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EL INICIO DE UN NUEVO
TRATO |
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¿Será este realmente el inicio de un
nuevo trato con respeto a los derechos de quienes se verán afectados
por los proyectos de la empresa o un simple discurso para mostrarse
más conforme con sus propios lineamientos? Eso se verá en las
futuras acciones y tras las conversaciones previstas para enero de
2008, esta vez en territorio mapuche donde se pretenden emplazar las
centrales. |
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Por
Silvia SCHÖNENBERGER*
I
Jueves 3 de Enero de 2008 |
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Esto no es una señal de
rebeldía o de rechazo al desarrollo, como muchas veces
se quiere hacer ver cuando comunidades mapuche se
oponen a proyectos de inversión. |
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Asistimos por tanto a lo
que podría ser el inicio de un nuevo trato, donde se
respete el parecer de las comunidades indígenas, ello
si es que la empresa se quiere mostrar coherente con
su discurso. |
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Es
una constante histórica la no consideración de la opinión de las
comunidades locales cuando una empresa nacional o extranjera pretende
invertir sus capitales en proyectos en Chile. Es más, se facilita el que
empresas transnacionales actúen libremente, incluso por debajo de los
estándares a los que se ven obligados en sus propios países. En este
sentido, no ha sido muy distinto el caso de la empresa noruega SN Power,
cuya intención es construir cuatro centrales hidroeléctricas en la
Región de los Ríos, frente a lo cual las comunidades afectadas han
mostrado su férrea oposición a estos “proyectos de desarrollo”, como los
llama la empresa.
Marcados por la memoria colectiva de lo que han significado las
inversiones en territorios indígenas a lo largo de la historia reciente
del país, concientes de que el estado chileno suele avalar cualquier
proyecto energético sin importar la postura de la población afectada por
la instalación centrales de este tipo, y acostumbrados a que CONAMA
apruebe la gran mayoría de los proyectos ingresados al Sistema de
Evaluación de Impacto Ambiental, las comunidades de Panguipulli
decidieron anticiparse a este proceso, impidiendo que la empresa efectúe
sus estudios de impacto ambiental y social.
Esto no es una señal de rebeldía o de rechazo al desarrollo, como muchas
veces se quiere hacer ver cuando comunidades mapuche se oponen a
proyectos de inversión. Más bien es un rechazo a un tipo de desarrollo
impuesto de fuera, sin consultar qué tipo de desarrollo quiere la
comunidad local para si misma.
Por el contrario, esta es una legítima manifestación de defensa de
derechos de los pueblos indígenas reconocidos internacionalmente, como
lo son el derecho de libre determinación, el derecho a un desarrollo
propio, el derecho a control sobre sus territorios, incluidos recursos
naturales como el agua, y el derecho a la propiedad ancestral, entre
otros. Es también un rechazo a la manera como las empresas invaden a las
comunidades y un cuestionamiento a la manera como se les quiere imponer
un modelo de desarrollo que no comparten. Es por tanto, un rechazo al
trato autoritario y soberbio de empresas que quieren hacer sus negocios
sí o sí, a costo de una parte de la sociedad más desprotegida, esa que
siempre se ha visto expuesto a atropellos, marginalizada política y
económicamente.
Las empresas transnacionales como SN Power -creciendo en poder cada día
gracias a evadir los marcos legales de sus países de origen y bajando
sus estándares a los niveles de los países anfitriones-, han mostrado
que no respetan los convenios y declaraciones universales, aunque estos
estén plasmados en sus directrices y políticas de negocio, así como en
sus compromisos de responsabilidad social empresarial, en este caso al
haber aprobado el Pacto Global.
Es por ello que una parte importante de la población de Coñaripe y
Liquiñe no quisieron esperar el día en que la empresa presentara su
estudio de impacto ambiental, para pasar luego por la evaluación
legitimadora en la CONAMA. Donde, lamentablemente, ni la participación
ciudadana considera de manera adecuada la opinión de la comunidad
afectada. Por eso las comunidades se organizaron, buscando también por
su lado lazos transnacionales para enfrentar el problema en sus raíces,
en su país de origen.
