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ENTREVISTA CON VERÓNICA
ASPIROZ CLEÑAN |
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Los Toldos, allá donde viven los
indios |
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"Epu Bafkeh surgió
hace dos años [2005], de una organización que se llamaba Asociación
Barrio Comunidad Mapuche Los Eucaliptus y se sigue llamando así
jurídicamente. Es una de las organizaciones que surgió en uno de los
dos barrios más mapuches, más periféricos y más pobres de Los
Toldos", relata Verónica Aspiroz Cleñán, joven mapuche que conversó
con Indymedia / Azkintuwe en Buenos Aires. |
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Por
Hernán SCANDIZZO
I
Lunes 4 de Febrero de 2008 |
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Ceremonia tradicional en Los Toldos.
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Foto de Epu Bafkeh. |
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Párrafos |
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Uno
de los temas que como organización desarrollamos es el trabajo
en la educación formal y no formal. En la educación formal
para nosotros es importante incidir y transformar la
estructura de los contenidos". |
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Yo
creo que es la cuestión pendiente no sólo con nuestra
organización sino con la mayoría de las organizaciones
mapuches y comunidades, pasar del nivel discursivo a un nivel
de práctica, de coherencia", señala Verónica. |
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BUENOS AIRES
I
La entrevista fue una
charla animada en el histórico Café Tortoni de Buenos Aires, ese lugar
símbolo de la tan porteña como ibérica Avenida de Mayo. Allí Verónica
Azpiroz Cleñan, de la organización mapuche Epu Bafkeh, habló de Los
Toldos, la ciudad donde nació, el lugar que el imaginario escolar
bonaerense construyó décadas atrás como el único énclave mapuche en la
provincia. Reflexionó sobre el origen de ese punto en el mapa que fue
línea de frontera, también sobre el proceso de autorreconocimiento y
afirmación de la identidad, las reivindicaciones actuales y la
improvisación como eje de las políticas públicas para los pueblos
originarios.
"Nosotros hace poco estamos recuperando los nombres o la nominación en
mapudugun de los espacios territoriales, y Los Toldos para nosotros se
llamó Epu lafken [o Epu Bafkeh], porque cuentan los viejos que las
comunidades se asentaban entre dos ojos de agua, uno en castellano se la
llama ‘La Azotea’ y el otro se le llama ‘La Salamanca’. Y nosotros
intentando pensar cómo los viejos nuestros hubieran llamado esos
espacios, uno podría ser llamado Ge Lafken, que un poco lo pudimos ver
con Víctor [Caniullan], que es un machi de Gulumapu, y el otro Inal
Lafken, que sería ‘el segundo ojo de agua’. Para nosotros ese es el
verdadero nombre de Los Toldos, otras versiones dicen que esos
territorios eran querandíes. Nosotros a partir de la memoria de nuestros
viejos y de algo que hemos recuperado del kimun, pensamos que así se
llamó", sostuvo Azpiroz.
-¿Por qué crees que se rescata ese lugar como territorio mapuche dentro
del imaginario bonaerense y no otros lugares de la provincia?
Esa es una construcción de la historia oficial, nominar o decir que en
ese lugar están recluidos o ahí están reservados o ahí están reducidos
‘los indios’ o mapuches. Eso es parte de la construcción de la historia
oficial que hace a partir del gobierno de [Juan Manuel de] Rosas y
[Bartolomé] Mitre. En realidad discutir o entender las motivaciones de
por qué en ese lugar es también volver a erigir un héroe o un indio
amigo, un mapuche que pactó con el ejército. Me parece que hay que
descentrar ese discurso y empezar a indagar en nuestra propia historia
mapuche y no la historia como la piensan los otros.
-¿Ustedes cómo se sienten con ese imaginario que se ha creado?
