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ENTREVISTA CON JUAN
PABLO ORREGO |
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El renacer de los conflictos
ambientales |
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A la cabeza
de la defensa de la Patagonia está el antiguo y conocido
activista medioambiental Juan Pablo Orrego, hoy a cargo de
la campaña Patagonia Chilena sin Represas. Orrego, que ve
y vive el movimiento en su interior, observa también sus
falencias: “Se ha creado una imagen, más bien mediática,
de un movimiento muy bien financiado y articulado. La
visión desde adentro es distinta”, señala. |
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Por
Paul WALDER
I
Viernes 25 de Abril de 2008 |
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Juan Pablo Orrego. |
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Foto de Agencias. |
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Párrafos |
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La
muerte masiva hace dos años de millares de cisnes de cuello
negro -especie protegida del Cono Sur latinoamericano- en la
región de Valdivia a causa de los vertidos tóxicos de la
celulosa Celco y el proyecto Pascua Lama de Barrick Gold, que
prevé remover un glaciar para extraer oro en la cordillera,
han movilizado a los sectores ambientalmente. |
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Una
mega industria que no genera mucho empleo es la mineria. Los
que genera son empleos básicos, primarios. Dentro de estas
industrias cae la gran minería, la pesquería de harina de
pescado, la pesca de arrastre, la celulosa. Todas estas
industrias primarias, además de ser muy contaminantes, no
generan verdadero desarrollo humano. |
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SANTIAGO /
El movimiento ecologista o medioambiental chileno, cuyos orígenes se
remontan hacia finales de la década de los 80, ha sufrido desde entonces
todo tipo de mutaciones, recambio de líderes, conversión de estrategias,
fusiones, pactos, fragmentaciones y especializaciones. Un par de décadas
que ha colocado a la causa ambiental en los primeros lugares de las
preocupaciones ciudadanas, que la ha incorporado entre los debates
políticos, pero también la ha desgastado, difuminándose por años de la
lista de los asuntos que inquietan a la población.
No por ello los conflictos ambientales han disminuido durante estos
veinte años. La muerte masiva hace dos años de millares de cisnes de
cuello negro -especie protegida del Cono Sur latinoamericano- en la
región de Valdivia a causa de los vertidos tóxicos de la celulosa Celco
y el proyecto Pascua Lama de Barrick Gold, que prevé remover un glaciar
para extraer oro en la cordillera de Los Andes, han movilizado a los
sectores ambientalmente más sensibles de la sociedad civil y han
colocado el tema entre los primeros lugares de la agenda pública. El
medioambiente ha vuelto a ser materia de conflicto, de debate, acaso de
movilización ciudadana.
Las organizaciones ambientales no han estado exentas de debate y
polémicas en su interior durante estos veinte años. Entonces, como hoy
mismo, hay quienes piensan que el movimiento ha de aglutinar fuerzas y
tender hacia un partido verde, pero hay otros que estiman mantenerlo
como una acción ciudadana transversal. Por un lado un partido, con
propuestas políticas concretas inspiradas en una ideología o filosofía
verde; por otro, mantener una serie de ideas que impregnen a distintos
sectores políticos y sociales. Esta tensión alcanzó su máxima expresión
hacia finales de la década pasada, durante la campaña que llevó a La
Moneda a Ricardo Lagos, proceso en el que también participó como
candidata a la presidencia Sara Larraín, probablemente la activista
medioambiental más conocida de Chile.
Flavia Liberona,
directora de la Fundación Terram, recuerda que “Lagos hizo una serie de
promesas ambientales, que de alguna manera dividieron a las
organizaciones, entre las que estaban con él y las que apoyaban a Sara
Larraín. Pero en la medida que Lagos no hizo nada, finalmente la gente
que tiene sensibilidad ambiental, esté o no en los partidos de la
Concertación, sintió una molestia generalizada hacia finales de su
gobierno”.
Pese a este debate, el origen de gran parte de la acción del movimiento
está en los conflictos y en la incorporación de temas ambientales en las
distintas problemáticas nacionales, en los gobiernos, en el aparato del
Estado, como también en el mismo desarrollo de la industria. Es un hecho
que desde la década pasada las empresas han comenzado a instalar áreas y
gerencias de Medio Ambiente, de Responsabilidad Social, lo que se
interpreta como una respuesta a estas demandas. Y es también un hecho
relevante la incorporación de instituciones ambientales al aparato
público, proceso que marca un hito con el actual gobierno y la creación
de un Ministerio de Medio Ambiente. Ha habido una institucionalización
de las materias ambientales.
