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Cinco indiecitos del Chaco |
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La exaltada denuncia periodística de
que aquí murieron cinco indígenas por
desnutrición, como salió en todos los medios nacionales, no dice,
como debiera, que lo que hay acá es un miserable uso político porque
está caliente la elección a gobernador... Y
es que acá todo el mundo sabe que los desnutridos en el Chaco son
muchísimos. Son miles. |
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Por Mempo GIARDINELLI* /
Lunes 13 de Agosto de 2007 |
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- Foto de
Centro Nelson Mandela. |
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La exaltada denuncia de
que aquí murieron cinco indígenas
por desnutrición no dice, como debiera, que lo que hay
acá es un miserable uso político. |
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La situación social aquí
es ofensiva. Como en las afueras de Rosario, Santa Fe
o Córdoba, Resistencia también está rodeada por
completo de un cuadro de miseria. |
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“Pero
cómo es posible que se siga muriendo tanta gente por desnutrición en el
Chaco”, escucho decir en los telenoticieros y en las radios porteñas que
aquí repiten diversas estaciones de FM. Algunos
programas matutinos han llamado incluso al ministro de Salud local y lo
cuestionan acerca de las condiciones inhumanas en que están sumidos
millares de aborígenes, olvidados de toda asistencia eficaz y
prisioneros del más infame clientelismo político.
Y está bien que lo hagan, aunque las denuncias duran sólo unas pocas
horas. Que son aprovechadas, eso sí, por los que se golpean el pecho,
los que reclaman imposibles soluciones inmediatas, y, desde luego, los
que hacen antikirchnerismo de ocasión como antes hicieron la vista
gorda.
En el asunto se combinan, de un lado, la increíble supervivencia de un
ministro provinciano que no renuncia ni por vergüenza y, del otro la
mirada prejuiciosa de muchos comunicadores porteños que, además de hacer
gala de una tenaz ignorancia geográfica, sueltan sus verborreas
opinativas hacia uno de dos extremos: o idealizan la vida provinciana
con fascinaciones exageradas o pontifican sobre la cotidianidad en las
provincias con miradas como las de ciertos turistas con pretensiones
sociológicas, todos con una liviandad que resulta entre graciosa e
irritante. Lo cierto es que lo que se magnifica o
idealiza se ve siempre mal, o distorsionado, o simplemente no se ve.
La exaltada denuncia periodística de que aquí murieron cinco
indígenas por desnutrición, como salió en todos
los medios nacionales, no dice, como debiera, que lo que hay acá es un
miserable uso político porque está caliente la elección a gobernador y
entonces “se tiran unos a otros con indios muertos”, como dice un
remisero amigo mío que se llama Alberto, mirando hacia un puñado de
indígenas autoencadenados en la vereda de la casa
de gobierno local. Y es que acá todo el mundo
sabe que los desnutridos en el Chaco son muchísimos. Son miles. Sin ir
muy lejos, el aquí respetado Centro de Estudios Nelson Mandela acaba de
denunciar 92 casos de desnutrición grave sólo esta semana.
A esos desdichados no hay quién los asista ni saque de ese estado
calamitoso, infrahumano, y esto incluye a los organismos supuestamente
encargados de ejecutar supuestas políticas indigenistas.
Por eso las argumentaciones del ministro de Salud local rozan lo
burlesco: las muertes de los indígenas se
producen –dice él– por tuberculosis, chagas y excesos de alcoholismo. Ni
una palabra para la falta de agua potable en una provincia que se inunda
cada dos por tres, ni para el desmonte brutal que desprotege aún más a
las comunidades originarias a las que expulsa de sus hábitat naturales
ni, por supuesto, al hecho de que los legisladores chaqueños parecen
oponerse en masa a la Ley de Bosques insólitamente cajoneada en el
Congreso Nacional.
La vida aquí es mucho más compleja de lo que el imaginario periodístico
porteño pretende saber. Por ejemplo, el Puente General Belgrano, también
conocido como Puente Chaco-Corrientes (el que se supone nudo principal
del Mercosur), es cortado cuatro veces por semana, entre dos y ocho
horas diarias, por pequeños grupos de piqueteros. Y como la provocación
y la intolerancia van de la mano, en cualquier momento puede producirse
una tragedia que muchos estimamos anunciada. La
situación social aquí es ofensiva incluso visualmente. Como en las
afueras de Rosario, Santa Fe o Córdoba, Resistencia también está rodeada
por completo de un cuadro de miseria francamente medieval, que a
cualquier porteño le haría pensar que la Villa 31 de Retiro es un barrio
residencial de Miami.
No exagero. Vengan a ver. Deben ser unas 200 mil personas las que
habitan en condiciones infames el cinturón resistenciano, mientras la
Dirección Provincial de Estadísticas informa esta semana que la
inflación chaqueña es cuatro veces mayor que la que declara el
zarandeado Indec en Buenos Aires. Llevamos, a mitad de año, el 16% de
inflación reconocida oficialmente. Aquí casi
todos los gremios estatales están en huelga, las escuelas chaqueñas son
las que menos clases han dado en todo el año en todo el país, y encima
son escuelas que están mugrientas, porque los Jefes y Jefas de Hogar que
se supone deben limpiarlas no lo hacen, ocupados como están en sus
propias protestas. Y este maldito invierno en que el frío bate marcas,
conviene recordarles a los medios “nacionales” que en el Chaco no hay
gas natural. Nunca lo hubo. Y ninguna escuela de esta provincia tiene
calefacción adecuada para estos casi dos meses de temperaturas
inferiores a los 10 grados.
Pero acá se paga el gas más caro del país (hasta 35 mangos la garrafa de
10 kilos), como también se pagan las naftas y el gasoil más onerosos,
porque todas las estaciones de servicio aplican un absurdo “servicio de
playa” de 15 centavos por litro y no hay tutía. Sumémosle que Menem nos
dejó sin trenes y que ahora hay un solo vuelo de Aerolíneas por día, a
veces dos, cuando hace unos años llegaban hasta seis servicios diarios.
Y como todo es política, para terminar digamos que la racionalidad
ideológica chaqueña es difícil de explicar: el ex gobernador radical y
ahora nuevamente candidato Angel Rozas, que aparentemente lidera todas
las encuestas, recibe el apoyo de diversos dirigentes históricos del
justicialismo del interior de la provincia. Por su lado el candidato
opositor, el senador peronista Jorge Capitanich, recibe el obvio
respaldo del gobierno kirchnerista pero también el más inesperado: los
partidos PRO y Recrear locales han decidido apoyarlo, algo que
–maravilla provinciana– no se consigue en Buenos Aires. Y la tercera en
disputa, la hoy única legisladora provincial del ARI, Alicia Terada,
hace una campaña de bajo perfil en la que lo más notorio parece la
ausencia de la comprovinciana Lilita Carrió.
Mi amigo remisero me observa borronear estos apuntes mientras silba la
vieja canción infantil de los indiecitos que se suman hasta llegar a
diez y entonces se inicia la cuenta regresiva. Recuerdo una novela de
Agatha Christie, un viejo filme de René Clair, incluso un tema de Louis
Armstrong. Alberto menea la cabeza: “No va a quedar ninguno”, dice, y
escupe a un costado /
Azkintuwe
*
Escritor argentino, columnista de
www.pagina12.com.ar
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