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DÍA
INTERNACIONAL DE LA LENGUA MATERNA |
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El llamado del mapudungun |
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Por estos días la UNESCO celebró el Día
Mundial de la Lengua Materna. Pareciera ser que para los pueblos
originarios este día es un llamado a la reflexión, principalmente
porque muchos de los pueblos originarios se encuentran con sus
lenguas vernáculas camino a la muerte. |
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Por
Jaqueline CANIGUAN* / Jueves 22 de Febrero de 2007 |
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- Foto de Sebastián
Hacher. |
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El mapudungun es una
lengua que se encuentra camino a la extinción, porque
la mayoría de sus hablantes corresponden a ancianos y
adultos. |
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El mapudungun espera
paciente seguir viviendo en la boca de su gente, en el
canto de los niños, en los chistes de reuniones.
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La
temática de las lenguas en peligro de extinción es un asunto que como
pueblo nos invita a darle un vistazo, es más, no sólo una ojeada sino
detenernos a reflexionar acerca de lo que sucede con el mapudungun, la
lengua nacional de los mapuches. Actualmente, la mayoría de los
estudiosos de las lenguas y los informes mundiales coinciden en señalar
que existen alrededor de 6 mil lenguas en el mundo y muchos de ellos
plantean que en las próximas décadas el avance acelerado del proceso
globalizador –que también se extiende a las lenguas- nos dejará sólo con
un centenar de ellas.
Según plantea Woodbury (1993) ‘para
los lingüistas el problema es obvio: estamos a punto de perder la mayor
parte de la diversidad lingüística que se ha desarrollado a lo largo de
la historia de la humanidad’, sin embargo y coincidiendo con el mismo
Woodbury, actualmente al menos para el caso de las lenguas originarias
de Chile no se ve que los departamentos de lenguas de la academia
chilena estén muy preocupados documentando, registrando y promoviendo el
mantenimiento (en algunos casos) y la revitalización de las lenguas en
otros.
El mapudungun, siguiendo la escala de Fishman, es una lengua que se
encuentra camino a la extinción, principalmente porque la mayoría de sus
hablantes corresponden a ancianos y adultos, existiendo carencia de
hablantes infantiles. Sé que muchos discuten esta afirmación cuando me
recuerdan los hablantes infantiles y jóvenes de Truf-Truf o el Alto Bío-Bío,
sin embargo, no podemos ser ilusos y confiarnos en los pequeños nichos
lingüísticos que existen en Wallmapu, cuando nuestra población recorre
el Estado Chileno de sur a norte y abraza Los Andes en el Pwel Mapu.
Son múltiples y variados los temas respecto de la lengua que no han sido
abordados y que esperan ser descubiertos, por enumerar algunos: no
sabemos el número exacto de hablantes de mapudungun, nunca se ha
realizado en Chile un censo lingüístico que establezca el número de
hablantes de las distintas lenguas originarias existentes en Chile; las
variantes dialectales no han sido completamente abordadas; el proceso de
adquisición de la lengua, información que contribuiría enormemente en el
diseño de metodologías de enseñanza del mapudungun como segunda lengua.
Son tantas y variadas las tareas por realizar que muchas veces nos
perdemos en discusiones acerca del nombre del idioma mapuche, mapudungun,
mapuchedungun, mapundungun, mapunchedungun, cada denominación tiene
defensores y detractores, así como la constante discusión entre lo
mapuche y lo mapunche.
Muchas veces me pregunto si hace
alguna diferencia que me autodefina mapuche o mapunche, cuando la última
denominación comencé a oírla al llegar a la ciudad, y toda la vida
escuché de la boca de mi tía-abuela machi Juanita que somos mapuche, de
la tierra, del aire, de las plantas, de los espíritus de los esteros,
del mar y que lo son también los mapuche que nacen y crecen en la
ciudad, que se fueron cuando las tierras se achicaron o como mi abuelo
que salió de la comunidad para “caminar el mundo” como el dice todavía
mirando hacia el horizonte.