Incómodos, porque una vez que se oficializa una historia aparecen los
folcloristas que entran a inventar también aquellas notas de color que
ayudan a reafirmar una historia oficial. Para nosotros la historia
mapuche es un tema a reconstruir porque está como muy impregnado, sobre
todo la generaciones de los ’30, ’40, ’50, de repetir o reproducir un
discurso oficial. Para nosotros eso es una de las tareas pendientes, de
hecho lo estamos intentando hacer y una de la cosas que decimos es que
en ese territorio no vivió un solo lonko sino que en 6 leguas o en 16
mil hectáreas deben haber existido 4 o 5 o 9 lonkos, de hecho en parte
de los archivos se empieza a nombrar las disputas que hay entre los
lonkos. Entonces eso marca que ahí no hubo una única comunidad, ahí se
desarrolló seguramente una especie de identidad territorial, rankulche –
si querés -, o pikunche o de las llanuras, pero no hay una única
comunidad como vende la historia oficial.
-Lo que marca la historia oficial es que ese era el territorio de
Kolikeo y lo congela ahí.
Claro, en realidad es a quien se le reconoce, el Ejército o el Estado
argentino, la posesión de 6 leguas, pero en definitiva se lo reconoce
porque se lo presenta como aquel lonko que pacta con el Ejército la
amistad o la frontera entre el winka y lo mapuche. Hay una historia
previa que es la disputa entre Kalfukura y algunas de las comunidades de
acá, algunos cuentan que en realidad Kalfukura le da batalla a Kolikeo y
como que después se desentiende de ese territorio porque era muy al Este
y lo da por perdido, lo deja hacer a Kolikeo. Eso es lo que cuenta la
oficialidad, pero a mi me parece que volver a reafirmar esa historia no
ayuda a nada hoy a la recuperación de la identidad ni de las tierras.
-¿El reconocimiento por parte del Estado en qué año se da?
En 1866 y en 1868, hay dos leyes, 474 y 552, primero le reconoce 2
[leguas] y después le reconoce 4 leguas, y eso en término de hectáreas
son 16.400, de las cuales los viejos cuentan que 3 mil nunca las
poseyeron, porque las apropió un estanciero. Ahora nosotros podemos
localizar el lugar, es de Vicente Pereda y se llama Estancia La V.P.,
que tiene 5 parajes más o menos [El amanecer, La Alameda, El
Quirquincho, El Silencio y La Rinconada], que son los campos más altos y
mejores, cultivables.
-Para no quedarse con la historia oficial ustedes en 2006 lanzaron una
campaña en la provincia para que se revean los contenidos en Ciencias
Sociales.
Uno de los temas que como organización desarrollamos es el trabajo en la
educación formal y no formal. En la educación formal para nosotros es
importante incidir y transformar la estructura de los contenidos de la
educación y para eso es necesario revisar la historia, porque los
chicos, los hijos nuestros, siguen estudiando en el 4to año la historia
de la fundación o de la refundación de Los Toldos, o de la
‘autonomización’, le pongamos el nombre que queramos. Siguen contando
que acá vino Electo Urquizo, puso una panadería... una historia de
Billiken que nos parece que sigue reproduciendo esa imagen del mapuche
con una lanza, con una pluma, que lo pintan de salvaje y que avergüenza,
sobre todo, mucho a los chicos. Hoy por hoy muchos de los chicos
nuestros no se animan a decir en el ámbito escolar, por más que se hable
de la interculturalidad, de los pueblos originarios... que son mapuches.
Porque ellos tienen mucha vergüenza de parecerse a ese icono del mapuche
con la lanza y con la pluma. Eso siempre es símbolo de barbarie, pero
además de mucha ignorancia, pobreza, de algo que es ridiculizado – sobre
todo – por las autoridades oficiales.
-En la provincia se pone Los Toldos o Epu Lafken como el lugar de lo
mapuche, ahí quedó lo mapuche, el resto de la provincia es ‘otra cosa’.
En esa isla que se arma ¿qué estrategias se pudieron dar para resistir
los embates culturales del Estado?
