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POLÍTICA INDÍGENA DE MICHELLE BACHELET |
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Las denuncias de abusos policiales
cometidas en contra de personas indígenas que han sido realizadas a
las autoridades de gobierno, incluyendo entre ellas al Ministro del
Interior, no han sido siquiera respondidas. Los hechos no han sido
investigados, ni menos castigados, lo cual no solo genera
frustración en las comunidades afectadas. |
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Por
José AYLWIN / Miércoles 27 de Diciembre
de 2006 |
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En cuanto a la labor de
CONADI, esta se ha visto seriamente dificultada por
las dinámicas partidarias que persisten en su
interior. |
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El gobierno de Bachelet
está dando continuidad a una contradictoria política
hacia los pueblos indígenas. Se trata de una
continuidad peligrosa. |
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Trascurridos
nueve meses de iniciado el gobierno de la presidenta Bachelet, hay
antecedentes claros que indican que la política de su administración
hacia los pueblos indígenas no solo ha mantenido las indefiniciones que
fueran características de la política de su antecesor en La Moneda en la
materia, sino también, las contradicciones entre el discurso y la
práctica.
Cabe recordar que siendo candidata Máchelle Bachelet se comprometió a
que durante su gobierno tendría presente el informe de la Comisión de
Verdad Histórica y Nuevo Trato a los Pueblos Indígenas, así como el del
Relator de la ONU para los derechos indígenas sobre Chile, ambos de
2003. Los dos informes habían recomendado la introducción de reformas
constitucionales que posibilitaran el reconocimiento y protección de los
derechos de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos
naturales, así como de su derecho a la participación política y
económica. También coincidían en la necesidad de que Chile ratificase el
Convenio 169 de la OIT. El informe del Relator de la ONU, además,
instaba al estado a no criminalizar la protesta social indígena, y a
poner termino al uso de la fuerza pública en contra de los indígenas y a
la aplicación de leyes especiales, como la ley antiterrorista, para
perseguir los delitos que pudiesen haber cometido.
Reiterando sus compromisos electorales la Presidenta Bachelet, con
ocasión de la celebración del año nuevo indígena, señaló en La Moneda el
23 de junio pasado: “Queremos un país cada vez más participativo, digno
y justo para todos. Y también, por cierto, para los pueblos indígenas,
para nuestros pueblos originarios. Un país inclusivo, sin
discriminaciones”.
Pues bien, lamentablemente las actuaciones de los entes públicos en
relación a los pueblos indígenas en lo que va corrido de su mandato han
estado muy lejos de orientarse por estos lineamientos. Por el contrario,
tales actuaciones nos hacen pensar que estos pueblos y sus derechos, o
bien siguen siendo ignorados por las autoridades, o están subordinados a
otras políticas que resultan prioritarias para la agenda gubernamental.
Por de pronto, en el plano jurídico, a pesar de los anuncios no se ha
otorgado hasta ahora la urgencia demandada por los pueblos indígenas al
proyecto para la ratificación del Convenio 169 de la OIT, convención
internacional cuya aprobación por el Senado sigue pendiente.
Tampoco hay avances en lo que dice relación con la reforma de la
Constitución para el reconocimiento de los pueblos indígenas y de sus
derechos. La urgencia otorgada por el ejecutivo a esta iniciativa
durante el primer semestre debió retirarse luego de que las autoridades
se percataran de que el texto del proyecto sobre el cual recaía dicha
urgencia, lejos de permitir tal reconocimiento, lo impedía. Ello, dado
que el texto aprobado por la Cámara de Diputados a la fecha rezaba: “La
nación chilena es una e indivisible.” El párrafo alusivo a los pueblos
indígenas y a sus derechos, a pesar de sus insuficiencias a la luz del
derecho internacional, no había sido aprobado por la Cámara.
En cuanto a la labor impulsada por la Corporación Nacional de Desarrollo
Indígena, esta se ha visto seriamente dificultada por las dinámicas
partidarias que persisten en su interior, así como por la influencia que
ejercen en sus decisiones los dirigentes indígenas que integran su
Consejo nacional. Cabe señalar que estos últimos, mas que abogar por las
demandas más sentidas y urgentes de los pueblos indígenas y de sus
movimientos, se han convertido en mediadores de los intereses de los
sectores que representan, muchas veces en desmedro de los derechos de
otros sectores indígenas.
Ello se ve claramente reflejado en la política de su Fondo de Tierras de
tierras, donde dicho Consejo nacional, a instancia de los representantes
indígenas, ha favorecido la adquisición de predios para sectores cuyas
reclamaciones de tierras son dudosas, en desmedro de las comunidades que
las reclaman por ser parte de su territorio ancestral, creando serios
conflictos en este caso, al interior del pueblo mapuche. De este modo,
aunque el incremento del presupuesto de esta entidad previsto para el
próximo año resulte valorable, no queda claro como CONADI, con las
limitantes antes señaladas, favorecerá los procesos de reconstrucción
territorial en que hoy están empeñados los pueblos indígenas.
