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VIOLENCIA POLICIAL Y ETNICIDAD |
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Más allá de "las cosas del fútbol" |
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¿Qué hay de común entre los hechos
ocurridos en el estadio de Toronto y los acontecidos cotidianamente
en comunidades mapuche? La violencia de la policía motivada por
factores étnicos. ¿Qué diferencia estos hechos, a parte de
verificarse uno en el exterior y los otros en el país? El vigor con
que las autoridades chilenas intervinieron en el primer caso y su
silencio en el último. |
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Por José AYLWIN* / Azkintuwe |
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El Toronto Star, da
cuenta de que los policías, para disuadir a los
jugadores chilenos, usaron armas eléctricas, las que
dejaron huellas en el cuerpo de Isaías Peralta.
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Se trata de una realidad
que sigue ocurriendo cotidianamente en el sur del
país con absoluta indiferencia de las autoridades.
Así por ejemplo, niños mapuche fueron
interrogados. |
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Pasados
algunos días del ahora tristemente célebre partido de fútbol jugado en
Toronto entre las selecciones sub 20 de Chile y Argentina, se hace
necesario hacer una reflexión de lo allí ocurrido que vaya más allá de
lo estrictamente deportivo, esto es, "de las cosas del fútbol" como
dicen los comentaristas deportivos. Varios de los hechos ocurridos
durante el partido, como las expulsiones unilaterales de jugadores
chilenos, o los hechos de violencia policial que se desencadenaron esa
noche en el estadio de Toronto luego de su finalización, y los que
ocurrieron en días siguientes en Santiago, con la reacción de la
Presidenta y de destacados parlamentarios, estuvieron evidentemente
cruzados por temas de etnicidad, de los que rara vez se habla en nuestro
país por temores acumulados, pero que por sanidad debemos comenzar a
abordar.
Analicemos estos hechos, así como su
dimensión de etnicidad:
1. El partido. Al igual que muchas personas que vieron el partido esa
noche a través de la televisión me sorprendió la falta de imparcialidad
con que el arbitro del certamen, el alemán Wolfang Stark, asumió su
labor referil, inclinándose marcadamente a lo largo del juego en contra
del equipo chileno y a favor del equipo argentino. Por extraña
circunstancia el árbitro solo veía las faltas de los chilenos y no la de
los argentinos.
Al igual que los demás
telespectadores, observé con indignación lo ocurrido sin entenderlo. Lo
acontecido en el minuto 77 cuando el jugador chileno Dagoberto
Currimilla fue expulsado del partido me dio pistas para su comprensión.
La expulsión de Currimilla fue precedida de un hecho que no pudo pasar
desapercibido a los telespectadores; al reclamar dicho jugador por lo
que consideraba como un cobro indebido, este tocó con su mano el brazo
de Stark, cuestión que descolocó a este último de tal manera que lo
llevó impulsivamente a sacarle tarjera roja.
Se podría argumentar que los
jugadores de fútbol no deben tocar de esta forma al árbitro en la
cancha, pero ello no es suficiente para explicar la irracionalidad de la
decisión de Stark. Lo había tocado un jugador latinoamericano, que por
su fisonomía y apellido de origen mapuche, resultaban muy ajenos al
alemán, al menos claramente más ajenos a los jugadores argentinos, la
mayoría de ellos de origen y fisonomía europea como él. Subjetivo, por
cierto, ¿pero el racismo no es acaso subjetivo? ¿Sino que otra razón
pudo llevar a Stark para un arbitraje tan falto de imparcialidad?
2. La violencia de la policía de Toronto en contra de los jugadores
chilenos luego de concluido el partido. Las versiones sobre lo
acontecido esa noche en las afueras del estadio entre la policía de
Toronto y los jugadores del equipo chileno son hasta ahora
contradictorias. El diario más influyente de esa ciudad y de Canadá, el
Globe and Mail, señala que los hechos de tensión se provocaron cuando un
guardia de seguridad impidió a Alexis Sánchez firmar autógrafos a la
barra chilena asistente al partido, lo que llevó a Sánchez a golpearlo,
y luego a una decena de policías a reducir a Sánchez violentamente por
su accionar. Al ser defendido por sus compañeros de equipo, nuevamente
intervino la policía, esta vez con gases lacrimógenos.
Otro diario de esa cuidad, el Toronto
Star, da cuenta de que los policías, para disuadir a los jugadores
chilenos, usaron armas eléctricas, las que dejaron huellas en el cuerpo
de Isaías Peralta. Como consecuencia de lo anterior los jugadores fueron
detenidos por la policía al interior del estadio, para más tarde ser
liberados sin cargos. Preguntado el jefe de la policía de Toronto sobre
los hechos, éste señaló que la acción de sus hombres había sido "firme,
pero justa". Para el cónsul de Chile en Toronto, en cambio, se trató de
una acción "violenta y desproporcionada".
Nuevamente resulta difícil entender lo allí ocurrido. Algo puede
decirnos el aviso de grandes proporciones que estaba puesto esa noche
junto a otros avisos comerciales en la cancha en que se jugo el partido.
