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HACIA UNA INDUSTRIA SUSTENTABLE |
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El nuevo trato de los salmoneros |
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Los elementos presentados en esta
columna tienen por objeto enriquecer la discusión en torno al nuevo
trato público-privado que proponen los salmoneros, incorporando
algunos criterios que a nuestro juicio aportarían para que la
industria salmonera se desarrolle de forma sustentable. |
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Por Francisco PINTO* - Domingo 1 de
Julio de 2007 |
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La mera existencia de
normativas no garantiza en absoluto que éstas se
cumplan, si no se acompaña de un proceso de
fiscalización. |
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la industria señala que
el Gobierno debe incrementar el gasto social y de
infraestructura en las zonas donde hay presencia
salmonera. |
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Por
estos días el gremio salmonero –SalmonChile– ha propuesto un “nuevo
trato” entre la industria y el Estado, abarcando cuatro aspectos que a
juicio del sector son claves para continuar desarrollando la actividad
en las zonas en las que se encuentra presente. En primer lugar, la
agrupación ha planteado que es necesario un cambio en la
institucionalidad, argumentan que dado el actual tamaño de la industria,
con exportaciones que superan los US$ 2.000 anuales y con proyecciones
que apuntan a duplicar la producción en pocos años más, se requeriría de
una subsecretaría de Acuicultura, dependiente del ministerio de Economía
para poder ajustar la institucionalidad pública a la mayor dinámica del
sector.
En efecto, la salmonicultura ha
crecido a tal nivel, que es necesario ajustar las reglas y procesos
acorde a las demandas presentes y futuras, pero este ‘ajuste’ debe
considerar no sólo los aspectos regulatorios relativos al fomento
productivo, es también necesario que el Estado se adecue a los nuevos
requerimientos en materia de fiscalización e incentivos, tanto en
materias medioambientales como laborales.
De acuerdo al informe elaborado
por la Cámara de Diputados, en el marco de la investigación realizada
respecto a los impactos de la salmonicultura, la tasa de
infraccionalidad en materia ambiental es del orden 13,2%, cifra que no
considera que uno de cada cinco informes ambientales presentados por la
industria, no pueden ser evaluados porque no cumplen con los
requerimientos mínimos establecidos.
Asimismo, cabe destacar que mientras la salmonicultura ha crecido a una
tasa promedio anual del 20% en los últimos 16 años, el número de
fiscalizaciones y cantidad de personal necesario para realizar estas
labores de control lo ha hecho a una tasa bastante menor. Situación
similar se aprecia en materia laboral, la Dirección del Trabajo posee
una capacidad de fiscalización de apenas un 12%, no es de extrañar
entonces que en materia laboral la industria ostente una tasa de
infraccionalidad superior al 80%.
Estas cifras nos muestran que la mera existencia de normativas no
garantiza en absoluto que éstas se cumplan, si no se acompaña de un
proceso de fiscalización. En la industria del salmón suele cumplirse la
recurrente frase de que en nuestro país ‘las leyes se acatan, pero no se
cumplen’. Es necesario y urgente modificar la institucionalidad, pero de
tal manera que se equilibren los aspectos regulatorios tanto en materia
productiva como fiscalizadora.
En un segundo punto, la propuesta salmonera hace referencia a una
petición de trato más igualitario de parte del Gobierno, para con los
diversos sectores de la economía en materia de recursos públicos,
solicitando expresamente contar con un mayor volumen para afrontar las
exigencias internacionales. Al respecto, considero que si bien la
industria juega un rol clave para economía e intereses nacionales, no se
justifica que el gasto del Estado en esta materia sea igualitario entre
sectores, este más bien debe orientarse a sectores más vulnerables de la
economía, de tal forma que el país diversifique y fortalezca su canasta
exportadora.
La industria del salmón - en materia
comercial al menos - se encuentra en una etapa madura, con mercados
consolidados y con una cantidad importante de recursos, que les permite
gestionar sus intereses particulares a través de una asociación gremial
– SalmonChile, que agrupa a más del 80% de la producción- y un Instituto
Tecnológico – Intesal - que les reporta constantemente información
relevante, aunque inaccesible para el resto de la ciudadanía, porque que
es de ‘carácter privado’.
En tercer lugar, la industria señala que el Gobierno debe incrementar el
gasto social y de infraestructura en las zonas donde hay presencia
salmonera, particularmente en Quellón y Puerto Montt, donde el
crecimiento de la población ha más que duplicado el promedio nacional en
la última década. En este sentido, la propuesta salmonera apunta a un
mecanismo en el cual el aporte de las empresas a proyectos de mejora
sean descontados de los impuestos de primera categoría o global
complementario, según corresponda.
No obstante, el ‘subsidio’ al que aspiran los salmoneros sería
ineficiente en términos económicos e injusto desde una perspectiva
social. Subsidiar a la industria significa que el Estado disminuye sus
ingresos y por tanto dispone de menos recursos -por ejemplo para mayor
gasto social-. Asimismo, no es posible que el gasto social quede al
arbitrio o sea focalizado por privados – que tienen por máxima velar por
sus propios intereses- , es precisamente labor del Estado velar por el
bienestar de la ciudadanía en su conjunto.
En este sentido, si la industria – y en esto coincido – cree que debe
haber un mayor nivel de gasto en las zonas salmoneras, puede pensarse en
otro tipo de soluciones. Por ejemplo, que paguen por el uso del recurso
natural agua y borde costero que utilizan en el proceso productivo.
Actualmente, estos recursos les son cedidos en gratuidad por parte del
Estado, y sólo pagan una patente anual por hectárea, que apenas
sobrepasa los $70.000. A esto se le debería agregar un impuesto por la
contaminación de las aguas y fondos marinos que causa el exceso de
nutrientes que vierten, así como la pérdida de la fauna nativa que es
depredada por los millones de especimenes que escapan anualmente desde
los centros de cultivo.
De esta forma, se acotan los impactos
ambientales al colocar claros incentivos económicos a la eficiencia, se
incorpora un criterio de justicia, al cobrarle a la industria por un
recurso que le pertenece al Estado y el Gobierno puede disponer de
mayores recursos para invertir en las zonas vulnerables e invertir en
mejoras estructurales de puertos y caminos para que la industria pueda
mejorar su desempeño. En consecuencia, ganamos todos.
Finalmente, la propuesta contempla la creación de una institucionalidad
dependiente del mismo gremio, para que cumpla labores de revisión y
sanción en caso de incumplimiento, de tal manera que se minimicen los
daños de imagen que puedan ser causados por las malas prácticas
sanitarias de algunas empresas. Sin embargo, si la industria quiere
impulsar mecanismos autorregulatorios deberá mejorar considerablemente
su credibilidad pública y dejar de encubrir a aquellas compañías que
acostumbran tener lamentables prácticas ambientales y laborales. El
gremio debe entender que si funciona en bloque, será evaluado también
como tal, en consecuencia la industria en su conjunto será juzgada no
por el mejor, sino por el peor de sus representantes.
Los elementos presentados en esta columna tienen por objeto enriquecer
la discusión en torno al nuevo trato público-privado que proponen los
salmoneros, incorporando algunos criterios que a nuestro juicio
aportarían para que la industria salmonera se desarrolle de forma
sustentable y pueda, quizás algún día, convertirse en motivo de orgullo
nacional, como tanto anhela SalmonChile / Azkintuwe
* Fundación
Terram.
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