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UN
CONFLICTO SIN SOLUCIÓN |
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Minas antipersonales en territorio
Aymara |
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Chile, entre la década del 70 y año
80, según datos del Ministerio de Defensa Nacional, sepultó entre
las fronteras de Perú, Bolivia y Argentina, alrededor de 430.000
minas antipersonales y de otro tipo, ante los posibles conflicto
bélicos, de los cuales, alrededor de 100.000 minas antipersonales se
encuentran en algún lugar del altiplano. |
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Por
Lautaro LONCON* / Lunes 16 de Abril de 2007 |
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La existencia de minas
anti personales que afectan a la población civil es un
asunto de preocupación mundial. |
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El gobierno de Chile debe
reconocer la peligrosidad que significan para la vida
del Pueblo Aymara, Quechua y Likan- Antay. |
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Mientras
comienzo a escribir este artículo, la prensa informa que la marcha
organizada por Ollanta Humala habría sido disuelta a 30 kilómetros de la
frontera a la altura del kilómetro 1.330 de la carretera Panamericana
Sur del lado Peruano y que sus manifestante, varios centenar de
personas, conjuntamente con enfrentarse a la policía habrían continuado
la marcha a pie. Avanzaban desde Tacna hacia el hito fronterizo número 1
en la Línea de la Concordia.
Humala sin razón realiza una marcha
política a la frontera con el propósito de “afirmar la soberanía
nacional” de Perú respecto de su frontera marítima con Chile. Su acción
política tendría mas legitimidad si cuestionara las fronteras
artificiales que impusieron los Estados de Perú y Chile al territorio
ancestral Aymara y demás Pueblos Indígenas del norte. Reivindicar
fronteras territoriales desde y para los Estados es como disputarse la
cosa robada entre delincuentes, carece de toda legitimidad y de
justicia.
Sin duda para ambos países la marcha de Humala molesta como una piedra
en el zapato para las relaciones bilaterales de ambos Estados, después
de los esfuerzos de Alan García de demostrar que es un presidente
confiable y que su administración no joderá con los límites
territoriales, para ambos países, Humala viene a revolverles el
gallinero. Tan en buen pie se encaminan las relaciones bilaterales que
la administración Bachellet incluso promete llevar adelante la entrega
del botín de guerra traída desde Lima por el “celebre” Ejeécito Chileno
en la Guerra del Pacífico, incluso Epopeya, serial televisiva de la red
estatal, se suspendió preventivamente para no herir susceptibilidades. Y
en la Marcha de Humala. ¡Si hasta se coordinaron las policías para
impedir que llegara a la frontera!. Tantos buenos gestos de buena
crianza parece una escena salida de una película.
En Chile existía preocupación. En Santiago, el Ministro del Interior
Belisario Velasco, advirtió que no permitirán violaciones a la soberanía
territorial señalando. “Si alguien cruza la frontera será detenido,
fichado y expulsado del país”. Evidentemente que es una preocupación de
los Estados el resguardo de la soberanía sobre territorios bajo su
jurisdicción, sin embargo, que Humala cruce la frontera con mil
personas, no significa necesariamente una alteración de los límites
territoriales ni una perdida de soberanía para Chile. En la medida que
éste acto no este apoyado por el gobierno central del Perú no significa
amenaza. Que Humala con sus 1.000 nacionalistas cruce la frontera, la
solución lo daba ya Belisario Velasco “Detención, Fichaje y Expulsión” y
se acababa el cuento.
La preocupación que el Estado Chileno tiene es otra, y lo dio a conocer
el día anterior Belisario Velasco, lo que le preocupa al gobierno de
Chile son las más de 100.000 minas antipersonales que están diseminadas
entre la frontera de Perú, Bolivia y Chile de las cuales ni el
Ministerio de Defensa Nacional, ni el Ministro del Interior del Estado
Chileno tiene control alguno de los campos minados, por lo que, si
Humala y su gente llegaran a cruzar por esos campos minados - que ni el
ejército sabe a ciencia cierta donde están esos campos con bombas
antipersonales - sería un hecho trágico y preocupante a nivel nacional e
internacional, eso si alteraría las relaciones internacionales
bilaterales, aparte de ser el fin para los marchantes.
Digo que ni el Ministerio de Defensa Nacional, ni el Ministerio del
Interior tienen control de los campos minados porque, las minas
antipersonales y de otro tipo que fueron sepultadas en la afiebrada
década del 70 y 80 por el Dictador Pinochet en pleno periodo de
tensiones limítrofes, con el correr del tiempo y el invierno altiplánico
se corrieron desde el lugar en que fueron instaladas y hasta el día de
hoy no se saben donde están, hecho que genera incertidumbre al Estado
chileno y pone en peligro la seguridad para el desplazamiento de la
zona, no solo de Humala, sino que constituye un permanente peligro para
la seguridad y la vida de los indígenas del altiplano como lo denunciara
en innumerables oportunidades las organizaciones Aymara.