Yo creo que se resistió en el silencio muchísimo tiempo, y en la
clandestinidad. Muchas de las prácticas de la medicina mapuche resisten
y viven hoy por estar en la clandestinidad. Yo creo que hay mucho
silencio y hay algo que a nosotros nos duele, que pero que es verdad, es
el enmascaramiento de la identidad, que es ponerse mucho maquillaje
encima para no parecer mapuche. Pero en muchas de las prácticas
cotidianas las familias viven como mapuches, o sea, que por más que se
hayan teñido las chicas de rubio, y por más que los chicos se vistan
como los pibitos chorros, hay valores, hay prácticas cotidianas que dan
cuenta de la identidad.
Creo que a partir del ’92, cuando viene toda esta construcción de la
aboriginalidad a partir de los organismos multilaterales, de la lucha en
contra de la Conquista y todo el debate sobre si Conquista, encuentro;
en Los Toldos se empieza a dar un debate explícito de quiénes son y cómo
somos los mapuches, que hasta hace poco tiempo creo que era de modo
folclórico. Porque es muy fuerte el sector ganadero, porque es muy
fuerte la agricultura, porque es muy fuerte la cristiandad o la
institución Iglesia Católica, por lo tanto, ante tanta invasión y tan
cercana la sociedad winka, es difícil empezar a nombrar las cosas por su
nombre, entonces de modo folclórico creo que algunas organizaciones o
algunos personajes dentro de la historia de Los Toldos empezaron a ser
visibles.
Y creo que nosotros, ahora, a partir de haber podido salir de Los
Toldos, a partir de haber podido redescubrir nuestra propia identidad, a
partir de encontrarse uno en la ciudad perdido y no poder encontrar
quién es, vuelve a su origen y puede retomar la identidad interpelando
su propia vida. No como un modo discursivo sino la propia vida, en la
práctica, en la cotidianeidad, en el día a día, qué hace que yo diga que
soy mapuche o qué me afirma a mí como mapuche.
-¿En Los Toldos la gente mapuche sigue reproduciendo su cultura en el
ámbito rural? ¿Fueron desplazados a la zona urbana? ¿Cómo influyó en las
familias mapuche la integración de Los Toldos al aparato productivo
bonaerense?
En realidad la forma de integrarse fue como peones de campo. Los campos
[de las familias mapuche] cada vez fueron reducidos más, hubo mucho
desalojo de familias en los años ’30, ’40 y a finales de los ’50. La
mayoría de las familias tenía menos de 10 has, había familias que vivían
con 2 o 3 has, por lo tanto no podían vivir 9 o 10 hijos con esa
cantidad de tierra. Por lo tanto los hijos menores se iban a trabajar
como peones en las estancias o en los pequeños predios chacareros y las
mujeres, sobre todo, las mandaban como domésticas al pueblo, a trabajar,
a cuidar chicos o para limpiar. Entonces, la inclusión no fue desde un
lugar de poder o de ‘belleza’ de una cultura o de la riqueza que tiene
una cultura sino desde la carencia y desde la pobreza. Porque es ese el
lugar que el quedó al pueblo mapuche por haber perdido una guerra.
-¿En Los Toldos hoy está introducido el modelo sojero?
Sí, Los Toldos es un desastre porque hay casi 96 mil hectáreas sembradas
de soja o maíz transgénico, ya casi no quedan predios ganaderos, y lo
más terrible de esto es que la gente no toma conciencia que con el
monocultivo se pierde toda la diversidad biológica y cultural. Tampoco
toma conciencia que han empezado a haber enfermedades de la piel, de los
ojos y también cáncer, que tiene que ver con los agroquímicos. La gente
justifica algún tipo de ingreso económico, bienestar económico, porque
alguno de algún modo está vinculado al campo, todas las familias o casi
todas, y justifica un bienestar económico...: “¡Y bueno, pero estamos
mejor! Te pondrás una cremita”.
