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ESTADO CHILENO Y PUEBLO
MAPUCHE |
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Reconocimiento y respeto pendientes |
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Mas allá de lo jurídico, la política
del estado chileno durante el 2007 ha seguido lesionando, de
diversas maneras, los derechos colectivos e individuales de los
pueblos indígenas. Así se ha mantenido inalterado el respaldo del
gobierno a los proyectos de inversión que intereses privados, muchos
de ellos trasnacionales, impulsan o planifican en territorios
indígenas, y que son rechazados por las comunidades. |
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Por José AYLWIN*
I
Viernes 28 de Diciembre de 2007 |
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Un avance en el plano
jurídico, estuvo determinado por el voto favorable del
estado chileno a la Declaración de la ONU sobre
derechos de los pueblos indígenas. |
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El Estado chileno sigue,
por consiguiente, sin escuchar no solo a los mapuche,
sino a instancias como el Comité de Derechos Humanos
de la ONU que en marzo pasado lo llamó a adoptar
medidas. |
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Otro
año concluye sin que se perciban avances en la relación entre el estado
chileno y los pueblos indígenas. En el plano jurídico, 2007 se va sin
que Senado haya ratificado el Convenio 169 de la OIT, convenio
internacional que espera la decisión de los honorables desde 1991, fecha
de su primera presentación al Congreso. Para la ratificación de este
Convenio, que reconoce a los pueblos indígenas derechos colectivos, como
la participación y la autonomía, la tierra, el territorio y los recursos
naturales, y que ha sido ratificado por 17 estados, 13 en América
Latina, contribuyendo a dar cauces institucionales para la solución de
conflictos históricos, se requiere- por decisión del Tribunal
Constitucional- 4/7 de los senadores en ejercicio. Ello hace necesario
el concurso de la oposición. Lamentablemente, los temores reverenciales
(escisión, fragmentación del estado, etc...) que
el Convenio genera no solo en la oposición, sino también ahora en
senadores de gobierno, han llevado a algunos a proponer su aprobación
con reservas, cuestión que carece de toda validez para la OIT.
Siempre en este plano, el ejecutivo- sin mediar consulta alguna a las
organizaciones indígenas- envió al Congreso un nuevo proyecto de reforma
constitucional, el que además de disponer que "La nación chilena es
multicultural”, reconoce “la existencia de los pueblos indígenas que
habitan su territorio y el derecho de los pueblos, comunidades y
personas indígenas a conservar, desarrollar y fortalecer su identidad,
idiomas, instituciones y tradiciones sociales y culturales". Las
posibilidades de su aprobación, dados los quorúm requeridos para la esta
reforma, son aún más inciertos que los del 169.
Un avance en el plano jurídico, estuvo determinado por el voto favorable
del estado chileno a la Declaración de la ONU sobre derechos de los
pueblos indígenas. Dicha Declaración, adoptada por la Asamblea General
en septiembre pasado, hace extensivo a los pueblos indígenas derechos
reconocidos a todos los pueblos, como la libre determinación. También
les reconoce derechos sobre sus tierras, territorios y recursos
naturales ancestrales, incluyendo la restitución cuando hayan sido
privados de ellos sin su consentimiento, derechos culturales y de
propiedad intelectual, entre otros.
Aunque algunos discuten las
implicancias jurídicas que la Declaración podría tener para los estados,
existen argumentos poderosos que permiten sostener que estos se
encuentran obligados a respetar los derechos en ella establecidos. Así
lo han entendido al menos la Comisión y la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en su decisiones relativas a denuncias de pueblos
indígenas por la violación de derechos garantizados en la Convención
Americana de Derechos Humanos. También destacable en el plano doméstico
es la aprobación, luego de años de lucha de los mapuche lafkenche, de la
ley que reconoce sus derechos sobre el borde costero, derechos hasta
ahora desconocidos en la ley de pesca.
Mas allá de lo jurídico, la política del estado chileno durante el 2007
ha seguido lesionando, de diversas maneras, los derechos colectivos e
individuales de los pueblos indígenas. Así se ha mantenido inalterado el
respaldo del gobierno a los proyectos de inversión que intereses
privados, muchos de ellos trasnacionales, impulsan o planifican en
territorios indígenas, y que son rechazados por las comunidades. Los
planes de construcción del ducto de CELCO al mar, resistidos largamente
por las comunidades lafkenche, la proliferación de propuestas para la
instalación de hidroelectricas en los ríos de comunidades mapuche
cordilleranas del Bio Bio a Los Lagos, la imposición del proyecto Pascua
Lama en territorio diaguita, son solo algunos ejemplos de ello.
Igualmente, la violencia policial y la persecución judicial en contra de
comunidades que resisten dichos planes, o reclaman por sus tierras
usurpadas, sigue siendo una política de estado. El caso de Temucuicui,
comunidad de Ercilla que reclama tierras que ancestralmente les
pertenecieron, constituye un claro ejemplo de esta política. Al igual
que el 2006, la comunidad fue allanada reiteradamente el 2007,
manteniendola en un estado de terror. En contra de sus dirigentes se han
dictado más de diecisiete ordenes de aprensión por diversos delitos,
inmovilizando con ello a la comunidad. Ante la ausencia de fundamentos,
dos de ellos han sido absueltos por la justicia en el último mes en
diversas causas, no sin antes pasar por prolongados períodos de prisión
preventiva.
Particularmente grave es la prolongación de la prisión, en base a
legislación antiterrorista, de una decena de dirigentes mapuche por
hechos vinculados a los conflictos de tierras ocurridos en los últimos
años. Dos de ellos, autodenominados – no sin fundamento- presos
políticos mapuche, mantienen una huelga de hambre que lleva ya 70 días,
reclamando su liberación y la desmilitarización de las comunidades en
conflicto. El silencio del gobierno- además del de la prensa y de los
sectores de poder- frente a esta dramática realidad cuyas implicancias
para la salud de los ayunantes pueden ser gravísimas, es inmoral. Ello
en particular teniendo en consideración que el gobierno fue parte en las
causas que derivaron en su condena y que su liberación requiere de
reformas legislativas y de la acción del ejecutivo.
El Estado chileno sigue, por consiguiente, sin escuchar no solo a los
mapuche, sino a instancias como el Comité de Derechos Humanos de la ONU
que en marzo pasado lo llamó a adoptar medidas, incluyendo el termino de
la violencia policial, la consulta previa frente a proyectos de
inversión en territorios indígenas, y la modificación de la ley
antiterrorista, para garantizar el respeto de los derechos humanos a los
pueblos indígenas. En este contexto, no es mucho lo que cabe de esperar
para el 2008. Sino hay de parte del estado un reconocimiento y respeto
mínimo a los pueblos indígenas y a sus derechos, sino hay causes
institucionales para dirimir y resolver conflictos históricos y
contemporáneos que involucran a sus comunidades, el escenario más
posible es el de la agudización de dichos conflictos. Es una realidad
lamentable en que el gobierno y la oposición no pueden ignorar su
responsabilidad /
Azkintuwe
* Abogado,
co-director Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas
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