|
|
-
|
|
DÍA
DE ACCIÓN INTERNACIONAL |
|
La Comisión Mundial de Represas
–propiciada por el BM–, en su informe “Represas y desarrollo: un
nuevo marco para la toma de decisiones”, determinó que existen unas
45 mil represas (tres cuartas partes en países subdesarrollados) que
“fragmentaron y transformaron” la mitad de los ríos del mundo. |
|
Por
Sara LARRAIN* / Viernes 23 de Marzo de 2007 |
|
|
|
- Compuertas de represa
Ralko. Foto de Agencias. |
|
|
Nada se dice sobre el
impacto ambiental que vuelve sucia y no renovable a
las represas y que además contribuyen al cambio
climático. |
|
La misma entidad
financiera, que por décadas patrocinó centrales
hidroeléctricas, en 2004 reconoció las consecuencias
negativas. |
|
Organizaciones
ciudadanas de todo el mundo se manifestaron el pasado 14 de marzo, por
el Día de Acción Internacional Contra las Represas, ocasión que obliga a
la memoria cuando en nuestro país el debate energético sufre intentos
por desenfocar los esfuerzos en pos de la seguridad del suministro
eléctrico. Lobbistas interesados en financiamiento para la próxima
campaña electoral y grupos corporativos afanados en el lucro inmediato
son obstáculo para los 3 imperativos de la actual política de seguridad
energética. A saber, la diversificación de la matriz en base a GNL, la
promoción de las Energías Renovables No Convencionales y el control de
la demanda eléctrica mediante uso eficiente y racional de la energía.
Nos convoca dicho Día para repasar los perjuicios de las centrales
hidroeléctricas, pero como en el caso de Aysén no existe un proyecto
formal, lo correcto es hablar de la “idea” de construir mega-represas.
La aclaración es necesaria, porque en el trasfondo de crisis de
suministro eléctrico, esta idea ha sido presentada por algunos como lo
inevitable y como signo de prosperidad y progreso. Nada se habla del
lucro, del lobby o del proceso de corrupción patrocinado por
funcionarios que oscilan entre el “servicio público” y cargos ejecutivos
en las empresas interesadas, o viceversa.
Nada se dice sobre el impacto ambiental que vuelve sucia y no renovable
a las represas y que además contribuyen al cambio climático a través de
la emisión de grandes volúmenes de dióxido de carbono y gas metano, 2 de
los principales gases de efecto invernadero. Los cambios que causa una
represa en el régimen hidrológico hacen desaparecer especies de fauna
acuática -que se ven imposibilitadas de sortear la barrera-, lo que
impacta sobre especies vinculadas a la misma cadena alimentaria, que
también desaparecen o se ven reducidas drásticamente.
También impactan otras áreas boscosas
a causa de la migración forzada a que son sometidas las poblaciones
afectadas, que usualmente son "reasentadas" en otras áreas boscosas o
derechamente despojadas de su trasfondo cultural. Así les sucedió a más
de 600 pewenches con la llegada de Ralko. También sucedió con Pangue,
que recibió un préstamo de US$ 150 millones de parte del Banco Mundial
(BM). El dato es clave porque esta misma entidad financiera, que por
décadas patrocinó centrales hidroeléctricas, en 2004 reconoció las
consecuencias negativas que acarrean esas obras: sobreprecios,
degradación del medio ambiente y desplazamiento de comunidades que nunca
recuperan su estándar de vida.
La Comisión Mundial de Represas –propiciada por el BM–, en su informe
“Represas y desarrollo: un nuevo marco para la toma de decisiones”,
determinó que existen unas 45 mil represas (tres cuartas partes en
países subdesarrollados) que “fragmentaron y transformaron” la mitad de
los ríos del mundo; desplazaron a 80 millones de personas; desbordaron
en zonas urbanas –como sucedió el invierno pasado en Hualqui,
Chiguayante y Concepción, con personas muertas o heridas-; degradaron el
ambiente mediante la extinción de especies; significaron violación de
Derechos Humanos -como ha sucedido a partir de la Ley Indígena-;
produjeron endeudamientos, etcétera.
Si el Banco Mundial fue por años el único y mayor patrocinador de esta
industria, hoy intenta salvar las críticas y subsidia menos de la mitad
de las represas que en el momento de mayor auge. La cuestión de fondo es
el imperativo de reemplazarlas por opciones menos traumáticas, como las
centrales de pasada, que toman agua de los causes, la utilizan para
activar turbinas, pero luego la devuelven a los ríos, sin necesidad de
inundar.
De eso se tratan las 4 centrales de pasada en construcción en el Río
Tingiririca, para generar 500 megawatt y también el proyecto de la
cuenca del Río Maipo, de similar potencia. Esta alternativa multiplica
la generación, puesto que pueden hacerse varios túneles con turbinas en
una cuenca, y permitir su convivencia con otras actividades económicas,
como agricultura, turismo, además de la protección de la biodiversidad y
los poblados, ante la posibilidad de golpes de inundaciones y agua. El
caso es que no podemos darnos el lujo de confundirnos, porque es
imperativo que el gobierno y las empresas interesadas incluyan los
criterios de sustentabilidad y opten por proyectos más pequeños y
escalonados. En definitiva, humana y ambientalmente amigables /
Azkintuwe
* Su autora
es Directora del Programa Chile Sustentable.
< VOLVER
|
|