|
|
-
|
|
REPORTAJE ESPECIAL AL
"DECANO" |
|
El Mercurio: Un viejo conocido |
|
|
La soterrada campaña de El
Mercurio en Chile contra los mapuches, evidenciada en un
polémico reportaje publicado en febrero y desmentido más
tarde por diversos actores, da cuenta de una política
editorial racista que se hunde en los anales del
periodico. Ya en el siglo XIX el "decano" de la prensa
chilena lideraba la campaña por la ocupación de Wallmapu,
llamando a "encadenar o destruir" a los mapuches. El odio
aun persiste. |
|
|
Por
Pedro CAYUQUEO
I
Martes 8 de Abril de 2008 |
|
|
|
Edificio El Mercurio,
Santiago. |
|
|
Foto de Agencias.. |
|
Párrafos |
|
Lo
señalado por Naguil trae a colación el pasaje más oscuro en la
historia del periodismo chileno: el rol jugado por El Mercurio
en la ocupación militar del territorio mapuche en la segunda
mitad del siglo XIX. A juicio del destacado historiador y
académico de la Universidad de La Frontera de Temuco, Jorge
Pinto, la campaña pro-ocupación fue prácticamente dirigida
desde las oficinas de El Mercurio de Valparaíso. |
|
Los
hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los animales
selváticos, sin provecho del jénero humano y una asociación de
bárbaros, tan bárbaros como los pampas o como los araucanos,
no es más que una horda de fieras que es urgente encadenar o
destruir en el interés de la humanidad y en bien de la
civilización”, señalaba una editorial de El Mercurio. |
|
WALLMAPU /
La noticia fue publicada como un golpe periodístico el pasado 3 de
febrero: tema de portada de la sección dominical de Reportajes de El
Mercurio. En pleno apogeo de la lucha mapuche, con una dramática huelga
de hambre, múltiples acciones de solidaridad y un gobierno obligado a
nombrar un “Alto Comisionado” para descomprimir la tensión reinante, El
Mercurio dejaba al descubierto la “verdad oculta” tras el conflicto.
Resumiendo, la acción de infiltrados extranjeros en comunidades,
contactos mapuches con “organizaciones terroristas”, “embajadores
mapuches” haciendo lobby y la injerencia de partidos separatistas
“vascos, catalanes y gallegos”, incluida la organización armada vasca
ETA, en la conformación del partido mapuche Wallmapuwen, inscrito a
fines de 2007 en los registros electorales.
Según el reportaje, titulado El imparable lobby mapuche en Europa en
busca del autogobierno, “la huelga de hambre de Patricia Troncoso
dejó en evidencia una situación inadvertida hasta ahora en Chile, que se
ha fraguado silenciosamente en las principales ciudades europeas durante
la última década: los dirigentes y representantes de los grupos mapuches
realizan un potente lobby en países como España, Holanda e Inglaterra, y
han establecido alianzas formales con partidos políticos nacionalistas e
independentistas, para recibir adoctrinamiento sobre la administración
de territorios autónomos. Entre los 'socios' de los mapuches en Europa
figura Batasuna, el brazo político de la banda terrorista ETA”.
Dos párrafos más
adelante, precisaba el difuso los mapuches en Europa, apuntando a una
organización en particular: “Wallmapuwen apoya a los independentistas
del País Vasco, incluso a los grupos más radicales, como Batasuna, el
brazo político de ETA”. La sigla “ETA” se repetiría otras 3 veces en el
reportaje. Pero la guinda de la torta sería publicada 24 horas más
tarde. A través de una crónica titulada España apoyará la
descentralización de los mapuches, El Mercurio denunció que para
promover el “separatismo”, Wallmapuwen recibiría al año sobre 3 millones
de euros por parte de la Agencia Española de Cooperación (AECI),
información ratificada en Madrid al medio chileno por los propios
encargados de dicho organismo. Golpe periodístico total.
