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LA
CEGUERA DEL ESTADO CHILENO |
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Política y represión contra el Pueblo
Mapuche |
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La del pueblo mapuche es una lucha
legítima por la autonomía y eso implica la recuperación de sus
tierras mancilladas y la preservación de su identidad etno-cultural
para poder forjar democráticamente su destino en un mundo incierto.
Es lo que se desprende del informe de la Misión a Chile del Relator
de Derechos Indígenas de la ONU. |
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Por
Leopoldo LAVIN* / Viernes 30 de Marzo de 2007 |
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- Marcha en Santiago
de Chile. Foto de Juan Pedro Catepillán. |
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De las informaciones
publicadas acerca de los luchadores mapuche detenidos
se desprende que se les trata como delincuentes
políticos. |
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Es lamentable que durante
el mandato de la Presidenta no se avance rápido en la
resolución de las demandas del pueblo mapuche. |
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Chile
es un país que vive demasiado próximo de su pasado. Los procedimientos
que impuso de manera cruda y brutal hace algunas décadas la dictadura
militar todavía penan. Por eso, la cobertura mediática de la
detención de dirigentes mapuche y las declaraciones de autoridades del
Estado chileno, además de evocar por su dureza ese siniestro período
histórico, generan inquietud.
La ciudadanía debe tener garantías de que los métodos de un Estado
gobernado por la coalición, que se representa como de
centro-progresista, están completamente exentos de los mecanismos
reflejos y las mentalidades que generaron durante la dictadura las
violaciones a los derechos humanos. Habría que disipar toda sospecha al
respecto, a saber: si el Gobierno respeta el derecho de los pueblos
originarios a vivir en paz y decidir libremente de su futuro.
Urge al mismo tiempo saber si después de siglos de discriminación el
Estado chileno brinda al pueblo mapuche los medios necesarios para que
pueda defender lo que la Convención sobre la diversidad de las
expresiones culturales de la UNESCO —que acaba de entrar en vigor tras
la ratificación de por lo menos 30 países entre los cuales se cuenta
Chile— promueve, es decir, la preservación de la diversidad etno-cultural
de los pueblos frente a la globalización aplanadora del capitalismo
neoliberal y su dominante anglosajona.
Porque los rumores corren de que un cerco militar y represivo se ha
instalado como una tenaza de hierro en torno de algunas comunidades
mapuche al sur de la VIII Región. Que en la zona se practicaría de
manera camuflada el ‘perfilaje’, los allanamientos, el control de
identidad y el encarcelamiento preventivo. Que la pobreza, lejos de
disminuir después del informe Stavenhagen, ha aumentado en las
comunidades.
De las informaciones recientemente
publicadas acerca de los dirigentes y luchadores del pueblo mapuche
detenidos se desprende que se les trata como delincuentes políticos. A
tal representación mediáticamente construida, se añaden las frasecitas
rimbombantes de la parada cotidiana del Poder: “Se pone fin a una
historia”, habría declarado el subsecretario del Interior Felipe Harboe
(PPD). A la que se agregan otras, salidas del arsenal retórico
legal-represivo de fiscales judiciales y oficiales de carabineros. ¡Cómo
si el Estado tuviera el derecho de ejercer a su antojo la violencia real
y simbólica!.
El enunciado del alto funcionario del Ministerio del Interior pareciera
sugerir el desconocimiento de la Historia de la fundación de su propio
Estado. Historia de violencia fundadora legitimada en gran medida por el
aparato legal con la ayuda de la narrativa dominante de los vencedores.
Sin lugar a dudas, es un deseo bien subjetivo el expresado por el
Subsecretario en el ejercicio de sus funciones. El Ministerio del
Interior ocupa ese espacio brumoso donde la transparencia es difícil
—por razones llamadas eufemísticamente, “obvias”— y es ahí en ese hoyo
negro que los derechos y libertades civiles de los individuos y de las
comunidades se desvanecen y suspenden en aras del acomodaticio concepto
de “seguridad del Estado”.
Es sabido que la práctica normal de los ministerios del Interior es
infiltrar, reclutar informadores, manipular e incluso provocar, en
nombre de la “seguridad del Estado”. Noción que recubre toda amenaza
real o imaginaria a la integridad y soberanía territorial, así como al
llamado Orden (aunque el desorden sea demasiadas veces el resultado de
la impericia de los que ejercen el Poder). Las declaraciones del
Subsecretario del Interior, si no son aclaradas, podrían corresponder a
los deseos ancestrales de las oligarquías castellano-vascas en un
comienzo, de algunos propietarios de origen germano y chileno luego y de
poderosos intereses forestales y papeleros defendidos hoy por las
derechas, a saber: borrar la Historia y quebrar la identidad del pueblo
mapuche.
Sin embargo, el mismo topo de la historia (que no tiene nada de
“escatólogo”), ese que trabaja la tierra por debajo, silencioso,
horadando, abriendo túneles, entrelazando y conectando las gestas;
socavando las bases de la dominación, les recordaría que la Coordinadora
Arauco-Malleco, a la cual pertenecen los militantes mapuches, se inserta
—nos gusten o no sus métodos de lucha— en la larga historia de un
conflicto central entre una minoría étnica dominada y otra dominante,
que dura desde hace siglos. Y dado que las comunidades ayudan
activamente a los dirigentes perseguidos, es evidente que su causa es
apoyada por una parte importante de la etnia mapuche que resiste al
despojo de sus tierras.
Llaman la atención la falta de interés y el silencio de los
intelectuales chilenos por la causa mapuche. Sin embargo, es fácil darse
cuenta que las reivindicaciones de sus militantes activos expresan la
voluntad de un pueblo por sobrevivir cultural y políticamente en un
mundo uniformizado y arrollado por las fuerzas y la ideología del
mercado. La del pueblo mapuche es una lucha legítima por la autonomía y
eso implica la recuperación de sus tierras mancilladas y la preservación
de su identidad etno-cultural para poder forjar democráticamente su
destino en un mundo incierto.
Es lo que se desprende del informe de la Misión a Chile del Relator de
Derechos Indígenas de la ONU (en julio, 2003) del eminente sociólogo
mexicano Rodolfo Stavenhagen. Todo sería tan fácil con el apoyo resuelto
del gobierno y la solidaridad de las mayorías ciudadanas. Por lo tanto
es lamentable que durante el mandato de la Presidenta, militante del
partido del hacha indígena, no se avance rápido en la resolución de las
demandas legítimas del pueblo mapuche y que por el contrario haya
funcionarios que hacen alarde de actos represivos cometidos en su contra
/
Azkintuwe
* Profesor, Département de philosophie, Collège de Limoilou, Québec,
Canadá.
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