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Planteamientos de autonomía mapuche |
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Dentro del planteamiento de los
autonomistas mapuche que surgen en la década de los noventa y que
siguen desarrollándose en este siglo hay matices. Por una lado
autonomistas que se centran en sus propios esquemas de organización
cultural e históricos; y de otro autonomistas que adscriben
abiertamente a los modelos de organización autonómica que existen en
el mundo. |
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Por Pablo MARIMAN /
Lunes 11 de Diciembre de 2006 |
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- Marcha Mapuche en
Temuko. Foto de Pablo Díaz. |
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La hipótesis del ensayo
considera que los Mapuche cuentan con su propia utopía
política: la autonomía, la cual no aparece como
excluyente. |
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La actual situación que se
vive en Chile, dejan a los pueblos indígenas y a sus
aspiraciones bajo un fuerte cerco político.
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Actualmente
en Chile la discusión pública de la situación indígena está hace un
tiempo dando vueltas como un remolino. Por lo visto los continuos
gobiernos concertacionistas (cuatro sucesivos desde 1990), han llegado a
un tope de su oferta política y de la comprensión del fenómeno
interétnico en que se ven envueltos por las continuas presiones del
movimiento mapuche. Estas ofertas las podríamos resumir de la siguiente
manera: en lo económico asistencialismo bajo la figura “desarrollo con
identidad” el cual se ha ejecutado a través de un préstamo al BID que ha
devenido en proyectos focalizados en materias de educación, salud,
organización y desarrollo productivo; en lo social programas de becas de
estudio; en lo político lograr el reconocimiento constitucional y la
ratificación del convenio 169, proyectos que no cuentan con la mayoría
en ninguna de las dos cámaras.
Las ideas que porta el movimiento y que lo hace entrar en sintonía con
el escenario continental, como son sus aspiraciones a la autonomía, no
cuentan en el terreno público con ningún asidero, es más se las
estigmatiza por un grueso de la clase política, como influencias de tipo
separatista asociada a grupúsculos al interior de la sociedad Mapuche.
Visto así la situación y ya que no existen otros medios de participación
y definición de la política pública, por la cual se expresen otros
sectores sociales o la misma sociedad civil, el panorama se asemeja
mucho a un cerco político que impide que las relaciones fluyan en una
relación dialéctica superando los esquemas de subordinación-dominación
por las de cooperación y respeto.
Situación Neoliberal
En lo anterior a ayudado mucho el
consenso existente entre la clase política en cuanto a impulsar el
modelo económico neoliberal. Como se sabrá esto lo impuso la dictadura
militar, sin embargo los gobiernos llamados democráticos lo han
continuado sin ninguna alteración. Este modelo ha friccionado con la
sociedad Mapuche, por cuanto produjo un cambio en el régimen jurídico
sobre la tierra a favor de los grandes compradores e inversionistas, al
respecto, el 50% de las comunidades que quedaban sin dividir fueron
liquidadas a la fuerza y sus tierras puestas al mercado. Esto favoreció
el apetito de empresas y particulares, entre las que se connotan las de
tipo forestal (Toledo, 2006).
Las forestales son el resultado de una política de planificación
territorial en el cual se le asigna un rol a cada espacio del país
relacionado al mercado externo, para el caso las regiones históricas del
pueblos Mapuche (VIII a X regiones) están bajo esta calificación.
Entonces tenemos, división de la comunidad y presión sobre la propiedad
del suelo que antepone a los Mapuche frente al gran capital. Los
gobiernos actuales no han dado ninguna señal de cambiar el rumbo y hoy
se sabe que aumentarán las plantaciones en los próximos veinte años,
aunque el TLC firmado con China lo cuadriplicaría. Una bomba de tiempo
para quienes deben convivir con esta realidad que termina agotando los
recursos de agua determinando así los rubros agrícolas y ganaderos del
cual participan las comunidades. Las disputas por la propiedad de la
tierra que se llevan en contra de las empresas forestales han llevado a
la detención de muchos dirigentes, legándoseles a aplicar por parte de
los tribunales y con el respaldo de los demás del Estado condenas de
tipo antiterroristas, a través de leyes que heredadas de la dictadura,
han sido perfeccionadas en contra del movimiento Mapuche.
¿Señales de voluntad política? Actualmente el nuevo ejecutivo ha
planteado refundar el acuerdo con los pueblos indígenas, impulsando para
ello lo que denominan un “consulta”; sin embargo en lo que va corrido
del año las críticas ya se hacen escuchar entre los Mapuche al limitarse
los tiempos para una discusión profunda y representativa sobre el tema y
poner unilateralmente parámetros de discusión. Las discusiones tienen
que establecer una crítica a la política pública existente (no proponer
otra) y reflexionar políticamente considerando los tópicos aún no
resueltos por el Estado, como son el reconocimiento constitucional y la
ratificación del convenio nº169.