En los hechos se trataba de un burdo montaje comunicacional. Cuando
menos, una descarada tergiversación de datos reales, mezclados con
falsedades y tergiversaciones, que la dirección de El Mercurio no dudó
en publicar en primera plana. El propio embajador hispano en Chile, José
Antonio Martínez de Villarreal, salió al paso de las “revelaciones” a
través de una dura carta enviada al director del diario, el influyente
empresario Agustín Edwards. “De una lectura pormenorizada de los
documentos de laCooperación Española y de las Actas de las Comisiones
Mixtas hispano chilenas, se desprende que el artículo constituye una
burda manipulación de la información suministrada y existente. El
Programa Bilateral de Cooperación no contempla en absoluto fondos
específicos para el Pueblo Mapuche, como sobradamente conoce la Agencia
Chilena de Cooperación Internacional”, subrayó el embajador.
“En un tema tan
sensible, considero que la información publicada distorsiona la imagen
de la cooperación española y de la política exterior de España en Chile,
e induce a los lectores a una grave confusión. Por ello, y en aras de
una información veraz, creo indispensable la publicación en su diario de
una rectificación que tenga un impacto similar al producido por el
desafortunado artículo”, demandó el diplomático. Huelga destacar que a
la fecha de publicación de este reportaje, ninguna rectificación ha sido
publicada por El Mercurio, medio que se limitó a reconocer –en su
edición digital- que lo publicado fue producto de un “lamentable
malentendido” de su corresponsal en Madrid.
Un viejo conocido
“No es tan sorprendente lo publicado por El Mercurio”, señala el
dirigente mapuche Víctor Naguil. “En otras oportunidades este diario ha
desplegado ofensivas comunicacionales que tratan de cuestionar y
desprestigiar las demandas y las luchas de nuestro pueblo. Es esa
histeria tan típica de la extrema derecha que ve por todas partes
“guerrilleros” y “oscuras actividades” que amenazan la unidad nacional”,
subraya. Naguil, responsable de relaciones internacionales de
Wallmapuwen, pone el acento en la persistencia histórica de una “línea
editorial racista y marcadamente antimapuche”. “Ellos ni siquiera
conciben que pueda existir una deuda histórica,como lo evidencian sus
múltiples editoriales. Yo me pregunto, ¿es el mapuche que ha robado su
tierra al winka? ¿quién no ha respetado la propiedad ajena? ¿dónde está
el ganado y la platería que tenían nuestros mayores? ¿quién ha usurpado
las tierras que el propio Estado chileno reconocía, con los títulos de
merced, como propiedad de las comunidades? La historia de nuestra
expoliación como pueblo tiene sus raíces en la invasión militar de
nuestro territorio en la segunda mitad del siglo XIX. Es una historia de
violencia, asesinatos masivos, saqueo y despojo territorial donde El
Mercurio jugó un rol preponderante”, subraya.
Lo señalado por Naguil trae a colación el pasaje más oscuro en la
historia del periodismo chileno: el rol jugado por El Mercurio en la
ocupación militar del territorio mapuche en la segunda mitad del siglo
XIX. A juicio del destacado historiador y académico de la Universidad de
La Frontera de Temuco, Jorge Pinto Rodríguez, la campaña pro-ocupación
de la llamada Araucanía fue prácticamente dirigida desde las oficinas de
El Mercurio de Valparaíso, por entonces el órgano más representativo de
los intereses de los inversionistas y la oligarquía chilena. Explica
Pinto en su libro De la inclusión a la exclusión: la formación del
Estado, la Nación y el Pueblo Mapuche (Colección Ideas, 2000), que
durante el siglo XIX la economía chilena fue una proyección de la
economía colonial, es decir un modelo de crecimiento “hacia fuera”
basado casi exclusivamente en exportaciones de materias primas. La grave
crisis económica de 1857 no logró que la clase dirigente local se
replanteara dicho modelo de desarrollo. Por el contrario, condujo más
bien a que las soluciones se buscaran en la conquista de nuevos
territorios, “campos para el cultivo”, entre ellos el Wallmapu, el País
de los Mapuches, hasta entonces soberano.
Tras este esfuerzo un rol importante recaería en la prensa. Mientras
influyentes periódicos como El Ferrocarril ponían el acento en el mal
manejo de la economía y los factores externos que agravaban la crisis
económica, El Mercurio de Valparaíso centró su mirada en el Wallmapu,
“desatando un verdadero vendaval en pro de la invasión”, indica Pinto.
“El Porvenir industrial de Chile – sostenía El Mercurio en una editorial
de mayo de 1859- se encuentra a no dudarlo, en la rejión del Sur (...)