Dudas semejantes surgen de la anunciada segunda etapa del Programa
Orígenes, iniciativa que de no ser reestructurada con criterios
profesionales y con la participación activa de los pueblos indígenas,
seguirá favoreciendo el clientelismo y la cooptación indígena, como
ocurrió en su primera etapa de acuerdo a los análisis de diversos
sectores, incluyendo el propio BID, que financia en parte este proyecto.
Otro de los planos en que la acción gubernamental no ha sido congruente
con los compromisos y la retórica presidencial – de participación,
dignidad, no discriminación, etc.- es el que dice relación con el
sistemático respaldo otorgado por las instancias públicas encargadas de
la aprobación de proyectos de inversión a aquellas propuestas privadas o
públicas a ser ejecutadas en territorios de propiedad o en reclamo por
los pueblos indígenas.
Así, la Comisión Regional del Medio Ambiente de la Región de Atacama,
bajo la actual administración, rechazó el recurso de reclamación
presentado por la comunidad diaguita de Huasco Alto en contra de la
resolución que la misma entidad había dictado aprobando el segundo
Estudio de Impacto Ambiental del polémico proyecto Pascua Lama, de la
compañía canadiense Barrick Gold. La reclamación desestimada por la
Corema impugnaba el proyecto en razón de su emplazamiento en tierras
ancestrales indígenas y de sus implicancias ambientales (recordemos que
el proyecto consideraba la remoción de los glaciares que alimentan el
río Huasco que sustenta la economía de los diaguita, remoción que aunque
no fue aprobada en definitiva por la Corema, no elimina los riesgos de
contaminación de sus aguas). En los meses de invierno el gobierno,
también a través de la Corema, esta vez de la Región de Los Lagos, dio
su respaldo a la empresa Celco para que esta siguiese adelante con los
estudios para la construcción de un ducto para verter al mar los
desechos de su planta de celulosa en Valdivia, en las aguas costeras de
las que viven los mapuche lafkenche. Ello a pesar de sus peticiones y
movilizaciones para evitar que ello sucediera.
En la Araucanía, además de respaldar cerradamente la construcción de 17
plantas de tratamiento de aguas servidas, la mayoría de las cuales se
realizan sin estudios de impacto ambiental (salvo la de Villarrica por
resolución de la Corte Suprema frente a recursos de protección de la
comunidad), la Corema aprobó, bajo la presión del Intendente regional,
la construcción de un nuevo aeropuerto en la localidad de Quepe. Se
trata de un aeropuerto que se emplaza en un área rodeada de comunidades
mapuche, las que al igual que las autoridades del Municipio de Freire en
que se emplaza el proyecto y varios consejeros regionales, lo han
rechazado y han exigido que se estudien otras áreas para su
emplazamiento.
La aprobación gubernamental de estos proyectos de inversión en
territorios indígenas, no solo da cuenta de la nula consideración que la
actual administración tiene para con las demandas de los pueblos
indígenas relativas a la protección de sus ecosistemas y la definición
de su propio desarrollo, sino que constituye una demostración evidente
de que el desarrollo productivo constituye para ésta una prioridad que
está por sobre los pueblos indígenas y que no se está dispuesta a
negociar.
En el plano de los derechos individuales, la Presidenta, luego de una
larga huelga de hambre que los presos mapuche por ley antiterrorista
realizaran a comienzos de año, manifestó su decisión de no seguir
aplicando dicha legislación en contra de los mapuche para perseguir sus
acciones de protesta vinculadas a sus reclamaciones de tierras, como lo
había hecho el presidente Lagos. Sin embargo, las iniciativas impulsadas
por parlamentarios de la Concertación, y por el propio ejecutivo con
miras a posibilitar la libertad de quienes se encuentran cumpliendo
condena por cargos de terrorismo, no han tenido éxito a la fecha, por lo
que esta demanda indígena en esta materia sigue sin respuesta.
En un ámbito relacionado, una práctica que ha seguido inalterada bajo la
administración Bachelet, es la que dice relación con los abusos que los
agentes del estado siguen cometiendo en contra de integrantes de
comunidades indígenas que se encuentran en conflictos con proyectos de
inversión, o con propietarios no indígenas. Todas las informaciones
existentes dan cuenta de que tales abusos, lejos de desaparecer, se han
intensificado el ultimo año, siendo estos cada vez más graves, y
poniendo en riesgo la vida y la integridad física de integrantes de
comunidades, incluyendo entre ellas a mujeres, ancianos y niños.
