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La
tan súbita como dolorosa desaparición en este plano existencial del
escritor norteamericano Kurt Vonnegut (1922-2007) me ha llevado –una vez
más, no será la última– a releer su obra, tan inseparable de su vida. Y
vuelvo a comprobar el pasmoso efecto virósico de alto contagio que tiene
su prosa y su manera de ver las cosas. Así, luego o durante una
exposición a sus tramas e ideas –en la última semana he vuelto a leer
Slapstick, Galápagos y Hocus Pocus, y no pienso detenerme–, la realidad,
inevitablemente, se kurtifica o se vonnegutiza. Y el mundo continúa
siendo la misma mierda de siempre pero, al menos, se disfruta del
relativo consuelo de que existió un genio entre nosotros, alguien que
describió a esa mierda mundial como ninguno y quien supo más sonreírse
que reírse de ella convencido de que “el amor puede fallar pero debe
prevalecer la cortesía”. Hi Ho.
Procedimientos bacteriales
inequívocamente marca Vonnegut: en Splapstick, el protagonista no puede
evitar lanzar un “Hi Ho” al final de casi todas sus parrafadas; en Hocus-Pocus
se nos informa que el escritor no dispone de grandes cantidades de
papel, por lo que se ve estilísticamente obligado a la frase corta en
superficies como envoltorios de chicles; el fantasmal narrador de
Galápagos nos advierte que colocará un asterisco junto al nombre de cada
personaje cuya muerte sea algo inevitable e inminente. A lo que yo
agregaría un nuevo remate para ciertas situaciones: “Pum Pum Pum”.
“Se oía un constante Pum Pum Pum”,
relató un testigo que se salvó de ser asteriscado por *Cho Seung-Hui. Y
a mí me conmovió la infantilización tan verídica del Bang Bang Bang.
Porque se sabe que, en la realidad, los disparos no suenan como en las
películas. De este lado de la pantalla, los disparos son mono y no dolby.
Pero duelen más. Hi Ho.
Y el profesor *Liviu Librescu (gran
nombre y alguien que no desentonaría como “héroe” vonnegutiano) se
levantó la mañana del 16 de abril del 2007 y se fue a dar clase en una
de las aulas de la universidad ya mencionada. Y cuando escuchó los Pum
Pum Pum se interpuso entre *Cho Seung-Hui y sus alumnos, bloqueó la
puerta con su cuerpo y –mientras los jóvenes se descolgaban por la
ventana– murió por Pum Pum Pum a los 76 años de edad. Lo que no
consiguió la represión nazi en su Rumania natal, un paso por un campo de
trabajo y más tarde una estadía en el ghetto de la ciudad de Focsani, lo
consiguió un estudiante enloquecido a quien venían considerando –ya han
aparecido las pintorescas fotos en las que posa con armas en plan Rambo/Ninja–
como “solitario, violento, errático y problemático”. Alguien que solía
ir vestido con chaleco de cazador, había visitado el departamento de
asesoría psicológica y estaba medicado con antidepresivos. Y sin
embargo... Hi Ho.
Todo esto transcurre en el estado de
Virginia, donde a partir de los doce años te puedes comprar –aunque no
registrar a tu nombre– un fusil de asalto. A *Cho Seun-Hui –23 años,
estudiante de literatura, autor de escritos “bastante inquietantes”– le
iban más las pistolas y optó por una Pum Pum Pum Walter P22 y una Pum
Pum Pum Glock de 9 milímetros. Y después de repartir todos esos
asteriscos se dio cuenta de que le quedaba uno. Así que se lo puso a su
propio nombre. Hi Ho.
Recién al día siguiente se hizo
público su nombre –se demoró en identificarlo porque *Cho Seung-Hui se
había hecho Pum Pum Pum en el rostro– y se alzaron las voces sobre los
peligros de los extranjeros raros, sobre el karma de un país que sale al
extranjero a poner a todos en peligro, sobre la recurrencia de los
campus mutando a campos del tiro. Y entonces llegó a Virginia George W.
Bush, presidente de un país con 190 millones de armas en manos de
particulares. Bush dijo estar “horrorizado”. Me pregunto a qué se
refería exactamente. Hi Ho.
Paren las rotativas: las armas de
destrucción masiva están en Estados Unidos. En casita. Hi Ho.
Discursos y lágrimas y Bush invocando
a Dios y el himno nacional norteamericano. Es un lindo himno: pegadizo,
un poco canción de cuna y un poco marcha fúnebre, fácil de silbar. Nada
que ver con el nuestro, que parece sonar como lo que se oía dentro de la
cabeza de *Cho Seung Hui. Nuestro himno nacional tiene problemas de
personalidad múltiple: empieza varias veces, tiene abruptos cambios de
ritmo y de velocidad, recuerda a demasiadas cosas y a ninguna, y termina
con ese mandato un tanto complicado: “Coronados de gloria vivamos o
juremos con gloria morir”. Hi Ho. Y en eso estamos. En otro de sus libros, Kurt Vonnegut teoriza que la extinción de la raza humana se deberá a “una total falta de seriedad... A nadie le importa nada de lo que sucede, de lo que sucederá o cómo fue que nos metimos en semejante lío”. Pero también matiza: “Una forma de comprender esto es pensar que la verdadera función de los seres humanos en este planeta es hacerlo volar por los aires. Tal vez estamos haciendo muy bien nuestro trabajo porque hemos sido programados para mejorar nuestras armas, para creer que la muerte es mejor que el deshonor. Así, llegará el día en que nuestro planeta volará por los aires y que así acabemos creando una nueva galaxia con sus fragmentos. ¿Qué puede salvarnos? La intervención divina, supongo.
Pero tal vez estemos rezando no por
ser diferentes sino para ser librados de nuestra mortal inventiva del
mismo modo en que alguna vez los dinosaurios rezaron para ser librados
de la enormidad de sus cuerpos”. De tener razón Vonnegut, está claro que
nuestras plegarias serán atendidas más temprano que tarde porque
cumplimos nuestra función divinamente: cada vez habrá más *Cho Seung-hui,
cada vez más presidentes que se dedican a la fabricación masiva de
asteriscos y, por desgracia, cada vez menos *Liviu Librescu. Hi Ho. “Todo parece indicar que nuestros grandes cerebros han hecho insoportables a nuestras vidas” Kurt Vonnegut. Pum Pum Pum. **********... y así van las cosas. Hi Ho. Stop / Azkintuwe * Escritor argentino. Gentileza www.pagina12.com.ar
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