Natural es pues que las miradas de la previsión se dirijan hacia esa
parte, la más rica y extensa del territorio chileno”. En palabras de
Pinto, el País Mapuche comenzó entonces a ser visto por la sociedad
chilena del centro como una “gran hacienda inculta”. Civilización versus
barbarie, arengaba El Mercurio, que en esa época era propiedad de Matías
Cousiño Jonquera,socio de Agustín Edwards Ossandón desde 1845 en la
Sociedad Minera de Copiapó. Este último se hizo dueño del diario en 1875
al aprovechar una aguda crisis del principal dueño del periódico,
Ricardo Tornero, comprándole el edificio que ocupaba en calle de la
Aduana. Dos años más tarde la familia Edwards asumiríael control total
del periódico.
En medio de la crisis económica, sendos artículos de El Mercurio
abogaban por la inmediata ocupación chilena del Wallmapu, argumentando,
entre otras cosas, la riqueza infinita de la zona. José Bengoa, autor de
La Historia del Pueblo Mapuche, señala que detrás de estas opiniones
editoriales estaba José Bunster, inversionista de Valparaiso que puso
negocios en Mulchén y Angol, gravemente perjudicados por la actitud
beligerante asumida por algunas parcialidades mapuches en torno al
avance sin control de colonos y empresarios, uno de ellos el propio José
Bunster. “Tierras, eso era lo que Chile necesitaba, sobre todo en
momentos de una crisis que obligaba a los grupos dirigentes a pensar en
aquellos territorios que podrían abrir las puertas a nuevos mercados
externos”, señala el profesor Jorge Pinto.
“El porvenir de Chile
-sostenia El Mercurio el 24 de mayo de 1859- se encuentra a no dudarlo
en la rejión del Sur, no teniendo hacia el norte mas que áridos
desiertos que un accidente tan casual como el hallazgo de ricos
minerales ha logrado hacer célebres, dándoles una importancia que dista
mucho de ser imperecedera. Natural es, pues, que las miradas de la
previsión se dirijan hacia esa parte, la más rica y extensa del
teritorio chileno”. “En el norte las riquezas del pasado se habían
esfumado y en la mente del articulista de El Mercurio solo quedaban
imágenes de aridez y fortunas precarias. Chile debía cambiar su destino,
el sur ofrecia un mundo amplio y venturoso, no habia alternativas,
teníamos que ocupar la Araucanía y aprovechar lo que la Providencia
habia puesto en nuestras manos. El peligro para el mundo indígena se
habia desencadenado”, subraya Pinto.
La Revolución de 1859, donde parcialidades mapuches se aliaron con uno u
otro bando chileno en disputa, hizo que los artículos de prensa se
multiplicaron en cantidad y virulencia verbal. “La prensa de esos años -
consigna Pinto - aprovechó esta participación indígena para juzgar en
duros términos a los mapuche. El Mercurio se puso de nuevo a la cabeza
de la campaña destinada a convencer al país que se debia actuar en la
Araucania sin tardanza”. El siguiente párrafo resume su punto de vista.
“Todo lo ha gastado la naturaleza en desarrollar su cuerpo, mientras que
su inteligencia ha quedado a la par de los animales de rapiña, cuyas
cualidades posee en alto grado, no habiendo tenido jamás una emoción
moral”, subrayó El Mercurio en una editorial que haría palidecer a los
jerarcas nazis. “Los hombres no nacieron para vivir inútilmente y como
los animales selváticos, sin provecho del jénero humano y una asociación
de bárbaros, tan bárbaros como los pampas o como los araucanos, no es
más que una horda de fieras que es urgente encadenar o destruir en el
interés de la humanidad y en bien de la civilización”, agregaba el
“Decano” de la prensa chilena en su campaña porla “solución final”.
Otro párrafo deja en evidencia esta verdadera “ideología de la
ocupación”: “No se trata sólo de la adquisición de algún retazo
insignificante de terreno, pues no le faltan terrenos a Chile; no se
trata de la soberanía nominal sobre una horda de bárbaros, pues esta
siempre se ha pretendido tener: se trata de formar de las dos partes
separadas de nuestra República un complejo ligado; se trata de abrir un
manantial inagotable de nuevos recursos en agricultura y minería; nuevos
caminos para el comercio en ríos navegables y pasos fácilmente
accesibles sobre las cordilleras de los Andes... en fin, se trata del
triunfo de la civilización sobre la barbarie, de la humanidad sobre la
bestialidad” (Julio de 1859).
