistadas aymaras del libro.
Otra mujer citada en el texto dice: "Lo veo como imposible aquí, porque
nunca he escuchado de que alguien lo tenga aquí, porque aquí todo se
sabe". Como en todos los demás pueblos investigados, no existen cifras
oficiales.
Mapuches y política especial
Cada pueblo vive la sexualidad de forma distinta y por eso se deben
atender necesidades específicas. Es el caso de los mapuches. Según el
estudio, para este pueblo el VIH/Sida es todavía una enfermedad winka.
No es un tema relevante y se ve como una enfermedad foránea que se
podría contraer en las regiones donde los mapuches van a estudiar o
trabajar temporalmente. "Acá en el sur no hay eso, del norte será pues,
del otro país. Acá no se ve esa enfermedad...la gente es más cuidada, no
hay mujeres ni hombres demasiado locos", dice Magali, una mapuche de 56
años que vive en un sector rural de la IX región.
Según el texto, las comunidades ven que la enfermedad se adquiere en el
ambiente citadino, en contacto con el comercio sexual y el abandono de
las costumbres tradicionales, vistos como factores protectores a la
epidemia. Por eso la enfermedad es vista como "un castigo para la
familia", pues ésta se hace cargo de la imagen de alguien que murió por
"promiscuo, sucio o afeminado".
La barrera cultural no es menor. De hecho, un lonko reconoció, hace
apenas un año, que la enfermedad existía como tal. "Hace un año y medio,
después de ver que ya no eran pocos los casos de enfermos de sida en la
comunidad, nuestro cacique mayor aceptó que el VIH/SIDA existía", cuenta
al teléfono Willy Morales, williche portador del virus. Willy,
presidente de Kelwo, organización de personas indígenas afectadas por el
VIH, dice que ahora el tema se está tratando en la comunidad y que urge
una política especial para ellos.
El presidente de Kelwo, no quedó contento con la investigación y acusa
al Ministerio de Salud de abandono y de no querer entender su propia
cosmovisión de la sexualidad. "El estudio no consideró a las personas
que tratan la salud en las comunidades y pareciera que se hizo entre
cuatro paredes".
Los investigadores dicen que uno de los objetivos del estudio es,
justamente, levantar información para entender cómo se construye un
nuevo conocimiento para intentar que la prevención tenga un elemento de
pertenencia cultural, algo que los dirigentes indígenas han pedido desde
hace mucho tiempo. "La participación de la comunidad es clave para que
ellos sean partícipes de este proceso y así generar métodos propios,
dirigidos por y hacia ellos", dice Michelle Sadler, coordinadora del
estudio. "La idea es que no se les imponga algo que no considere los
elementos propios de la cosmovisión de cuerpo, salud, cultura y
sexualidad de cada pueblo", asegura.
Ficha técnica
El estudio fue
realizado por el CIEG de la Universidad de Chile para Conasida entre el
año 2004 y 2005 en las regiones I, V, IX, y RM. La investigación se
enfocó en los tres pueblos originarios más representativos: Aymará, Rapa
Nui y Mapuche. La movilidad poblacional y el intercambio cultural han
convertido a los jóvenes en los principales agentes transmisores de
conocimiento hacia las comunidades / AZ
* Gentileza
www.lanacion.cl
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