Los resultados de lo anterior están por verse, quizás no resulte nada
nuevo en el proceso, sino es que el movimiento asuma proponer otros
esquemas de negociación. Eso si se maneja en las esferas más íntimas a
la discusión, parte de lo que sería una propuesta de abordar la
participación política de los pueblos indígenas, esta denominada como
“cuoteo” implicaría conformar una representación política en base a un
porcentaje de diputados en el parlamento proporcional al peso
demográfico que representan en el conjunto de la nación. Esta idea
discutida en el Congreso a finales del noventa (o sea, ni siquiera es
nueva), se acompañaba de instaurar un parlamento indígena no territorial
sino complementario al nacional, cuestión esta última que se desechó de
plano, quedando la otra (las cuotas) guardada –por lo visto hasta ahora-
en los boletines y archivos parlamentarios:
"Quiero aclarar de inmediato que descarto absolutamente la autonomía o
el parlamento propio que han insinuado algunos dirigentes, porque me
parece que afectaría seriamente la unidad el país, generaría áreas de
ambigüedad y sería fuente de graves conflictos futuros. Por lo tanto a
mi juicio, debemos explorar otras opciones. ¿Cuales?(…) me parece
interesante explorar la posibilidad d e aplicar en Chile una fórmula
similar a la utilizada por Nueva Zelanda –país occidental, blanco,
desarrollado, progresista, etc- con los maoríes que no constituyen un
porcentaje de población superior al que los Mapuche constituyen en
Chile. Se trata de que esa representación política simbólica, por un
lado, y de participación real, por otro se pueda expresar en el
parlamento nacional.
Para ello vale la pena examinar la
posibilidad de crear una representación parlamentaria Mapuche o de
minoría étnicas en general, sobre la siguiente base: establecer un
registro electoral especial paralelo al registro general por el cual
pueda optar las personas de ascendencia Mapuche o pertenecientes a la
etnia respectiva quienes elegirán un número de parlamentario proporción
a la magnitud total en elación al universo general. De manera que si en
tales registros se inscriben 400 mil personas de un total de ocho
millones, la cifra resultante sería aproximadamente de un 5%, o sea 5 o
6 diputados Mapuche…Naturalmente, quienes opten por esta forma de
representación no podrían inscribirse en los registros electorales
generales, teniendo la libertad de cambiarse antes de cada elección, sin
que ello obligue a presentar candidatos Mapuche, sino que cada comunidad
postularía los que estime convenientes".[2]
Como vemos, ninguna de estas iniciativas dimensiona el territorio
histórico Mapuche como centro del quehacer político, es decir, se
plantean de manera extraterritorial, autocentradas en el congreso
nacional. Así como se les exige a los representantes del congreso hacer
una representación no del territorio sino de la nación (una abstracción,
pero con tradición en la política chilena), lo mismo seria para los
parlamentarios Mapuche, lo que hace del padrón electoral un proceso
engorroso, pues su inscripción no obedece a criterios distritales. Para
algunos esto es una interesante posibilidad de crear una comunidad
política entre los Mapuche, para otros una manera de alejar el tema de
la autonomía política-territorial y aumentar la dependencia e
integración a un estado-nación en calidad de minoría y sin cambiar el
carácter de su naturaleza (colonial). Provocaría un fenómeno de
incorporación de una parte de la sociedad política y deliberante
Mapuche, la de aquellos que funcionan de acuerdo a las normas de la
institucionalidad estado nación, con lo que se potenciaran los partidos
políticos estado-nacionales y -sociológica e históricamente hablando-
una oligarquía que más que buscar fuerza, legitimidad y reconocimiento
entre los suyos, lo haría al alero de los poderosos.
La hipótesis del presente ensayo: considera que los Mapuche cuentan con
su propia utopía política: la autonomía, la cual no aparece como
excluyente ni auto centrado en si mismo, lo que la convierte en un
modelo de convivencia con los propios chilenos en los espacios
circunscritos a su territorio histórico. Por otro lado implica una
modificación del contrato con el Estado en su dimensión jurídica,
cultural, económica y obviamente política. Este necesariamente debe
descentralizarse política y administrativamente, plurinacionalizarse o
reconocer su diversidad y los distintos marcos jurídicos que operan en
su interior. Por su parte la nación Mapuche debe reconstituirse
políticamente a través de un proceso de centralización política
autocentrada en un parlamento propio y otro compartido con el resto de
la población del territorio, así como recuperar su patrimonio
territorial con el acceso a los recursos, a su uso, negociar sus
ventajas comparativas y establecer la cooperación económica a partir de
los mismos.
El presente ensayo cuenta de cuatro partes: la primera de ellas abordara
un breve contexto histórico en el cual se echaran las bases de un
análisis centrado en la situación colonial que vive la población
Mapuche. En segundo lugar se demostrará el divorcio de los paradigmas
integracionistas usados por el estado con aquellos estructurados desde
el movimiento Mapuche que ponen como centro la autodeterminación como
derecho y la autonomía como reivindicación política. Finalmente se
demostraran las propuestas que visualizan escenarios futuros
relacionados con la autonomía.
Contexto Histórico
Perspectiva General: A la llegada del europeo el wall mapu o país
Mapuche se extendía a ambos lados de la cordillera de los andes en el
cono sur de América, creando dos macrozonas identificadas como ngulu
mapu (poniente) y puel mapu (oriente). Ambos ocupaban una superficie en
lo que hoy es Chile de 30 millones de hectáreas y en la Argentina cuatro
veces superior. El fenómeno de la guerra de conquista afectó de manera
diferenciada a las poblaciones de uno y otro lado de la cordillera.
Mientras que en el virreinato de la Plata los territorios interiores no
fueron conocidos sino sólo hasta el siglo XVII, constituyéndose como
límites naturales los ríos cuarto y salado, en el ngulumapu, la creación
de la gobernación de Chile significó una guerra (de Arauco) dilatada en
el tiempo que terminó estableciendo a través de un pacto político
conocido como Parlamento, una frontera en el río Biobio. La población al
norte de ese río vivió las mismas condiciones coloniales de otros
pueblos del continente, mientras que quienes quedaron al sur gozaron de
la independencia política y territorial.
