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Edición digital - País Mapuche

 

 

 

 

 

 

 


 CARTAS AL DIRECTOR


El "comandante" Héctor


Es útil que nos detengamos un momento y tratemos un poco de empatizar con quienes sienten que viven una realidad de discriminación social, cultural, económica, como efecto de una sociedad racista, autoritaria y poco tolerante como la nuestra.


Por Jorge VÁSQUEZ* / Miércoles 21 de Marzo de 2007

 

 

 


 - Héctor Llaitul Carillanca. Foto de Agencias.

 

(+) Decretan prisión preventiva para Héctor Llaitul


Fui compañero en la Universidad de Concepción de este “comandante” en la década de los 90, cuando ambos teníamos 20 y algunos más años.


Debo reconocer que no conozco los argumentos que hoy su causa tiene. Tampoco niego ni afirmo las cosas por las que se le acusa.


Escribo estas líneas para compartir con los lectores lo poco que pude conocer a Héctor Llaitul Carillanca, el segundo hombre de la Coordinadora Arauco-Malleco, según he sabido por la prensa. En medio de este verano farandulero donde el “Festival” y el “Transantiago” se nos aparecen por todas partes, me encuentro con esta noticia en que se relata que una especie de “Osama” mapuche ha sido detenido con munición, literatura y otras cosas, involucrado en diferentes cosas nada amables, pero que permiten imaginar un hombre peligroso con el que ojalá no nos topemos nunca.

Fui compañero en la Universidad de Concepción en la Carrera de Servicio Social de este “comandante”, en la década de los ´90, cuando ambos teníamos 20 y algunos más años. Mentiría si dijera que fuimos amigos, pero si compartíamos algunos espacios en medio de la vida universitaria. Recuerdo su esfuerzo por cursar la carrera, en medio de una pobreza casi franciscana en que comer las tres comidas era un lujo que rara vez tenía. De sus múltiples visitas con nuestras ahora “colegas” en busca de la “beca indígena”, la cual pedía persistentemente, aunque ya el nombre lo consideraba racista y denigrante.

El tema mapuche surgió como un retorno a sus raíces. Apenas conocía un par de palabras en mapudungun, pero se interesó por aprenderlo e incluso llegó a hacer su práctica profesional en una comunidad mapuche de la provincia del Bío-Bío. Conocía la historia del pueblo mapuche y siempre planteó que se trataba de un sometimiento a un pueblo por el uso de la fuerza. Por lo demás, no es el único que lo ve de ese modo; diferentes historiadores tan chilenos como nosotros lo hacen sin ningún problema.

Jamás podría decirse de él que era un hombre violento. Al revés, era de carácter pacífico, de un humor muy tolerante y en los años que lo vi, nunca lo recuerdo enojado con nadie en particular. No le conocí enemigo alguno, pero si tenía personas con quienes no estaba para nada de acuerdo. A pesar de ello, compartía sin ningún problema con ellas en medio de un debate siempre con altura de miras. Debo reconocer que no conozco los argumentos que hoy su causa tiene. Tampoco niego ni afirmo las cosas por las que se le acusa. Si me atrevo a creer que está impulsado por nobles ideales pero utilizando métodos equivocados.

Pero también es útil que nos detengamos un momento y tratemos un poco de empatizar con quienes sienten que viven una realidad de discriminación social, cultural, económica, como efecto de una sociedad racista, autoritaria y poco tolerante como la nuestra, que tiene una deuda pendiente con un pueblo que en siglo 19 fue “pacificado” por nuestros antepasados, obligándolos a ser chilenos, sin preguntarles que les parecía la idea y finalmente dejándolos sin sus bienes raíces por diferentes vías. Mi ex compañero Héctor, de quien me niego a aceptar la caricatura del “comandante”, merece un alto en el camino para que nos hagamos la necesaria autocrítica y podamos evitar que personas talentosas como él, terminen en una cárcel sin poder aportar a la sociedad del modo en que fuimos formados / Azkintuwe

* Su autor es asistente social. RUT: 11.568.797-2

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