|
|
-
|
|
ANUNCIO DE MICHELLE
BECHELET |
|
El engañoso Pacto multicultural |
|
|
El ejecutivo habla de
Pacto cuando el territorio mapuche está lleno de transnacionales;
habla de pacto cuando están en marcha enormes megaproyectos en el
país mapuche; cuando las cárceles se llenan de presos políticos
mapuche; habla de pacto con convenios mutilados; habla de pacto con
reconocimientos etnocidas como señala Alonso Barros. |
|
|
Por Enrique
ANTILEO*
I
Azkintuwe |
|
|
|
Acto en Palacio de La Moneda. |
|
|
Foto de Agencias |
|
Párrafos |
|
Hace
pocos días, Bachelet presentó las líneas que seguirá el
gobierno en materia de pueblos indígenas bajo la idea de
fundar un “nuevo pacto” con los movimientos de pueblos
originarios. Sin embargo, el mediocre documento deja entrever
el continuismo de las políticas estatales. |
|
Muchas
veces he escuchado el sabio discurso de que los derechos no
sólo se demandan sino que, por sobre todas las cosas, se
ejercen. El último pacto de algunas organizaciones con el
Estado en 1989 ya sabemos en qué derivó. |
|
La
aprobación del Convenio 169 de la OIT, el debate por el reconocimiento
constitucional y los recientes anuncios realizados en materia indígena
por Bachelet, generan un escenario que merece la pena analizar ¿Existe
realmente un pacto como lo pretende sostener el gobierno? ¿Cuál es la
cara oculta de todo lo que se ha planteado?
Múltiples organizaciones mapuche han manifestado sus críticas a la
ratificación del Convenio 169 con una declaración interpretativa que lo
limita, urdida sin maquillaje por la Concertación y la Alianza. No era
para menos, es una demanda sentida por una parte del movimiento indígena
desde hace más de 17 años. A pesar de ser un instrumento que sólo
resguarda elementos mínimos en materia de derechos indígenas y que en
otras latitudes su aplicabilidad es muy cuestionada, en Chile, su
ratificación había quedado postergada por años y, por lo tanto, ésta
adquiría un valor significativo para varios referentes.
También hace poco se ha reactivado el debate en torno al reconocimiento
constitucional de los pueblos indígenas, otra de las promesas
incumplidas de los gobiernos de la Concertación y que, nuevamente, ha
dejado al descubierto la intencionalidad más siniestra del Estado
Chileno en este plano: oponerse al concepto de pueblo (en el contexto de
los derechos), negar a la nación mapuche. Todas las posturas,
concertacionistas y aliancistas, apuntan a reconocer el “aporte
cultural” de los pueblos indígenas a la Nación Chilena, bajo el precepto
de que ésta es única e indivisible. En tal sentido, no hay más nación
posible que la chilena.
El debate del reconocimiento abre toda una discusión. En el contexto
actual –anulando los eufemismos estatales- se niega tajante y
explícitamente el derecho a la libredeterminación al pueblo mapuche y a
otros pueblos. No hay absolutamente ninguna voluntad para hablar
siquiera de conceptos como plurinacionalidad, de plurisoberanía, etc. El
reconocimiento propuesto no es más que un artificio de valoración
folclórica de “lo indígena”, que intenta encubrir la doctrina
nacionalista chilena.
Hace pocos días, Bachelet presentó las líneas que seguirá el gobierno en
materia de pueblos indígenas bajo la idea de fundar un “nuevo pacto” con
los movimientos de pueblos originarios. Sin embargo, el mediocre
documento deja entrever el continuismo de las políticas estatales.
Llaman la atención varios elementos, entre ellos la problemática de la
tierra y el discurso multicultural (y otros más que ya han sido
criticados por organizaciones mapuche). La devolución de tierras
seguirá, por supuesto, su camino institucional y legal, vale decir, se
trata de una negación tácita de las demandas por tierras ancestrales o
antiguas (las que sobrepasan con creces los distintos título entregados
a fines del s.XIX y comienzos del XX) y una negación, por supuesto, de
la noción de territorio levantada por el movimiento mapuche.
Por otro lado, hay toda una parafernalia en torno a la
multiculturalidad. Se habla de los avances en salud, en educación, etc.
Lo que no se dice es que el discurso multicultural y de la diversidad es
pregonado desde las agencias capitalistas que operan en el tercer mundo
(BID, BM, FMI) y el Estado lo único que hace es implementar esa doctrina
acá. Hoy el neoliberalismo avala y sustenta las múltiples expresiones
culturales que puedan existir, siempre y cuando no subviertan el orden
establecido, el mismo orden que le da seguridad a las políticas
económicas. Por lo tanto, la propuesta multicultural sin duda tiene un
trasfondo y una dirección clara de parte del Estado chileno. Lo
multicultural intenta coartar o anular lo multinacional; intenta
cercenar las definiciones de pueblo y nación mapuche.
Dos asuntos son claves en esta situación. La primera tiene que ver con
la idea de Pacto. ¿Existen realmente las condiciones para un Pacto?
¿Existen realmente las condiciones para negociar, dialogar, etc.? Si no
mal recuerdo, Bachelet aceleró toda esta presentación debido al vil
asesinato de Matías Catrileo por parte de las fuerzas policiales
chilenas y a la extensa huelga de hambre sostenida por Patricia
Troncoso, en un vano intento de lavar su imagen de mal gobierno. El
ejecutivo habla de Pacto cuando el territorio mapuche está lleno de
transnacionales; habla de pacto cuando están en marcha enormes
megaproyectos en el país mapuche; cuando las cárceles se llenan de
presos políticos mapuche; habla de pacto con convenios mutilados; habla
de pacto con reconocimientos etnocidas como señala Alonso Barros.
Lo segundo atañe al movimiento mapuche. Por suerte ha habido muchas
voces críticas a todos estos anuncios, pero innegablemente hay otros
tantos muy contentos en este escenario. No sé quienes son más o menos,
pero el hecho de que parte del movimiento aplauda medidas tan mediocres
e ideológicamente articuladas para ir contra de la consecución de
mayores derechos (autodeterminación, autonomía, territorio), es por lo
decirlo menos bastante preocupante. Siempre en todos los pactos hay
quienes se han hecho a un costado, quizás todas las veces han sido los
menos, pero su voz queda en la historia.
Muchas veces he escuchado el sabio discurso de que los derechos no sólo
se demandan sino que, por sobre todas las cosas, se ejercen. El último
pacto de algunas organizaciones con el Estado en 1989 ya sabemos en qué
derivó. Esta nueva idea de pacto no es más que un barniz engañoso en
aras del bicentenario chileno, celebración que pretende consagrar, en el
plano ideológico, a la nación chilena y negar al resto de los pueblos.
Un pacto para la continuidad de las políticas indígenas institucionales,
que defienden el sistema económico / AZ
* Licenciado en
Antropología / Miembro de la organización Meli Wixan Mapu.
< VOLVER
|
|