“En vano los mapuches protestaron por los ataques de que eran objeto. La
historia estaba girando hacia una dirección muy diferente”, señala Jorge
Pinto. “Ya es llegado el momento de emprender seriamente la campaña
contra esa raza soberbia y sanguinaria, cuya sola presencia es una
amenaza palpitante, una angustia para las riquezas de las ricas
provincias del sur. ¿Qué familia puede estar tranquila ni entregarse con
confianza a sus trabajos, si el día menos pensado una turba de
malhechores salvajes llega a sus puertas, incendia sus propiedades y las
hace perecer en el martirio sin respetar a las mujeres, a los ancianos y
a los niños”. Tal era la preocupación de El Mercurio, manifestada en su
editorial del 1 de noviembre de 1860, titulada “Los Bárbaros de Arauco”.
“La crisis del año 57 y la Revolución de 1859 aceleraron - resume Pinto-
la invasión a las tierras indígenas. La primera, porque la contracción
económica demostró que Chile necesitaba las tierras de la Araucania y la
Revolución del 59 porque dio origen a una serie de comentarios que
convencieron al gobierno de que habia llegado la hora de actuar en
aquella parte del país, no sometida aun a la autoridad del Estado”. Y en
todo ello, un rol preponderante correspondió a El Mercurio.
Los mal llamados “mapuches”
Transcurridos más de 150 años, el tenor de las editoriales y columnas de
El Mercurio no han variado sustancialmente. También con fecha 3 de
febrero de 2008, una columna editorial firmada por el historiador
chileno Sergio Villalobos, planteaba sus dudas respecto de la propia
existencia actual de los mapuches. “En el tema de los mal llamados
“mapuches” – escribió Villalobos surgen con vehemencia opiniones
infundadas o que son producto de la ignorancia. Cualquier persona que
eche un vistazo sobre la historia universal comprenderá que el trayecto
de la humanidad ha sido una superposición, violenta o pacífica, de unos
pueblos o etnias sobre otros. Todas las dominaciones han sido un doble
proceso: la imposición violenta o pacífica de los dominadores y la
aceptación, pese a la lucha, de los dominados. Estos terminan
adaptándose y acomodándose en el lado de los dominadores e incluso
combaten al lado de éstos contra sus hermanos. Es lo que ocurrió con los
araucanos”. “Después de tantos años de historia resulta comprensible que
haya tantos descendientes de los viejos araucanos que han logrado
integrarse y que otros lo desean. Pero hay voces interesadas de
antropólogos, activistas, políticos y periodistas, que pretenden ignorar
esa realidad, propician la segregación y la mantención de categorías
ancestrales”, remató el Premio Nacional de Historia.
A juicio de Víctor Naguil, un “mal llamado mapuche” según el decir de
Villalobos, la cruzada del historiador contra su pueblo tendría algo de
obsesivo y enfermizo. “Conocemos de sobra sus verdades. Para él no
existimos. Existen chilenos con ascendencia mapuche y pretende
demostrarlo históricamente. Como si nos pudiera convencer, a nosotros
los mapuche, no sólo que usamos un nombre que no es el correcto - el
habla de “araucanos”- , sino que además no existimos, que el proceso que
estamos viviendo no es más que un enorme equívoco. Villalobos interviene
en un debate político, con argumentos políticos que trata de hacer pasar
por argumentos históricos”, subraya el dirigente. El historiador Jorge
Pinto, quien fue alumno de Villalobos y reconoce su condición de
discípulo del Premio Nacional, no duda en cuestionar la particular
visión de su maestro en torno a los mapuches. A juicio de Pinto, en lo
estrictamente académico existiría una clara discrepancia en torno a como
Villalobos interpreta lo sucedido con los mapuches tras la ocupación
militar de su otrora extenso y rico territorio.
