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SEGÚN FUNDACIÓN ARTURO YLLIA |
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Soy agente foráneo, prochileno y
delirante |
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Nunca ningún protagonista de los
hechos me inició juicio por calumnias ni siquiera pudieron demostrar
que alguno de los documentos citados podría ser falso o
malinterpretado. No, los militares sólo se atrevieron a quemar mis
libros y a perseguirme, cosa que me costó ocho años de exilio. |
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Por Osvaldo BAYER* - Lunes 16 de
Julio de 2007 |
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Nos podemos comparar con
Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de ignorar y
sentirnos inocentes en nuestros crímenes como
sociedad. |
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Todo es un embuste lo
que sostiene la Fundación Illia-Calleja. Y así
recurre al insulto bajo contra mi persona. Por eso
le iniciaré juicio por calumnias. |
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Todo
es posible en nuestro querido país argentino. Sin exageraciones: nos
podemos comparar con Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de ignorar
y sentirnos inocentes en nuestros crímenes como sociedad. Hace poco
comenzó la discusión entre Estados Unidos y Alemania con motivo de un
artículo del periodista alemán Markus Günther. En él se afirma que en
Estados Unidos hay innumerables monumentos recordativos de los
genocidios o crímenes sociales ocurridos en otras partes del mundo. Pero
no hay ninguno que recuerde la esclavitud americana, ni tampoco
referente al crimen cometido contra los pueblos originarios por los
conquistadores, los colonos y los buscadores de oro.
Por ejemplo, en territorio
estadounidense hay ya más de cien monumentos recordativos del Holocausto
nazi-alemán contra el pueblo judío. Y existen 27 monumentos que
recuerdan el genocidio turco con el pueblo armenio (aunque estos
monumentos sí son muy pequeños y demasiado discretos para no interferir
en las buenas relaciones comerciales con Turquía). También hay ya un
monumento –inaugurado por Bush– a las víctimas del comunismo ruso y
chino y varios –en Florida, claro está– contra la Revolución Cubana de
Fidel Castro. El periodista Markus Günther dice textualmente: “A los
americanos les gusta recordar las víctimas de otros países, pero se
olvidan de los cadáveres que tienen en el propio sótano”. Principalmente
de las víctimas de todos los golpes militares que financió y respaldó
Estados Unidos en Latinoamérica. Para no hablar de Vietnam, Afganistán,
Irak.
Los argentinos también tenemos nuestros cadáveres en el sótano. De eso
no se habla. Todo lo contrario, a los autores de quitar la vida y la
tierra les hacemos monumentos. Más todavía, se niegan hechos históricos.
Ni siquiera reconocen sus grandes errores los partidos políticos que
participan de la democracia, para los cuales el debate y la autocrítica
tendrían que ser dos armas para el avance sobre las equivocaciones. Y no
la negación absoluta. Por ejemplo, el radicalismo, con las tres
represiones obreras más sangrientas de un gobierno elegido por el
pueblo. Y el peronismo, con Ezeiza, las Tres A, el nombramiento y
dominio de López Rega. Para quedarnos en sólo tres cosas, porque
podríamos llenar la página con pecados y transgresiones a los derechos y
las libertades.
Por haber ayudado humildemente al esclarecimiento de hechos así negados,
me acaban de insultar de la forma más grosera y falaz. Lo ha hecho nada
menos que un organismo radical: la Fundación Arturo Illia, con la firma
de su presidente, Gustavo A. Calleja. Tenga cuidado el lector conmigo
porque he sido calificado de “escritor prochileno y defensor de los
trusts internacionales del petróleo”. Nada menos. Quién lo iba a decir.
Además agrega que soy un “delirante” porque sostuve “que Yrigoyen estaba
al servicio del Imperio Británico”. Cosa que jamás sostuve. Lo invito al
mencionado radical a demostrar con citas ese disparate.
Ese e-mail de la Fundación Arturo Illia ha recorrido todo el territorio
del país y también ha llegado al extranjero. Sin lugar a dudas, el señor
Calleja ha utilizado el estilo de Goebbels, el ministro de Propaganda
del nazismo, de “miente, miente, que algo queda”. Es el recurso de
quienes desprecian el debate y las legítimas pruebas científicamente
históricas. Para escribir esa carta, el señor Calleja no se tomó ni
siquiera el trabajo de leer mis investigaciones, sino que habla por boca
de ganso. Fíjese el lector esta burrada, textual, de esa fundación:
“El escritor prochileno y defensor de
los trusts internacionales del petróleo Osvaldo Bayer desarrolló
novelísticamente la documentada obra de José María Borrego llamada La
Patagonia Trágica”. Hasta ahí la frase asnal. Ni siquiera escriben bien
el apellido de ese autor. Borrego, lo llaman. Y es Borrero. Es igual,
para ellos. Segundo: La Patagonia Trágica de Borrero no habla de las
huelgas patagónicas sino de los cazadores de indios, los negociados con
las tierras y la justicia del territorio de Santa Cruz. Para los autores
radicales, es lo mismo, total, quien lee su mensaje no va a ir a
comprobar nada. Pero la mentira queda, porque lo dice la Fundación Illia.
