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MUERTE DE MATIAS
CATRILEO |
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Un carabinero dispara su UZI contra un
joven comunero causándole la muerte. El país está sin ministro
titular del Interior. El clima bélico crece y crece. Auguramos que
muy pronto se desbordará en un estallido. El volcán Llaima parece
estar dando las órdenes. Ese viejo y poderoso toqui de poncho blanco
que lanza sus señales de humo a una nación despreciada por la
modernidad. |
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Por Antonio GIL*
I
Lunes 7 de Enero de 2008 |
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Las forestales debieran
estar muy preocupadas. No serán suficientes sus
batallones de brigadistas antiincendios ni todas las
compañías de bomberos del país para contener el fuego.
Arderá hasta la última rama de pino. |
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No
hace mucho un joven activista mapuche nos decía "nosotros no necesitamos
ni FAL, ni AKA, ni M16". "Nos basta con esto", agregó mostrando una
simple caja de fósforos. "Con esto podemos convertir todo el sur de
Chile en un infierno", afirmó, guardando el arma letal en el bolsillo de
su parka.
La guerra contra el pueblo mapuche no ha terminado nunca. Desde los
incas, desde Valdivia muerto en Tucapel, desde la arremetida de Cornelio
Saavedra con su Pacificación de La Araucanía, la guerra sigue ahí. Y es
como una guerra contra fantasmas. Contra seres de la noche, contra
espíritus de la naturaleza. Una guerra sin solución posible. Ya las
tierras están en manos de grandes empresas madereras. Los ríos
pertenecen a las hidroeléctricas. Pero un ánima guerrera, telúrica,
sigue enarbolando su boleadora y encendiendo su antorcha entre los
pinares.
Nadie sabe nada del pueblo mapuche. Nadie quiere saber nada. Es un hecho
que existen grupos radicales minoritarios que buscan la independencia
política de esos territorios. Y otros, más numerosos, que se conforman
con grados mayores de autonomía respecto del poder central. Lo cierto es
que el problema mapuche, con sus presos en huelgas de hambre, sus
mártires, sigue siendo un enigma. Las autoridades no entienden nada. No
conocen la forma de ser de ese viejo y sabio pueblo que renueva en cada
generación ese espíritu guerrero que los hiciera famosos en el mundo
entero. Se esconde la realidad mapuche, se ocultan los motivos de su
violencia y se entierra la cabeza en los arenales para no ver nada. Ya
vendrá otro gobierno. Ya pasará este mal rato.
Las forestales debieran estar muy preocupadas. No serán suficientes sus
batallones de brigadistas antiincendios ni todas las compañías de
bomberos del país para contener el fuego. Arderá hasta la última rama de
pino. Los fantasmas rondan en la noche de La Araucanía, sigilosos,
invisibles. Son una legión de seres antiquísimos, que ya estaban aquí
hace 20 mil años. Nadie ha podido contra ellos, ni tampoco con ellos.
Un carabinero dispara su UZI contra un joven comunero causándole la
muerte. El país está sin ministro titular del Interior. El clima bélico
crece y crece. Auguramos que muy pronto se desbordará en un estallido.
El volcán Llaima parece estar dando las órdenes. Ese viejo y poderoso
toqui de poncho blanco que lanza sus señales de humo a una nación
despreciada por la modernidad. A esos seres nocturnos que se despliegan
por la espesura enarbolando sus temibles, atómicas, cajas de fósforos
/
Azkintuwe
* Gentileza
www.lun.cl
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