Si le vamos a preguntar a los viejos, los viejos saben muy bien qué
bichos o qué animales ya no están. Nosotros estamos haciendo estos
talleres de recuperación de la medicina mapuche y ya sabemos que de las
casi 260 especies que había en Los Toldos apenas quedan 60, por lo tanto
la posibilidad de ejercer nuestra medicina y de recoger lawen también
está coartada por el modelo agroexportador de monocultivos. Por eso
decimos que la posibilidad real de vivir nuestra cultura siempre está
limitada, no sólo por la legislación sino también por un modelo de
desarrollo económico que, además, ni lo piensan los argentinos, está
pensado desde otro lugar.
Nosotros hemos hecho varias declaraciones, llamados a tomar conciencia
de este tema, sabemos que es un tema arduo, pero vamos a dar batalla
hasta donde podamos.
-Decías de desalojos en las décadas del ’30 y del ’50. ¿La gente que
vivía en esas 16 mil has recibió título o estaba como fiscalero? ¿Por
qué particularmente en esos años se dieron los desalojos?
La distribución de las tierras se hace por familia. El problema de fondo
fueron los Kolikeo, porque los Koliqueo apropiaron más cantidad de
tierras de las que le correspondían, por lo tanto hubo familias que
quedaron fuera del reparto. Los Toldos desde que Mitre reconoce que esas
tierras son – como le llama – “de Ignacio Kolikeo y sus indios”. Nadie
tuvo títulos de las tierras hasta 1981. En plena dictadura militar el
ejército vuelve a reafirmar el despojo de las tierras y le da la
posesión de 4 mil has, de las 16 mil solamente se reparten títulos de 4
mil has, donde el 60% de la gente que se apropia de ese título es no
mapuche, porque lo que había que demostrar en esa ley – que era la 9231
– era la posesión veinteanial de las tierras, y nadie podía decir que
estaba en esas tierras hace 20 años porque constantemente los
desalojaban.
Nadie, como mis abuelos contaban, en los bancos le deba crédito para
poder cultivar, para comprar las semillas o comprar el tractor, lo que
sea, porque no tenías título. Entonces la mayoría de los partidos
políticos, hasta 1980 – desde el ’30 al ’80 – iban a hacer su campaña
electoral en el campo prometiendo la titularización de los campos, la
escritura. Ahora no va ni el loro al campo, porque los 4 mil, 5 mil
mapuches que vivían en el campo fueron todos a parar – además de que
hubo inundación – a las periferias de la ciudad. Por lo tanto ahora se
hace campaña electoral cooptando el voto mapuche en los dos barrios más
pobres de Los Toldos, repartiendo el bolsón [de comida] y el Plan
Trabajar.
El año pasado, cuando hicimos el trawun para recuperar el predio para
hacer el centro de salud donde está una antigua capilla, los viejos
empezaron a contar en qué momento se fueron, dónde estaban enterrados
sus padres, por qué se habían ido, quiénes se habían quedado con los
campos. De a poco algunos se van animando a contar la historia en voz
alta, pero todo le mundo sabe en Los Toldos quién se quedó con los
campos.
-De las conversaciones con la gente anciana de Los Toldos calculo que
también se irá recuperando por ejemplo cuáles eran los espacios
ceremoniales, por ejemplo.
Ahora iniciamos la recuperación del nguillatun, en el Wiñoy Xipantu. Lo
primero que queríamos era encontrar un lelfun que no hubiera estado con
soja y nos costó bastante. Estuvimos recorriendo, nos costó, pero
encontramos el campo del tío de uno de nosotros y pudimos empezar ahí a
preparar el espacio. Invitamos a dos comunidades de Neuquén - Millain
Currical [paraje Huncal, en el norte de la provincia] y Chiquilihuín [de
Junín de los Andes] - para que nos ayudaran a recuperar los roles
ceremoniales.