Para Pinto, y gran parte de los historiadores actuales, la invasión
marcaría el inicio de un nuevo ciclo en la historia fronteriza delmsur,
caracterizado esta vez por la presencia del Estado. Para Villalobos, en
cambio, marcaría el fin de una historia y de un pueblo. “Villalobos
insiste en que estaríamos en la última fase de una historia que empieza
en el siglo XVI”, clarifica Pinto. De allí que para el octogenario
historiador, la historia de los “araucanos” termina irremediablemente
con su derrota. Es decir, con la dominación de un pueblo más fuerte y
preparado sobre ellos, “la irremediable rueda de la historia”, según su
particular visión. Pero las opiniones de Villalobos en El Mercurio
distan mucho de ser estrictamente académicas. Lo reconoce el propio
Jorge Pinto.
“Nuestro maestro
insiste en que se usó poca pólvora, no se cometieron injusticias y que,
como sugirió Cornelio Saavedra cuando recién se iniciaba el proceso, el
ejército necesitó más mosto que balas. No se por que razón, ignorando
una enorme cantidad de testimonios, Villalobos insiste en este
planteamiento. Lo mismo lo lleva a descalificar las movilizaciones
mapuches y a asumir una actitud muy agresiva hacia el mundo indígena y
los historiadores que nos hemos propuesto mostrar una historia distinta
a la que oficialmente se ha asumido en Chile. A mí me sorprende que un
historiador tan riguroso y tan respetuoso de las fuentes actúe en esto
con evidente parcialidad, legitimando sólo algunos documentos y
negándole validez a otros”.
“Sergio Villalobos – agrega el historiador de Temuco- cree que el pueblo
mapuche desapareció en el siglo XIX y, aún, parece alegrarse de que eso
hubiese ocurrido. Muchas veces tengo la impresión que, retomando viejos
argumentos del positivismo decimonónico, considera justo que los pueblos
que él considera “atrasados” o que poco han aportado al desarrollo del
país, desaparezcan. El progreso, señala, los elimina naturalmente. De
estas apreciaciones deduce que los historiadores y antropólogos que no
compartimos sus juicios, “inventaron” al mapuche del siglo XX. Desde mi
punto de vista, comete dos errores: en primer lugar, ignorar el aporte
de los mapuches al desarrollo de nuestro país y, en segundo lugar, no
reconocer su existencia en el siglo XX. Hoy se ven en las comunidades,
en Temuco, en la Universidad, en los Servicios Públicos, en el ejercicio
de profesiones respetables, en la educación, tanto en nuestra región
como en Santiago, Valparaíso y Concepción. Los censos chilenos de todo
el siglo XX los registró como tales, la prensa dio cuenta de sus
agrupaciones y movilizaciones, la clase política no los pudo ignorar,
entonces, ¿a título de qué un historiador se empeñaen argumentar que han
desaparecido?”, se pregunta finalmente Pinto.
Lo cierto es que la columna de Villalobos no quedó sin respuesta en El
Mercurio. Días posteriores a su publicación, sendas cartas al director
dieron cuenta de la molestia de diversos lectores. Entre ellos destacó
Gastón Soublette, destacado intelectual chileno que -al igual de Pinto-
cuestionó las teorías del Premio Nacional. “Villalobos publicó un
artículo sobre los 'araucanos', cuya terminología equívoca induce a
error. Dice que los mapuches son chilenos, y eso no sólo jurídicamente,
sino como raza, pues según él la etnia mapuche ha dejado de existir por
el mestizaje... Con ese tipo de generalizaciones de escritorio da la
impresión de que la intención de don Sergio es la de solucionar el
problema mapuche suprimiéndolo; vale decir, ¡los mapuches no existen!
¿Qué se puede entender de la historia sin una visión antropológica? Don
Sergio cae en afirmaciones tan falaces como ésta: 'Los araucanos
acabaron en forma violenta con los pewenches'. Él, desde su escritorio,
puede hacer ese tipo de generalizaciones. Otra cosa es tomarse la pena
de subir la cordillera a encontrarse con ellos -como lo ha hecho el
suscrito-, participar de su vida cotidiana y asistir a sus grandes
rogativas para comprender que ahí hay una cultura diferente a la de las
zonas propiamente mapuches, aunque de la misma base”, subrayó el
filósofo y académico.