Liberona, aun cuando admite este proceso, observa sin duda grandes
obstáculos. “Han pasado bastantes años y pese a la incorporación de las
empresas a las temáticas ambientales, a pesar de las declaraciones de
gobierno, de políticas de desarrollo sustentable, de generación de
planes, no hay cambios sustantivos”, como reveló el 2005 un informe de
impacto ambiental de la OCDE. El organismo internacional observó
numerosas falencias en esta materia.
Los últimos dos grandes conflictos ambientales, Pascua Lama y Celco,
junto con reinstalar la temática ambiental en la esfera pública han
marcado una reestructuración del movimiento ciudadano. Quienes han
levantado la voz han sido organizaciones locales, que han recurrido a
los líderes tradicionales sólo para asesoría técnica. La ciudadanía ha
podido organizarse en torno a un conflicto y empujar acciones, “lo que
muestra una sensibilidad ambiental instalada”, comenta Flavia.
Esta sensibilidad ambiental, manifestada en conflictos ciudadanos
concretos y cercanos, no tiene su referente a escala nacional. Las
organizaciones son pequeñas, dispersas, en no pocas ocasiones con
posturas políticas disímiles, más especializadas y casi siempre con
problemas de financiamiento. Hoy en día –dice Flavia- las organizaciones
ambientales, en cuanto a su tamaño, son mucho más pequeñas que hace diez
años atrás. CODEFF, por ejemplo, tenía unas cincuenta personas
trabajando en varios lugares de Chile, el Instituto de Ecología
Política, Renace, se han ido achicando, lo que tiene que ver con los
financiamientos”. Evidentemente existe una competencia por el
financiamiento cuando se trabaja con temáticas similares, pero también
existe un código ético no muy explicitado para no competir por los
mismos recursos. Si se mira hoy el Consejo de Defensa de la Patagonia,
que se opone a la construcción de una serie de centrales
hidroeléctricas, se pueden encontrar más de veinte instituciones que lo
conforman, y cada una tiene una competencia distinta a pesar que el tema
es uno solo. Es un trabajo de colaboración. Unos hacen activismo, otros
coordinan, otros apoyan en el plano técnico.
Juan Pablo Orrego
A la cabeza de la defensa de la Patagonia está el antiguo y conocido
activista medioambiental Juan Pablo Orrego, hoy a cargo de la campaña
Patagonia Chilena sin Represas. Orrego, que ve y vive el movimiento en
su interior, observa también sus falencias: “Se ha creado una imagen,
más bien mediática, de un movimiento muy bien financiado y articulado.
La visión desde adentro es distinta: hay organizaciones, que se mueven
en distintos ámbitos, que desarrollan distintas líneas de trabajo, con
énfasis diferentes y que a veces convergimos en causas, como es ahora la
defensa de los ríos de la Patagonia”.
- Pese a ello han podido instalar muy bien estos problemas en la agenda
pública.
Se ha creado la idea de un movimiento muy poderoso y rico. En la
práctica, somos organizaciones muy humildes, que nos cuesta mucho
financiarnos y no hay tanta articulación. Ojalá que la hubiese, como
señalan los medios. Las organizaciones son bastante autónomas. Y esa es
otra característica: estas organizaciones son bastante personalizadas,
aun cuando está cambiando un poco. Pero durante los 90 había un vocero
muy visible, lo que tampoco es muy bueno, porque es más fácil atacarlo y
dañar a la organización completa.
- Desde los orígenes del movimiento, es posible observar que ha habido
una mayor participación ciudadana en estas materias.