Empezamos y lo hicimos, fue hermosísimo, ninguno de los chicos que puedo
bailar choike purun había participado de un nguillatun, sus abuelos
tampoco. Pensamos que hace más de 150 años que no se celebra nada ahí,
de tal magnitud. Y fue muy emotivo porque los chicos nunca lo habían
visto, nunca habían bailado y parte de la recuperación fue esa, que
pudieran participar aunque no supieran, aprendiendo con los otros. Yo
también pude cantar algunos tayiel, fue muy emocionante poderle cantar
el tayiel de mi hijo. De hecho no sólo hicimos un nguillatun sino que
también pudimos recuperar algunas comidas tradicionales, como el apol o
el karritun, hicimos de nuevo la carneada de kawel (de potro), y los
viejos nuestros se acordaban de esas comidas, las pudieron comer,
disfrutaron muchísimo ese momento, pero nunca habían visto bailar choike
purun, nunca habían escuchado cantar tayiel, habían escuchado el kantun.
-¿Todos los espacios ceremoniales anteriores han quedado bajo soja?
No, hay uno que no, es donde está la laguna que nosotros le decimos Ge
Lafken, eso está sin soja. Pero eso se ha convertido en un lugar
turístico, sobre todo el municipio ha intentado o está intentando
reafirmar ese espacio como un lugar turístico con el cliché del ‘último
lonko’ que vivió acá. Ese lugar tiene toda la evangelización encima,
tiene un monolito del día que se titularizaron los campos en 1981, tiene
la cruz, los Koliqueo intentaron hacer siembra de unos peces ahí para
que fuese más exitoso el emprendimiento turístico. Nosotros creemos que
ese fue uno de los lugares ceremoniales más importantes pero que ahora,
en este preciso momento. A veces vamos a ese lugar a hacer algunas
cosas, un Wixa Xipan, chiquito, algún encuentro, y tratamos de estar
como podemos, pero sabemos que ese espacio está muy transgredido.
-Los Toldos está sobre esa frontera con ‘el indio’ que fue el Río
Salado.
En realidad la primera avanzada para la Conquista del Desierto fue esa.
Yo creo que Los Toldos sigue siendo un lugar de frontera en el
imaginario.
-Que las últimas ceremonias en ese territorio hayan sido hace unos 150
años, ¿tiene que ver con una presencia particular, por ejemplo, de la
Iglesia Católica? Sí, yo creo que tiene mucho que ver con eso. A mí me
cuesta mucho hablar de la iglesia porque yo fui formada dentro de una
estructura cristiana y fui militante durante mucho tiempo de un
movimiento católico ecuménico, pero cristiano, y reconocer todo lo que
la iglesia ha hecho para apagar la espiritualidad de los mapuches, de
los pueblos originarios en general, es muy fuerte. Porque además, en el
imaginario, las machis, o las pillan kushe, o las formas tradicionales
de sanar, de equilibrarse un pueblo, siguen siendo vistas como brujos,
como demonios, como ídolos. Y eso no ha cambiado demasiado dentro de la
estructura de la iglesia.
Digo de la iglesia más dura, quizás encontramos un par de curas, un par
de monjas, que a lo mejor se sienten un poco más de este lado, puedan
comprender que hay otras culturas que tiene su espiritualidad. El tronco
sigue manifestándose igual, quizás con más maquillaje, quizás con más
sutileza, con un discurso más amigable, pero sigue estando como intacto
eso. De hecho cuando nosotros tuvimos el conflicto con la antigua
capilla, en 2006, la misma gente mapuche decía: “¿Pero cómo van a
quitarle eso a las monjas, si eso lo construyeron las monjas?”. Y
nosotros devolvimos la cuestión: “Eso fue construido con las donaciones
de los propios mapuches que hacían de los chanchos, de las vacas, de las
vaquillonas, de los sembrados, del animalito, para que se pudiera
construir ese espacio”.
-¿Podrías contarme un poco cómo es la historia de ese lugar?