Mientras nos sumimos en discusiones de cómo decir una cosa u otra, o de
cuál alfabeto utilizar si Ragileo, si el Unificado, si el de la UCT y el
tan promovido alfabeto Azümchefe de la CONADI, el tiempo avanza y cada
vez corre con más prisa, y las tareas que apremian quedan estancadas en
palabras y más palabras. Es urgente una definición política acerca de
las lenguas indígenas en Chile, una política lingüística que contribuya
a valorar la riqueza de la diversidad, una política que trascienda las
regiones “con presencia indígena”, hoy es la sociedad chilena en su
conjunto quien debe ser educada en la diferencia.
Aprender que no sólo existe el
español chileno (con todas sus variantes) sino que aunque queden pocos,
aún se oyen cantos, cuentos y conversaciones en otros idiomas y en el
mismo territorio. Pero si bien, esto es una urgencia, no podemos
nosotros como mapuche dejar toda la responsabilidad al Estado, sino que
en nuestro ser personal y colectivo como pueblo, las pequeñas acciones
pueden ser el motor que levante, despierte, reviva el mapudungun más
allá de los discursos rituales o las frases de saludos y despedidas de
los dirigentes en las reuniones.
El mapudungun espera paciente seguir viviendo en la boca de su gente, en
el canto de los niños, en los chistes de reuniones. Las adivinanzas se
están escondiendo en los recuerdos de los ancianos, parece que golpean
por salir para grabarse en las nuevas generaciones. Los juegos de
palabras son una metodología de enseñanza que puede permitirnos
reencontrarnos con el idioma. Insisto, todos tenemos tareas en este afán
por no dejar morir el mapudungun, unos en la academia, otros en la
política, pero todos en nuestra cotidianeidad, en la conversación
familiar, en los encuentros de amigos, en el paseo de fin de semana… en
fin son tantas las instancias en las que podemos ir practicando aunque
sea un juego mínimo de palabras.
La revitalización de la lengua mapuche no puede circunscribirse
solamente a programas de Educación Intercultural, debe ir más allá de
aquello. La enseñanza de la lengua no puede seguir siendo tomada de
manera fácil, se hace necesario invertir en formación de docentes de
metodología del mapudungun como segunda lengua, y nosotros mismos asumir
que para la realidad actual de la lengua, el idioma mapuche dejó de ser
lengua materna de la mayoría, es para muchos de nuestros hijos e hijas,
una segunda lengua y es allí, donde debemos enfocarnos, a programas que
no sólo fomenten la lengua como instrumento de comunicación, sino que
como un factor de identidad nacional.
Actualmente las organizaciones del movimiento mapuche, son el nuevo
agente educador que existe en las comunidades tanto rurales como
urbanas. Reflexionemos, ¿En cuántas comunidades la organización social
es el centro de la conversación, el lugar donde las personas aprenden
desde textiles y cerámica hasta liderazgo y derechos colectivos? La
demanda de tierras, sedes sociales y proyectos productivos, constituyen
una necesidad real y concreta, pero no es menor que un pueblo no se
sustenta sólo en producción y recursos de orden económico.
Un pueblo tiene también valor y
riqueza en su patrimonio intangible, y la lengua es parte de ese
patrimonio, así como hay llamados constantes a recuperar territorio, así
como hay continuas marchas para que se distribuyan los recursos de los
programas gubernamentales, las organizaciones y sus líderes, debieran
incluir en sus agendas que los programas culturales y culturalistas que
se desarrollan, no dejen el 10% para la voz de la historia. Estamos muy
a tiempo, el árbol de la palabra sigue aún con raíces firmes, sólo falta
conseguir un buen abono para que consiga dar frutos todos los años, y no
muera en su intento por sobrevivir / Azkintuwe
* Su autora es
lingüista y poeta. Miembro del Consejo Periodístico de Azkintuwe.
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