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NAOMI KLEIN DE VISITA EN
CHILE |
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"El capitalismo limita la libertad de
las personas" |
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Naomi Klein
visita el país donde el neoliberalismo se impuso como
experimento de laboratorio. Sus impresiones las sintetiza
en su libro “La doctrina del shock. El auge del
capitalismo del desastre”. “Friedman soñaba con eliminar
los patrones de las sociedades y devolverlas a un estado
de capitalismo puro, purificado de toda interrupción como
pudieran ser las regulaciones del gobierno, las barreras
arancelarias o los intereses de ciertos grupos”, señala. |
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Por
Ana RODRIGUEZ*
I
Martes 29 de Abril de 2008 |
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Naomi Klein, escritora. |
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Foto de Agencias. |
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Párrafos |
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Al
poco tiempo del Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido,
según Klein, como un rock star. “A lo largo de toda su visita,
Friedman machacó con un solo tema: la Junta había empezado
bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado sin ninguna
reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término: pidió
un ‘tratamiento de choque’. |
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Una
de las manifestaciones más puras del sistema económico
imperante que indica Klein es justamente el modelo nacional,
donde las variables de desarrollo solamente son medidas en
función del crecimiento”, dice el académico del departamento
de Sociología de la Universidad de Chile, Rodrigo Figueroa. |
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SANTIAGO /
El capitalismo 2.0 no garantiza sino que limita la libertad de las
personas. Esa es la consigna del último libro de la canadiense
superventas y que sitúa como kilómetro cero de la globalización
neoliberal la instauración del modelo económico bajo la bota de Pinochet
en nuestro país. Por estos días la escritora Naomi Klein está de visita
en Chile, donde comenzó todo.
La culpa de todo la tiene el “Doctor Shock”, dice Klein. Milton
Friedman, un hombre carismático y ambicioso, perteneciente a la Escuela
de Economía de la Universidad de Chicago, es posiblemente el único
economista que pudo poner en práctica sus reformadores planteamientos,
experimentando directamente con un país del Cono Sur.
Y ese país es Chile.
Una nación que de recóndita y desconocida no tiene nada, pues ha estado
bajo la mira de la potencia estadounidense desde 1965, año en que
comenzó el denominado “Proyecto Chile”, un plan consistente en educar
estudiantes cuidadosamente seleccionados de la Universidad Católica, en
la Universidad de Chicago. Un concepto de “intercambio” mal entendido,
destinado a resistir las ideas del desarrollismo latinoamericano que
comenzaban a surgir en la época.
Naomi Klein sintetiza
estas ideas en su libro “La doctrina del shock. El auge del capitalismo
del desastre”, diciendo: “Friedman soñaba con eliminar los patrones de
las sociedades y devolverlas a un estado de capitalismo puro, purificado
de toda interrupción como pudieran ser las regulaciones del gobierno,
las barreras arancelarias o los intereses de ciertos grupos (…) Friedman
creía que cuando la economía estaba muy distorsionada, la única manera
de alcanzar el estado previo era infligir deliberadamente dolorosos
shocks: sólo una ‘medicina amarga’ podía borrar todas esas distorsiones
y pautas perjudiciales”.
Fue precisamente a
través de un shock que se “corrigió” el modelo con que el Chile de
Allende funcionaba. Un golpe eléctrico –a veces, literal- que instauró
una dictadura militar, con un cabecilla que posaba para la foto de
lentes oscuros, que nada sabía de economía y que escogió precisamente a
los “Chicago Boys” para su asesoría en estas materias.
Cuando se examina en el aula la economía setentera chilena con
microscopio y se desprecian los intentos del Estado por aliviar la
pobreza, diseñar programas de nuevas estrategias económicas y trabajar
en conjunto con los militares para mantener a la población aterrorizada
y preparar el shock no resulta tan descabellado. El plan de Friedman iba
sobre ruedas.
Al poco tiempo del
Golpe, Friedman visitó Chile y fue recibido, según Klein, como un rock
star. “A lo largo de toda su visita, Friedman machacó con un solo tema:
la Junta había empezado bien, pero necesitaba abrazar el libre mercado
sin ninguna reserva. En discursos y entrevistas utilizó un término que
hasta entonces jamás se había aplicado a una crisis económica del mundo
real: pidió un ‘tratamiento de choque’.
Afirmó que era ‘la
única cura. Con certeza. No hay otra forma de hacerlo. No hay otra
solución a largo plazo’”, cita la canadiense. “La doctrina del shock
requiere condiciones sociales en que haya un extendido temor, pánico e
incertidumbre en la población. En esas condiciones es que dejan de
operar las estructuras de las fuerzas sindicales, gremiales y otro tipo
de asociaciones”, dice el director ejecutivo de la Asociación Chilena
pro Naciones Unidas (ACHNU), Osvaldo Torres. ¿Es necesario recordar cómo
se mantuvo el clima de temor?
Los resultados
“Una de las
manifestaciones más puras del sistema económico imperante que indica
Klein es justamente el modelo nacional, donde las variables de
desarrollo solamente son medidas en función del crecimiento”, dice el
académico del departamento de Sociología de la Universidad de Chile,
Rodrigo Figueroa. Para Osvaldo Torres, los argumentos de Naomi Klein van
desnudando “el carácter ideológico de la ‘ciencia económica de la
Escuela de Chicago’, quedando desenmascarado como un discurso que tiene
tras de sí un proyecto político de carácter neoliberal, que no puso
ninguna cortapisa para imponerse, aplastando las democracias formales
que se daban tanto en América Latina como en otros lugares del mundo.
Desde esa perspectiva
creo que ella muestra un panorama en que la globalización podría haber
avanzado con otro rostro y otros caminos y no el del shock y la
brutalidad”. “En Chile aún vivimos las secuelas de lo que fue esta
doctrina, que lentamente se ha intentado reponer con un giro en la
política económica, que no ha sido un giro muy radical, y con una
lentísima recuperación del protagonismo de las instituciones y la
participación democrática”, asegura Torres.
Según Figueroa, la
nuestra es una sociedad en la que el modelo de desarrollo se aplica “a
rajatabla en función de tener algunos parámetros que va a exigir el
mercado como mecanismo de regulación social en distintas materias”. Esto
es salud, educación, fondos de pensiones, acceso a protección social.
Para el académico de la Universidad de Chile, en el país ha predominado
una visión fundamentalmente pensada en el mercado, en que el Estado
asume un rol corporativista, en el sentido de cautelar el correcto
desarrollo del modelo.
“No me cabe la menor
duda de que el Estado y la forma en que se ha ejercido la voluntad
general a partir de él supone una protección de la propiedad privada, y
por lo tanto de las dimensiones sociales o de la sociedad civil son
entendidas como situaciones que deben ser controladas, que es lo que
hace el Estado en los últimos quince años en Chile”. Además, y al igual
que en muchos otros aspectos, el modelo neoliberal ha construido un
sistema de relaciones laborales “donde se tiende a la individualización
y a desvalorizar los elementos colectivos del mundo del trabajo. Esto
significa reducir el trabajo a una pura y simple mercancía, sustentando
relaciones laborales individualizadas como si se estuviera concurriendo
a un mercado de bienes cualquiera. Por eso nuestra legislación le da
escaso valor a la negociación colectiva, tal como estamos viendo ahora
con trabajadores que no pueden negociar colectivamente ni tampoco
organizarse, como los subcontratados”, dice Figueroa / AZ
* Gentileza
www.elmostrador.cl
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