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CONFLICTO ENTRE CELCO Y
LAFKENCHES |
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¿La violencia es un conflicto entre
privados? |
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Los grados de
violencia en los sectores de Missisipi y Mehuín son gravísimos, de
hecho, se han presentado recursos judiciales para amparar la vida y
la integridad física y psiquica de personas opositoras al ducto.
Esto no es posible que ocurra. Hay responsabilidad de todos en ello;
del Estado en la defensa de los derechos humanos y al permitir la
promoción de esta violencia a través de actos de la empresa privada. |
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Por
Patricia ALBORNOZ *
I
Martes 22 de Abril de 2008 |
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Pobladores de Caleta Mehuin. |
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Foto de Archivo |
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Párrafos |
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No
es la primera vez que esta misma empresa pretende desarrollar
este proyecto. En 1996 lo intentó, pero al encontrarse con una
férrea oposición por parte de los pescadores artesanales de la
zona principalmente, se determinó descargar los riles en el
Río Cruces, el cual, si recordamos, sufrió una fuerte
contaminación. |
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Los
grados de violencia en los sectores de Missisipi y Mehuín son
gravísimos, de hecho, se han presentado recursos judiciales
para amparar la vida y la integridad física y psiquica de
personas opositoras al ducto. Esto no es posible que ocurra.
Hay responsabilidad de todos en ello. |
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La
violencia en estos días se sigue presentando en forma manifiesta.
Agresiones en las familias, golpes y balazos entre grupos y pandillas,
entre otras situaciones que nos muestran una grave violación a los
derechos humanos y una vía extrema de resolver las diferencias o las
problemáticas existentes.
Estos atentados a la vida, a la integridad física y psíquica, a la
salud, al medioambiente y a la libertad personal, entre otros derechos
que la Constitución reconoce y que se garantizan en múltiples tratados
internacionales, parece que no encuentran en la práctica su debido
reconocimiento. Y un caso grave de estas violaciones, es la situación
que hoy día y desde ya 12 años se vive en Mehuin, caleta ubicada a 27
kilómetros de San José de la Mariquina, región de Los Ríos. Los miembros
del sector, principalmente pescadores y comuneros lafkenches, viven y se
desarrollan en torno al mar, como sustento económico, cultural y
simbólico.
El intento de construcción de un ducto de riles de la Celulosa Arauco
(CELCO), en la zona ha provocado nuevamente oposición por parte de la
población. Se niegan a la construcción de un tubo por el cual se
trasladen a dicha caleta los residuos líquidos que se produzcan en la
producción de la celulosa. Estos riles tienen, de acuerdo a lo que
indica el el Decreto Supremo Nº 90, vigente desde el 2001, límites con
respecto a la emisión de contaminantes que pueden descargar a las aguas.
Esta legislación contempla el principio de "pagar por contaminar" (que
está presente en nuestro dispersa legislación ambiental), y que implica
que se permite contaminar hasta ciertos límites, hecho que debe ser
considerado como un costo de la empresa, la cual debería realizar
fuertes inversiones en torno a un tratamiento eficiente de estos
residuos y la depuración las aguas.
Este tipo de contaminación no es la única que se produce por el
desarrollo de la empresa celulosa, también se genera contaminación
atmosférica, formación de residuos industriales sólidos y agotamiento de
los recursos naturales, disminuyendo el bosque nativo, arrasado por la
plantación de especies de más rápido crecimiento. Entonces, ¿quién gana
con esto? Parece que el medioambiente no, y tampoco la población , ya
que los niveles de pobreza en las regiones forestales, donde se
encuentran instaladas las industrias de celulosa y donde se registran
las mayores extensiones de plantaciones, albergan los mayores niveles de
pobreza".
Pero no es la primera vez que esta misma empresa pretende desarrollar
este proyecto en la zona. En 1996 lo intentó, pero al encontrarse con
una férrea oposición por parte de los pescadores artesanales de la zona
principalmente, se determinó descargar los riles en el Río Cruces, el
cual, si recordamos, sufrió una fuerte contaminación que llevó a la
conocida muerte de cisnes de cuello negro, peces, flora y fauna en el
Santuario de la Naturaleza Carlos Anwandter, perteneciente a dicho río
en Valdivia.
Pero... la memoria es frágil. Desde el año pasado, frente al interés de
establecer dicho ducto nuevamente en el sector de Mehuín y ante la
oposición de la población, CELCO ha suscrito acuerdos con sindicatos de
pescadores de la zona, quienes reciben un monto de dinero a cambio de
facilitar la aprobación del ducto de la planta de celulosa en dicho
sector. Pero, ¿sería "vendible" el cuidado del medioambiente y estas
áreas de manejo?. Si en los procesos de estudios de impacto ambiental se
le reconoce por ley a la comunidad el derecho de participar y oponerse a
este proyecto, ¿pueden por el acuerdo que firmaron no hacerlo?. De
acuerdo a la importancia y el reconocimiento de estos derechos humanos,
se hace claro que existe este derecho de oposición, pero entonces, ¿qué
sentido tienen la suscripción de estos acuerdos?
Lo que estos actos han causado y promovido son graves enfrentamientos en
la población de la zona, entre quienes apoyan la construcción del ducto
y los que la rechazan. Y estas han sido imágenes de agresiones con
piedras y otros elementos contundentes que hemos podido ver en los
noticieros y que, en testimonios de miembros del Comité de Defensa del
Mar y de comunidades lafkenches en conferencia de prensa de esta semana,
dieron cuenta de la continua violencia física y amenazas de las cuales
son permanentemente objeto. Ante estos hechos, el intendente de la zona,
Ivan Flores señaló que era "un conflicto entre privados". Y este es el
principal aspecto a comentar en este tema.
Los grados de violencia en los sectores de Missisipi y Mehuín son
gravísimos, de hecho, se han presentado recursos judiciales para amparar
la vida y la integridad física y psiquica de personas opositoras al
ducto. Esto no es posible que ocurra. Hay responsabilidad de todos en
ello; del Estado en la defensa de los derechos humanos y al permitir la
promoción de esta violencia a través de actos de la empresa privada que
transgreden la forma de vida de pescadores artesanales y lafkenche, y no
promover un diálogo efectivo basado en las confianzas. El Estado es
también garante del debido cuidado del medioambiente, y por tanto, de
que los mecanismos legales para su protección, cuenten con la confianza
efectiva de la población. Pero es responsabilidad de nosotros el
informarnos de estos hechos y reconocer las violaciones a los derechos
humanos que están ocurriendo o acaso ¿el medioambiente no es patrimonio
de todos y todas? / AZ
* Directora del
departamento de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la
Universidad Central de Chile.
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