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OBLIGACIONES DE DERECHOS
HUMANOS |
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La
"respuesta global" a los asuntos indígenas |
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Si Chile no es
Birmania ni Kenia, no hacen faltan observadores internacionales.
Falta que el Gobierno de Michelle Bachelet se crea su propio
discurso de políticas basadas en derechos, de un estado democrático
social y de derechos. Falta tomar los derechos de los pueblos
indígenas en serio. |
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Por
Víctor TOLEDO LLANCAQUEO*
I
Domingo 10 de Febrero de 2008 |
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Manifestación mapuche. |
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Foto de Pablo Díaz. |
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Párrafos |
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En
estos días las autoridades vuelven a improvisar diagnósticos,
y omiten toda referencia a sus obligaciones pendientes en
términos de derechos humanos. En otras palabras, omiten el
marco y la agenda que puede encauzar “el problema”. |
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Las
recomendaciones de los Comités son una hoja de ruta para salir
del laberinto. Parte del problema es ahora el tiempo escaso.
Es necesario establecer prioridades. Quedan solo 600 días; no
es un segundo tiempo, sino los minutos de descuento. |
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Las
agencias noticiosas informan al mundo que “Chile acepta la presencia
observadores internacionales en el conflicto mapuche”. Como si Chile
fuera Birmania (Myanmar) o Kenia, eso no es serio, comentó indignado un
parlamentario.
Consultado el Ministro del Interior Edmundo Pérez Yoma respecto a si el
gobierno aceptaría la visita de observadores para verificar la situación
de conflicto con las comunidades mapuches, la respuesta fue afirmativa.
“La veríamos como una ayuda al problema que estamos enfrentando, no
tenemos ningún inconveniente”, respondió correctamente el Ministro.
Ahora bien ¿Qué
podría decir una misión de observadores que no hayan dicho los Comités
de los Tratados de Derechos Humanos y el Relator Stavenhagen en sus
informes desde 2003 a 2007? Lo que pueden decir es, precisamente, que
Chile no cumple con las recomendaciones de los órganos de derechos
humanos. Y ese incumplimiento es parte del “problema que estamos
enfrentando”.
Un marco y una
agenda
Como diría la
Presidenta Bachelet, “los diagnósticos ya están hechos”. El Gobierno
cuenta con un conjunto de informes y recomendaciones de órganos
autorizados. No se trata de meras opiniones de comisiones asesoras, o
consejos de columnista dominical. Son recomendaciones fundadas en
Tratados, que vinculan al Estado desde el derecho internacional y
constitucional. Falta implementar las recomendaciones. Si el Gobierno
fuese serio no se requieren nuevas misiones de observadores. El plan de
acción que prepara el Comisionado Presidencial Para Asuntos Indígenas no
puede soslayar los siguientes informes y sus recomendaciones:
a) Relator Especial
Para los Derechos y Libertades Fundamentales de los Indígenas. Informe
de Misión a Chile. E/CN.4/2004/80/Add.3 17/11/2003
b) Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
Observaciones finales. CHILE. E/C.12/1/Add.105. 26/11/2004.
c) Comité De Los Derechos Del Niño, Convención Sobre los Derechos del
Niño. Observaciones finales CHILE. CRC/C/CHL/CO/3, 23/04/2007
d) Comité de Derechos Humanos. Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos. Observaciones finales. CHILE CCPR/C/CHL/CO/5 18/05/2007.
En esos informes y
recomendaciones están las obligaciones del estado, y los asuntos
candentes que preocupan a los pueblos indígenas. Incluidos los magros “5
ejes” de la política presidencial, que adquieren sentido en ese
contexto. Las recomendaciones forman una agenda para abordar “el
problema”, y una referencia insoslayable para evaluar las “respuestas
globales” que se preparan en estos días, en su contenidos y calendarios.
Por ejemplo, el Comité de Derechos Humanos dio plazo de un año -que
vence el próximo 18 de marzo de 2008- para que el Gobierno de Chile
informe sobre las medidas adoptadas para implementar sus
recomendaciones.
Sin embargo en estos
días las autoridades vuelven a improvisar diagnósticos, y omiten toda
referencia a sus obligaciones pendientes en términos de derechos
humanos. En otras palabras, omiten el marco y la agenda que puede
encauzar “el problema que estamos enfrentando”. Eso es eludir el
problema.