La nación Mapuche fronteriza con el tawantinsuyo y con los pueblos de la
pampa y canales australes, fue un tipo de sociedad que más que crecer
piramidalmente lo hizo extendidamente a través de wichanmapu que
ocuparon hábitat extendidos como litorales (lafkenche), cordilleras (pewenche),
llanos (lelfunche), etc. Estos regularmente realizaban futratrawün
(parlamentos) cuando hubo que tomar decisiones colectivas, por ejemplo
ante la guerra o en los encuentros políticos (parlamentos) con los winka
(no mapuche). Si bien los liderazgos Mapuche se vieron fortalecidos y
algunos se formalizaron, la sociedad no institucionalizó el poder en
grupos que cumplieran esa labor desprendidos de los roles cotidianos, es
decir, una burocracia que se transformara en clase política o en una
oligarquía. La base de la economía fue la interrelación de muchas
actividades que tuvieron en su último periodo de bonanza a la ganadería
como uno de sus más preciados recursos.
Esta realidad cambió drásticamente al consolidarse las republicas
independientes en la primera mitad del siglo XIX. Los grupos criollos
enquistados en el poder tras modelos librecambistas en su economía,
determinaron la existencia de los pueblos indígenas que vivían el status
quo del periodo imperial hispano. Sus objetivos fueron liberar la tierra
del dominio de estos. Para el caso de los Mapuche significó una guerra
de conquista a ambos lados de la cordillera, la que consuma Chile el año
1884 y Argentina en 1885.
Condiciones Coloniales: La situación abierta en adelante es la que
caracteriza a los pueblos “condenados de la tierra”, es decir, no son
las metrópolis de un imperio quienes provocan el acto de conquista y la
dominación , sino los propios estados que tras modelos homogéneos de
nación terminan imponiendo su cultura desde una posición de dominantes.
En el caso de los Mapuche y Chile la relación colonial se cimienta en
tres vigas maestras: la primera es el despojo patrimonial y la
pauperización económica; la segunda es la imposición de la
institucionalidad estado-nacional marginando y persiguiendo las
propiamente mapuche; Por último, la supresión de derechos colectivos por
los de tipo liberal, se alcanza la calidad de ciudadanos aunque de
segunda clase, pues sobre su propiedad rige una serie de leyes de
división de comunidad que buscan poner su tierra en el mercado.
Adiós al modelo estado-nación y su visión indigenista-integracionista
Proyecto histórico de admapu. Hacia la década del ochenta la
organización Ad-Mapu define entre sus bases programáticas la necesidad
de contar con un proyecto histórico como sociedad, esto en abierta
alusión a repensar críticamente el carácter del estado bajo una
dictadura militar. Al respecto bajo este gobierno se impuso la división
del cincuenta por ciento de las comunidades que aun quedaban indivisas.
El objetivo era crear propietarios individuales que con el paso del
tiempo tuvieran la libertad de vender o arrendar como cualquier
ciudadano. Es decir, la idea de igualar en derechos, no más que desde
una posición ultraliberal. Así como conseguían por la fuerza este
propósito iban logrando los cambios estructurales en la propiedad
territorial de la otrora frontera, los cuales iban acorde con las nuevas
políticas neoliberales. En este contexto dictatorial, el año 1983 la
organización admapu señalaba su aspiración:
"Por una nueva sociedad, justa y democrática, en donde nuestro pueblo
participe con igualdad de derechos frente a otros sectores sociales del
país; creemos que una nueva democracia sin la participación del pueblo
mapuche no puede ser democracia. Por la autonomía y autodeterminación de
nuestro pueblo en cuanto que debemos ser gestores y protagonistas de
nuestro propio proceso de desarrollo.
Finalmente, y junto con lo anterior, exigimos participación en la
redacción de una nueva Constitución política que resguarde y garantice
nuestros derechos y patrimonio cultural de acuerdo a nuestra identidad
étnica" [3].
Para muchos activistas del movimiento de esos años, aquí están las bases
de lo que será el posterior desarrollo de la autonomía como proyecto
histórico. Aunque siendo rigurosos debiéramos reconocer que se trata de
la cristalización de un anhelo que contaba con más décadas de
elaboración y que se fue retroalimentando de las influencias del
indigenismos y especialmente de las posiciones del movimiento indígena
continental, especialmente al conocerse los resultados de las
negociaciones que otros pueblos hacían con los estados, como en el caso
del Canadá, Panamá y posteriormente Nicaragua.
Chile atrasado en décadas de la discusión indigenista continental. El
golpe de estado del año 1973 aisló al país de la discusión continental
en materia de pueblos indígenas. Desde el congreso de Patzcuaro, en el
año 1940 hasta la declaración de Barbados a principios de los setenta,
esta discusión varió desde la integración económica-social con
conservación o supresión de la cultura, hasta concebir el derecho a la
autodeterminación a los pueblos indígenas, entendiendo así que estos no
solo provienen de una comunidad de origen sino que cuentan además con
una comunidad de destino.
En países como Ecuador los gobiernos
en conjunto con los movimientos indígenas implementaron políticas de
educación bilingüe intercultural en la década del ochenta, lo mismo en
salud. México, Colombia, Bolivia también han tratado y profundizado
algunas de estas materias, sin embargo resulta paradójico que una vez
vuelta la democracia al Chile su clase dirigente halla concebido el
hecho cultural, como un elemento sobre el cual se pueden organizar
políticas públicas pero prescindiendo del marco de derechos y de los
contextos políticos que apuntan hacia la autonomía.
