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CAMPESINOS
PRESOS EN ARGENTINA |
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Estas son las vidas de quienes los
gobernantes del Paraguay piden su entrega y el juez argentino Ariel
Lojo quiere entregar. Nos hacen acordar los episodios del tiempo de
la Ley de Residencia, aquella aprobada por Roca, por la cual se
expulsaron centenares de luchadores sociales por poseer "ideologías
extrañas al ser nacional". Este calvario de los seis luchadores
guaraníes de la tierra tiene que llamarnos a la acción y al debate. |
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Por
Osvaldo BAYER* / Lunes 19 de Marzo de 2007 |
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Antes de llegar a la
cárcel hemos leído todos los papeles de la justicia.
De los dos lados. Los ochenta años que uno ha vivido
no han pasado en vano. |
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Sus familias quedaron
aquí, sin sustento. Una crueldad argentina. Este
calvario de los seis luchadores tiene que llamarnos a
la acción y al debate. |
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Llegamos
a la cárcel de Marcos Paz. Vamos a visitar a seis presos. Campesinos
paraguayos. Trabajadores de la tierra. Presos en la Argentina. Una
sociedad no debe jamás ignorar sus cárceles. No como se hacía antes: se
los mandaba a Ushuaia, la Siberia argentina. Para olvidarlos allá y ya
está. Rasgo de una sociedad sobona y violenta. Entramos al salón de
visitas con sus paredes desnudas. Ni cuadros ni flores. Bueno, no
exageremos, Blumberg no lo hubiera permitido. La espera siempre
melancólica: presos. Sabemos lo que es eso. Entran seis paraguayos,
humildes, hijos de la tierra. Gente de campo, de los que plantan
semillas, cabalgan distancias, ordeñan lo que siembran. Para lo cual
deben inclinar la espalda en la Edad Media eterna.
Pero éstos no. Seis paraguayos que
luchan para que la tierra sea de los que trabajan o de la acción
mancomunada de la cooperativa. En Paraguay, que siempre lleva el signo
de Stroessner. Ahora seguridad de Duarte Frutos y Bush. La mescolanza
que da la seguridad de que nada va a cambiar. El agua, ahora, como antes
el oro y el petróleo. El agua, señores, hay que asegurar su futuro. Y
los fuertes asegurarse el agua de los débiles dependientes. Bush,
republicano. La palabra república ya cambió de significado desde aquél
de la Revolución Francesa.
Antes de llegar a la cárcel hemos leído todos los papeles de la
justicia. De los dos lados. Los ochenta años que uno ha vivido no han
pasado en vano. Por lo menos en eso. No, no, ingenuidades no. La palabra
terrorista ha pasado a usarse con la misma multiplicidad que
republicano. Un republicano puede ser tan terrorista como un terrorista,
republicano. Con nosotros están los seis campesinos paraguayos, hablan
la castilla pero también el guaraní. Palabra por palabra nos relatan la
tragedia. Más de un año presos en cárceles argentinas. Sus familias,
allá. Pero tres de sus mujeres han venido hasta Buenos Aires para poder
visitarlos. Trabajan aquí como sirvientas. Sirvientas.
Nada menos que Blumberg, el inmaculado, acompaña a la línea oficial
paraguaya. Ha reafirmado con su presencia las acusaciones contra los
proletarios de la tierra. Sí, Blumberg acompaña personalmente la
acusación contra la gente campesina. Una acusación inverosímil. El
gobierno paraguayo los acusa de haber secuestrado y luego asesinado a la
hija del ex presidente Cubas. Un hecho que otras fuentes han atribuido a
la lucha entre organizaciones mafiosas del narcotráfico. Pero, claro
está, la policía aprovecha para acusar a los campesinos que quieren su
tierra, para sacárselos de encima y, de paso, proteger las
organizaciones de la droga que pululan los estrados oficiales
paraguayos.
Cuando comenzó la persecución los
hombres del campo se presentaron ante la embajada argentina pidiendo
protección. Porque habían oído que la Argentina, después de la era de la
desaparición, se había convertido en la Tierra del Asilo. Se trasladaron
a Buenos Aires para, desde esta latitud, demostrar su absoluta
inocencia. Pero el Cepare (Comité de Elegibilidad para Refugiados) no
atendió sus razones. Blumberg sonrió satisfecho. Los perseguidos
recurrieron a la Justicia y, en primera instancia, el juez Lojo rechazó
el pedido de manera que los dejó sin defensas para ser extraditados
hacia el país que los persigue. El tema está ahora ante la Corte Suprema
de Justicia. Ahí está ahora la esperanza de estos luchadores de la
tierra. Hasta ahora, la Argentina en vez de refugio les dio cárcel.
Un hecho que hubiera movido a Emile Zola a escribir un segundo tomo del
Yo acuso. Sería muy noble que todos los hombres de leyes que tienen
conciencia de la diaria injusticia con los indefensos leyeran la
resolución del juez Lojo que podría resumirse en algo así como: "Bueno,
si el gobierno paraguayo los pide, hay que entregárselos". Y no exagero.
Me gustaría, justo por lo que se juega aquí, es decir, la vida de seis
luchadores por la dignidad, invitarlo al juez argentino Lojo a una mesa
redonda pública a discutir uno por uno los documentos de su fallo.
Porque, nos repetimos: está la vida de por medio, la verdadera vida.
Demostraríamos que hemos aprendido de nuestro sórdido pasado si todos
los organismos de derechos humanos de nuestro país tomaran a su cargo la
defensa de estos campesinos, víctimas de esta nueva Operación Cóndor.