Fue así que encontraron el apoyo de distintas ONGs en Noruega, dado que
el estado noruego financia en un 100% a SN Power. Logrando gestionar la
visita a Oslo del werken de Coñaripe Pedro Antimilla, acompañado por una
represente del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas, con el
propósito de difundir en ese país los atropellos vividos por causa de la
empresa SN Power y hacer lobby en instancias estatales. Otro de los
objetivos era ejercer una fuerte presión sobre la empresa, dado que en
Noruega existe mayor control social e influencia por parte de una
sociedad civil que, de modo permanente, monitorea el actuar del estado,
siendo además muy receptiva de las demandas de pueblos indígenas y
sensible a casos de violación de derechos humanos.
Los resultados de esta estrategia fueron altamente positivos. Se logró,
por ejemplo, una reunión no programada en la ciudad de Oslo con el
vicepresidente ejecutivo de SN Power para Latinoamérica, donde el
dirigente mapuche expuso a la empresa cuales eran las exigencias de las
comunidades afectadas: esto es, que las comunidades sean las que pongan
la agenda y las condiciones bajo las cuales la empresa interesada en
hacer su inversión puede actuar. Implicó también que el vicepresidente
firmara un compromiso de cese de obras y de toda actividad de la empresa
en la zona hasta tener una reunión con los interlocutores
representativos de las comunidades afectadas, ello en sus territorios y
a su manera.
Asistimos por tanto a lo que podría ser el inicio de un nuevo trato,
donde se respete el parecer de las comunidades indígenas, ello si es que
la empresa se quiere mostrar coherente con su discurso. Ya que SN Power
siempre ha sostenido que, aparte de hacer negocios, su interés principal
es traer desarrollo a las comunidades locales en países emergentes. En
este sentido, cierto es que uno de los dueños estatales de SN Power es
Norfund, el fondo noruego de inversiones para el desarrollo en países
emergentes. Sin embargo, no es menos cierto que nunca se cuestionaron
qué tipo de desarrollo quiere la comunidad local, así como tampoco
atendieron, hasta ahora, sus demandas y exigencias. Entre otras cosas,
al no considerar el derecho al consentimiento previo libre e informado,
que establece el estándar internacional como condición para que
proyectos de inversión en territorios indígenas sean aprobados.
Cabe destacar también, en esta corta interacción de la empresa con la
comunidad, otro tipo de atropellos y diversos casos de malas prácticas
por parte del personal de SN Power en Chile. Por ello en Oslo el
vicepresidente tuvo que reconocer durante la reunión errores en la
conducción de la empresa en terreno, pero mostró a la vez voluntad de
modificar estas situaciones, sin lugar a dudas presionado por la
atención que se le dio al caso en Noruega. Se comprometió además a
consolidar un “nuevo trato” en esta relación, reconociendo que tenían
que escuchar las voces de las comunidades. Prueba de ello, es que tanto
el vicepresidente ejecutivo de SN Power como los representantes de
Norfund aseguraron explícitamente que no iban a hacer los proyectos, si
eso iba en contra de la voluntad de la comunidad local.
¿Será este realmente el inicio de un nuevo trato con respeto a los
derechos de quienes se verán afectados por los proyectos de la empresa o
un simple discurso para mostrarse más conforme con sus propios
lineamientos? Eso se verá en las futuras acciones y tras las
conversaciones previstas para enero de 2008, esta vez en territorio
mapuche donde se pretenden emplazar las centrales. Las comunidades
mientras tanto siguen en alerta, sin confiar en un sistema que
históricamente ha privilegiado los intereses económicos frente a los
derechos de sus pueblos. Lo importante, por ahora, es que la experiencia
vivida y la estrategia seguida han abierto esperanzas para que, por
primera vez, las comunidades afectadas sean realmente escuchadas /
Azkintuwe
* Antropóloga.
Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas.
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