Interculturalidad ¿versus? Autodeterminación. El paradigma de la
interculturalidad que usa el actual organismo indigenista de Chile
(CONADI) y el Mideplan, se centra en los procesos culturales e
identitarios que son propios de cada pueblo, sin embargo estos no asumen
causalidades en el comportamiento de las relaciones y a veces sólo se
quedan con el fenómeno de la diferencias sin situarlos en una dinámica
histórica y menos en una relación de poder donde se distinguen
dominadores y subordinados generando condiciones de desigualdad. Esto
evidentemente trae aparejado algunos fenómenos prácticos. Se puede
plantear ínter culturizar la educación o la salud, pero el poder es una
cuestión que queda de lado.
El movimiento Mapuche asumió el concepto interculturalidad antes de ser
formulado como parte de la política pública, aunque con reparos a
quienes buscan frankensteinizar las culturas[4]. Esta actitud de
resguardo fue pitonisa al comprobarse como la institucionalidad de
gobierno –quizás con la mejor de las intenciones, pero equivocadamente-
hacen mezclas arbitrarias o bien utiliza manifestaciones culturales
Mapuche en contextos políticos e institucionales contrarios y hasta
antagónicos con los intereses indígenas. El paradigma que ha puesto el
movimiento frente al accionar gubernamental es aquel de la
autodeterminación, el cual se centra en el derecho que tienen los pueblo
a decidir por si mismos. Evidentemente en la situación política actual,
en la cual se ve un cerco político a las fórmulas propias de una
autonomía, ambos paradigmas, el del indigenismo criollo y el del
movimiento, más que complementarse entra en una oposición por la manera
en que son concebidas y puestas en juego
La liberación Nacional Mapuche
Algunas organizaciones Mapuche desde
hace ya un tiempo han puesto en la discusión del movimiento el propósito
político de sus movilizaciones para lograr un acto de liberación
nacional, entendida esta no como un proceso de articulación de una
fuerza que busca la independencia y la creación de un estado propio,
sino el ejercicio pleno de los derechos colectivos que consagra la
autodeterminación, en el contexto país a través de la autonomía
política, en la cual se subraya la capacidad de autogobernarse en sus
territorios y contar con un modelo económico opuesto al de tipo
capitalista. Quienes expuso públicamente este concepto fue una de las
organizaciones más duramente reprimida por el gobierno de Frei y de
Lagos, la Coordinadora Arauco Malleco. En la columna “la presión del
empresariado” de Weftun, publicación oficial de la Coordinadora Arauco
Malleco, se lee:
“Hoy día nuestro Pueblo, las comunidades mapuche en conflicto y todos
aquellos mapuche que han asumido el planteamiento de la Coordinadora,
hemos definido desarrollar una lucha sostenida que no se limita a
reivindicaciones específicas por retazos de tierras, bonos o proyectos
culturales. La resistencia que desde las comunidades se ha dado tiene
como propósito frenar las inversiones capitalistas en nuestro territorio
y ampliar nuestro espacio de control territorial, de no ser así nuestro
Pueblo está expuesto a su desaparición. Nuestra estrategia es entonces
combatir día en día y en el terreno a quienes pretenden aniquilarnos
paulatinamente, dejando de manifiesto que hemos iniciado un legítimo y
sostenido proceso por la Liberación Nacional Mapuche”.[5]
Parlamento propio y parlamento interétnico para el Ngulumapu.
Diagnóstico y escenarios de la autonomía. El campo “ideológico” que
nutre los planteamientos de autonomía del movimiento Mapuche pone su
centro en escapar de los paradigmas desarrollistas que han vuelto el
tema indígena como un problema de pobreza y no de empobrecimiento o como
un problema de marginalidad social y política y no de
imposición-reproducción de la institucionalidad estado-nacional y su
estado de derecho. Una frase clave que sintetiza este anhelo ha sido la
emitida por una lamgen (hermana) del puelmapu que dice: “no nos den una
mano sino quitennoslas de encima”. En este camino, entre otros, han sido
las denominadas Identidades Territoriales quienes han estructurado
públicamente estas críticas, parapetándose en sus propios paradigmas
culturales.
Para estas los Mapuche contamos con
nuestro rakizuam (pensamiento) y una aspiración colectiva sintetizada en
el Küme Fülen. Esto último es un estado de bienestar que no sólo incluye
la situación individual-familiar, sino también colectiva, espiritual y
ambiental. Si bien aquí aparecen diferenciados los componentes que se
mencionan, el concepto Mapuche Kúme fülen aparece asociado a otro que
envuelve la realidad en un todo difícil de disectar, como es el de
Itrofill Mongen, que cuando se le traduce se asemeja a biodiversidad.
Los proyectos de gobernabilidad, de desarrollo, de productividad que
provienen del estado, más ahora en su fase neoliberal, irrumpen esta
realidad y separan los elementos del conjunto. Las leyes (de aguas,
riberas, mineras, recursos naturales, etc) así lo demuestra, al privarse
a las comunidades Mapuche de toda “propiedad sobre el mismo” (caso
parques nacionales) o bien regulando su uso (caso leyes de pesca),
siempre en la senda de entregarlos a terceros como mercancía, por lo
tanto privatizándolos sin medir sus impactos letales para el medio.
