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PATRICIA TRONCOSO
ROBLES, PRESA POLÍTICA MAPUCHE |
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"Nuestro pueblo ha agotado las
instancias de diálogo con el Gobierno" |
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En medio de su
recuperación, luego del prolongado ayuno que realizó para reclamar
la revisión de su condena, la dirigenta que internacionalizó en las
últimas semanas conflicto estado chileno - pueblo mapuche explica
las razones de su lucha. Una dura batalla que se tiñó de sacrificio
y agitación en calles y comunidades, y un coqueteo constante con la
muerte. Gentileza de La Nación Domingo. |
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Por
Marcelo GARAY*
I
Lunes 11 de Febrero de 2008 |
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Patricia Troncoso Robles. |
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Foto de Agencias. |
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Párrafos |
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La
huelga fue un profundo acto de rebeldía frente a la soberbia y
la arrogancia. Sentía sobre mí la responsabilidad de defender
con dientes y uñas nuestra lucha. Sentí la muerte al lado de
mi cama", señala Patricia Troncoso. |
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Yo
seguiré luchando al lado de mi pueblo, pero por el momento no
hay planes. Sólo esperanzas de obtener mi beneficio. Mientras,
debo juntar dinero para una “mediagüita” y cositas para una
casita, eso es lo primero. Lo claro es que será en el campo". |
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TEMUKO
I
"La Chepa es brava". Esa fama tiene Patricia Troncoco desde que hace más
de una década se sumó a la lucha por la recuperación de tierras de las
comunidades indígenas de las regiones VIII y IX del país, el Wallmapu
(territorio mapuche). Una opción de vida que hizo sentir con todo el
peso de la sangre mapuche que corre por sus venas, pese a su apellido
winka, durante los 112 días que se mantuvo en huelga de hambre para
reclamar entre otras exigencias la revisión del caso Poluco-Pidenco, por
el que fue acusada de "ataque incendiario terrorista" y condenada a 10
años y un día de cárcel.
Pero en estos días, detrás de esa probada bravura asoma una Chepa que se
recupera a paso acelerado, atenta a que se le "asome marzo" y que el
Gobierno cumpla la palabra empeñada. Recostada en una cama igual a la
que fue engrillada para aplicarle suero, uno de esos días en que sin
dejar de mostrar los dientes a médicos y celadores sintió la muerte
hasta en su aliento y, sin más, preparó su funeral. Su queja hoy no es
porque uno de sus custodios cabecee el sueño en la sala de espera, sino
porque la furia contenida del volcán Llaima no es visible desde la
ventana de la habitación 719 del hospital de Temuko. Allí, durante
varias visitas encubiertas, relató a LND de puño y letra los pormenores
de su largo ayuno y su visión de un conflicto que, a juzgar por los
acontecimientos, parece estar comenzando.
-¿Qué le parece el nombramiento de Rodrigo Egaña por parte del Gobierno
para tratar de avanzar en la solución del conflicto con el pueblo
mapuche?
-Si hacemos un parangón con la ex ministra [Alejandra] Krauss [del
Mideplan], es exactamente lo mismo. ¿Qué hizo esa señora? Se subió a un
helicóptero, se paseó por las comunidades y lo único que se consiguió
fueron mapuche presos, muertos y la compra de predios para algunas
comunidades vía fondo de tierras. Los esfuerzos del Gobierno tienen el
propósito, una vez más, de entrampar los temas de fondo. Egaña significa
"hemos fracasado". A pesar de la represión, de los proyectos, de dividir
ante la opinión pública entre mapuche buenos y mapuche malos, seguirán
fracasando mientras el problema político-histórico sea tomado desde dos
opciones: plata pa los buenos, palo pa los malos.
-¿Ayudará a la reconciliación entre los mundos huinca-mapuche la ley de
reconocimiento de los pueblos indígenas?
-El reconocimiento constitucional no significa nada, si no son los
mapuches los llamados ejercitar y hacer valer ese derecho. Se necesitan
interlocutores válidos y resolutivos, y gestos reales para avanzar en
nuestro proceso de reconstrucción política y autónoma. Por ahí, entre
gallos y medianoche, se intenta buscar el reconocimiento constitucional,
el Convenio 169 de la OIT ¿Eso tendrá sentido con represión? Deseo
refrescar la memoria con respecto a la Ley Indígena y todas las
esperanzas que se pusieron en ella, y las decepciones que significó.
Cuando el Estado chileno desee hablar de territorio y autonomía es
posible que conversemos. Pero ahora, con el bototo en la cara, es
difícil.
-¿Qué opina de que la UDI haya impugnado el acuerdo que puso fin a su
ayuno?
