|
|
|||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||
|
|
|
No hay político en la Argentina posdictatorial que no enfrente un tiempo duro, agitado, de continuas coyunturas críticas. Tampoco los hay con un tiempo blando, estable y a su favor, de situaciones anodinas donde consumar una administración de la cosa pública sin sobresaltos. Sobisch, igual que muchos mandatarios provinciales que vivieron la política mayor, especialmente desde el inicio de la década del noventa, tuvieron más del primer tiempo que del segundo.
Hasta la fecha, la permanencia y
éxitos que pueden mostrar como trofeo dependieron de una dosificación de
rutinas y, cuando fue necesario, de virajes sorpresivos para adecuar
cada coyuntura a sus exigencias políticas. Y en el caso de que
disfrutara de un período sin grandes novedades eventos que podrían haber
tomado otro rumbo terminaron transformando a algunos de ellos en
verdaderas tragedias. Lo cierto es que de una a una, cada situación
difícil o sencilla fue afrontada para producir nuevos momentos de
legitimidad y, de acuerdo con el derrotero de distintos turnos
electorales, siempre fueron providenciales para sus designios políticos.
Sin duda es la historia propia, pero
también la que deriva de las acciones de terceros, de los otros que le
son cercanos y pertenecen a su partido, a su equipo de gobierno y
también al de sus votantes. Asimismo, están comprometidas las biografías
políticas de los actores opositores, de sus electores y de aquellos que
dicen pertenecer a la vida distante de la abstención permanente. A pesar
de la interrupción del último capítulo de un tiempo ya cerrado de Felipe
Sapag, durante quince años la reunión de ambos mundos el personalísimo y
el de los "otros" le ha permitido al actual gobernador acumular ingentes
beneficios políticos. Sobisch ha sido un político con fortuna, aunque
ésta resulta muy difícil de identificar siguiendo la narrativa del
florentino Nicolás Maquiavelo. Y en las horas que corren parece que
niega una vez más a "El Príncipe" en aquello de saber dosificar las
ventajas del zorro y el león, la astucia y la fuerza, ya que parece
haber primado sólo esta última.
Lo cierto es que esas aspiraciones
prometen entrar en el capítulo de la frustración, por lo que suponía ser
la mejor carta de presentación: el modelo neuquino. Una fórmula que,
hasta la media mañana del miércoles 4 de abril, debía ofrecer a los
desafiantes actores locales y a la opinión pública nacional una
propuesta distintiva. Ella prometía el sello de la firmeza y decisión
según un discurso de la "seguridad" en respuesta a las cada vez más
impopulares interrupciones del tránsito como modalidad de protesta. Y
resultado de esa exposición ha sido la muerte de un docente.
Posiblemente la imagen bien protegida que evitó a los medios de prensa,
de un gobernador en fuga vestido de policía antimotines, quede como
último acto de la consumación práctica del discurso duro de la
seguridad. Hacia el interior de la provincia carece de la credibilidad de un gobierno activo, con el tiempo a su favor y aun menos, con la capacidad de autocriticarse y dar marcha atrás a ese sentido personalísimo de la acción política que le es propio. De hecho es un gobierno que ha perdido la iniciativa desde que no pudo resolver como hubiera deseado su sucesión. Y por ello carece de recursos para la actualización de su legitimidad. El tiempo Sobisch parece haber llegado a su final / Azkintuwe
** Gentileza www.diariorionegro.com.ar
|
|||||||||||||||