En este contexto de cosas, es que estas identidades territoriales
sugieren enrumbar la política pública, participar de los espacios
públicos que toman decisiones sobre el mismo, asumir una actitud de
control sobre su “patrimonio” y ser también una alternativa para la
sociedad chilena que es víctima también de su propio modelo político y
económico vigente. Cuando se tiene la oportunidad de explicar esta
necesidad frente a grupos Mapuche y chileno, especialmente ante la
posibilidad de poder incidir en sus destinos desde una perspectiva
territorial, a través de sus propios representantes en nuevos espacios
públicos territorializados, la recepción es positiva, especialmente
cuando ante situaciones críticas que han generado conflictos el camino
de la negociación fue simplemente desechado por el de la imposición de
las autoridades nacionales o centrales. Casos sobran[6]. Es aquí donde
se torna interesante el campo de las propuestas, pues se nos empieza a
despejar un horizonte a veces obnivulado por coyunturas negativas hacia
la sociedad Mapuche. Al respecto en sus sugerencias estas identidades
plantean:
"-Queremos desarrollarnos en un contexto que estamos conscientes va más
allá del espacio que ocupamos como mapuche. Sin renunciar a nuestras
reivindicaciones como pueblo, reconocemos que para mejorar y
proyectarnos, no basta con resolver los problemas que nos afectan de
manera aislada, sino que su solución debe estar relacionada con
transformaciones en la sociedad chilena en sus diferentes ámbitos.
-Queremos potenciar nuestras economías, explotando la fortaleza de la
diversidad productiva que manejamos, apuntando a una producción de
alimentos sanos, de productos y servicios diferenciados, que sean
oportunos y de calidad, reconocidos como bienes locales, campesinos y
mapuche.
-Creemos que debemos ser actores de la educación de nuestros niños y
niñas, sólo de este modo seremos capaces de integrar y mantener los
elementos de nuestra cultura que darán sostenibilidad a las acciones
sociales y productivas que emprendamos" [7].
Pensarse como sujetos políticos pasa por participar de los esquemas de
participación existentes, pero desde su propia lógica socio-política. Es
aquí donde los discursos que tienden a la autonomía comienzan a
presentar detalles que en su complejidad no dejan de ser interesantes en
cuanto a pensarse a si mismo y pensar a los demás. Para el caso de las
identidades esto pasa por rescatar y fortalecer las formas de
organización socio-política que históricamente nuestros territorios se
han dado. De esta manera se resguardará el espíritu de nuestra visión de
desarrollo, nuestra búsqueda de Bienestar (Küme Fülen); y se logrará
capacidad de control, decisión y de negociación con las distintas
Instituciones públicas y privadas que puedan influir en la vida de las
comunidades[8].
Con el paso del tiempo y mientras más cerco político parece ser la
alternativa que provienen desde el poder estatal, las ideas al interior
del movimiento Mapuche relacionadas con construir esquemas de
convivencia nuevos, han empezado a dimensionar como uno de sus pasos
estratégicos el contar con espacios propios de interlocución interna. A
esto una de las organizaciones -conocida como Coordinación de
identidades territoriales- le ha indicado como la construcción de un
parlamento Mapuche, espacio de deliberación que permita adoptar
decisiones consensuadas entre las partes que participan en el. En un
reciente libro salido a luz pública sus autores vinculados a la
coordinación, explicitan.
Nosotros creemos más en un proceso de base social, que se funda en las
identidades territoriales, o sea, a partir de la interrelación que
pueden generar diversas unidades territoriales mapuche. La unificación
de estas unidades las concebimos como una federación que puede organizar
un Parlamento Mapuche, en donde quepan las autoridades tradicionales,
para entregar elementos valóricos y espirituales, participando de manera
conjunta con dirigentes políticos con experiencia en gestión y
administración, y profesionales e intelectuales que manejen información
y análisis. Si los Mapuche pudiéramos tener una unidad intermedia de
gobierno (entre el poder central y local), los chilenos también podrían
contar con instancias parecidas para definir el proyecto social al que
aspiran[9].
Estas ideas han tomado cuerpo al interior de esta instancia desde que el
año 2002 se descabezó a parte del movimiento a través de políticas
represiva y se buscó de parte del mismo gobierno, crear espacios de
“diálogo” con los que aparentemente no portaban las ideas nacionalista y
las estrategias de movilización de los sectores reprimidos. Todo esto
acompañado de una política asistencialista a través de un préstamo del
BID. En esa oportunidad a través de un manifiesto denominado “kiñe
rakizuam”, se propuso como actitud crear una instancia permanente de
evaluación de la política pública y de proposición de nuevo esquemas de
relación tras los principios de la autodeterminación consagrada como
derecho humano.
Esta actitud expresada un Trawün
permanente de los diversos actores Mapuche fue madurando la idea de un
parlamento propio, el cual en términos de tiempo permitiría establecer
un interlocutor presente, pero en términos estratégicos, posibilita en
un escenario autonómico el día de mañana en ngulumapu, llegar a la meta
montado en un caballo propio y no perderse en los que podría ofrecer el
Estado (cuoteo, reforma del sistema electoral binominal, parlamento
simbólico, etc).
Tensiones presentes en el discurso, pero complementarias. Sin embargo,
para algunos autonomistas Mapuche pareciera ser el contar con un
parlamento interétnico, la estructura exclusiva sobre las cuales ejercer
gobernabilidad, la que a su vez se dotaría del suficiente poder
coercitivo para que sus resoluciones se establezcan como mandatos para
la ciudadanía del territorio y su institucionalidad pública como
privada. Estas reflexiones tienen su origen en una propuesta que a
principios de los noventa bosquejara el Centro de Estudios y
Documentación Mapuche “Liwen”, el cual planteaba una región autónoma (la
que ocupan mayoritariamente los Mapuche, es decir la IX y comunas
adyacentes), un parlamento regional y un estatuto de garantía de los
derechos territoriales de su población y en particular de los Mapuche.
Para esta postura un parlamento interétnico buscaría concentrar en un
solo espacio las representaciones de la sociedad chilena y Mapuche con
el claro propósito de gobernar sobre el territorio que la mayor parte de
los discursos sitúa al sur del río Biobio.