Otro que agarró el guante fue Rodrigo Rojas, director de la Escuela de
Literatura de la Universidad Diego Portales. “Gracias al señor
Villalobos - señaló irónico - me entero que los mapuche no existen;
perdón me expresé en mapuzungun, quise decir los araucanos. ¿En qué
minuto sucedió? Seguramente fue por su capacidad de adaptación, tanto
que les gustó el caballo, el hierro y ahora la internet y el Partido
Separatista Vasco. Todas éstas son señales de que ha desaparecido su
cultura. Por supuesto, sólo la nuestra, la cultura dominante, ese
vástago casi occidental, tiene el privilegio de imitar al mundo
industrializado y de cambiar para adaptarse sin perder su identidad. Lo
sospechaba, pero no me atrevía a decirlo. Ahora que lo afirma alguien
que goza de la autoridad conferida por los cartapacios de la educación
formal, lo puedo repetir: el mapuche no existe”.
“Los libros publicados en esa lengua - destacó Rojas - son nada más que
una moda étnica de autores como Leonel Lienlaf, Elicura Chihuailaf,
Jaime Huenún, Jacqueline Canihuán, Adriana Paredes Pinda, entre muchos.
Un albañil de Cerro Navia, David Añiñir, un día se levantó por la mañana
y decidió convencer a sus padres, emigrados de reservaciones indígenas,
de que él era mapuche. También fingió frente a sus vecinos que era un
peñi, y ellos también venían fingiendo hace dos o tres generaciones,
desde que instalaron su campamento en la periferia de Santiago-waria.
Qué descaro, a ese albañil se le ocurrió escribir poemas con palabras
mapuches incrustadas y al mismo tiempo declararse punk (¡un mapunky,
imagínense!). Su libro Mapurbe también debe ser un capricho, y gracias a
las tranquilizadoras palabras del señor Villalobos sabemos que habla de
algo que no existe”.
La respuesta de Villalobos a sus detractores no se dejó esperar. Con
fecha 13 de febrero, El Mercurio destacó una nueva columna del
octogenario historiador, donde este daba por cerrada la polémica fiel a
su estilo: reafirmando sus dichos y restando validez a las opiniones
divergentes con sus particulares teorias sobre la extinción mapuche.
“Dentro de la demagogia indigenista se habla de una 'deuda histórica',
un concepto que no tiene la menor base. Fueron los propios araucanos los
que ayudaron a su dominación, movidos por los intereses, por el
aguardiente y toda clase de baratijas. Contingentes de araucanos,
denominados 'indios amigos' por los españoles, combatieron contra sus
hermanos y aceptaron beneficios al lado de los dominadores, incluso
sueldos e incorporación a la planta del Ejército Real. Aprovecharon el
comercio y transformaron su economía, aceptaron a sus hijos mestizos,
algunos de los cuales fueron caciques de renombre. Durante la ocupación,
arrendaron y vendieron tierras a los "huincas", en medio de mutuos
engaños, y hubo muchas comunidades que aceptaron el avance de las tropas
y la instalación de colonos. Sin la colaboración de los propios
araucanos no habría habido dominación", remató el Premio Nacional.
Desde Inglaterra, Reynaldo Mariqueo, exiliado en los 80’ y encargado
actual del activo Mapuche International Link (Enlace Mapuche
Internacional), organización denunciada además por El Mercurio de
“encabezar el lobby pro-mapuche” en Europa, resume el sentir de todo un
pueblo frente a las últimas campañas desinformativas del matutino. “El
Mercurio no solo miente, también se mofa de nuestra cultura mapuche y a
pesar de enfrentar una ola de críticas y clarificaciones que incluye el
Embajador de España, no pide disculpas públicas. El Mercurio da amplia
cobertura a 'personajes' que niegan la existencia del pueblo mapuche, y
nos presenta a los que llama 'embajadores' mapuche de Europa como
revoltosos pagados que protestamos solo por protestar. El Mercurio
maliciosamente se olvida mencionar que la causa del exilio de los
mapuche que hoy vivimos en Europa fue haber estado involucrados en el
proceso democrático de recuperación de tierras durante la Unidad
Popular, proceso que el gobierno de facto de Pinochet revirtió
sancionándonos con la prisión, esto sin mencionar los cientos de
mapuches asesinados, torturados y desparecidos, de los cuales El
Mercurio jamás se acuerda”, sentenció Mariqueo / AZ
* Una versión de este reportaje fue
publicado originalmente en Revista Punto Final Nº659.
< VOLVER
|
|