En ese lugar había dos familias mapuches cuando llegaron las Monjas de
la Caridad entre 1965 y 1967. Querían un espacio donde construir su casa
y su capilla, ellas cuentan que el lugar fue donado por las familias y
se construyó con algunas donaciones que ellas dicen que vinieron de
Italia, pero muchas cosas fueron dadas por los propios mapuches. El
apostolado de ellas estuvo vigente durante 30 años, después construyeron
enfrente dos talleres y en el ’95 deciden retirarse. Y deciden retirarse
porque en el campo ya no quedan mapuches, es algo que ellos no dicen. Lo
cierran y ellas cada tanto van y lo abren. En 2006 ellas necesitaban
irse a Bolivia, construir una casa y hacer apostolado allá, necesitaban
plata ¿y de dónde iba a salir la plata? De la venta de ese lote. Tienen
la pésima idea de poner un cartel de venta, y otra de las organizaciones
mapuche de Los Toldos, no la nuestra, saca una nota en el periódico
local pidiendo firmas para adherir a la no venta del lugar. Nosotros nos
sumamos a ese reclamo pero le pusimos el condimento de la cosmovisión y
ahí se produjo la disputa.
Nosotros dijimos: “Estamos dispuestos a pelear por este espacio pero no
caprichosamente, básicamente queremos decir que estas tierras fueron
mapuches y son mapuches, más allá de lo que hayan hecho durante los 30
años que [las monjas] estuvieron acá. Y no estamos discutiendo
creencias, estamos diciendo que es una cuestión de justicia”. Ahora
cambiaron las autoridades de la congregación, dicen que podríamos volver
a sentarnos a conversar porque ellas tienen intención, si estamos tan
interesados, de dárnoslo. Pero más allá de eso, que yo creo que es otra
instancia, y es posible. Yo creo que es esencial la que se apruebe la
ley de expropiación que presentamos en la legislatura bonaerense porque
lo que reconoce es que las 16 mil has son mapuches, y lo otro que
reconoce la ley es que hay un derecho de los pueblos originarios a
ejercer su medicina.
-¿Cómo es el predio en conflicto?
El lote es bastante grande, es una hectárea, hay una casa de 8
habitaciones, tiene algunos frutales, tiene un lugar donde nosotros
pensamos que se podría construir una pequeña ruka donde las machis
podrían venir a atender, pero además nosotros queremos intentar hacer la
recuperación de algunas especies nativas que están extinguidas en Los
Toldos. Queremos intentar esto, mostrar que se pueden recuperar algunas
especies y de hecho ese lugar sería como una especie de huerto familiar
demostrativo que podría empezar a reproducirse en otras familias.
Nosotros decimos que este es un proyecto que lo lleva adelante la
organización Epu Bafkeh pero es para el pueblo mapuche y para el pueblo
de Los Toldos que no es mapuche. Nosotros decimos: “Medicina mapuche no
para sojuzgar, dominar o imponer, medicina mapuche para tener la
libertad de sanarnos, de curarnos, de equilibrarnos ahí. Lo que queremos
es tener una identidad, que el pueblo mapuche tenga su propia medicina,
que de hecho la tiene, pero que esto no sea oculto sino que sea
visible”.
-El primer registro que tuve de Los Toldos mapuche, no fue por libro
sino de escuchar de los ‘hueseros’.
Sí, los ngütanchefe, Quemehuencho, era un viejo súper sabio y ahora
queda su sobrino que también es ngütanchefe, sigue ejerciendo sus
saberes en Los Toldos y también sé que sale a curar por la provincia. En
realidad fue muy combatido Quemehuencho por la corporación médica en su
tiempo, sobre todo en la década del ’80, que venían a Los Toldos
colectivos llenos de personas a atenderse. Hay gente que hace pelontun,
hace un diagnóstico con animales, con sapos, con pollos. Se sigue
curando a nuestros hijos con esa medicina, de hecho a mi hijo le ha
hecho un pelontun una lawentuchefe. En realidad tampoco se podría decir
que es la ‘lawentuche’, como el conocimiento estuvo tan fragmentado
entre nosotros hay algunos que tienen algunos saberes, los han
desarrollado y pueden hacer algunas cosas que serían más propias de una
machi.
-Decías que el proyecto de expropiación y de reconocimiento el
territorio mapuche se está trabajando en la legislatura provincial. Más
allá de este ámbito de gobierno, a nivel Estado, ¿hay una política en la
provincia para los pueblos originarios?
