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El latifundio responde a una forma de
entender el mundo y abordarlo, de controlar vastas extensiones y
sentirse dueño de cada una de las vidas que las habitan. Esa misma
visión es la que, a pesar de los años transcurridos, impide a la
Compañía variar su interpretación del caso y la lleva a repetir
esquemas. |
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Por
Hernán SCANDIZZO / Lunes 26 de Marzo de 2007 |
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- Labores en
comunidad Santa Rosa. Foto de Hernán Scandizzo. |
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Tributaria directa del
reparto de 'desierto', la Compañía de Tierras Sud
Argentino de Benetton sintetiza la historia del
despojo. |
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El latifundio responde a
una forma de entender el mundo, de controlar vastas
extensiones y sentirse dueño de cada una de las vidas. |
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El
ingreso de familias mapuche al predio Santa Rosa reactivó el conflicto
con Benetton, un conflicto que excede los límites del lote e incluso al
grupo italiano. “La ruta 40 [que media entre el predio y la Estancia
Leleque] se convierte en una frontera entre dos lógicas: la comunitaria,
donde una comunidad mapuche con varias familias desarrolla su vida en
534 hectáreas y la de un solo empresario, Benetton, que no habita allí y
se adjudica el derecho de gobernar sobre 900.000 hectáreas”, señalaron a
poco de cruzar el alambrado mediante un comunicado público. Esa línea de
cemento se vuelve una frontera dura, tajante, sin zonas grises, sin
puntos de comunicación.
Tributaria directa del reparto de desierto que realizó el Estado a fines
del siglo XIX al consumar la ‘conquista’, la Compañía de Tierras Sud
Argentino – controlada por Benetton – sintetiza la historia del despojo.
Los hermanos de Treviso y la Compañía representan más que esa peligrosa
simplificación que pone las tintas sólo en un reciente proceso de
extranjerización de la tierra y en los argentinos que la venden. Una
buena historia para negocio editorial pero que no se ajusta al devenir
de una región que desde su incorporación militar ha sido controlada por
el capital trasnacional, que impuso sus intereses. Ejemplo de ello es la
masacre de peones rurales en las huelgas de los años ’20 donde el Estado
intervino en defensa de los capitales británicos. En todo caso, la
Patagonia lleva más de un siglo extranjerizada.
Sin duda esta representación acotada del grupo italiano como símbolo de
extranjerización en buena medida motiva que personas que viven a cientos
o miles de kilómetros de Santa Rosa simpaticen con los mapuches. No es
de extrañar que algunas de estas personas – quizá muchas más de las
imaginadas – ante otra demanda territorial niegue los derechos de este
pueblo, ya que su solidaridad más que de una comprensión de la
particularidad del reclamo nace de un sentimiento nacionalista, como una
reacción ante la patria avasallada. En ciertos ámbitos los inversores
externos desplazaron al comunismo en el ranking de vectores de
extranjerización, ya no hay Guerra Fría sino Capitalismo Global.
Estas visiones dejan de lado que Benetton representa el latifundio, no
importa si nacional o foráneo, con todas sus consecuencias
socioeconómicas para el desarrollo regional. Cuando en octubre de 2002 y
mayo de 2004 la Sociedad Rural de Esquel y la Federación de Sociedades
Rurales del Chubut se pronunciaron públicamente no lo hicieron en
defensa de Benetton sino del Estado de Derecho que garantiza la
acumulación de tierras en pocas manos.
El latifundio responde a una forma de entender el mundo y abordarlo, de
controlar vastas extensiones y sentirse dueño de cada una de las vidas
que las habitan. (Que el grupo italiano facture millones de euros
haciendo de la diversidad un mensaje comercial y no una práctica
cotidiana es un dato aleatorio que funciona al momento de la
propaganda.) Esa misma visión es la que, a pesar de los años
transcurridos, impide a la Compañía variar su interpretación del caso y
la lleva a repetir esquemas: dialoga con los mapuches a través de
acciones judiciales. Entabla un diálogo de sordos, busca la acumulación
de fallos judiciales a su favor y no acusa recibido del mensaje que
encierra el retorno de los mapuches a Santa Rosa: “volveremos una y otra
vez”.
Tampoco acusa recibo el kirchnerista gobernador de Chubut, Mario Das
Neves, quien en declaraciones a FM Alas de El Bolsón sostuvo: “[Este
conflicto] es una cuestión privada que nosotros seguimos con expectativa
(…), esperamos que la Justicia intervenga y esperemos que solucione”. El
funcionario se refugió en una ajenidad cómoda pero no neutral, que
desconoció la naturaleza del conflicto. Su argumento contradice incluso
el espíritu de la Ley de Emergencia de la Propiedad Comunitaria Indígena
– presentada por gobierno nacional como un logro propio –, cuya sola
sanción significa un tibio reconocimiento de que ante situaciones como
la planteada se necesitan respuestas políticas más que judiciales. El
funcionario confirmó que Benetton no está solo en este diálogo de sordos
y que el latifundio es una ‘institución’ a defender. Y al otro lado de
la ruta, al otro lado del alambrado, al otro lado de esa lógica, un
puñado de familias mapuche intenta vivir en comunidad. Un objetivo tan
caro como recuperar la tierra /
Azkintuwe
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