-La derecha defiende una forma de abordar una problemática con todo el
rigor heredado de la dictadura, que busca entender la resistencia y
defensa del territorio mapuche "como conductas terroristas". El
otorgamiento de los beneficios no es caridad ni benevolencia, como han
insinuado, es el derecho que tiene todo interno condenado. Los presos
políticos mapuche que seremos beneficiados a partir de marzo contamos
con los requisitos para optar a ellos. Otra cosa es que fruto de la
política represiva que sostiene el Estado, que incluye también a
Gendarmería, el acceso a esos beneficios haya sido negado de forma
arbitraria en castigo por nuestras protestas, como la huelga de hambre.
-¿Qué importancia le asigna al rol que jugó la Iglesia Católica en la
solución de la huelga?
-Monseñor Goic fue más visible, pero no podría olvidar a Camilo Vial,
quien permanentemente nos mantenía informados de sus gestiones; al
obispo de Chillán, Carlos Pellegrin, o monseñor [Ricardo] Ezzati. Ellos
quizás no tienen el reconocimiento de sus gestiones, porque son obreros,
cuyo trabajo es compromiso de vida. Monseñor Goic fue muy consecuente y
responsable en comprender nuestra situación. Eso marca una recuperación
de la Iglesia para el pueblo. Hemos comenzado a escuchar un discurso no
sólo conciliador, como lo fue desde el fin de la dictadura, sino que
ahora se asume el impacto de un modelo económico inhumano, que desgarra
las entrañas de una sociedad con exitismo, poder, consumo, drogas e,
incluso, el suicidio como opción válida si no lo soportas.
Atenerse a las consecuencias
-Al iniciar la huelga, en octubre del año pasado, los ayunantes pidieron
revisar la Ley Antiterrorista por la que fueron condenados y otras
exigencias, pero luego se habló de beneficios carcelarios. ¿Al final
tuvieron que ceder?
-No cedimos ni un centímetro, sino que de forma inteligente buscamos
caminos que canalizaran estas demandas. Pedíamos la desmilitarización de
las comunidades, revisión del caso Poluco-Pidenco y la Ley
Antiterrorista en una mesa de diálogo, y como gesto de buena voluntad,
el reconocimiento de los beneficios carcelarios. Pero en Chile no
existen condiciones para conversar nada. Si no, ¿cómo explicar los 112
días de castigo en una huelga que daba indicios de posibles diálogos que
nunca ocurrieron? ¿Cómo hablar de la Ley Antiterrorista si el propio
[ministro] Pérez Yoma lo dijo: "Lo volveremos a hacer si es necesario".
Ante el mundo, Chile quedó como un país que aplica la Ley Antiterrorista
y eso no es bien visto, porque de inmediato es asociado a la dictadura
de Pinochet.
-¿Entonces usted cree que ganó esta batalla?
-A nivel nacional e internacional quedó en evidencia la violencia y
militarización de las comunidades que hoy resisten. Hicimos entender al
Gobierno, principalmente, que el tema de fondo es territorio y
autonomía, y que debe poner fin a la represión de las comunidades y
grupos de apoyo en la ciudad. Las soluciones de parche no sirven. Si tu
pregunta es si ganamos, sí, ganamos. Nuestro enemigo tuvo que venir a mi
cama a negociar y darme lo que pedía. Eso significa que ganamos. No yo,
la Chepa, porque soy una obrera más de esta lucha, ganamos los mapuche.
-¿Insistirá en la revisión del caso Poluco-Pidenco en un nuevo juicio?
-Mantengo la idea de total indefensión. El mismo Estado que nos acusa
también nos defiende con un defensor pagado por el Estado. La Ley
Antiterrorista, el tema del debido proceso, la presunción de inocencia y
los testigos sin rostro, lo tocaremos en tribunales internacionales, al
igual que los asesinatos de mapuche que investiga la justicia militar.
-¿Hay confianza en que se cumpla lo pactado?
-Lo que está en juego es la credibilidad del Gobierno de Bachelet en
materia indígena. Ver para creer. La historia y la experiencia nos dice
que las políticas implementadas son meros parches y que todo lo que con
la mano se escribe, con el codo se borra. El Gobierno puede decir lo que
quiera, pero tiene que cumplir en marzo. No me dio a mí su palabra, se
la dio a la Conferencia Episcopal, encabezada por monseñor Goic. La
Iglesia es la garante, el Gobierno, el encargado de cumplir. Si no lo
hace será su responsabilidad. Nosotros, los mapuche, estaremos atentos,
vigilantes. Si no cumplen tendrán que atenerse a las consecuencias
Diálogo agotado
-¿Cómo califica las acciones de la Coordinadora Arauco Malleco, CAM?
-A pesar de toda la persecución, la CAM ha sido hasta ahora la expresión
más digna de lucha y consecuencia. Allí no existen vinculaciones con
grupos subversivos, que es usado como signo de menosprecio, como si los
mapuche no tuvieran la capacidad de organizarse, pelear y avanzar
política y estratégicamente. Estemos de acuerdo o no, la coordinadora es
la que ha levantado la bandera vanguardista y confrontacional contra los
usurpadores y el sistema capitalista. Mientras estén las forestales
robándonos el agua y alteren los afluentes naturales, no tenemos otra
opción que la confrontación y recuperar las tierras usurpadas. Eso trae
represión, pero también resistencia y defensa.