No, tiene muchos improvisados que intentan hacer buenos documentos y
generar algunas políticas que solamente son cliché. Son pequeños hechos
donde van, se sacan la foto, dicen que hacen algo por los pueblos
originarios pero no pasa nada. De hecho si pasara algo tendría que haber
gente idónea nuestra, no te digo pongamos a todos los mapuches o de
otros pueblos originarios en un departamento pero hablemos de co-gestión
al menos. Ni siquiera eso. Depende del personaje de turno que aparezca
en la gestión pública viene alguno más o menos leído y ocupa el espacio
y cree que es ‘Adán’, y empieza todo de nuevo.
-¿Hay alguna dirección, entidad, repartición específica dedicada a
atender las demandas de los pueblos originarios en la provincia de
Buenos Aires?
No, hay una Dirección de Folklore, Artesanías y Comunidades Originarias
en el Instituto de la Cultura de Buenos Aires. Después, dentro del
Ministerio de Salud, está el Programa Anahí [Apoyo Nacional de Acciones
Humanitarias para las Poblaciones Indígenas]. En realidad la mayoría de
la política para pueblos originarios en la provincia de Buenos Aires
siempre fue tomada por improvisados, en la Nación también, pero siempre
tienen a mano alguno que los asesora un poco mejor.
-¿Cuándo empiezan a surgir las organizaciones identitarias en Los
Toldos?
Las asociaciones u organizaciones a partir del ´92 todas van tomando
como formato jurídico. En realidad un poco antes. Nunca toman la
cuestión jurídica fuerte, pero entre el ’85 al ‘87 empiezan, porque la
gran migración del campo a la ciudad es entre el ’82 y el ’85, ’87.
Recién cuando se produce esa gran migración se crean organizaciones en
las ciudades y creo que una de las primeras es la Casa Cultural, después
creo que es la nuestra y después siguen las otras dos organizaciones,
Marici Weu y Comisión La Azotea.
-Epu Bafkeh, ¿cuándo surge? ¿por qué surge?
Epu Bafkeh surgió hace dos años [2005], en realidad surge de una
organización que se llamaba Asociación Barrio Comunidad Mapuche Los
Eucaliptus y se sigue llamando así jurídicamente. Es una de las
organizaciones que surgió en uno de los dos barrios más mapuches, más
periféricos y más pobres de Los Toldos. Un poco la organización venía
trabajando en recuperar algunas cuestiones, yo siento que fue de modo
folklórico y la llegada de nosotros, los más jóvenes... Los más jóvenes
con los más viejos nos llevamos bárbaro, pero con los del medio... Ahí
fue una disputa terrible, porque los de esa generación como que se
habían acostumbrado a tener un formato dentro de la juridicidad winka y
nosotros estamos apuntando a otra cosa. Y fue copado también el debate
entre nosotros porque la organización se reestructuró, se modificó, se
transformó y se está transformando a partir de esto, de la interpelación
de nuestra propia vida. Somos acción y somos pensamiento, pero sobre
todo somos una vida, una práctica.
Yo creo que es la cuestión pendiente no sólo con nuestra organización
sino con la mayoría de las organizaciones mapuches y comunidades, pasar
del nivel discursivo a un nivel de práctica, de coherencia. Tengo la
sensación de que la mayoría de nosotros puede elaborar el kimun o puede
transmitir el rakiduam, lo puede enunciar, lo puede emitir, lo puede
nominar, pero después eso cuando tiene que hacerse vida hace agua por
todas partes. En cambio aquel que quizá no puede racionalizar porque
tiene tan naturalizada su propia práctica mapuche, creo que es más
libre, más coherente en vivirla. Creo que esa gente que es más coherente
o más libre de vivir su propia identidad es la que todavía está en el
campo, en la comunidad, los que hemos llegado a la ciudad y los que
vivimos en la ciudad estamos como todavía demasiado aturdidos por el
ruido de la ciudad y los que han vivido en comunidad y se han venido a
la ciudad generalmente se pierden con las luces / AZ
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