Agrega el escrito radical que los verdaderos autores de las trágicas
huelgas patagónicas de peones rurales fueron los que “servían
conscientemente a las multinacionales petroleras, a las ambiciones
chilenas de apropiarse de la Patagonia y a grupos anarquistas
bakuninianos que pregonaban una revolución que no entendían”. Y ya, en
el total despropósito, agrega la Fundación Illia: “Todos ellos son los
responsables del engaño a que fueron sometidos honestos trabajadores y
que tan trágicamente terminara”.
La Fundación Illia no tiene en cuenta ni siquiera la célebre sesión de
diputados de la Nación del 1º de febrero de 1922, donde se discuten los
fusilamientos en la Patagonia y donde se demuestra la increíble
injusticia cometida. No hay ningún diputado yrigoyenista que afirme lo
que ahora sostiene la fundación de que los autores de la huelga
“sirvieron a las multinacionales petroleras, a las ambiciones chilenas y
a grupos anarquistas bakuninianos que pregonaban una revolución que no
entendían”. Más todavía, el diputado radical Leónidas Anastasi en esa
sesión reconoce la tragedia y la injusticia cometida y señala, en su
larga exposición:
“De los dos mil trabajadores de Santa
Cruz han muerto una buena cantidad que eran secretarios y militantes de
asociaciones obreras, qué rara especie de bala es ésta que busca en el
campo de batalla precisamente a los secretarios de sociedades obreras, a
los organizadores del movimiento de resistencia a la patronal”. Está
todo dicho, lo dice un hombre de primera fila del gobierno de Yrigoyen.
Y la bancada mayoritaria radical no actúa con coraje civil y voluntad
democrática: al contrario rechaza, porque es mayoría, la comisión
investigadora que debía trasladarse a la Patagonia para excavar las
tumbas masivas. Sólo dos radicales votan para que se haga la
investigación: Amancio González Zimmermann y Ferraroti.
No hay ningún documento del teniente coronel Varela en el que pueda
basarse la tesis de la Fundación Illia-Calleja, en la que se demuestre
la intervención chilena ni la ridiculez de las “multinacionales
petroleras”. Una patraña de último momento de la Fundación Illia-Calleja.
Todo lo contrario, en mis cuatro tomos de La Patagonia Rebelde demuestro
cómo el gobierno chileno le ofrece al gobierno argentino colaborar en la
represión de las huelgas rurales con el argumento de que “los mismos
dueños de las estancias argentinas son los dueños de las estancias
chilenas”. Más todavía, la organización de extrema derecha Liga
Patriótica Argentina, presidida por el radical Carlés, recibe el apoyo
de la organización similar chilena, Liga Patriótica Chilena, para
reprimir a los huelguistas.
Todo es un embuste lo que sostiene la Fundación Illia-Calleja. Y así
recurre al insulto bajo contra mi persona. Por eso le iniciaré juicio
por calumnias. Pero al mismo tiempo la invito a un debate público sobre
las huelgas patagónicos que podríamos realizar en el aula magna de la
Facultad de Filosofía, ante docentes y alumnos de Historia. Podrá venir
el señor Calleja con todos los asesores que quiera.
Sobre el tema he escrito los cuatro tomos de La Patagonia Rebelde. Nunca
ningún protagonista de los hechos me inició juicio por calumnias ni
siquiera pudieron demostrar que alguno de los documentos citados podría
ser falso o malinterpretado. No, los militares sólo se atrevieron a
quemar mis libros y a perseguirme, cosa que me costó ocho años de
exilio. Mis libros fueron quemados por el teniente coronel Gorleri
durante la dictadura. Ese oficial después fue ascendido a general por el
gobierno de Alfonsín y eso que yo envié todos los antecedentes al Senado
de la Nación, que lo ascendió igual. Así que los argentinos tenemos un
general cuya especialidad es ser quemador de libros. He calculado que
actualmente el general Gorleri cobra un sueldo de general, que es cinco
veces el de un bibliotecario de una biblioteca popular. Realidades
argentinas.
Nunca el partido radical, del señor Calleja, me desafió a un debate
sobre mis libros y el film La Patagonia Rebelde. Se calló la boca.
Ninguno de sus representantes dijo nada. Y ahora se atreven con el
insulto barato propio de la necedad estólida. Detrás de ellos está la
sombra de los asesinatos cometidos también durante el gobierno de
Yrigoyen de la Semana Trágica y de los hacheros de La Forestal.
Pero, como decíamos al comienzo, esos temas no se discuten. Por ejemplo,
en la misma sesión de Diputados de 1922, se recordó que la cámara había
enviado tres años antes un pedido de informes al presidente Yrigoyen
acerca de la Semana Trágica y sus órdenes de reprimir la huelga de
metalúrgicos que exigían las ocho horas de trabajo, permitiendo la
actuación de la extrema derecha encarnada en la Liga Patriótica. Pues
bien, Yrigoyen nunca cumplió con ese pedido legislativo y se llamó a
silencio. De eso no se habla. Tengan los políticos la valentía de
reconocer los errores. Sólo así el país podrá entrar en los verdaderos
caminos de la democracia y el respeto a la vida /
Azkintuwe
* Escritor y
periodista argentino.
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