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APROXIMACIONES A UN
DERECHO |
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Para tener avances
significativos en recuperar los derechos territoriales y autonómicos
del pueblo/nación mapuche es necesario cuestionar las premisas
liberales que suponen la neutralidad del Estado y avanzar hacia
"derechos diferenciados". No basta decir, como Jürgen Habermas, que
la ciudadanía multicultural consistiría sólo en adherir de modo
voluntario a los principios constitucionales. |
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Por
Álvaro RAMIS*
I
Viernes 18 de Enero de 2008 |
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Párrafos |
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Chile
es uno de los pocos países latinoamericanos que no ha
ratificado el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas,
que incorpora a las legislaciones nacionales sus derechos
colectivos. |
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Para
tener avances significativos en recuperar los derechos
territoriales y autonómicos mapuche es necesario cuestionar
las premisas liberales que suponen la neutralidad del Estado y
avanzar hacia "derechos diferenciados". |
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Para
tener avances significativos en recuperar los derechos territoriales y
autonómicos del pueblo/nación mapuche es necesario cuestionar las
premisas liberales que suponen la neutralidad del Estado. A finales del
siglo XIX el pueblo mapuche fue diezmado y arrinconado en escasos
territorios, perdiendo la autonomía que tuvo de modo incuestionable
hasta entonces. Ya en el siglo XVII, la corona española había reconocido
la inviolabilidad del suelo y de la autodeterminación mapuche mediante
el Pacto de Quilín, de 1641, acuerdo ratificado por el Parlamento
General de Negrete de 1803 (el último celebrado con España) y por el
cuarto Tratado de Tapihue de 1825.
Este último, firmado por la nueva república chilena, estableció que ella
no violaría la mutua frontera, al afirmar que: "Haciendo memoria de los
robos escandalosos que antiguamente se hacían de una y otra parte, queda
desde luego establecido, que el Chileno que pase a robar á la tierra y
sea aprehendido, será castigado por el Cacique bajo cuyo poder cayere,
así como lo será con arreglo a las leyes del país el natural que se
pillase en robos de este lado del Bío bío que es la línea divisoria de
estos nuevos aliados hermanos".
Sin embargo, pocas décadas después, el Gobierno dictó las leyes del 2 de
julio de 1852 y el 4 de diciembre de 1866 que constituyen el inicio de
un proceso de apropiación del territorio indígena. Las sangrientas
campañas militares de Cornelio Saavedra en 1862 y 1868-1869 no pudieron
acabar por completo con la autonomía territorial, que sólo terminó con
la campaña de exterminio indígena lanzada desde Argentina por el general
Julio A. Roca en 1878, concluida en Chile en 1883.
Los territorios conquistados se declararon terra nullius, y el Estado
chileno procedió al despojo de millones de hectáreas, que pasaron a
manos de los colonizadores. Para fijar la residencia indígena se formó
una Comisión Radicadora, a cargo de asignar los límites de las nuevas
tierras mapuche y otorgar nuevos títulos de dominio, conocidos como
Títulos de Merced. Entre 1884 y 1929 se entregaron 3 mil 78 títulos,
correspondientes a 475 mil 194 hectáreas, destinadas a 77 mil 751
personas. Cada título conformó una reducción indígena.
La política asimilacionista implementada por el Estado ha variado
históricamente en cuanto a medios y formas jurídicas de desposeimiento.
Hoy, el proceso sigue operando, bajo el sustento legal del artículo N 1
de la Constitución: "La Nación Chilena es única e indivisible". Así, se
impide cualquier posibilidad de plantear el establecimiento de un Estado
plurinacional, como el logrado en otros países latinoamericanos. Chile
es uno de los pocos países latinoamericanos que no ha ratificado el
Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas, que incorpora a las
legislaciones nacionales sus derechos colectivos, como el a la tierra, a
la consulta, a la participación, al territorio, y la libre
determinación.
El escaso territorio mapuche hoy es absorbido por las nuevas inversiones
extranjeras, caracterizadas por su desarticulación de la economía local
y su falta de sostenibilidad ambiental. Grandes proyectos energéticos,
forestales o de infraestructura vial. La única relación de las compañías
con las comunidades mapuches es contratar peones de construcción de
carreteras, obreros no-calificados en la explotación de plantas,
personal de servicio o a veces, proveedores de conocimiento tradicional
para la bio-prospección.
Para el pueblo mapuche es imposible llegar a establecer una relación
armoniosa con una economía de mercado, en las condiciones en que se
implementa hoy. Si bien los mapuches demandan un tipo de inserción
económica que permita satisfacer sus necesidades materiales, el objetivo
no puede alcanzarse si implica sacrificar su seguridad alimentaria, su
identidad cultural y su control de los recursos naturales, tanto hoy
como en el futuro. Los inversionistas, animados en exclusiva por obtener
un retorno rápido de su dinero, caracterizan a los indígenas como un
obstáculo en la realización de sus planes, y tratan descaradamente de
arrebatarles el control de su territorio. No trepidan en ejercer las
formas más agresivas y humillantes de discriminación y abuso.
Para tener avances significativos en recuperar los derechos
territoriales y autonómicos del pueblo/nación mapuche es necesario
cuestionar las premisas liberales que suponen la neutralidad del Estado
y avanzar hacia "derechos diferenciados". No basta decir, como Jürgen
Habermas, que la ciudadanía multicultural consistiría sólo en adherir de
modo voluntario a los principios constitucionales, lo que permitiría a
cada cual seguir "las tradiciones de su tribu". Este tipo de
afirmaciones oculta la trama histórica en la que se tejieron los marcos
legales de nuestras sociedades. Se requiere una nueva concepción de la
identidad cívica, fundada en el criterio de la solidaridad, no en el de
homogeneidad legal
/
AZ
* Teólogo
chileno. Centro Ecuménico Diego de Medellín.
** Gentileza
www.lanacion.cl
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