El aviso rezaba "say no to racism" (diga no al racismo). Una sociedad en
donde no existe el racismo no requiere de tal aviso. Es efectivo que
Canadá tiene una política de combate al racismo y de reconocimiento de
la multiculturalidad que ha sido elogiada internacionalmente, pero ello
no puede llevarnos a negar que en sociedades como la canadiense el
racismo exista, como lamentablemente existe en la mayor parte del mundo.
Tal racismo se manifiesta en el caso canadiense de muchas maneras, entre
ellas las frecuentes situaciones de violencia policial en contra de
sectores étnicamente diferenciados, como son los inmigrantes y los
pueblos indígenas. Así lo señalan al menos los informes de organismos de
derechos humanos, como Amnesty Internacional.
3. La reacción de las autoridades chilenas. Indignadas frente a los
hechos extradeportivos antes señalados, la reacción de diversas
autoridades chilenas no se dejó esperar. La Presidenta Bachelet calificó
las agresiones de la policía de Toronto en contra de los jugadores de la
selección sub 20 como "especialmente graves e injustificadas". En razón
de lo anterior solicitó a la Cancillería que realizara una
investigación, a fin de esclarecer los hechos acontecidos. El presidente
de la Cámara de Diputados, Patricio Walker, fue más lejos aún, al
calificar la conducta de la policía de Toronto en contra de los
jugadores chilenos como "desproporcionada y propia de matones". Anunció
además la presentación de dos proyectos de acuerdo en esa corporación,
uno de ellos para condenar "los hechos de violencia y los delitos que
cometieron los policías canadienses y los guardias de seguridad, ya que
a los jugadores chilenos se les trató como delincuentes". Similares
declaraciones fueron hechas por personeros de la oposición frente a esta
situación.
Aunque finalmente el incidente no llegó a convertirse en uno entre
estados, quedó de manifiesto la preocupación y condena enérgica de las
autoridades frente a hechos de violencia policial que afectaron
claramente la dignidad y derechos de los jugadores chilenos. Elogiable.
Lamentablemente la reacción de dichas autoridades, incluyendo la de la
Presidenta, frente a los hechos de Toronto, contrasta mucho con aquella
que éstas han tenido frente a las denuncias de situaciones de violencia
por parte de la policía chilena en contra de sectores vulnerables en el
país, en especial en contra de integrantes de comunidades mapuche, que
diversas y prestigiosas instancias nacionales e internacionales han
formulado en el último tiempo. Así por ejemplo, ni la Presidenta de la
República, ni el Presidente de la Cámara, ni menos los políticos
opositores, señalaron una palabra frente al informe que el Comité de
Derechos Humanos de Naciones Unidas emitiera en marzo pasado,
manifestando su preocupación por la persistencia de "...casos de malos
tratos por parte de las fuerzas del orden, principalmente al momento de
efectuar la detención y, en contra de las personas más vulnerables,
incluyendo a las más pobres".
Tampoco lo hicieron frente al informe que en febrero pasado emitiera el
C omité de Derechos del Niño de Naciones Unidas, constatando la
existencia de situaciones de brutalidad policial de la que son víctimas
niños indígenas, e instando al estado chileno a poner término a esta
situación a través de acción tanto preventiva como correctiva.
Se trata de una realidad que sigue ocurriendo cotidianamente en el sur
del país con absoluta indiferencia de las autoridades. Así por ejemplo,
en el mes de junio pasado, niños mapuche provenientes de comunidades en
conflicto de Collipulli fueron interrogados sobre las actividades de sus
padres por carabineros en la escuela a la que asisten, sin la presencia
de ellos y en abierta violación de la Convención de derechos del niño de
la que Chile es signatario. El mismo mes se verificó un intento de
homicidio de un comunero mapuche en Ercilla por parte de un propietario
agrícola, quien al momento de los hechos, se desplazaba en su vehiculo
junto a un carabinero uniformado que lo protegía. Se trata de
situaciones que han sido puestas en conocimiento de las autoridades de
gobierno, sin que estas se hayan dignado siquiera a contestar las
misivas que se les han enviado, y menos condenar públicamente hechos tan
lamentables.
¿Que hay de común entre los hechos ocurridos en el estadio de Toronto y
los acontecidos cotidianamente en comunidades mapuche? La violencia de
la policía motivada por factores étnicos. ¿Qué diferencia estos hechos,
a parte de verificarse uno en el exterior y los otros en el país? El
vigor con que las autoridades chilenas intervinieron en el primer caso,
y su silencio, y por consiguiente, su implícito consentimiento y
complicidad, en el último caso. ¿Por qué esta contradicción tan
manifiesta, por qué este doble estándar en nuestras autoridades frente a
situaciones de violencia policial relacionadas con la etnicidad que sin
duda van más allá de "las cosas del fútbol"? Es una pregunta que cabe
responder a ellas y no a este autor, que solo ha querido con estas
reflexiones poner sobre la mesa una realidad evidente en Chile, el
racismo, única manera de abordarla y superarla como sociedad /
Azkintuwe
* Abogado,
co-director del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas.
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