El caso más dramático es el de la comunidad de Temucuicui, en la comuna
de Ercilla, la que ha sido allanada siete veces este año año. En el
último allanamiento, verificado el 30 de noviembre pasado, carabineros,
con el apoyo de un helicóptero, registró las viviendas de los comuneros,
golpeando, entre otras personas, a una mujer embarazada que se opuso a
ello. A comienzos del mes de noviembre la policía civil disparó desde un
auto sin identificación, en contra de un grupo de integrantes de la
misma comunidad reunidos pacíficamente, hiriendo a uno de ellos en una
pierna. Hechos similares ser repitieron el 7 de diciembre pasado, cuando
producto de un violento operativo policial desarrollado en las afueras
de la ciudad de Ercilla, resultaron heridos a bala 10 comuneros mapuche,
uno de ellos con proyectiles en sus dos piernas. Los policías, que
actuaron sin que mediara provocación alguna de las víctimas, habrían
estado tras los pasos de dirigentes mapuche de la comunidad de
Temucuicui.
Las órdenes de detención que pesan sobre varios de los integrantes de
esta comunidad por diversos acciones delictivas que se les imputan,
entre ellas la agresión en contra del ex Director de Conadi, Jaime
Andrade, hecho por cierto condenable, no pueden justificar, en caso
alguno, al menos en un estado de derecho, el actuar abusivo e impune de
la policía.
La muerte del lonko mapuche Juan Collihuín, de 71 años de edad, y las
lesiones a bala provocadas a sus dos hijos Juan y Emilio Collihuín en
agosto pasado, como consecuencia de la actuación –sin orden judicial- de
carabineros al interior de un predio de propiedad de la víctima en la
comuna de Nueva Imperial, por una investigación en un caso de abigeato,
y sin que mediara resistencia alguna, constituye otro ejemplo de abuso
policial ocurrido bajo la actual administración que a la fecha sigue
impune.
Las denuncias de abusos policiales cometidas en contra de personas
indígenas que han sido realizadas a las autoridades de gobierno,
incluyendo entre ellas al Ministro del Interior, no han sido siquiera
respondidas. Los hechos no han sido investigados, ni menos castigados,
lo cual no solo genera frustración en las comunidades afectadas y en los
pueblos indígenas en general, sino que determina que quienes los han
perpetrado se sientan autorizados para volver a realizarlos, cada vez
con más violencia, como de hecho ha ocurrido.
Finalmente, en los últimos meses las organizaciones de pueblos indígenas
y de derechos humanos que han realizado denuncias frente a las
situaciones abusivas antes referidas y asumido la defensa de las
victimas, han sido objeto de actos de hostigamiento, con la completa
indiferencia, y por lo mismo complicidad, de las actuales autoridades.
Así por ejemplo, la sede de la organización mapuche Consejo de Todas las
Tierras en Temuco fue objeto de un asalto nocturno por desconocidos hace
un mes atrás. En la ocasión desconocidos sustrajeron de dicha sede los
computadores con que contaban para el desarrollo de sus actividades, sin
que los autores se llevaran otros bienes de valor allí existentes, y sin
que las denuncias realizadas por esta organización a la policía y a las
autoridades hayan permitido identificar a los responsables.
Un hecho similar ocurrió el 9 de diciembre, cuando desconocidos entraron
haciendo uso de fuerza a las oficinas del Observatorio de Derechos de
los Pueblos Indígenas en Temuco, en momentos en que estas se encontraban
desocupadas, procediendo a sustraer los discos duros de los seis
computadores con que contamos para el desarrollo de nuestro trabajo. Al
igual que en el caso anterior, dejaron en dicha oficina otros objetos de
valor, tales como impresoras y centrales telefónicas, dejando en
evidencia la intencionalidad del robo.
Se trata de hechos graves que afectan seriamente la labor de defensa de
los derechos humanos de los pueblos indígenas, labor que el estado
chileno se encuentra obligado a respetar en virtud de la Declaración de
la ONU sobre el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las
instituciones de promover y proteger los derechos humanos y las
libertades fundamentales universalmente de 1999.
Todos estos hechos demuestran entonces que el gobierno de Bachelet está
dando continuidad a una contradictoria política hacia los pueblos
indígenas. Se trata de una continuidad que no solo desconoce los
derechos colectivos de los pueblos indígenas hoy internacionalmente
reconocidos, sino que vulnera derechos básicos de sus integrantes,
haciendo – al menos a las víctimas de estas violaciones y a quienes
hemos podido constatar su realidad- recordar los días oscuros del
dictador recientemente fallecido. Igualmente grave, dicha política
resulta peligrosa, ya que afecta a un sector de la sociedad
históricamente discriminado por la sociedad y el estado chileno,
generando, como en el pasado, una violencia en su contra que puede tener
impredecibles consecuencias para el futuro de sus relaciones
interétnicas en el país / Azkintuwe
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