Pero también que lo hicieran todas las iglesias y las asociaciones de
abogados y juristas. Creemos en la independencia actual de la Corte
Suprema pero hay que respaldarla con argumentos legales, humanos y
principalmente de la defensa de la libertad de los ciudadanos, por más
que éstos sean pobres.
Y los presentamos: Gustavo Lezcano Espínola: "Mi familia es campesina;
tengo ocho hermanos. Comencé a trabajar a los ocho años en la
agricultura. Somos de creencia religiosa y nunca pertenecí a una
agrupación política. A los 19 años hice durante dos años el servicio
militar. Y luego preparamos con los vecinos un grupo de sin tierra para
la ocupación de un campo improductivo de 5000 hectáreas, pero fuimos
desalojados dos veces, una por la policía y otra por el ejército. Fue el
desalojo más cruel por los garrotazos en todas partes del cuerpo boca
abajo corriendo encima de nuestras cabezas y tirando con fusiles. Había
mujeres embarazadas y ellos decían que ahí mismo tenían que producir el
parto con garrotes y machetes. Hasta ahora hemos sufrido seis desalojos:
con maltratos, garrotazos; baleados, muertos. El 2 de marzo entramos a
la Argentina legalmente para solicitar refugio, porque ya era
insostenible la persecución. Recurrimos ante el Cepare para denunciar lo
ocurrido pero ni siquiera se analizó el caso. Fui detenido por la
Gendarmería argentina. Hace diez meses que estamos presos. El 14 de
diciembre el juez argentino Ariel Lojo resolvió conceder la extradición
nuestra al Paraguay".
Basiliano Cardozo Jiménez: nacido en Caaguazú de una familia campesina y
humilde. "Comencé a trabajar a los 10 años. A los 15 me incorporé a la
tarea religiosa como catequista, donde aprendí a ser solidario con los
más débiles y amar a los oprimidos. Tuve que ausentarme de mi hogar por
las permanentes amenazas de secuestro y muerte que hacían los
escuadrones de la muerte del partido del gobierno. He recurrido al
tratado internacional buscando protección, solicitando refugio político
al gobierno argentino. Fui detenido por la policía argentina llevando ya
ocho meses en Devoto y ahora en Marcos Paz. Mi detención sólo puede ser
explicada por mi coherencia en la lucha por una sociedad sin oprimidos
ni opresores."
Arístides Vera Silguera: "A los 12 años comencé a conocer el trabajo
campesino. A los 17 participé del curso de formación para líderes
parroquiales en el seminario de Maá Cupé". Se casó y tiene seis hijos.
Vivieron en una colonia llamada San Carlos, en donde las necesidades y
el abandono son impresionantes. Sin calles, sin electrificación, sin
puestos de salud, sin agua potable. Las luchas campesinas se agudizaron
a medida que crecía la organización de lucha y la pobreza. Por las
persecuciones siguió el mismo camino a la Argentina que sus compañeros
hoy presos.
Simeón Bordón Salina: Se crió en un hogar campesino de 16 hijos. Desde
los 16 años fue catequista católico, de la Teología de la Liberación,
con el padre Braulio Maciel, quien fue perseguido y asesinado en 1976.
Inauguraron una comunidad y el 8 de febrero de 1976 fueron atacados por
militares al mando del mayor Grau. "Arrancó el tiroteo y el llanto de
nuestras madres, el gemido de dolor de nuestros padres. Nuestra
comunidad pasó así, en una noche, de vivir en el Edén a experimentar el
infierno. Los hombres que no fueron muertos, fueron detenidos. La vida
seguirá así. Estoy casado con cinco hijos. Ahora soy un perseguido
político, desposeído total y encarcelado en 2006 en la Argentina."
Roque Rodríguez: casado, nueve hijos. Agricultor. Fundador del
Movimiento Agrario Popular. Y del Frente Nacional por la Soberanía y la
Vida, ante el avance de la agricultura empresarial, donde estaban en
peligro el medio ambiente, las comunidades y el arraigo como herramienta
de lucha y resistencia. En 2006 abandonó Paraguay por la persecución
política. Desde el 2 de marzo del año pasado estuvo preso en Devoto y
ahora en Marcos Paz.
Agustín Acosta González, de 34 años. Familia campesina de nueve
hermanos. Integró el Movimiento Juvenil Franciscano. En 1992 llegó a un
asentamiento campesino donde "fue una de las experiencias que más me
conmovió, experimenté la impotencia ante tanta injusticia. Este hecho me
dejó marcado porque ésta era la realidad paraguaya: niños desnudos sin
nada que comer, sin vivienda, sin cama, sin camino, sólo selva y agua
del lago artificial de la represa de Acaray".
Estas son las vidas de quienes los gobernantes del Paraguay piden su
entrega y el juez argentino Ariel Lojo quiere entregar. Nos hacen
acordar los episodios del tiempo de la Ley de Residencia, aquella
aprobada por Roca, por la cual se expulsaron centenares de luchadores
sociales por poseer "ideologías extrañas al ser nacional". Sus familias
quedaron aquí, sin sustento. Una crueldad argentina. Este calvario de
los seis luchadores guaraníes de la tierra tiene que llamarnos a la
acción y al debate. Si los entregamos pasaremos a la historia como
entregadores. El más vergonzoso papel que puede ejercer un ser humano / Azkintuwe
* Escritor,
columnista de Página12 y colaborador de Azkintuwe.
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