Como se ve, no es que “puede que
alguna mina esté en la zona, encontramos que es altamente riesgoso” como
lo advirtiera el Ministro del Interior. ¡Es altamente riesgoso y no
porque se encuentre por ahí una mina loca que se escurrió con las aguas
lluvias o se lo llevó el río Loa.! ¡hay cientos miles de minas
antipersonales y de otro tipo como cohetes sordos Uxo; en el sector
Quebrada Lampayar, Ayllu de Solcor, cercanías de San Pedro de Atacama,
Llano de la paciencia, Camino antiguo de acceso al Valle de la Luna , en
el sector Las Turbinas, rió Loa, y en general en todo la zona fronteriza
en donde se han producido explosiones afectando a personas y animales
que transitan o hacen su vida en la zona , inclusos solo a dos
kilómetros de Calama al éste de la Población O' Higgins , se han
producido accidentes por explosión de minas antipersonales y en algunos
caso los habitante del altiplano han denunciado que recibieron las ondas
explosivas luego de tomar objetos denunciados como “tarros de paté” y
que coinciden con las llamadas minas antipersonales.
La situación ha sido denunciada
innumerables veces por las organizaciones indígenas aymara. La primera
vez que tuve conocimiento de la existencia de minas antipersonales fue
precisamente en una seminario realizado en Santiago de Chile durante el
año 2004 en donde los Indígenas Aymara, Quechua y Likan Antay
denunciaron estos hechos, debo reconocer que fue impactante y
perturbador ver las imágenes dadas a conocer, de cómo estas minas
antipersonales prácticamente amputaban hasta donde alcanzaban sus ondas,
las extremidades de las personas y animales en el mejor de los casos,
porque en otros sencillamente las mataba.
El Consejo Autónomo Aymara, según una declaración emitida a propósito de
las declaraciones de Belisario Velasco al reconocer la peligrosidad que
significaba intentar cruzar la frontera, señalan: “había intentado
plantear y presentar este problema fundamental a las autoridades como
son el ministro de defensa y la comandancia del ejército de Chile en
años anteriores, sin embargo, la respuesta fue que todo estaba bajo
control” señala la declaración. Sin embargo, a palabras propias del
Ministro del Interior, No Está Bajo Control.
Chile, entre la década del 70 y año 80, según datos del Ministerio de
Defensa Nacional, sepultó entre las fronteras de Perú, Bolivia y
Argentina, alrededor de 430.000 minas antipersonales y de otro tipo,
ante los posibles conflicto bélicos, de los cuales, alrededor de 100.000
minas antipersonales se encuentran en algún lugar del altiplano, las
otras restantes fueron instaladas en otros puntos de la frontera
especialmente en el sur de Chile, en la frontera con Argentina.
La existencia de minas antipersonales que afectan a la población civil
es un asunto de preocupación mundial. En América Latina a mayo del 2003
existían problemas de peligrosidad real en países como Chile, Colombia,
Perú Bolivia. Tal es la preocupación de la comunidad internacional por
los peligros que éstas constituyen y por la falta de preocupación de los
Estado por la existencia de estos aparatos bélicos que la Organización
de las Naciones Unidas para fortalecer mucho más la obligación de los
Estados, en 1997 proclamo el Tratado Internacional de Ottawa sobre
prohibición del uso, fabricación y venta de las minas terrestre
antipersonales. Hasta el momento 143 Estados forman parte de este
tratado, incluido Chile quien lo ratificó en el año 2004
comprometiéndose a destruir 120.000 cargas explosivas antes del 2011,
pero a la fecha solo ha logrado desactivar 2.700 (Según informe del
Ministerio de Defensa Nacional).
La existencia de estas bombas antipersonales incumplen las normas no
solo de Derechos Humanos, sino también normas del Derecho Humanitario
establecidas en los convenios de Ginebra y sus protocolos adicionales,
los tratados de Ottawa y Maputo-Mozambique y “constituyen una amenaza
para el desarrollo, la cultura, la prosperidad y la convivencia Pacifica
de las comunidades del Pueblo Aymará de Chile” como lo sostienen el
Consejo Autónomo Aymará . Habría que agregar además que estas dificultan
el Derecho al libre desplazamiento que tienen los pueblos indígenas para
transitar por sus territorios, cercenados injusta y arbitrariamente por
las fronteras artificiales de los Estados.
Probablemente la marcha de Ollanta Humala no llegará a la frontera, sin
embargo, si para algo sirve su acción política, es para que el gobierno
de Chile reconozca los grados de peligrosidad que significan para la
vida y en especial para la vida del Pueblo Aymara, Quechua y Likan-
Antay que debe convivir diariamente con las bombas antipersonales que
afiebrados nacionalistas belicistas sembraron en territorio indígena en
décadas pasadas, disputándose cual aves rapiñas la presa arrebatada a
los indígenas por medio de la fuerza y la violencia y que hoy Humala
reivindica equivocadamente para el Estado del Perú
/ Azkintuwe
* Miembro de la
Red Indígena y Popular.
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