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El rostro femenino del colonialismo |
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La mayoría de las mujeres indígenas
sostiene la primera posición, según la cual el patriarcado es un
producto de la colonización y apoyándose en ella van desarrollando
sus demandas como mujeres y se plantean como un objetivo recuperar
la valoración social perdida que ellas poseían antiguamente en sus
culturas. |
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Por
Llanquiray PAINEMAL* / Lunes 16 de Abril de 2007 |
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- Foto de Gabriel
Ortega. |
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La idealización de las
sociedades pre-coloniales bajo los sistemas
colonizadores cumple una función importante para los
movimientos. |
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Las mujeres indígenas ya
han iniciado un nuevo camino. Pasa por la liberación
de sus pueblos pero también por una relación
igualitaria. |
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La
colonización del continente significó genocidio, esclavización y la
imposición de una cultura y religión basada en la negación de los
pueblos indígenas: la negación de su cultura, creencias y valores. En
esa empresa de conquista los colonizadores no hicieron diferencias entre
hombres y mujeres cuando se trataba de esclavizar y “civilizar” a los
indios, pero si se diferenciaron los métodos represivos así como las
consecuencias que ésta tuvo para mujeres y para hombres. La
esclavización y violación sexual es uno de los métodos de represión que
sufrieron las mujeres (y que aún siguen sufriendo) y que tiene que ver
directamente con su condición de “ser mujer”.
Existen dos posiciones antagónicas de reflexión y análisis de las
consecuencias que tuvo el colonialismo para la mujer. Una de ellas ve en
el “descubrimiento” del continente una imposición de un orden patriarcal
que antes supuestamente no existía. Según esta posición -que asumen
muchas mujeres indígenas- las mujeres en las sociedades indígenas tenían
un rol de igual importancia que los hombres o por lo menos tenían los
mismos derechos (ver Hernández / Mulguialday 1992: 40f). Esa relación
entre hombres y mujeres debería recuperarse. “La marginalización,
difamación y la explotación de las mujeres indias comenzó en 1492 con la
invasión europea al continente. Si nosotros intentamos entender, como se
fue dando ese proceso de Sumisión, estaremos tal vez en condiciones de
determinar los pasos necesarios que debemos dar para revertir la
situación y recuperar nuestro poder” (Alderete 1992: 67).
De acuerdo con esta posición, la colonización significó una perdida de
la posición de la mujer dentro de sus propias culturas (ver Kühhas 2000:
22). “[L]a influencia foránea, la pobreza extrema, la marginalización y
las formas patriarcales de relación en las sociedades mayores generan
violencia. “Los varones aprendieron muy rápido dichas formas negativas
haciéndolas suyas y estas actitudes crearon privilegios, individualismos
así como la llamada violencia doméstica. La religión occidental jugó un
rol evangelizador haciéndonos creer que nosotras hemos nacido de la
costilla del varón y le debemos obediencia” (Rivera Zea 2005: 44.)
La idealización de las sociedades pre-coloniales unida a la exposición /
descripción del empeoramiento extremo de sus condiciones de vida-
sobretodo también de las mujeres- bajo los sistemas colonizadores cumple
una función importante tanto para los movimientos como para las ideas de
liberación. La conservación de la historia pre-colonial como parte de la
propia historia le otorga a la colonización una dimensión histórica, es
decir, se percibe ésta como un momento histórico “que tiene un comienzo
y tendrá un final” (ver Bonfil 1994: 172 f). El deseo de recuperar esa
historia idealizada pre-colonial se transforma de tal manera en un
recurso para “proyectar un nuevo futuro”.
La otra posición valora el “descubrimiento” de América como un proceso
civilizador que liberó a la mujer de la promiscuidad sexual, la
amoralidad y la falta de espiritualidad que caracterizaban esas
sociedades “salvajes”. El etnocidio a la población indígena fue
justificado de esta forma en nombre de la civilización y la moral” (ver
Lagarde 1992: 25; Hernández / Murguialday 1992: 70). Y por último existe
también una tercera posición intermedia que viene de un entorno
feminista y que intenta tematizar tanto las estructuras patriarcales pre-colombinas
así como también la de las sociedades de los colonizadores (Lagarde
1992:25)
Antes de la colonización
A pesar de que no sabemos con exactitud cual era realmente el rol que
ocupaban las mujeres dentro de sus pueblos, si podemos decir que su rol
no se limitaba sólo a los quehaceres de la casa sino que cumplían un rol
de importancia dentro de la economía de las familias y la comunidad. El
que ellas estuvieran a cargo sólo de determinadas áreas como, por
ejemplo, el cuidado de la huerta y la recolección de las plantas
medicinales demuestra que si había una determinada división del trabajo
que estaba condicionada por su identidad de género (por el hecho de ser
mujer) pero que como parte de la producción social era necesaria y por
lo tanto valorada. El proceso de colonización significó por lo tanto la
pérdida de la posición que ocupaban las mujeres indígenas dentro de sus
propias culturas así como también una desvalorización de sus roles. Eso
es precisamente lo que muchas mujeres indígenas están reclamando e
intentando recuperar dentro de sus organizaciones.