Una Mesa. La
invitación de la ONU
Junto con un marco y
una agenda, para enfrentar el problema, es necesario el diálogo. Todas
las voces bien pensantes lo dicen, como si fuese así de sencillo. Al
respecto es útil recordar que en el mes de Julio de 2007, el Alto
Comisionado para los Derechos Humanos y el Grupo Interagencial de la ONU
en Chile, invitaron al Gobierno y a las organizaciones indígenas del
país a un proceso de diálogo constructivo, asistido por los organismos
de Naciones Unidas, para consensuar, en un proceso estructurado y breve,
las prioridades y medidas de implementación de las recomendaciones del
Relator Stavenhagen, complementadas por los Comités.
La respuesta a la
convocatoria fue positiva, de parte de las organizacoines indígenas, de
los diversos pueblos, y en todas sus tendencias; una convergencia que de
suyo es extraordinaria. Sin embargo el Gobierno no estuvo a la altura de
un candidato al Consejo de Derechos Humanos, dilató el proceso y
desaprovechó una valiosa instancia – única en su género- para un diálogo
constructivo.
Difícilmente pueda
encontrarse otro convocante que pueda reunir a todos los actores, y otra
agenda que tenga la doble virtud de recoger los puntos básicos que
preocupan a los pueblos indígenas y, al mismo tiempo, basarse en
obligaciones jurídicas del Estado.
A inicios del 2008, sigue abierta la invitación que hiciera el Alto
Comisionado y el Grupo Interagencial de Naciones Unidas. Allí hay una
ventana de oportunidad. Solo países como Birmania o Kenia las
desaprovechan.
El Convenio 169,
la prioridad
Las recomendaciones
de los Comités son una hoja de ruta para salir del laberinto. Parte del
problema es ahora el tiempo escaso. Es necesario establecer prioridades.
Quedan solo 600 días; no es un segundo tiempo, sino los minutos de
descuento. Y valga la insistencia, el primer paso en marzo es la
ratificación del Convenio 169 de la OIT.
El Comisionado Egaña
entorpece su propia labor, y enturbia la agenda indígena, volviendo a
instalar el manido “reconocimiento constitucional”. Eso no es serio. No
hay tiempo para malgastarlo, ni votos para aprobar un reconocimiento
decente. El empeño hay que ponerlo en el Convenio 169, sin fútiles
“declaraciones interpretativas”. Esa es la vía rápida para fijar un piso
mínimo de derechos y procedimientos básicos de gobernanza democrática y
relación entre estado y pueblos indígenas.
¿Alguien se opone
abiertamente a ratificar el Convenio en el Senado? Nadie. La pregunta
ahora es para qué ratificar. Si es por mero simbolismo, no sirve. ¿Qué
medidas y esfuerzos inmediatos va destinar el Gobierno para la
implementación del Convenio? Ratificar es apenas el comienzo. El
Convenio 169 establece plazo de un año para su efectiva vigencia. El
desafío del Gobierno y las organizaciones indígenas es tomar en serio el
plazo, y en el 2008 avanzar en las medidas de implementación: políticas,
institucionales y jurídicas. El Convenio 169, asumido de buena fe, tiene
un efecto ordenador y catalizador.
Es el tiempo del ejercicio de los derechos ha dicho el movimiento
indígena. El 2008 es la ocasión de la implementación del Convenio 169 y
las recomendaciones de los órganos de derechos humanos. Están los
factores básicos: el marco, la mesa y la agenda.
Lo que falta es la decisión política y un Gobierno proactivo, que tome
iniciativa. Falta voluntad gubernamental de resolver democrática y
civilizadamente “el problema que estamos enfrentando”. Los “asuntos
indígenas" presentan un riesgoso vacio de gobernabilidad democrática y
confianza, que no se llena con policías, comisionados, ni vagos anuncios
de “planes” para marzo, si a fin de cuentas son más de lo mismo.
Si Chile no es
Birmania ni Kenia, no hacen faltan observadores internacionales. Falta
que el Gobierno de Michelle Bachelet se crea su propio discurso de
políticas basadas en derechos, de un estado democrático social y de
derechos. Falta tomar los derechos de los pueblos indígenas en serio
/
AZ
*
Centro de
Políticas Públicas y Derechos Indígenas. Coordinador Grupo de Trabajo
sobre Movimientos Indígenas y Democracia en América Latina, Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.
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