-¿Por qué la CAM desechó toda posibilidad de diálogo con Rodrigo Egaña y
advirtió que continuará con las acciones de resistencia?
-Es absolutamente comprensible. Nuestro pueblo ha agotado las instancias
de diálogo con el Gobierno, porque éste no apunta a la devolución del
territorio usurpado por las forestales o los latifundistas ricos. Lo que
se ofrece es una compra de tierra que no tiene que ver con la
recuperación de lo robado. Y se le paga al ladrón por devolverla. ¿Cómo
lograron tanta tierra las forestales? Por una ley especial donde la
subvención era el real negocio. Por comprar una hectárea, plantarla y
explotarla, el Estado subvencionaba el 70%. El negocio ahora es que el
mapuche se llene de eucalipto y pino, mientras ellos se dedican a
comprar, acopiar y producir celulosa.
-La muerte del estudiante de la Ufro Matías Catrileo agravó la situación
en la Araucanía. ¿ Se podría agudizar aún más el conflicto?
-La realidad del conflicto es que nosotros vivimos allí y eso nos hace
defender y trabajar esas tierras. La represión siempre está de paso,
pero nosotros quedamos. La estrategia represiva cambió y se duplicó el
contingente policial con el único interés de provocar temor, reunir
información, hostigar. Los carabineros son ahora los guardias
forestales, los camperos de los ricos. No tienen otra función que
proteger, fortalecer, expandir y perpetuar la dominación. Este es un
conflicto político-histórico con el pueblo-nación mapuche que obedece
principalmente al reconocimiento de su territorio y autonomía. No lo
digo yo, sino la historia desconocida y tergiversada que aflora con la
misma fuerza que el problema con Perú o Bolivia. Allí sí son válidos los
tratados, los límites, cada centímetro de mar... Bueno, nosotros también
trabajamos por recuperar lo robado. LND
El funeral que no fue
–¿Cuál fue la principal complicación que experimentó durante la huelga?
–La huelga fue un profundo acto de rebeldía frente a la soberbia y la
arrogancia. Sentía sobre mí la responsabilidad de defender con dientes y
uñas nuestra lucha. Sentí la muerte al lado de mi cama, por todas las
señales que mi cuerpo presentaba y su deterioro progresivo. Algunos
dirán: ¿cómo duró 112 días sin comer y sólo con yerbas medicinales? Debo
decirles que desde el día 64 me llevaban al hospital para ponerme suero
y exámenes. Hubo un momento en que ya no tenía venas y se me implantó un
catéter [en el empeine]. No tenía donde escoger: era “por la razón o la
fuerza”, y ya me había negado a recibir químicos para que funcionaran
mis órganos y retardar el colapso. Fue así que estuve amarrada dos días
de pies, manos y del tronco, aunque entendía que era la obligación de
los médicos, y la mía resistirme.
–¿Temió por su vida?
–Llegó un momento tan claro para mí, que tuve que llamar a mi machi
María Ancamilla, de Temulemu, y al lonko Pascual Pichún, para preparar
los funerales. Para que fuera todo en orden y pudiera retornar adonde me
inicié peleando por la lucha de mi pueblo; al lado de las tres
comunidades: Temulemu, Didaico y Pantano. Era difícil hablar del tema
con mi padre y plantearle que estaba muriendo, pero mi vida sólo
dependía de la gracia de Dios.
–¿Cuáles son sus planes después de la cárcel?
–Yo seguiré luchando al lado de mi pueblo, pero por el momento no hay
planes. Sólo esperanzas de obtener mi beneficio. Mientras, debo juntar
dinero para una “mediagüita” y cositas para una casita, eso es lo
primero. Lo claro es que será en el campo. Y emprenderé un proyecto
autónomo de derechos humanos para dar ayuda jurídica a las comunidades
de la resistencia.
El Weichafe Catrileo
“Matías Catrileo representa la consecuencia, la lucha y la generosidad
de un ‘weichafe’ (jefe militar estratégico), pero también la impunidad
con que actúan los organismos represores. Lo desconcertante es que los
asesinos son premiados. En el caso de Alex Lemún, el policía Marco
Aurelio Treuer fue ascendido, y el asesino de Matías (Walter Ramírez) ni
siquiera fue sacado de servicio. Eso significa que el asesinato de
cualquier mapuche o no mapuche, como Rodrigo Cisternas, de la forestal
Celulosa Arauco, no tendrá culpables. Esto obliga a que los casos sean
vistos por tribunales civiles” / AZ
* Gentileza
www.lanacion.cl
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