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Carta a Bachelet por la vida |
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Lo más importante:
evitar esta muerte ya no es responsabilidad de Patricia, ese es el
punto. Sino de la creación de caminos de solución que lleven a
evitar que personas con su sensibilidad y compromiso político con la
causa de los oprimidos se vean obligados a ejercer estos medios de
presión frente a un sistema político sordo, ciego, mudo y cada vez
más envilecido por el poder y el dinero fácil. |
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Por
Manuel GUERRERO*
I
Domingo 27 de Enero de 2008 |
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Foto de Grupo de Apoyo en Chillán. |
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Párrafos |
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Seguir
una huelga de hambre en nada es comparable con el quitar la
vida por parte del Estado, en tanto detentador del monopolio
del uso de la violencia. Cuando el Estado quita la vida a un
particular se convierte en violador. |
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No
queremos que Patricia muera. Ella tampoco lo desea.
Presidenta, tienes a mano el indulto, la amnistía, la mesa de
negociación, la posibilidad de iniciar un camino de justicia.
No sirve el orden público si se construye sobre la base de la
muerte lenta de todo un pueblo. |
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Estimada
Presidenta,
Han surgido voces que a tu nombre critican el accionar de Patricia
Troncoso, en el sentido que está presionando en forma amenazante con la
pérdida de su vida por la causa mapuche y que ello sería equivalente a
quitar la vida ajena, y que por lo tanto el Estado debe detenerla a como
de lugar. El tema es profundo y no es fácil de despachar en un par de
líneas, pero no puedo evitar entrar en el debate aunque sea con un par
de ideas fuerza que deseo comunicarte en forma pública, rompiendo el
silencio para no ser parte de una empresa de muerte segura:
- Quitar la vida ajena no es lo mismo que dar la vida por otro. La
equivalencia entre ambos actos no cabe establecerla.
- La no equivalencia se acentúa cuando se trata de dar la vida como
decisión personal de poner fin a la propia existencia como medio para
salvar otras vidas, en este caso el de una etnia, una cultura excluida,
explotada, oprimida.
- Seguir una huelga de hambre en nada es comparable con el quitar la
vida por parte del Estado, en tanto detentador del monopolio del uso de
la violencia. Cuando el Estado quita la vida a un particular se
convierte en violador de los derechos humanos. De ahí la diferencia,
recogida en los institutos internacionales, entre un guerrillero o narco
o quien sea que mata, que cuando lo hace un funcionario público. Por
ello los particulares muertos por particulares no caben en el Informe
Rettig.
- Más aún; cuando el Estado por acción u omisión quita la vida de muchos
particulares, o los somete a condiciones de vida miserables y los
subyuga a través del uso de la fuerza, estamos ante una práctica de
Terrorismo de Estado. En el caso en que ello ocurre sobre un grupo
particular que pertenece a una etnia, como es el caso mapuche, estamos
ante un Etnocidio, que implica la destrucción de la cultura de un
pueblo. Ello puede ocurrir también bajo el ampara de una Ley y el Estado
de Derecho, en este caso la Ley Antiterrorista. Mantener el orden
público a costa de no asumir medidas que eviten la desaparición de una
cultura, de una comunidad de vida, implica una forma de exterminio, y
eso hay que decirlo con todas sus letras.
- Tomar la vida propia, como Ghandi y gran parte del movimiento de
derechos humanos en el mundo, como medio de presión (no de amenaza) para
sensibilizar en forma no violenta a la opinión pública, a la elites
gobernantes, a las instituciones morales, forma parte del acervo
democrático de los modos de hacer política en occidente. Sobre todo en
los casos en que existe un monopolio del uso y control de los contenidos
de la información, en el caso chileno por doctrina ideológica de los
propietarios de los medios masivos de comunicación, a pesar de la
aparente libertad de expresión. También cuando el sistema político es
cerrado a las realidades de ciertos sectores, sensibilidades,
poblaciones, etc., porque no hay espacio institucional para la
circulación democrática de alternativas distintas. Es el caso del
sistema democrático chileno de la postdictadura, asegurado por el
sistema binominal y otros enclaves autoritarios, aprovechados y
reproducidos por fuerzas políticas y representantes de sectores sociales
que no han estado en disposición a profundizar la democracia para
mantener sus prerrogativas particulares.
- Gran parte del movimiento contra la dictadura chilena fue llevado
adelante por la legitimidad que tienen este tipo de acciones como los
ayunos y huelgas de hambre. La más destacada es la del Movimiento Contra
La Tortura Sebastián Acevedo, conducida por el padre Pepe Aldunate. Tu
misma, Presidenta, participaste o apoyaste muchas de estas acciones no
violentas de presión. No es dable invertir la legitimidad de estos actos
ahora que se está en el ejercicio del poder político.
- Lo más importante: evitar esta muerte ya no es responsabilidad de
Patricia, ese es el punto. Sino de la creación de caminos de solución
que lleven a evitar que personas con su sensibilidad y compromiso
político con la causa de los oprimidos se vean obligados a ejercer estos
medios de presión frente a un sistema político sordo, ciego, mudo y cada
vez más envilecido por el poder y el dinero fácil.
No queremos que Patricia muera. Ella tampoco lo desea. Presidenta,
tienes a mano el indulto, la amnistía, la mesa de negociación, la
posibilidad de iniciar un camino de justicia. No sirve el orden público
si se construye sobre la base de la muerte lenta de todo un pueblo, de
toda una nación. Dejar que Patricia muera, o hacerla vivir a la fuerza,
sin solucionar el tema de fondo, te vuelve responsable, culpable de lo
que ocurra. Un mínimo de dignidad, compasión y solidaridad humana puede
en estos momentos salvar muchas vidas. Atentamente,
Manuel Guerrero Antequera. Sociólogo
** Gentileza
www.elmostrador.cl
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