Para estos autonomistas la creación de instancias propiamente Mapuche de
gobierno no ha sido parte de su deliberación. Entre quienes aparecen en
la actualidad como puntas de lanza en un camino claro de incorporación a
los esquemas de participación política y de reproducción electoral de la
representación, es Wallmapuwen una instancia organizativa declarada
autonomista y nacionalista Mapuche, de reciente creación, que aspira a
convertirse en un partido político mapuche. Su definición de principios
tiene mucho que ver con los márgenes en que operan los partidos
convencionales, entre los cuales se cuelan preceptos legados del
liberalismo[10]. Para ellos:
"La actual fase de este largo proceso la hemos definido como Democrática
y Autonomista y en la cual lo fundamental será generar una acumulación
de fuerza tal (mediante la creación de fuerza propia y generación de
alianzas) que permita la conquista estratégica de un marco político
autonómico para una región de Wallmapu susceptible de ser autonomizada
(la actual IX Región y sus comunas adyacentes) en una primera fase. Para
que esto ocurra es necesario sumar a este proceso al máximo de
ciudadanos/as y organizaciones sociales y políticas de Wallmapu bajo un
discurso y una práctica profundamente democrática y respetuosa,
descentralizadora y territorialista. Es decir, de lo que se trata es
mostrar al conjunto de los habitantes del País Mapuche las virtudes de
un régimen político descentralizado y un marco político autonómico, el
cual se traducirá en mayor participación de la ciudadanía regional en la
resolución de sus problemas, en autoridades políticas más cercanas y
elegidas democráticamente en el mismo territorio, políticas sociales más
pertinentes en lo social y cultural, mayor financiamiento para
desarrollo local, etc.
"De lo que se trata es de ser capaces
de expresar, en clave nacionalista, la contradicción centro-periferia y
la crisis del modelo de estado uninacional y en extremo centralizado que
hoy se evidencia en Chile. Este proceso político descrito requiere que
los autonomistas y nacionalistas Mapuche alcancemos paulatinamente
posiciones de poder en la institucionalidad regional para promover
dichas transformaciones en beneficio de Wallmapu. En este sentido, la
lucha política por el poder involucra conquistar determinadas
instituciones. Así lo hemos asumido al interior de nuestra organización
y plenamente. Pero más allá de sostener la necesidad de la lucha por las
instituciones, para luego convertirlas en trincheras de la lucha
autonomista, somos conscientes que estos espacios de nada servirán sino
están acompañados de la movilización social activa en defensa de los
intereses nacionales de Wallmapu" [11].
Este sector, actualmente en debate sobre las estrategias a seguir, ha
sido claro en señalar prácticas y situaciones que entrampan al
movimiento y su lucha en la modificación de los esquemas de
subordinación colonial. Una de estas es la inspiración campesinista y
reduccional de sus liderazgos, cuyas estrategias se han circunscritos a
ciclos de movilización que políticamente han terminado negociando
aspectos coyunturales de una problemática nacional y compleja. Al
respecto la dimensión urbana, laboral-urbana, profesional, juvenil, etc.
desaparecen o se diluyen en una visión autocentrada tan sólo en la
realidad de las comunidades y de una cultura “tradicional” (que sería la
que portan las identidades territoriales). Quienes plantean la necesidad
de un partido, no excluyendo las demás formas de organización y
pensándolas como espacios autonómicos que se deben desarrollar,
identifican bajo la categoría de etnogremiales a las organizaciones que
han seguido esquemas “movimentistas” de acción política. Ante lo cual
insisten en captar y activar para la autonomía a la diversidad que
encierra la sociedad Mapuche contemporánea. Respecto de la necesidad de
que la construcción de un partido no reproduzca errores, podemos leer en
el periódico Mapuche Azkintuwe:
“Una predisposición estructuralista puede expresarse en el sentido de
intentar llevar a la nueva fuerza política a decidir el tipo de
estructuración que abrazará en base a dicotomías superadas. Esto es,
podría expresarse bajo la forma de una incapacidad para leer la nueva
realidad social y política estatonacional. Ejemplo de ello son, de una
parte, construir un partido muy centralizado, rígido y compartimentado
como eco de las experiencias políticas clandestinas de quienes convergen
a crearlo; y de otra parte, insistir en el sesgo campesinista de la
problemática mapuche, frente a lo cual hay que plantearse lo mapuche
como una realidad más compleja: urbana y rural al mismo tiempo. Y más
sobre esto último, a un partido nacionalitario mapuche se impone hoy día
maniobrar sobre una realidad mapuche urbana-rural -o viceversa-, para
lograr adherentes en todo ese espectro, sobre todo porque la política se
desarrolla y desarrollará en los centros urbanos principalmente, que es
donde está el poder, como lo deja demostrado la marcha por el agua en
estos días, que no hubiera tenido el mismo impacto -ni cobertura de
prensa- de haberse hecho en los cerros de Lumaco (independiente de que
otras actividades políticas de puedan y deban hacer allí)”[12].
Como hemos visto, para otro sector de autonomistas (que provienen de los
categorizados como etnogremialistas y/o movimentistas), especialmente la
de aquellos que desarrollan su labor de organización desde los ámbitos
de las identidades territoriales, se hace necesario un proceso de
reconstrucción orgánica socio-política independiente de la
institucionalidad estado-nacional. Entre los tantos caminos que se han
bosquejado para salirle al paso al cerco político que hace la democracia
neoliberal chilena, ha estado el de tipo electoral en su nivel
municipal, para ello se ha dimensionado la creación de un partido
instrumental. Sin embargo, todo hace ver que su aspiración por un
parlamento Mapuche debiera -tras la misma función de gobernabilidad-
complementarse en un escenario de autonomía político territorial con el
parlamento interétnico.