Chile está en la miseria más absoluta en cuanto a participación
ciudadana. Esto no es el problema de un gobierno de turno, sino que se
trata de problemas estructurales mucho más profundos y pesados, que
impiden que la ciudadanía participe en la vida política chilena. Eso
partiendo de la Constitución de 1980, que ha sido modificada en algunos
aspectos, pero no en el fondo, lo que no le ha quitado en nada su
carácter antidemocrático. Pero el tema completo permite la concentración
brutal de la extrema riqueza, que es un producto matemático, científico,
del sistema instalado durante la dictadura. Esta concentración de la
riqueza lleva a una capacidad de estos poderes fácticos a que se coopte
la política, porque son finalmente estos poderes económicos los que
financian la política, las campañas parlamentarias. El poder es tal,
está tan concentrado, que el individuo, el ciudadano, no puede
influenciar en nada en el destino de este país. El poder social está
encapsulado en la punta de la pirámide y pareciera que los únicos que
tienen la capacidad de tomar decisiones son la clase política, las
autoridades de gobierno, y los grandes empresarios.
- Obviamente, la participación tiene que venir desde abajo. Como
líder de la sociedad civil, ¿cómo se hace ese cambio?
La otra debilidad manifiesta del movimiento ambientalista, junto a la no
tan buena organización que tenemos, es no contar con bases sociales.
Hemos sido poco capaces de convocar gente a participar de forma activa.
Este es, sin embargo, un efecto, no una causa. En un país tan
desequilibrado como Chile, con una distribución de la riqueza tan
injusta, en que el 60 por ciento de la población tiene problemas para
“parar la olla”, dicho esto en buen chileno, porque estas encuestas
oficiales sobre la pobreza son un chiste. Uno sabe que una pareja en
Chile con un par de hijos para poder tener servicios de educación y
salud, para contar con una vivienda decente tiene que trabajar 14 o 15
horas diarias. Aquí estamos llenos de niños “huachos”, en el sentido de
huérfanos. Cuando se está en esa dinámica, con mucha dificultad para
sobrevivir, y se le agrega además la farándula, esto de defender la
Patagonia, de Pascua Lama, de los cisnes, aparecen como asuntos
extremadamente remotos y que parecen no tener nada que ver con su
realidad, que es la lucha diaria por la subsistencia.
- Bueno, aquí también tenemos la relación entre un gran proyecto
industrial y la creación de empleo y mayores oportunidades para
amortiguar las dificultades de la lucha diaria. Eso que el movimiento
ecologista parece querer frenar.
Aquí hay una falacia. Un ejemplo es la minería. Una mega industria que
no genera mucho empleo. Los que genera, son empleos básicos, primarios.
Dentro de estas industrias cae la gran minería, la pesquería de harina
de pescado, la pesca de arrastre, la celulosa. Todas estas industrias
primarias, además de ser muy intensivas en uso de energía y agua y muy
contaminantes, no generan verdadero desarrollo humano. Genera empleo de
muy baja calidad. En cambio en la fase productiva terciaria, de
generación de servicios de inteligencia en el mercado cultural, de la
educación, de la salud, estás generando, además de una fuerte caída en
la demanda de energía, de agua y de la contaminación, empleo evolutivo,
educación.
- Aquí estás planteando una relación
directa entre las centrales de Aysén y un modelo de desarrollo.
Sin ir más lejos, en una presentación que hizo Endesa exhibió una lámina
que decía: “con la incorporación de nuevos proyectos mineros al sistema
interconectado central el crecimiento de la demanda eléctrica será de un
6,8 por ciento”. Claramente, ellos hacían la relación entre los
proyectos de la Patagonia y la minería al norte de Santiago. El SIC
alcanza hasta Taltal, y allí hay grandes proyectos mineros. Nos parece a
nosotros del todo descabellado porque la minería es una industria voraz
energéticamente que deja grandes pasivos ambientales por todo el
territorio nacional. Además, pretender sumar a este costo de la minería
la degradación de la Patagonia es realmente una locura.
- ¿Cuál es la alternativa?
Se necesita tener otra visión respecto a lo que puede ser la modernidad
en términos más decentes y después poner en marcha la voluntad política.
Pero en este país eso ni siquiera se debate. Tu hablas esas cosas y eres
un talibán verde, anti desarrollo. Pero lo que nosotros estamos diciendo
respecto a estos proyectos, es que son primitivos. Justamente, la fase
terciaria es lo único sustentable social y ecológicamente. La otra
industria que podría ser uno de los pilares del desarrollo chileno es el
turismo, pero un turismo horizontal, diseminado, no de lodges y hoteles
de lujo. Un turismo que genere encadenamientos a una escala baja, que
involucre a la población local en ese tipo de turismo”
/ AZ
* Gentileza
Terra Magazine.
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