Uno de los factores que provocó cambios sustanciales en la valoración
del rol de la mujer en las comunidades fue la introducción de una
religión monoteísta. Con la ayuda de ésta las mujeres indígenas
sufrieron una desvalorización de la posición que ocupaban en sus
culturas. A partir de ahí “Dios dejó de ser dualidad masculina y
femenina, y paso a ser uno, único y macho, el padre. Y jamás a partir de
entonces una mujer ocuparía un lugar igual al hombre.” (Rovira 1997:
21). La demonización de las religiones indígenas y de sus tradiciones
conllevó a la pérdida de poder que ellas tenían en determinados roles
tradicionales: como conocedora de las yerbas medicinales; como mediadora
/ intermediadora entre los Dioses y los seres humanos así como también
en su rol de conductora de ceremonias y rituales. Estos roles han
sobrevivido en algunas culturas, como es el caso de los mapuche en donde
la Machi goza de un respeto muy grande en las comunidades.
Con la llegada de los españoles los indígenas perdieron gran parte de
sus territorios. Está pérdida afectó también su organización social. Las
condiciones de vida tanto de las mujeres como de los hombres indígenas
cambiaron radicalmente. Perdieron la seguridad y el estatus / posición
que poseían dentro de sus culturas y se transformaron en fuerza de
trabajo al servicio de los colonizadores o simplemente fueron empujados
a la marginalización social. Reconstruir la posición que ocupaba la
mujer en las sociedades indígenas sobretodo antes de la colonización
sigue siendo muy problemático. Debido a la carencia o inexistencia de
materiales escritos nos quedan sólo los relatos orales como fuente de
información y estos pueden ser interpretados de diferentes formas.
Aun así podemos encontrar en estas historias orales así como también en
las culturas indígenas aun existentes indicios de que realmente en las
sociedades precolombinas existían otras formas de relación entre los
géneros. Una evaluación de estas otras relaciones es difícil: por un
lado por la falta de pruebas directas y por otro lado la mirada de los
investigadores- también de los críticos- tienen un carácter colonial que
hace difícil hacer un análisis fuera del colonialismo. Una cosa que
podemos asegurar es que estatus / posición de la mujer, en las
diferentes sociedades pre-colombinas era otro. Ellas ocupaban también
determinados roles. La diferencia estaba en que éstos eran socialmente
importantes y por lo tantos también valorados.
La mayoría de las mujeres indígenas sostiene la primera posición, según
la cual el patriarcado es un producto de la colonización y apoyándose en
ella van desarrollando sus demandas como mujeres y se plantean como un
objetivo recuperar la valoración social perdida que ellas poseían
antiguamente en sus culturas. Ellas reconocen entretanto que existen
“malas” tradiciones las cuales catalogan como un producto de lo que fue
el proceso colonizador. “Todo Movimiento hacia la liberación ha de ser
infinitamente complejo. Pues no sólo hemos de movernos en contra de las
fuerzas que nos deshumanizan desde fuera; también debemos ir en contra
de los valores opresivos que nos han forzado a incorporar” (Ver Audre
Lorde 2003: 153).
En este nuevo proceso de recuperación de la “otras” relaciones entre
hombres y mujeres así como también de la valoración social de sus roles,
las mujeres indígenas están caminando solas. Los hombres indígenas son
reacios a tratar temas que apunten a un cambio de la posición y
situación actual de la mujer e intentan aplacar este nuevo proceso con
una serie de argumentos que van desde la misma negación del problema,
así como la descalificación de sus demandas con el argumento de que esas
son cosas de feministas y de la influencia occidental. Otros argumentos
comunes son que primero hay que resolver el problema de la
territorialidad y de la autonomía y “después resolvemos el resto”. Las
mujeres indígenas ya han iniciado un nuevo camino. Pasa por la
liberación de sus pueblos pero también por una relación igualitaria
entre nosotros mismos. Ambos procesos necesariamente deben ir de la mano
/ Azkintuwe
* Alumna de
pregrado en Berlín, Alemania.
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