El parlamento Mapuche –como se ha discutido en la Coordinación de
Identidades Territoriales- debiera ser la instancia por medio la cual
los Mapuche concentren su dirigencia en sus estilos “tradicionales”
(autoridades originarias), “funcionales” (dirigentes políticos) y en su
dimensión técnica (profesionales), en el cual debieran abarcarse las
realidades que plantean la situación de género y generacionales, dando
cuenta de todo el espectro social que conforman los Mapuche, no siendo
una condicionante el emplazamiento ya sea urbano o rural, ni exclusivo
de una gerontocracia masculina. Se trata que quienes ocupen un lugar en
él representen la diversidad de la nación Mapuche. Si bien los
planteamientos no precisan la manera en que se genera y regenera esta
dirigencia, por lo visto muchas de sus regulaciones obedecerán a mezclas
entre los criterios democráticos liberales y los propiamente Mapuche.
Este parlamento debiera consensuar, entre los Mapuche, sus posiciones
estratégicas y tácticas en las dimensiones políticas,
económico-sociales, territoriales y culturales, no desatendiéndose de
las dimensiones comerciales y jurídicas internacionales que se están
volviendo peligrosamente en otro cerco político, como sucede con las
autonomías de otros pueblos que se ven limitados por los ordenamientos
del capital financiero y productivo internacional. Quizás como una
necesaria tercera o cuarta pata de una mesa, debiera ser un catalizador
que reafirmara los representantes (negociadores políticos) en un futuro
parlamento interétnico. Desde ya estableciéndose como interlocutor ante
las autoridades nacionales. Como ya se dijo, este parlamento Mapuche no
nace en un contexto de autonomía, está planteado en un proceso de
liberación nacional como un germen para alcanzar la autonomía, por lo
que preexiste a ese estado de las relaciones interétnicas en autonomía y
tiene la voluntad de continuar su existencia aunque fracase como modelo,
o terceros la interrumpan como constructo político-jurídico…esto último
es algo que no cuesta imaginar suceda, de acuerdo a la historia de Chile
y a como se desenvuelve el escenario internacional.
Conclusiones
1. No hay viento para las “cambuchas”.
La actual situación que se vive desde
el punto de vista de las relaciones interétnicas en Chile, dejan a los
pueblos indígenas y principalmente las aspiraciones del pueblo Mapuche
bajo un fuerte cerco político. Lo preocupante de ese análisis es que no
deja espacios políticos para poder encauzar por las estructuras
vigentes, electorales y de presentación política, las aspiraciones de
cambio estructural de la situación, que mediante un proceso de
negociación en los mismos espacios de deliberación nacional, permitan ir
abriendo las compuertas que permitan el día de mañana ir creando las
condiciones jurídicas que den soporte a un régimen autonómico. Solo
pensemos en el excluyente sistema binominal que en materia de política
electoral privilegia los grandes conglomerados políticos (que en Chile
son dos: la derecha y la centro izquierda) los independientes y los
demás sectores sociales no representados por el sistema de partidos,
simplemente no tienen otro papel que jugar que aparentar ser el
pueblo-coro en la tragedia griega, es decir, ver como la cosa pública
pasa por los dos únicos y exclusivos gladiadores: la concertación y la
alianza por chile ¡¡qué democrático!!.
2. El nulo aporte del indigenismo en la superación de la situación
colonial.
En el actual indigenismo chileno,
especialmente de aquel centrado en las tesis de etnodesarrollo que ven a
los Mapuche como una minoría étnica y no como un pueblo colonizado, las
variables interculturalidad aplicadas en la política publica,
especialmente en los ámbitos de la educación y la salud, no dimensionan
el fenómeno del poder, es decir, de lo que llaman la participación
política en la toma de decisiones. De aquí que se opere sobre la
manifestación cultural más que sobre una sociedad concreta en un estado
de dominación colonial. La suma de sus fórmulas, ya sea desde lo
jurídico a través de una legislación indígena que en materia de derechos
solo hace mención a la tierra (desterritorializando el tema) y a los
elementos de la cultura ya descritos, hacen ver un tratamiento
superficial de la materia que no supera en nada las condiciones
estructurales de la dominación colonial.
Lo que en estos momentos se menciona a través de lo que llaman un
proceso de consulta se articula en la vieja cantinela del reconocimiento
constitucional y la ratificación del convenio 169. Lo que se ha filtrado
hacia el movimiento y que redunda en la idea del “Cuoteo” (cantidad de
diputados de acuerdo al porcentaje de población que representan en el
país) y de un parlamento indígena, desterritorializado eso sí, y por lo
visto nominal, aunque elegido por un proceso de empadronamiento y de
registros electorales exclusivos, es decir, que impiden participar en
los procesos “nacionales”, se alejan de las proyecciones políticas que
sacan quienes desde el movimiento dimensionan una autonomía
político-territorial.
3. Autonomía incluyente.
Por lo visto, lo que reivindica el
movimiento Mapuche en materia de derechos políticos está muy lejos de la
caricatura que hacen aparecer quienes desde el poder o con intereses
creados en los recursos del territorio, lo asemejan brutalmente a un
“estado dentro de otro estado”. Aún así, si ésta fuera la definición
estratégica del movimiento, tendría los derechos de tercera generación
(o colectivos) a su favor más cuando la ONU está en proceso de
ratificarlos luego de más diez años de deliberación.
El registro público de las opiniones Mapuche al respecto hace ver que el
escenario deseado se parece más al tenor que tienen las discusiones en
otro organismo internacional, pero de corte regional, como es la OEA, es
decir, de autodeterminación interna. Esta idea cercena la posibilidad
que los pueblos indígenas el día de mañana se establezcan como estados.
Obviamente la discusión del movimiento no tiene los parámetros de este
organismo oficial (OEA), pero a la luz de quienes vienen articulando los
pliegos, opinando y escribiendo al respecto, la autonomía tiene el
carácter de ser inclusiva de la población de un territorio, para el caso
lo que se identifica como ngulumapu, y que aparece mayormente concebido
en una región fundamental (la IX) y en unas cuantas comunas adyacentes
de las VIII y X regiones. Ahí es donde se plantea establecer mecanismos
de gobierno que aseguren el día de mañana la participación de la
población incluida en el territorio. Existiendo variantes, como hemos
visto, por lo visto el imaginario político comparte ese principio
democrático incluyente.
4. Soportes ideológicos y/o culturales de la autonomía Mapuche.
Dentro del planteamiento de los
autonomistas mapuche que surgen en la década de los noventa y que siguen
desarrollándose en este siglo hay matices. Por una lado autonomistas que
adscriben su forma de organización y proyección de su forma de vida con
prácticas políticas que se centran en sus propios esquemas de
organización cultural e históricos; y de otro autonomistas que adscriben
abiertamente a los modelos de organización autonómica que existen en el
mundo regidos por los principios republicanos como la libertad, la
igualdad, y la fraternidad. Lo común en ambos es que tienen una
reflexión compartida respecto al territorio, o sea, podemos decir son
territorialistas, ninguno pierde la perspectiva que la construcción de
un poder político se hace en lo que reivindican como país mapuche. El
segundo elemento que los asemeja es que la lucha por la autonomía se
enmarca dentro del contexto jurídico que son los derechos que tienen los
pueblos en el mundo y, ahora último, la declaración de los derechos de
los pueblos indígenas que consagra también el derecho a la
autodeterminación. Por último, comparten una perspectiva política donde
necesariamente se involucra al Estado, por lo tanto la idea de una
autonomía adjetivada como mapuche necesariamente toca al Estado en
materia jurídica y administrativa y otras que imaginamos se puedan
desencadenar en la medida que este reconozca la heterogeneidad de la
nación que dice representar / Azkintuwe
BIBLIOGRAFÍA
Duran & Larraín, (1986) Las organizaciones campesinas. Cuadernillos de
información agraria. Gia-Academia de Humanismo Cristiano. Santiago,
Chile
Lafkenche, calafquenche, nangche, wenteche, huilio, makewe y pewenche
(2002). Nuestra visión del desarrollo territorial. Reflexión colectiva
de las identidades.
Marimán, P; Caniuqueo, S; Millalen, J; Levil, R. (2006) ¡…Escucha
Winka…!. Cuatro ensayos de historia nacional Mapuche y un epilogo sobre
el futuro. Ediciones Lom, Santiago, Chile
Marimán, José (2006) ¿Para qué un partido nacionalitario Mapuche?.
Periódico Mapuche Azkintuwe
Toledo, Víctor (2006) Pueblo Mapuche. Derechos colectivos y territorio:
Desafíos para la sustentabilidad democrática. Programa Chile
sustentable. Santiago, Chile.
Weftun (2002). Órgano oficial de la Coordinadora Arauco-Malleco.
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[1] Profesor de historia. Alumno del doctorado en etnohistoria de la
Universidad de Chile. Miembro de la Coordinación de Identidades
Territoriales y Organizaciones Mapuche.
[2] Edgardo Boeninger. “Situación de indígenas”: Sesión 11ª de la Cámara
de Senadores, miércoles 7 de julio 1999.
[3] Duran & Larraín, 1986:52
[4] Entre los años 1995 y 96 la CONADI (organismo indigenista de
gobierno) promovió la realización de convenciones sobre educación
indígena, cuyo eje central se articulaba en la perspectiva
intercultural. La mayoría de los asistentes comprendía los principios
nobles que la animan y las experiencias concretas que existían en otras
realidades del continente, sin embargo se fue firme en explicitar, que
un modelo de esas características debía partir de los principios,
filosofía y cosmovisión Mapuche. Esto derivó en interrelacionar esas
aspiraciones parciales con las de tipo políticas, como el derecho a la
autodeterminación y la reconstitución como pueblo-nación. Así la fórmula
quedaba bajo la idea de una educación Mapuche con perspectiva
intercultural.
[5] Weftun año 1, nº3, mayo de 2002
[6] Centrales hidroeléctricas, celulosas, basurales, salmoneras, planes
territoriales, plantaciones de exóticos (pino-eucaliptos), etc
[7] Lafkenche, calafquenche, nangche, wenteche, huilio, makewe y
pewenche 2002: 5.
[8] Lafkenche…. 2002: 7
[9] Marimán, Caniuqueo, Millalen, Levil. 2006: 263
[10] Por ejemplo, de manera clara renuncian a influencias religiosas por
considerar su actuar dentro de un orden laico. Esto para otros Mapuche
significa renunciar a lo que conciben como una parte consustancial de su
identidad, como es la propia dimensión espiritual. Sin embargo, no
niegan ni prejuician esta realidad, la cual comparten y estimulan como
procesos de reconstrucción nacional Mapuche.
[11] Taiñ Rüpü 5.
www.wallmapuwen.cl. Actualmente esta instancia se encuentra
discutiendo su Programa Político, el cual pretende definir su posición
en materias sociales, económicas culturales y obviamente políticas.
[12] Mariman, José. 2006
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